Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.

sábado, 13 de junio de 2020

La actitud filosófica del espírita

filosofos-griegosEl espiritismo otorga una filosofía a quien lo comprende y asimila. Una filosofía es un cuestionamiento de las cosas básicas que nos suceden en la vida, y una búsqueda incesante de unos principios o valores en donde sustentar nuestro carácter.
Un espírita no es un Locke, ni un Husserl, ni inventa ni descubre nada que no haya sido ya dicho. La moral espírita se basa en las enseñanzas del rabí de Galilea, Jesús de Nazareth, o donde buenamente naciera, pues no es la vida pública o mística de Jesús lo que nos preocupa u ocupa. Ni si realmente existió o fue una fabulación, es un arduo trabajo que dejamos en manos de los historiadores serios, que no tienen interés especial en defender tal o cual postura, sino simplemente basarse en la lógica de los datos que se van descubriendo y en las sensatas comparaciones que los estudios ecdóticos y arqueológicos nos permiten. 
Nada nuevo hay en Jesús, dicen los investigadores, todo lo que él dice se halla de un modo u otro recogido en las escrituras hebreas, o de algún modo en tradiciones más antiguas, como las egipcias de las que también se alimentaron las tradiciones judías, etc. Este estudio es fascinante, pero nos aleja de nuestro cometido: la moral espírita.
Decíamos que las enseñanzas de Jesús son el óbice de nuestra moral como espíritas. Moral no siempre bien comprendida, y que ha llevado a fanatismos a lo largo de la historia, pues no debe de ser interpretada al pie de la letra. Para ello el Evangelio según el Espiritismo, da una cabal explicación de los pasajes más importantes de la moral de Cristo.
El verdadero espírita comprende la seriedad de las críticas que un Nietzsche arroja ante la melifluidad y apocamiento de algunas actitudes mal llamadas cristianas, pues pensadores de tal calibre intentan recuperar el pensamiento heleno, en su estado más puro.
No haremos aquí una superficial opinión de las intrincadas y complejas opiniones del filósofo alemán, que merece toda nuestra admiración, por su valentía y por su gran capacidad para sobreponerse a una forma de pensar que reina sobre occidente desde prácticamente la caída del Imperio Romano. Reflexionar es de vital importancia para cualquier amante del conocimiento.
No obstante el ya mencionado Evangelio según el Espiritismo, que no es un evangelio nuevo, en la parte introductora nos habla de la filosofía de Platón y Sócrates. En su aspecto moral. Dejando a una lado otras múltiples cuestiones de la filosofía de ambos. Por no decir, que en realidad hace hincapié en Sócrates, dejando a Platón a un lado, teniéndolo en cuenta como mero trasmisor del pensamiento del primero.
Hablaríamos por tanto de los primeros libros de Platón, en donde la figura de Sócrates es claro relieve. Ahí se hace una comparación entre las ideas de los filósofos y las de Jesús, en temas que con el paso del tiempo han perdido su claridad, sea por ejemplo: la reencarnación, o la importancia de los “daímones” o espíritus familiares que se comunican con los que estamos en la materia física (encarnados).
Al observar estas ideas, vemos que hay una línea clara y directa en el pensamiento moral, es la verdadera antorcha que no se ha de poner debajo del celemín. Queremos decir, se atisba la verdad de los pasos, cuando Jesús decía yo soy el camino, hablaba de sus acciones, de sus enseñanzas, no de su persona.
Es un oscuro complot teológico lo que con la figura del humilde carpintero se hizo después. Su mensaje embriagaba a las multitudes, en el “Sermón de la Montaña” única parte veraz de todos los evangelios según el prestigioso religioso T. de Chardin, Jesús hablaba a las multitudes, capaz de sugestionarlas hasta tal punto que cobraban sentido sus palabras “no sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que viene de Dios”.
De ahí la explicación que Kardec ofrece a los llamados milagros en la obra La Génesis. Los milagros y las profecías según el Espiritismo, de los panes y los peces que se multiplican, dando de comer a multitudes ingentes. Bien, Jesús inspirado por el Verbo (logos), el Espíritu Santo, o sencillamente el Espíritu hablaba lo que toda la humanidad ha escuchado por boca de sus diferentes profetas: paz y amor, esperanza y redención, justicia para el oprimido, verdad y libertad.
Este mensaje que irradia desde las toscas manos que redactaron los evangelios, sobrepasa en mucho las sutilezas que posteriormente Pablo de Tarso, o cualquier padre de la Iglesia fueron introduciendo al mensaje “original” de Jesús; dando lugar al cristianismo que conocemos, que seguramente no tenía mucho que ver con el que Jesús predicó.
