Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.
miércoles, 13 de julio de 2022
EL AMOR A DIOS
En algún momento nos hemos preguntado: ¿si nuestra fe va más allá del sendero de la súplica o la esperanza de satisfacer nuestras necesidades?
¿Si en la raíz de nuestra fe existe un sentimiento especial alejado de la realidad de este mundo?
¿Si nuestro corazón es tan grande o capaz de albergar un amor tan noble y sublime?
Entonces si no lo hemos hecho, es momento de hacerlo, de revisar nuestra alma, nuestra conciencia para escudriñar que evoca el nombre de Dios en nuestro corazón.
Si al convocarlo lo entendemos como una parte del amor, o el amor mismo.
Cualquiera que sea la respuesta a esta pregunta, debemos reflexionar primero sobre lo que es el amor.
A alguien se le ama no por que resuelva tus problemas o cambie tu vida, sino porque nuestro corazón atesora su existencia y presencia en nuestra vida. Incluso el verdadero amor, se mantiene después de la muerte, aun para aquellos que no creen en el mañana.
El amor es una llama que se enciende y nunca se apaga, el amor vence al tiempo y sustenta la eternidad, pues él es el motivo de que exista. El amor no se divide se vuelve parte de nosotros y se multiplica.
Las leyes espirituales que definen la vida de espíritu se sustentan en una sola, el amor como causa, guía y destino, pues solo él mueve el progreso y a la creación.
Ese amor que nace en nuestra alma, siempre encuentra a Dios, pues lo intuye, lo reconoce, como la gota encuentra el agua, a el pájaro la manada. Pero a veces no lo alcanza cuando abandonamos el vuelo de la virtud o cuando renunciamos a sentir como espíritus y probamos con el corazón humano ¡ingenuo intento!, es como el niño que juega a atrapar el aire con sus manos.
De allí, que en un lugar hermoso de nuestra alma existe un amor que no demanda, pide o exige, sino que solo reconoce y da, a ese inmenso motivo que no exige adoración, ofrendas ni dadivas, que solo recibe tu amor.
Cuando Dios creó el infinito no lo hizo para él, sino para todos los seres que habitarían sus confines, y pensando en ellos creo maravillas, innumerables hermanos para compartir la vida y otorgo la eternidad como la promesa fiel y segura del logro de la felicidad y del amor, otorgando un libre albedrío para darle a cada hombre la capacidad de forjar su historia y llegar a sus hermanos por sus propios caminos.
Para amar a Dios, no es solo creer, sino reconocer su presencia en nosotros mismos, y cerrar los ojos al mundo, ya que Dios es muchos más que este simple planeta, es mucho más que nuestra humilde alma y aspiración de progreso.
Por ello, para amarlo hay que amar primero al mundo, pues no puedo amar una obra sin reconocer a su autor, cómo sigo una huella sin valorar a quien la hizo.
En definitiva, somos lo que amamos, lo que soñamos y por lo que luchamos, y si hacemos coincidir todo eso con Dios, entonces sentiremos su verdadero amor, pero no solo de nosotros hacia él, sino su presencia en nosotros, reirá en nuestros labios, llorará en nuestros ojos, se servirá de nuestras manos y nunca será ajenos a nosotros, pues somos uno, todos somos uno.
Amar a Dios es renacer cada día para buscar un nuevo sentido de amar, es perdonar, ayudar, sacrificar, luchar, es sacar de nuestro interior la fuerza y el coraje para hacer posible la obra divina, pues amar es entender y concurrir al milagro de la creación.
Miles de poetas han escrito sobre el amor, pero solo Jesús y los cristianos entendieron y enseñaron el verdadero significado del amor.
Por ello preguntante, ¿se parece tu amor al de los cristianos, al de los mansos o caritativos?, ¿o es solo un amor que se refiere a ti mismo?, que más que amor, es tu manera de ser y concebir las cosas resultando insuficiente para albergar la presencia de Dios.
Nunca olvides que cuando amamos a Dios no somos nosotros mismos, sino su reflejo, su sueño, su legado, su dicha, y solo entonces al elevarnos el amor se eleva, se muestra y alcanzamos el nivel para acercarnos a nuestro señor o mejor dicho para que el brote de nosotros pues somos uno solo.
Si amaramos a Dios, no se sí el mundo sería perfecto, pero a diario viéramos más disculpas, más sacrificios, menos llanto, y más lucha, y ese reino divino, el mundo invisible se volvería palpable en el amor… veríamos menos guerras, menos suicidios, pues la fuerza sumaria la de todos y serian menos los errores, pues la lucha juntos nunca se pierde y la victoria juntos es inevitable, como ineludible es el amor en el corazón del espíritu, pero debemos construirlo ese es el camino del progreso.
Sociedad Espirita Jesús de Nazaret, 09 julio de 2022. Caracas-Venezuela
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