Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.
martes, 31 de diciembre de 2019
LOS PIONEROS DEL ESPIRITISMO por IGOR MANOUCHIAN
CHARLES RICHET Y EL NACIMIENTO DE LA METAPSÍQUICA
LE JOURNAL SPIRITE N° 81 JULLET 2010
Médico francés, catedrático de fisiología en 1878, miembro de la Academia de ciencias y de medicina, Charles Richet se convirtió en 1919 en presidente honorario del IMI (Instituto Metapsíquico Internacional). Luego, ocupó el puesto de presidente entre 1930 y 1935. Su contribución a la investigación metapsíquica fue muy importante, especialmente por su participación en los experimentos con los célebres médiums de la época. En octubre de 1892, en Milán, colaboró con una comisión que dirigía una serie de experimentos a los que se había prestado Eusapia Palladino, médium de efectos físicos. Prosiguió luego sus propios experimentos en París, y publicó el resultado de sus investigaciones en el periódico de la S. P. R. (Society for Psychical Research) iniciando al mismo tiempo una correspondencia con Frederick Myers. Charles Richet se interesó particularmente por el estudio de la telepatía, la clarividencia, la premonición y la psicoquinesia. Pero desafiaba las teorías y otorgaba el mayor valor a la realidad de los hechos. Sin embargo, como todo investigador, tenía unos supuestos de base, especialmente una convicción “fisicalista” según la cual el pensamiento (la consciencia) no podía concebirse fuera del cerebro. Por consiguiente, para él, los fenómenos paranormales probablemente podían comprenderse con arreglo a una energética interna (hoy diríamos “intrapsíquica”) y le era indispensable establecer un marco de investigación que fuera radicalmente opuesto a las hipótesis espíritas. En efecto, consideraba que los fenómenos paranormales eran únicamente de naturaleza fisiológica, y refutaba todas las concepciones relacionadas con la supervivencia del alma después de la muerte. Más allá de sus dudas sobre la realidad espírita, en su proceso científico Charles Richet aportó respuestas sobre la naturaleza humana y su relación con los fenómenos púdicamente llamados “psíquicos”.
De hecho se trata de una relación entre espíritu y materia. Pero en la época, se desconfiaba de las nociones espiritualistas para evitar la amalgama con los fenómenos de milagros religiosos. No obstante, las obras de Charles Richet siguen siendo una fuente de información importante e interesante. A la vez físico, psicólogo y filósofo, se ocupó de todos los campos de investigación para comprender al hombre y el mundo que le rodea. A partir de 1884, Charles Richet participó en el movimiento pacifista, que no impidió la guerra de 1914, pero contribuyó vigorosamente a preparar la defensa de la paz después de esa guerra. Miembro, y luego presidente de Sociedades pacifistas, Charles Richet prosiguió su acción mediante discursos, conferencias, artículos de prensa, libros y su activa participación en congresos nacionales e internacionales de los cuales fue presidente.
«En cuanto se constituye una ciencia nueva, a pesar de las grandes esperanzas que hace nacer en sus entusiastas y audaces promotores, es tratada primero, por el gran público, pero sobre todo por los eruditos, con burla y desprecio. Me atreveré pues aquí a pedir socorro para una ciencia nueva, todavía sin forma y en esbozo, ciencia llamada de las cosas ocultas, ciencia que (en 1894) denominé Metapsíquica, pero que de buena gana llamaría ciencia de lo inhabitual…» ¡Pues bien! Esa ciencia de lo inhabitual a la que he dedicado tantos esfuerzos es perseguida. ¡Oh! No me conmuevo por ello. Todas las ideas nuevas lo fueron en su origen. ¿Por qué no iban a serlo aún hoy? Charles Richet
lunes, 30 de diciembre de 2019
LOS PIONEROS DEL ESPIRITISMO por CHRISTOPHE CHEVALIER
LOS EXPERIMENTOS DE ALBERT DE ROCHAS
LE JOURNAL SPIRITE N° 81 JUILLET 2010
Varias veces hemos puesto de relieve en nuestra revista, los trabajos de ciertos personajes que participaron en los fundamentos y la expansión de la filosofía espírita en Francia. Todos provenían de ámbitos y medios diferentes, y pusieron en evidencia por medio de la experimentación los diversos puntos de enseñanza de la filosofía espírita. En este artículo, les propongo detenernos en un hombre que contó mucho para la expansión y vulgarización de esta filosofía. Se trata del Coronel Albert de Rochas. En nuestra revista Nº 77 (julio de 2009), encontrarán un artículo dedicado a sus investigaciones referentes a las vidas sucesivas con informes detallados de sus experimentos. Por lo tanto no volveré sobre esa parte, pero les invito especialmente a ponerse en antecedentes, a fin de conocer mejor a este hombre excepcional. Vamos a ver la importancia de sus descubrimientos y a establecer el paralelo entre sus trabajos y los diferentes puntos planteados por Allan Kardec en su codificación del espiritismo.