“Ahí dónde dos o tres estén en mi nombre, yo estaré con ellos”, dice en un pasaje. Esto es un acto de fe que nos liga a él. Porque el espiritismo nos da la posibilidad de rastrear estos pasos de amor e indulgencia, nobleza y caridad auténtica (no de limosna) al prójimo.
Muchos llamados santos o santas, no son más que mártires de ideas, pero en cambio otros, irradian una bondad y una fe en las clases más populares, que cuanto menos es de admirar.
Es un fenómeno antropológico ver el fervor de una población hacia su santo/a patrón/a. Supera la tradición y alcanza cotas de misticismo popular. Innato en el ser humano; igual era ir a venerar a Venus Generatrix que a la Virgen María. Solamente ha cambiado el nombre y la época.
¿Rige un Dios nuestro mundo, nuestro universo? Pregunta que golpea con dureza nuestra inteligencia. Hay preguntas tan hondas que superan la capacidad de cualquier respuesta. En el inicio del Libro de los Espíritus de Allan Kardec, ante la pregunta número 1 “¿Qué es Dios?”, los espíritus contestan “La inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas”. Respuesta bastante profunda y digna de meditación. Pero en la que no nos descollaremos, pues nos interesa llegar a otro lugar, dejándote caro/a lector/a que hagas propia tal pregunta y medites si tiene sentido o no para ti tal respuesta.
Somos poco más o menos que accidentes biológicos, empeñados en trascender a toda costa nuestra realidad material. Sería lógico pensar que tras la muerte todo se acaba. Pero es inquietante observar que todos los pueblos tienen su idea del “más allá”. No hay pueblos ateos. El ateísmo ha sido una reacción intelectual ante los excesos y fanatismos de la religión.
En realidad los escépticos griegos, que constituían un modo de pensar en la Antigua Hélade, decían que “es posible que haya una verdad o principio de la naturaleza (arjé) pero desde luego no lo podemos llegar a conocer”. En el fondo algo así dice el espiritismo en su pregunta 14 del mentado Libro de los Espíritus, que por mucho que divaguemos no podemos llegar a comprender a Dios, que hay cosas más fundamentales que sí están a nuestro alcance y que nos competen más.
En esa respuesta, que desisto copiar literal adrede, se hace un claro ataque a la fatua vanidad de quienes indagan sobre humo, y nos pone en alerta de nuestras conductas para con el prójimo. En realidad un espírita es igual a un escéptico griego, sabe qué hay una verdad, pero dada nuestra limitación, siempre está en constante búsqueda de certezas. Lo contrario es engullir dogmas e ideas preconcebidas: la muerte de todo pensamiento racional.
Son muchos los experimentos realizados por personas desinteresadas, estudiosas, que incluso se han jugado su prestigio científico, y cuyos puntos de partida eran totalmente opuestos a las manifestaciones espiritistas, los que dan aval a lo que fundamenta nuestra creencia.
Muchas investigaciones pertenecen al pasado, entonces decir Espiritismo inspiraba entre respeto y temor, ambas cosas eran posibles. Después de la Segunda Guerra Mundial más bien burla e incredulidad, tal es el arma que se esgrime en la actualidad ante las ideas que una y otra vez acechan nuestra especie, en busca de quienes “tengan oídos para escuchar y ojos para ver”.
Ahora ya no se llaman fenómenos espíritas, reciben otra nomenclatura, e incluso han huido de los laboratorios parapsicológicos, refugiándose en los lugares más insospechados, pero bajo el amparo de prestigiosos científicos, que de forma “fortuita” han tropezado con estas cuestiones de la pervivencia de la vida tras de la muerte. Son nombres anónimos, ante la gran masa, pero que vuelven a levantar los interrogantes que aparentemente se habían sepultado tras el intento de desprestigio de las viejas escuelas de Metapsíquica de Richet, o el Espiritismo de Kardec.
Estos fenómenos que se hallan fácilmente en cualquier cultura, presente o pasada, conservan una envoltura etnográfica que hace difícil para el observador desprevenido poder separar un principio que se da en todas estas manifestaciones, y que Kardec denominó mediumnidad, con los ritos y aparato sugestivo que acompañan a las mismas.
Allan Kardec en su obra El libro de los Médiums asentó la primera metodología y estudio serio sobre dicha facultad. A diferencia de los papiros egipcios u otros escritos mistéricos del pasado, Kardec usa el método científico, propio de nuestro tiempo, abandonando el simbólico-interpretativo o hermenéutico. Pues no se trata de un fenómeno nuevo, sino antiquísimo, pero que antes sólo era propicio para los iniciados.
Debe el espírita comprender y valorizar su importante legado del pasado, pero sin anclarse en él, ni complacerse vacuamente. Avanzar siempre, como dijo el pensador León Denis “siempre adelante, siempre más lejos, siempre más alto”.
30 de julio de 2015
Blog «Claro de Luna» de Myriel en Zonaespirita.com

Escrito por Myriel

Myriel
Blogger Colaborador de Zona Espírita.

