Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.

viernes, 22 de diciembre de 2023

LE JOURNAL SPIRITE N° 132 juillet 2023 R E T R A T O por E M M A N U E L L E P Ê C H E U R EUSAPIA PALLADINO, “LA DIVA DE LOS ERUDITOS” Y CESARE LOMBROSO En la historia del espiritismo fueron numero sos los médiums de efectos físicos. Los expe- rimentos realizados durante sesiones riguro- samente controladas, ponen en evidencia la realidad de las manifestaciones del espíritu. En este artículo vamos a dedicarnos a descri- bir brevemente la historia de una médium a quien se apodaba “la diva de los eruditos”, pues trabajó con numerosos científicos en Europa pero también en Norteamérica. Sin embargo, fue su encuentro con el doctor Lombroso en Italia lo que recordaremos más particularmente. Ante todo presentaremos al Dr. Lombroso, luego a la médium Eusapia Palladino, para terminar con algunos extractos de informes de sesio- nes donde los espíritus se manifestaron produciendo también muchos fenómenos físicos, visuales y táctiles, así como sonoros. Son citados en el libro de Arthur Conan Doyle Historia del espiritismo del cual he aquí el comentario: “La mediumnidad de Eusapia Palladino es semejante a la de los demás médiums, pero ella ha tenido la ventaja de asegurarse la atención de hombres influyentes, cuyos informes publicados relati- vos a sus fenómenos han pesado mucho más que los comentarios de personas menos conocidas. Lombroso, en particular, publicó sus convicciones en su célebre obra After Death - What? (Después de la Muerte - ¿Qué?) aparecido en 1909. Eusapia fue el medio por el cual se demostró la realidad de ciertos hechos que la ciencia ortodoxa no iba a aceptar. Para el mundo, era más fácil negar estos hechos que explicarlos y, por otra parte, esa siguió siendo la línea general- mente adoptada”. EL INVESTIGADOR EN CRIMINOLOGÍA CESARE LOMBROSO Cesare Lombroso nació en Verona en 1835. Su familia, de origen judío, siempre vivió en el norte de Italia. Lombroso hizo luego estudios de medicina en Pavía, Padua y Viena, para regresar finalmente a Pavía donde obtuvo su doctorado en 1858. De 1863 a 1872, cum- plió una carrera hospitalaria en Pavía, Pesaro y Reggio de Emilia. A partir de 1876 enseñó medicina forense e higiene pública en la uni- versidad de Turín, donde fue nombrado pro- fesor de psiquiatría en 1896, luego profesor de antropología criminal en 1906. Murió en Turín en 1909. Bajo la influencia de los posi- tivistas franceses y de la teoría evolucionista de Darwin, llegó a la conclusión de que la desviación y el crimen son fenómenos bioló- gicos. Para él, los caracteres anatómicos y fisiológicos del criminal permiten diferenciarlo claramente. Por otra parte, éste es considerado más como una supervivencia del “salvaje primitivo” que como un descarriado social. Utilizando el método experimental para inventariar los caracteres del criminal, en su libro El hombre criminal, (L’uomo delinquente, 1876), Lombroso redactó una tipología y en ella distingue cinco tipos: los criminales alienados, los criminales de costumbre, los criminales de ocasión, los criminales por pasión y los criminales natos, por los cuales más se interesó. El doctor Lombroso era muy escéptico respecto a los fenómenos mediúmnicos y la manifestación de los espíritus. No fue hasta 1890 que aceptó la invitación del profesor Chiaia de Nápoles, que en 1888 publicó en una revista romana una carta que describe en detalle sus experimentos e invita al célebre alienista a examinar al médium por sí mismo. Y, en febrero de ese mismo año, Lombroso tuvo dos sesio- nes con Eusapia en Nápoles. Se convirtió y escribió: “Estoy lleno de confusión y disgusto al pensar que he combatido con tanta perseve- rancia la posibilidad de los hechos llamados espiritualistas”. Su con- versión llevó a muchos eruditos europeos de importancia a estudiar el tema, y de allí en adelante, la Sra. Palladino no dejaría de trabajar durante muchos años en sesiones experimentales. Las sesiones de Lombroso en Nápoles en 1891 fueron seguidas por las de la Comisión de Milán en 1892 que contaba entre sus miembros al profesor Schia- parelli, director del Observatorio de Milán; el profesor Gerosa, cátedra de física; Ermacora, doctor en filosofía natural; el Sr. Aksakoff, conse- jero de Estado del Zar; Charles du Prel, doctor en filosofía en Munich y el profesor Charles Richet de la Universidad de París. Diecisiete sesiones tuvieron lugar. Vinieron luego las investigaciones en Nápo- les en 1893; en Roma en 1893-1894; en Varsovia y en Francia en 1894, bajo la dirección del profesor Richet, de Sir Oliver Lodge, de F. W. H. Myers y del