Veremos también sus experimentos referentes a la hipnosis que le enfrentaron, por una parte a Charcot y a la escuela de Nancy, pero también a los médicos de la Salpêtrière en París. En efecto, después de de Rochas, Charcot no parece haber llegado más lejos que el estado de sonambulismo sin señalar nunca otros estados secundarios y eso por temor a un acercamiento entre estas investigaciones y las prácticas de los magnetizadores. Albert de Rochas no fue, propiamente hablando, un pionero de la filosofía espírita pues no tomó parte en su desarrollo, ni contribuyó en tratar de poner en evidencia la vida después de la muerte y nunca se declaró espírita. Sin embargo, fue un ardiente simpatizante de la idea y asistió a varias sesiones con médiums de efectos físicos. De esas sesiones, escribió un libro que lleva por título Extériorisation de la motricité (Exteriorización de la motricidad). Este libro se refiere a sus observaciones vinculadas exclusivamente con fenómenos objetivos.
Una trayectoria original
Nacido en 1837, ingresó en la escuela politécnica en 1857. Dedicó gran parte de su vida al ejército hasta 1902, momento en que se retiró para poder consagrarse exclusivamente a las investigaciones psíquicas. Escribió numerosas obras relativas a la historia militar y la topografía que fueron referencia en su tiempo, pero la primera obra que marcó su orientación hacia las ciencias psíquicas, data de 1882. Tenía por título La science des philosophies et l’art des thaumaturges dans l’Antiquité (La ciencia de las filosofías y el arte de los taumaturgos en la antigüedad), (con frecuencia un taumaturgo es un personaje mítico cuyas acciones son consideradas como milagrosas, un hacedor de milagros). Este estudio fue el punto de partida de una aventura que llevó a Albert de Rochas a descubrir las facultades humanas especialmente en materia de magnetismo y los efectos curativos y preventivos de la energía magnética. Pues la atención de este militar de carrera fue atraída por los poderes de los curanderos que pasaban en la época por hacedores de milagros. Ese paso representó el comienzo de un incesante trabajo de descubrimientos que hizo caer las barreras entre el mundo espiritual y el mundo material. Pasó luego de la investigación histórica a la fase experimental con otra obra que apareció en 1887, bajo el título Les forces non définies (Las fuerzas no definidas). Esta obra le permitió determinar e identificar, por medio de la experimentación, los diferentes estados de hipnosis que sufrían los sujetos “conejillos de Indias”. Sería demasiado largo relatarlos aquí, pero es preciso explicar uno de los motivos de desavenencia entre Rochas y los practicantes de una hipnosis más rápida. ¿Por qué más rápida? Fue allí donde las cosas se estropearon, pues para Rochas, en sus estudios sobre los antiguos taumaturgos y magnetizadores que lograban la hipnosis, no era cuestión de tiempo, ni siquiera de práctica con agentes externos como ruidos repentinos, presión de los globos oculares etc. que dejaban de actuar tan pronto el sujeto tenía los ojos cerrados. Para los magnetizadores que obtenían efectos más pertinentes, era necesario aplicar pases magnéticos por unos 15 a 30 minutos y a veces mucho más, hasta que el magnetizador reconociera, por las señales externas, el grado de hipnosis que trataba de conseguir. No había pues ningún acercamiento posible entre estas dos “escuelas” ya que la consecución de la hipnosis por medio del magnetismo ciertamente no tenía unanimidad en esa época.
“Experimentar y observar”, a los maestros palabras de Albert de Rochas.