Entre el Kardec de los académicos y el Kardec de los espíritas… ¿Dónde está Kardec?

En las últimas décadas, tanto en los Estados Unidos, como en Francia y Brasil, los tres países más vinculados históricamente al espiritismo, los estudios académicos sobre su nacimiento, desarrollo y migración entre los continentes han encontrado cada vez más espacio en las Universidades.
Sólo para citar algunos de los autores que trabajaron el tema: David Hess, Lynn L. Sharp y Sofie Lachapelle en los Estados Unidos; François Laplantine, Marion Aubrée, Guillaume Cuchet en Francia; Bernardo Lewgoy, Sandra Jacqueline Stoll y Reginaldo Prandi en Brasil. El sesgo de estos estudios es generalmente sociológico, antropológico o histórico.
La riqueza de las investigaciones, con todas las informaciones y fuentes que nos ponen en contacto con la historia del movimiento del siglo XIX y sus desdoblamientos en los siglos XX y XXI es bastante importante para espíritas y no espíritas. 
Se trata de una mirada desde afuera. Esta mirada nos apunta a nosotros espíritas, maneras de vernos a nosotros mismos que no tenemos dentro del grupo que se adhiere a las propuestas de Kardec. Una visión con crítica, historicidad y pertinencia. Muy útil.
Pero también no deja de ser extraño sentirnos como objeto de estudio antropológico, como si fuéramos una tribu exótica y, más, participantes de una «creencia» en Brasil, que ya desapareció del continente europeo donde fue generado, porque fue superado por una sociedad laica, que se desapegó de las «explicaciones religiosas y metafísicas», por su avance cultural y social. Este discurso está implícito en algunos de estos estudios.
Al mismo tiempo que la mayoría de los investigadores considera que el espiritismo (desde el espiritualismo americano a las ideas de Kardec y sus antecesores y contemporáneos) fue una manifestación histórica progresista, con acentos de feminismo y socialismo utópico, de confrontación con el conservadurismo de la Iglesia y, de avance cultural, para ellos es algo que es sólo fruto del siglo XIX.
El espiritismo brasileño, asimilado por el caldo cultural católico y conservador vigente aquí, {se refiere a Brasil} ya no tiene ese carácter progresista de la época de Kardec. Esto para nosotros, espíritas más críticos, es una visión con la que concordamos, pero que nos hace lamentar. Para los estudiosos, se trata de algo absolutamente normal para cualquier movimiento como un fenómeno sociológico: cuando se transfiere una idea de una cultura a otra, el sincretismo sucede.
Mas que eso, no se puede dejar de leer entre líneas en la mayoría de los autores un cierto desdén por Kardec: al final, para unos, un positivista excéntrico del siglo XIX, que tenía el delirio de construir un discurso racional sobre el mundo espiritual. (Discrepo completamente de la visión de Kardec fue un positivista, como demostré en mi tesis sobre Pedagogía Espírita, en la USP.)
Por otro lado, tenemos aquí un movimiento espírita constituido por personas que en su mayoría desconocen el contexto histórico y social del desarrollo del espiritismo y del propio Kardec. Tratan el espiritismo como mera revelación religiosa – con toda la sacralidad y dogmatismo que eso implica – idealizando a Kardec de modo superficial y contrario a sus propios propósitos.
Es decir, ni los de fuera, ni los de dentro llegan al centro del espiritismo y comprenden la contribución de Kardec. Los primeros someten todo al relativismo histórico y sociológico, los segundos abstraen todo de la historia y hacen un discurso sacralizado y atemporal.
En mi percepción, es importante insertar Kardec y el espiritismo (tanto el francés del siglo XIX, como el brasileño del siglo XXI) en su contexto histórico, tener una comprensión sociológica del movimiento y, con ello, relativizar sí algunas ideas, que pueden estar vinculadas a una lectura del mundo que ya no atiende a las complejas demandas del siglo XXI.
Necesitamos reevaluar en el espiritismo algunas cosas como cuando la reencarnación se vuelve punitiva y no sólo pedagógica; cuando la idea de evolución nos engendra en una jerarquía preconcebida y no en una fraternidad entre todos; cuando nuestras ideas nos parecen absolutas y no modelos más o menos verdaderos y temporales, sujetos a la revisión de nuevas conquistas científicas y nuevas reflexiones filosóficas…
Pero en mi percepción también, es importante comprender que la contribución que Kardec dio con el método desarrollado para lidiar con la mediumnidad (que por otra parte la mayoría de los espíritas no aplica ni a la mitad, con su grado de control, criticidad, componentes éticos, etc.) aún no ha encontrado a nadie que haya avanzado un milímetro más allá.