Dr. Ochorowicz; en 1895 en Nápoles; y el mismo año en Cambridge en Inglaterra, en la residencia de F. W. H. Myers en presen- cia del profesor y la Sra. Sidgwick, de Sir Oliver Lodge y del Dr. Richard Hodgson. Siguieron en Francia, en 1895, en la residencia del coronel de Rochas; en 1896 en Tremezzo, en Auteuil y en Choisy-Yv- rac; en 1897 en Nápoles, Roma, París, Montfort y Burdeos; en París en noviembre de 1898 en presencia de Flammarion, Charles Richet, A. de Rochas, Victorien Sardou, Jules Claretie, Adolphe Bisson, G. Delanne y G. de Fonte- nay, entre otros; luego, en 1901 en el Minerva Club de Ginebra, en presencia de los profe- sores Porro, Morselli, Bozzano, Venzano, Lombroso y Vassalo, entre otros. Hubo muchas otras sesiones experimentales con eruditos, tanto en Europa como en América. ¿QUIÉN ES LA MĖDIUM EUSAPIA PALLADINO? “La carrera de médium de esta humilde napolitana analfabeta, de un interés superior y de una importancia extrema por sus resul- tados, suministra un ejemplo mayor de la utilización de un ser modesto como instrumento destinado a hacer añicos las sofisticaciones de los eruditos. Eusapia nació el 21 de enero de 1854 y murió en 1918. Su mediumnidad empezó a manifestarse hacia los catorce años. Su madre murió de parto, así como su padre cuando ella tenía sólo doce años. Se refugió en casa de amigos y allí, como se la persuadiera de sentarse en compañía junto a una mesa, al cabo de diez minutos la mesa levitó, las sillas se pusieron a bailar, las cortinas de la habitación se hincharon y los vasos y las botellas se des- plazaron. Se puso a prueba a cada uno de los presentes para descu- brir quien era responsable de los desplazamientos y, al final, se deci- dió que Eusapia era la médium. Ella no tenía ningún interés en las operaciones y consintió en tener otras sesiones sólo para complacer a sus anfitriones y evitar que la enviaran al convento. No fue antes de su vigésimo segundo o vigésimo tercer cumpleaños que comenzó su educación espiritualista la cual, después de Flammarion, se desarrolló bajo la dirección de un ardiente espiritualista, el Signor Damiani. Respecto a este período, Eusapia cuenta un incidente singular. En Nápoles, una dama inglesa que se había casado con el Signor Damiani, recibió durante la sesión el mensaje de un espíritu que se presentó bajo el nombre de John King, y le ordenó buscar a una mujer de nombre Eusapia, precisando la calle y el número de la casa. Afir- maba que era una poderosa médium a través de la cual tenía la inten- ción de manifestarse. La Sra. Damiani se encaminó a la dirección indi- cada y descubrió a Eusapia Palladino de quien nunca antes había oído hablar. Las dos mujeres hicieron una sesión donde John King controló a la médium, de la que seguiría siendo guía o registrador hasta el fin”. (Extracto del libro de Arthur Conan Doyle Historia del espiritismo, capítulo XV). He aquí lo que decía el profesor Chiaia en su carta al profesor Lombroso: “El caso al cual hago alusión es el de una inválida que pertenece a la clase social más humilde. Tiene casi treinta años y es muy ignorante; además no es ni fascinante ni dotada del poder que los criminólogos modernos llaman irresistible; pero cuando lo desea, ya sea día o noche, puede entretener a un grupo de curiosos durante casi una hora con los más sorprendentes fenómenos. Aunque esté atada a una silla, o sólidamente sujeta por las manos de los curiosos, atrae hacia ella los muebles que la rodean, los levanta y los mantiene suspen- didos en el aire como el ataúd de Mahoma, y los hace volver a bajar con movimientos ondulatorios como si obedecieran a su voluntad. Les aumenta o disminuye su peso a capricho. Golpea o bate sobre los muros, los techos o el piso, con buen ritmo y her- mosa cadencia. En respuesta al pedido de los espectadores, brotan de su cuerpo algo parecido a relámpagos eléctricos y lo envuelven o se enrollan alrededor de los espectadores de esas maravillosas escenas. Dibuja sobre tarjetas que usted le presenta todo lo que se desea -personajes, firmas, números, frases- simple- mente extendiendo la mano hacia el lugar indicado. Si se coloca en una esquina de la habitación un envase con una capa de arcilla blanda, al cabo de un momento se descubre la huella de una mano, grande o pequeña; la imagen de un rostro (de frente o de perfil) de los que se puede hacer un moldeado de yeso. De este modo, se han conservado retratos de un rostro visto desde diferentes ángulos y los que lo desean pueden dedicarse a estudios serios e importantes. Esta mujer se eleva por los aires, cualesquiera sean las ataduras que la retienen en tierra. Parece tendida