Lo que caracterizó a de Rochas, fue su gusto por la experimentación que le llevó a descubrir y clasificar todos los estados de la hipnosis hasta los estadios más profundos. Por esa vía puso en evidencia el periespíritu en el cuerpo físico y el espíritu, así como las fuerzas espirituales que allí se relacionan. Para ello, no utilizaba médiums, sino personas receptivas a los “efluvios”, es decir, receptivas al magnetismo. Ese trabajo, largo y meticuloso, tuvo gran influencia en el campo espírita pues fue complementario al de los espíritas que, por su parte, ponían en evidencia la presencia del espíritu y de su periespíritu a la muerte del cuerpo físico. Durante largos años los pioneros del espiritismo en Francia experimentaron junto a numerosos médiums para poner en evidencia la supervivencia del alma después de la muerte. Algunos dieron testimonio de las condiciones en que se desarrollaban las sesiones. Se tomaban todas las precauciones para impedir eventuales fraudes y muy a menudo los médiums eran atados y hasta embutidos en las ropas, para cumplir con las exigencias de los más escépticos. A pesar de ese contexto tan difícil, los médiums de efectos físicos trabajaban y así probaron la supervivencia del alma por medio de la manifestación de apariciones tangibles, materializaciones y otros ectoplasmas provocados por los espíritus desencarnados. A la pregunta: “¿Qué es el espiritismo?”, Gabriel Delanne daba esta respuesta en 1904: “Es la demostración de la existencia del alma y de su inmortalidad por medio de las manifestaciones de esa alma durante la vida y después de la muerte”. Al hacer la demostración de la existencia del alma y de su cuerpo fluídico durante la vida, Albert de Rochas aportó una prueba esencial a los fundamentos del espiritismo. Sus experiencias fueron realizadas con sujetos puestos en estado de hipnosis por medio de pases magnéticos que él llamaba: “la exteriorización de la motricidad”. La motricidad es la puesta en acción de los músculos del cuerpo para efectuar movimientos y desarrollar sus sentidos. Albert de Rochas provocó repetidas veces la exteriorización del “periespíritu” de una persona viva puesta en sueño hipnótico por medio de pases magnéticos para probar con ello la motricidad sobre el cuerpo físico. Pedía así al espíritu de la persona dormida, que saliera de su cuerpo acompañado por su periespíritu e hiciera moverse objetos situados a distancia. A veces el objeto se movía y el sujeto, siempre dormido, explicaba que lo había hecho con el concurso de su periespíritu. Había allí un elemento de prueba de la existencia del periespíritu y de su capacidad motora. La observación de estos hechos por Rochas fue reproducida numerosas veces y escrupulosamente registrada por escrito.
Fue todavía más lejos e igualmente puso en evidencia “la exteriorización de la sensibilidad”. En efecto, con el sujeto dormido y su espíritu acompañado por el periespíritu un tanto separado del cuerpo, Albert de Rochas ejecutaba acciones mecánicas sobre el periespíritu así exteriorizado, acciones mecánicas que la persona sentía en su cuerpo físico. Esas acciones, bajo la forma de presiones ejercidas por las manos del hipnotizador, se transmitían a los sujetos que daban testimonio de las sensaciones percibidas, en la medida en que la distancia entre el periespíritu y el cuerpo no fuera demasiado grande. Queridos lectores, si hubiéramos estado en esas sesiones, hubiéramos visto a Albert de Rochas ejercer presión con sus manos en el vacío pues el periespíritu es invisible. Lo cual nos hubiera podido divertir en el momento. Pero las presiones se ejercían sobre el periespíritu entonces exteriorizado del cuerpo para repercutir en él. Los experimentos continuaron y
de Rochas comprobó que el espíritu de la persona dormida tenía la posibilidad de ubicar un órgano enfermo y, a veces, de identificar la enfermedad de una tercera persona, siempre que la persona sufriente se encontrara cerca del sujeto dormido. La descripción era aproximada en la medida en que el sujeto no era médico, pero las observaciones daban testimonio de la veracidad del hecho. ¿Cómo funcionaban esas experiencias? Por supuesto, el principal elemento que entra en juego en estos ejemplos es el periespíritu. En efecto, a ustedes que nos leen regularmente, esta palabra no les es desconocida pues se trata, de hecho, del cuerpo fluídico que casa perfectamente con nuestro cuerpo físico. Por nuestros diferentes artículos han podido comprender el rol del periespíritu y su funcionamiento. Este último emite vibraciones que están en relación directa con nuestro estado de salud o nuestro estado de ánimo. Si sufrimos físicamente, la vibración es diferente y ya no está armonizada en su totalidad. Entonces esa vibración modificada es captada por el sujeto dormido que no siempre podrá explicarla claramente, pero que podrá ubicarla con mayor o menor precisión. La exteriorización de la sensibilidad es posible cuando el espíritu del sujeto está exteriorizado del cuerpo físico. Sus sensaciones son diferentes de las del estado de vigilia, pues el espíritu, entonces liberado momentáneamente de la barrera física del cuerpo, ya no ve con los ojos y no siente con el cuerpo, sino que ve con su espíritu y siente con su periespíritu. Al principio de sus investigaciones, Albert de Rochas pudo poner en evidencia la sensibilidad del espíritu y la motricidad del periespíritu, por cierto, igual que los magnetizadores de los tiempos antiguos, pero que en ese punto no se detenían en el detalle, pues la existencia de un doble fluídico no estaba claramente revelada. Además, los sujetos que podían percibir esas sensaciones eran vistos como histéricos y místicos.
