Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.

domingo, 14 de agosto de 2022

EXPLICACIÓN DE LAS FACULTADES EVOLUTIVAS

Si volvemos sobre cada una de las facultades de la evolución en el transformismo clásico, las vemos desaparecer a la luz de la concepción que acabamos de exponer. Se comprende que la aparición de un mundo y su evolución, queda reducido a una formidable materialización del dinamopsiquismo universal. Se comprende cómo lo más puede salir de lo menos, puesto que la inmanencia creadora, que está forzosamente en la esencia misma de las cosas, posee todas las capacidades potenciales de realización. Se comprende el origen de las especies y de los instintos, por el impulso vital de la inmanencia creadora. La evolución es también ostensible por una verdadera materialización de la idea; materialización progresiva discontinua; impulso al principio anárquico e inconsciente, luego subconsciente y “lúcido”, conforme a las necesidades evolutivas, efectuándose según una especie de finalidad adquirida, aunque ciega, y finalmente en la sucesión del tiempo, consciente y volitiva. Se comprenden las transformaciones bruscas y creadoras de las especies, y la cristalización inmediata y definitiva de los caracteres esenciales de las nuevas especies, por el hecho de que el impulso creador sería discontinuo, si no de hecho, al menos en apariencia, y en apariencia sería intermitente. A la pregunta: ¿Por qué el impulso creador es intermitente? Es fácil responder. No es intermitente sino en sus manifestaciones aparentes; pero es continuo, aunque latente, en el intervalo de sus manifestaciones. También la aparición de una especie nueva es preparada y determinada por una elaboración subconsciente que pasa desapercibida. Se elabora poco a poco en la idea directriz antes de ser transportada bruscamente a la materia. Este hecho no tiene nada de extraordinario; si es verdad que la naturaleza no da saltos, no es menos verdad que en la naturaleza toda manifestación de actividad parece intermitente, precedida y seguida de un reposo aparente, durante el cual se prepara, de una manera oscura, una renovación de actividad. Se puede comparar la obra de la naturaleza a la de un artista. La comparación no será vana ni ilusoria, sino, por el contrario, verdaderamente instructiva, porque el trabajo de la naturaleza, como el trabajo del artista, está basado, ante todo, sobre el subconsciente. Uno y otro afectan modalidades del mismo orden. Primer caso: el artista acoge sus inspiraciones subconscientes sin provocarlas, sin juzgarlas, en toda su variedad y en toda su integridad. Sus producciones están caracterizadas por una especie de exuberancia lujuriante, incoordinada y anárquica. Queda luego a cargo de la crítica hacer la selección. Sólo algunas de las producciones del artista pasan a la posteridad: la mayor parte caen en el olvido o quedan inapreciadas o abortadas. Es lo que pasa con las obras de la naturaleza en la fase primaria de la evolución. El impulso creador en su principio anárquico y desordenado, y origina una multitud de formas primarias e inferiores, vegetales y animales. Pero entonces las fuerzas naturales, representadas por los factores clásicos de la evolución, realizan su obra selectiva y no dejan subsistente sino una parte de las formas primitivas. Segundo caso: El artista no dirige siempre conscientemente, en su mayor parte, sus inspiraciones; las produce de repente. Pero estas inspiraciones no son anárquicas; obedecen, en gran parte a las sugestiones inadvertidas y múltiples del “ambiente” en que vive el artista; a los deseos íntimos reflexivos y no reflexivos; a las ambiciones y a las necesidades; a las mil contingencias del tiempo, del espacio y del origen que él, sin ninguna duda, experimenta. La obra del subconsciente del artista, aun aquella que no obedezca a un acto concreto de voluntad, será ordenada en gran parte, y regularizada, concentrada, por decirlo así. Habrá lugar, por lo tanto, al lado de realizaciones magníficas, para los errores, las exageraciones, los olvidos, los tanteos; etc. Por otra parte, la influencia ambiental necesitará una larga maduración en la subconsciencia, para dar a luz nuevas producciones. Así ocurre en la naturaleza, después de la actualización del primer grado de realización consciente. Las creaciones dejan de ser exuberantes y anárquicas. Las apariciones intermitentes de las principales especies y de los instintos se adecúan a las necesidades ambientales y a las necesidades vitales, obedeciendo a la finalidad adquirida. Pero, al igual que en la obra del artista, hay todavía, al lado de realizaciones geniales, errores, imperfecciones, olvidos, exageraciones, tanteos, etc. En fin, tercer caso: El artista examina sus producciones, y sus producciones están conforme, de una manera perfecta, al sentido estético, a la elevación intelectual y moral, a la educación superior, a todo lo que hace un genio a la vez luminoso, creador y consciente. Este artista no existe todavía. De igual suerte esta fase ideal, no se ha realizado todavía en la naturaleza. El genio consciente y la creación superior, verdaderamente divinizada, serán el resultado de la evolución futura que acabará de reabsorber el inconsciente en el consciente, realizará las formas de vida conforme a la ley superior, y redimida y precisa, evitará los tanteos, los errores y el mal: lo conocerá todo y lo podrá todo. En suma: La evolución colectiva, como la evolución individual, puede resumirse en esta forma: paso del inconsciente al consciente. En el individuo, el Ser aparente, sometido al nacimiento y a la muerte, limitado en sus capacidades, efímero en su duración, no es el Ser real; no es la representación ilusoria, atenuada y fragmentaria. El Ser real, aprendiendo poco a poco a conocerse a sí mismo y a conocer al Universo, es la chispa divina en camino de realizar su divinidad, infinita en sus potencialidades, creadora, eterna. En el Universo manifestado, las diferentes apariencias de las cosas no son sino la representación ilusoria, atenuada y restringida de la unidad divina realizándose en una evolución indefinida. FRAGMENTO DE LA OBRA DEL INCONSCIENTE AL CONSCIENTE DE GUSTAVO GELEY, EDITADO EN ESPAÑOL POR EDICIONES CIMA.

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