Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.
lunes, 17 de enero de 2022
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jueves, 6 de enero de 2022
EXISTENCIA DE DIOS
RECONDUCIENDO EL DEBATE
Juan José Torres
España
Si queremos hacer un
análisis que implique la
existencia de Dios
considerando las bases
espíritas, pero a la vez
teniendo en cuenta los
argumentos actuales,
es necesario volver a
repensar los conceptos
básicos en los que se fundamentaron los
espíritus para justificar la existencia de Dios.
El análisis de la existencia de Dios es
desarrollado por Kardec, en primer lugar, en
El libro de los espíritus, en las preguntas de la
4 a la 9 que llevan por subtítulo “Pruebas de la
existencia de Dios”, y ahí se desarrolla la base
que posteriormente Kardec seguiría siempre
al justificar la existencia de una inteligencia
como causa sin causa del universo.
Siendo honestos, las respuestas de los
espíritus y los argumentos de Kardec no son
originales del espiritismo, pues mucho antes
ya se esbozaban esos argumentos, y a lo largo
de la historia se han depurado cada vez mejor
para evidenciar la existencia de Dios. Desde el
“Motor inmóvil” de Aristóteles, a las “Cinco
vías” de Tomas de Aquino, o los argumentos
de William Paley en su “Teología Natural” la
necesidad de una causa primera está presente
como argumento fundamental para dotar de
razón a la existencia de un ser preexistente a
todo y cuya inteligencia sirve de sustento
causal de todo lo que existe.
Por ejemplo, en “Teología Natural” leemos:
Al observar un mecanismo tan sencillo
como un reloj a nadie se le ocurre dudar que
este es el producto de una creación, que es el
resultado de un trabajo intencional. A ninguna
persona en su sano juicio se le puede ocurrir
pensar que un mecanismo como el del reloj,
con sus engranajes dentados, su solenoide y su
bobina dispuestos de manera precisa entre sí
para funcionar y medir el tiempo es
consecuencia de una sucesión de casualidades
que, progresivamente, han ido dando forma a
sus partes y que, además, han dado con el
acople entre sí de dichas partes para dar con
la función deseada. ¡Nadie que no esté loco
puede pensar que un reloj es consecuencia del
azar! Así pues, ¿quién puede pensar que un
organismo como el humano, mucho más
complejo que el de un reloj, es producto del
azar? A ninguna persona razonable se le
puede ocurrir negar que todo ser vivo, con sus
partes dispuestas entre sí idóneamente, cada
una cumpliendo su función, su finalidad,
interdependientes entre sí es el producto de un
artesano sumamente hábil y poderoso que nos
concibió. Nadie en su sano juicio puede dudar
que somos criaturas de Dios.
El argumento es el mismo que podemos
leer en El libro de los espíritus, y en La génesis,
en el capítulo II se hace una referencia a los
argumentos de Paley en la siguiente
observación de Kardec:
La existencia del reloj confirma la existencia
del relojero: la ingeniosidad del mecanismo
testifica la inteligencia y conocimientos del relojero.
Cuando un reloj nos da la información
que necesitamos, ¿pensamos acaso que él es
inteligente? Podemos decir lo mismo del
mecanismo del Universo: Dios no se muestra,
pero afirma su existencia por sus obras.
Los argumentos son, a primera vista,
irrefutables, pero si es así, ¿por qué no existe
un consenso actual sobre el tema? ¿Ignoran
los ateos los argumentos históricos que
apuntan a la existencia de Dios?, ¿si los
conocen, qué es lo que responden?
Durante mucho tiempo, las explicaciones
descritas eran consistentes, pero una revisión
conceptual de lo que implican llevaron a
muchas personas a cuestionarlos. Nadie duda
que un mecanismo tan complejo como un
reloj es imposible que sea producto del azar.
La casualidad sería ineficaz para explicar
cualquier mecanismo complejo, pero no así
mecanismos simples. Un mecanismo básico,
simple, puede ser resultado de una
combinación fortuita de elementos, y ese
mecanismo puede servir de base para un
desarrollo posterior. De esta forma, los
conceptos de la biología sobre el origen de las
especies como procesos evolutivos, de lo más
simple a lo más complejo, fueron para muchos
la respuesta a los argumentos de Paley, pues
era absurdo comparar un reloj a una
estructura biológica, pues el reloj es un
mecanismo cerrado, definitivo, que no tiene
su base en mecanismos más básicos, mientras
que cualquier organismo biológico no nació
en su estructura actual desde el principio, sino
que es resultado de innumerables procesos
evolutivos.
La evolución biológica se convirtió en una
respuesta a los argumentos históricos que
defendían la existencia de Dios, creando un
debate que llega a la actualidad y que en
muchos aspectos se ha radicalizado, con dos
opciones completamente antagónicas entre sí
que no pueden coexistir, y que se definen
como Evolucionismo vs. Creacionismo.
¿Cuál debería ser la posición del espiritismo
ante este debate que parece no tener fin?
¿Aceptamos la existencia de Dios y por
consecuencia negamos la evolución biológica,
o aceptamos la evolución biológica y negamos
la existencia de Dios?
A esta altura del debate, es necesario
replantear los conceptos sobre los que
sustentamos nuestras opiniones, porque
efectivamente no falta razón a los contertulios
de que ambas opiniones son irreconciliables,
pero esto no es porque ellas lo sean, sino
porque la base está equivocada.
Es evidente que el creacionismo, que tiene
como idea nuclear las propuestas bíblicas, no
tiene actualmente ningún sustento racional ni
científico, y por eso el espiritismo no podrá
aceptarlo como tal, pero así mismo, la idea de
un proceso evolutivo que tiene como base
fuerzas ciegas y causales es también
incoherente con el pensar espírita, y en este
punto, los conocimientos que el espiritismo
ofrece sobre la existencia de un agente
espiritual junto con el elemento material,
podrían servir de puente entre la evolución
biológica y la existencia de una inteligencia
causal para el universo, sin que sea necesario
separar radicalmente ambos conceptos, pues
desde nuestro modo de entender, ambos
pueden coexistir como complementarios.
Pero para eso es imprescindible abandonar
el concepto creacionista como tal, y
desarrollar nuevas ideas sobre un Dios que no
actúa caprichosamente, y sí por mediación de
leyes naturales que operan y regulan el
universo, tanto en el ámbito material como
espiritual
EXTRAÍDO DE LA REVISTA EVOLUCIÓN