en el aire como sobre un diván, desafiando todas las leyes de la gravedad; toca instrumen- tos de música -órgano, campanas, panderetas- como si fueran tocados por sus manos o accionadas por el soplo de gnomos invi- sibles... Algunas veces esta mujer puede aumentar su altura en más de diez centímetros”. EXTRACTOS DE INFORMES DE SESIONES He aquí la relación de la Comisión de Milán (1892) después de los experimentos: “Es imposible contar el número de veces en que ha aparecido una mano y ha sido tocada por uno de nosotros. Baste decir que la duda ya no era posible. Lo que vimos y tocamos era realmente una mano humana viva, mientras que al mismo tiempo el busto y los brazos de la médium permanecían visibles y sus manos eran sujetadas por los que se encontraban a cada lado de ella”. He aquí, a guisa de conclusión dos relatos, entre muchos otros, de materializaciones convincentes. El primero es proporcionado por el Dr. Joseph Venzano en los Annals of Psychical Science (vol. VI, p. 164, septiembre de 1907). La luz provenía de una vela que permitía que se viera la silueta de la médium: “A pesar de la debilidad de la iluminación, podía ver claramente a la Sra. Palladino y a mis colegas presentes. De repente, sentí que detrás de mí había una forma, bastante grande, que apoyaba su cabeza sobre mi hombro izquierdo sollozando violentamente, al punto que las personas presentes podían oír los sollozos; me abrazó repetidas veces. Distinguía distintamente los contornos de aquel rostro que tocaba el mío y sentía sobre mi mejilla izquierda el contacto de cabe- llos muy finos y abundantes, de tal suerte que yo estaba absoluta- mente seguro de que se trataba de una mujer. Entonces la mesa comenzó a moverse y, por tiptología, dio el nombre de una pariente cercana que nadie conocía excepto yo. Había muerto algún tiempo antes y, debido a una incompatibilidad de caracteres, yo había tenido graves desacuerdos con ella. Estaba tan lejos de esperar esta res- puesta tiptológica que pensé que se trataba de un caso de coinciden- cia de nombres pero, mientras mentalmente me hacía esta reflexión, sentí una boca, con su aliento tibio, tocar mi oreja izquierda y murmu- rar, en voz baja y en dialecto genovés, una serie de frases de las que para los demás participantes sólo era audible el murmullo. Esas frases eran cortadas por accesos de llanto y su sentido general era pedirme perdón cada vez por las heridas que se me habían infligido, con un lujo de detalles vinculados a asuntos de familia que únicamente la persona en cuestión podía conocer. El fenómeno parecía tan real que me sentí obligado a responder con testimonios de afecto a las excusas que se me presentaban y a mi vez pedir perdón si el resentimiento nacido de los daños sufridos había resultado excesivo. Pero apenas había pronunciado las primeras dos sílabas, cuando dos manos se posaron sobre mis labios con una exquisita delicadeza y me impidie- ron proseguir. Luego la forma me dijo ‘Gracias’, me tomó entre sus brazos, me abrazó y desapareció”. Hay materializaciones más hermosas que esta con otros médiums y con mejor luz pero, en este caso, hay una prueba de identidad inte- rior, mental. El último ejemplo que daremos ocurrió en París en 1898, durante una sesión a la que asistió Flammarion, y donde Le Bocain se dirigió en árabe a un espíritu materializado: “Si realmente eres tú, Rosalie, que te encuentras entre nosotros, tira tres veces seguidas de mi cabello detrás de la cabeza”. Diez minutos más tarde, cuando Le Bocain casi había olvidado com- pletamente su petición, sintió que le tiraban tres veces del cabello, exactamente como lo deseaba. Dijo: “Garantizo este hecho que, además, representa para mí la prueba convincente de la presencia muy cerca de nosotros de un espíritu familiar”. Agregó que no era necesario señalar que Eusapia no comprendía el árabe. Los experimentos realizados junto a Eusapia Palladino con el profesor Lombroso y otros científicos muestran, una vez más, la multitud de pruebas materiales aportadas por los espíritus. Fueron numerosos estos últimos en dar pruebas tangibles de su supervivencia junto a médiums sometidos a rudas pruebas y que, bajo presión, de vez en cuando tuvieron la tentación de hacer fraude. Pero las pruebas son muy reales y los científicos, como Lombroso, que supieron poner a un lado su escepticismo materialista, no pudieron más que rendirse a la evidencia: el espíritu sigue viviendo después de la muerte y puede, en ciertas circunstancias, a través de médiums, aportar la prueba de su supervivencia. ■ Publicado en el Journal Spirite n° 78

No hay comentarios:

Publicar un comentario