De Rochas y los espíritas
Albert de Rochas se acercó entonces a los científicos espíritas que, por su parte, ponían en evidencia la exteriorización de la motricidad de los desencarnados. Este punto es particularmente importante en la medida en que fue observado principalmente a través de los médiums Daniel Dunglas Home y Eusapia Paladino en numerosísimas sesiones espíritas que hacían intervenir el espíritu de los muertos y como hemos dicho anteriormente, observando fenómenos físicos como la ectoplasmia. En sus experimentos, Albert de Rochas trabajaba con el espíritu de los vivos que podían actuar y sentir a distancia con la única fuerza de su pensamiento y su voluntad. Sin embargo, los sujetos capaces de este género de proezas eran muy raros. Si bien Albert de Rochas observó durante mucho tiempo las acciones de esta fuerza, no pudo explicarla claramente; supuso que eso era la acción de la fuerza nerviosa del sujeto capaz de imprimirla a un objeto y así “darle vida”. Para él, esa fuerza podía emanar ya sea del sujeto hipnotizado, o de la asamblea presente, o del magnetizador o del mundo invisible. La respuesta espírita a esa pregunta sigue estando cerca del razonamiento de Albert de Rochas. “La fuerza nerviosa” es de hecho la fuerza del pensamiento del espíritu encarnado o desencarnado que es más o menos capaz, según su grado de conciencia, de influenciar los objetos. Los objetos no se vuelven vivos, es simplemente la conjunción de la fuerza de pensamiento del sujeto y la contracción del fluido universal, bajo la influencia del sujeto, que se convierte en una fuerza y que entonces puede responder de manera más o menos consciente a los deseos del sujeto y del magnetizador. Ese punto también es particularmente importante pues desde siempre se observa en las casas encantadas vía los Poltergeist. Fue también por la vía de los golpecitos que los comienzos del espiritismo se desarrollaron en casa de las hermanas Fox. En este caso preciso, se trataba de la suma de la fuerza de pensamiento de los desencarnados y de la contracción del fluido universal combinado con la energía mediúmnica de las hermanas Fox para conseguir tales manifestaciones.
“Esta fuerza nerviosa” o fuerza de pensamiento del espíritu le permitió a Albert de Rochas afinar sus investigaciones sobre un hecho particular, el de la “transmisión del pensamiento o telepatía”. Esa era para él una forma de transmitir sensaciones o emociones que eran recibidas por los sujetos bajo la forma de imágenes, un poco como las que se encuentran en los sueños. Para esta parte de la investigación, se trataba del simple lenguaje universal, de la lengua del espíritu, a saber, la telepatía. Él experimentó además con la “visión a distancia”, que es también una forma de telepatía, con un sujeto sensible, la Sra. Lambert. Esta dama, puesta regularmente bajo hipnosis, siguió las peregrinaciones de un hombre al que no conocía en absoluto con el único soporte de un objeto que le había pertenecido. Percibió la presencia de ese hombre en América del sur, indicando su recorrido con más o menos precisión, gracias a las imágenes que percibía cuando leía los paneles de las estaciones por las que él pasaba y los periódicos que leía y cuyos titulares veía entre sus manos. Después de informaciones obtenidas a través de uno de sus amigos, el Cónsul de Francia en La Paz que verificó los juicios de la Sra. Lambert, de Rochas se dio cuenta de que no todas las informaciones eran exactas pero esta experiencia que duró seis meses demostró la posibilidad de la videncia a distancia. Algunas informaciones fueron validadas.
Para trabajar, la Sra. Lambert tenía en su poder un objeto. ¿Hubiera podido trabajar sin ese objeto la Sra. Lambert? Parece que no, pues en clarividencia el objeto tiene un papel preponderante al convertirse en el enlace entre la persona que ve y la que es vista. Según nuestros estudios espíritas, el objeto lleva en su memoria, las energías de su propietario; puede decirse que ese objeto es de alguna manera una extensión del señor pues lleva su vibración, un poco como una huella digital de la vibración periespiritual de este hombre que no le pertenece más que a él. El sujeto dormido, por intermedio de su espíritu, pudo descubrir esa vibración localizándola con más precisión y así entrar en contacto en forma telepática con ese señor. Fue así como pudo localizar ciertas ciudades por donde pasó. Puede decirse que este caso está bastante cerca de la clarividencia simple, es decir que no hay intervención de espíritu desencarnado, sino simplemente un contacto de espíritu encarnado a espíritu encarnado.