También es vital entender el espiritismo, propuesto por Kardec, como una filosofía cósmica, ética, evolucionista y progresista, que nos abre perspectivas muy amplias de comprensión, siempre que no se cierre en sí misma, sino manteniendo sus postulados de racionalidad y moralidad, sea capaz de dialogar siempre con la cultura de nuestro tiempo.
Al igual que Marx, Freud, Darwin y tantos que contribuyeron al abordaje social, psíquico y evolutivo de la Humanidad, pero que hoy no son en la mayoría de las veces objeto de un purismo ortodoxo, pasando por revisiones y ampliaciones brillantes, que no los desmienten, pero los desdoblan y profundizan, así también debe ocurrir con Kardec.
Esto no puede ser hecho por un movimiento religioso. De ahí la importancia de grupos de investigación, con rigor académico, pero sin subordinación ideológica a los guetos de las corrientes que imperan en las universidades; de espacios de diálogo, de investigaciones serias, no sólo de antropólogos, historiadores y sociólogos no espíritas, sino de personas que estén convencidas de la importancia del pensamiento de Kardec, pero capacitadas para pensar libre y profundamente sobre él.
Al final, la cuestión es una sola: o somos Inmortales y la mediumnidad y la reencarnación son hechos, de los que ya tenemos fuertes indicios (aunque no debemos descuidar la producción de nuevas y permanentes evidencias) o todo eso no es más que un delirio colectivo, encabezado por un profesor excéntrico del siglo XIX.
Quién se inclina seriamente sobre la cantidad de evidencias ya acumuladas desde el siglo XIX; quien pasa al mismo tiempo por fuertes experiencias personales de que sólo el modelo explicativo de la mediumnidad puede dar cuenta; quién se abre para la articulación filosófica en torno a los fenómenos observados y, vivenciados – estos pueden presentar la convicción de que el núcleo central del espiritismo – la existencia del espíritu, su comunicación y la reencarnación – todavía continúa en pie. Kardec no fue desmentido.
La cuestión es que la mediumnidad sin el control, la crítica y el rigor que Kardec le aplicaba (y aún así, no todo lo que él propuso como revelación dada para los médiums de su tiempo se encuentra a salvo de los condicionamientos históricos de la época), produjo en Brasil narrativas muy problemáticas y fácilmente desmontables por una lectura crítica más atenta.
Publicamos aquí un ejemplo de ello: en la obra Brasil, Corazón del Mundo, Patria del Evangelio, un libro escrito por un médium que en general es considerado (y yo estoy de acuerdo en parte con eso) uno de los mejores intérpretes de los Espíritus en el siglo XX.
¡Imagínese los que andan por ahí, en narrativas absurdas, con libros meramente ficticios o de autoayuda (y a veces de un mal gusto a toda prueba) para la venta masiva en el mercado editorial! Estamos sumidos actualmente en un imaginario supuestamente espírita, con innumerables libros deplorables, que apenas empañan el horizonte espiritual.
Todo esto hace difícil – pero urgente e imprescindible – desentrañar a Kardec de los escombros del movimiento espírita actual. Pero, al rescatarlo, también hacer su relectura, contextualizada, histórica, desarrollando el espiritismo para un diálogo consistente con el siglo XXI. Ya lo hemos hecho con la Pedagogía Espírita, pero tenemos que avanzar en otros sectores. En ese rescate, podemos servirnos de los estudios académicos para comprender mejor a Kardec y su siglo, el trasplante del Espiritismo de Francia hacia Brasil y los contornos sociológicos de nuestro movimiento.
Y al final, concluimos que Kardec no fue desmentido, en sus postulados básicos; pero fue traicionado, incomprendido y soterrado por una avalancha de incongruencias. Tenemos que limpiar el área y volver a empezar.
 Artículo de Dora Incontri para el blog https://blogabpe.org/
Traducido del portugués al español del artículo original publicado el 11 de junio de 2018 en la página web de la Asociación Brasileña de Pedagogía Espírita
Enlace directo al artículo original: https://blogabpe.org/2018/06/11/entre-o-kardec-dos-academicos-e-o-kardec-dos-espiritas-onde-esta-kardec/

Escrito por Dora Incontri

Dora Incontri
Dora Incontri es educadora, periodista, poetisa y escritora brasileña; autora de más de 40 obras publicadas, entre ellas libros didácticos de filosofía. Doctora y post-doctora en Historia y Filosofía de la Educación por la Universidad de São Paulo. También es coordinadora de la Asociación Brasileña de Pedagogía Espírita.
Estudiosa del educador Johann Heinrich Pestalozzi en Brasil y también una notoria estudiosa de su discípulo Allan Kardec, fundador del Espiritismo.