La investigación es infinita
Para Albert de Rochas, los fenómenos estudiados y admitidos por los sabios de la antigüedad, están de nuevo de actualidad y pueden ser probados por el método experimental. Por supuesto que su trabajo sobre los fenómenos psíquicos no se detuvo en los ejemplos citados que contribuyeron a la vulgarización y difusión de los fenómenos espíritas. La existencia del espíritu y del periespíritu era para él de evidencia y por su trabajo probó su existencia y las fuerzas que se desarrollan. Todas esas investigaciones son delicadas y complejas, pero su dificultad no debe detener los investigadores; pues tal como dijo el célebre físico inglés Oliver Lodge: “La barrera que separa los dos mundos, espiritual y material puede caer gradualmente como muchas otras barreras y llegaremos a una percepción más elevada de la unidad de la naturaleza. Las cosas posibles en el universo son tan infinitas como su extensión. Lo que sabemos no es nada comparado con lo que nos queda por saber”.
domingo, 29 de diciembre de 2019
LOS PIONEROS DEL ESPIRITISMO por IGOR MANOUCHIAN
GABRIEL DELANNE (1857-1926) EL CONTINUADOR DEL ESPIRITISMO
LE JOURNAL SPIRITE N° 81 JULLET 2010
Gabriel Delanne fue uno de los principales continuadores del espiritismo después del fallecimiento de Allan Kardec, al lado de Léon Denis y Camille Flammarion. Sus textos fueron dedicados principalmente a las cuestiones de la inmortalidad del alma y la reencarnación. Como Ernest Bozzano y Camille Flammarion, privilegió como espírita, un enfoque científico de los fenómenos psíquicos. Dirigió la publicación periódica La Revue scientifique et morale du spiritisme (La Revista científica y moral del espiritismo) órgano de la Unión Espírita Francesa, cuyo primer número apareció en marzo de 1883.
Su sepultura se encuentra en el cementerio Père Lachaise cerca de la de Allan Kardec. “No tenemos pues la pretensión de haber hecho un descubrimiento. Sólo tratamos de revelar las leyes naturales y, recordad esta expresión, democratizar el misterio; y uno puede preguntarse, con amargura, por qué la ciencia oficial nos tiene siempre tan duramente apartados. Desgraciadamente, ese es el hecho; la terquedad de los eruditos es inimaginable. Siempre ha sido así; para convencerse, basta con leer la historia de todas las grandes adquisiciones del espíritu humano. He aquí aproximadamente, señor, donde nos encontramos en el terreno de la experiencia. Que, sobre el estudio de estos fenómenos, construyéramos una filosofía, es posible. Pero no somos sectarios; para hablar propiamente, no tenemos, como la Iglesia, dogmas que sea prohibido tocar. Que se nos venga a demostrar que no tenemos razón, y si hay allí un verdadero progreso en el orden científico, lejos de protestar y empeñarnos, nos declararemos absolutamente encantados. Pero pienso que no hay que hablar de eso por el momento”.
Extracto de una entrevista a Gabriel Delanne realizada en 1920 por el Dr. Paul Heuzé. El 31 de marzo de 1880, se expresó públicamente durante la conmemoración anual del fallecimiento de Allan Kardec organizado en el Père Lachaise: “Allan Kardec no ha venido traer una religión, no ha impuesto ningún culto; su moral es la de Jesús despojada de toda falsa interpretación; pero de lo que ha dotado a la humanidad, es de una doctrina capaz de responder a todas las objeciones de la incredulidad y a todos los grandes problemas planteados por la razón. En efecto, hasta aquí sólo hemos considerado el lado moral de su doctrina, pero su estudio más profundo nos muestra que siguiendo sus enseñanzas, puede llegarse a los más hermosos descubrimientos científicos. Si hay un campo de estudios todavía inexplorado, es el que comprende las relaciones entre el mundo invisible y el nuestro. Cuántos problemas por resolver antes de poder dar una teoría científica de esas relaciones; pero vendrá un día en que serán conocidas como los fenómenos estudiados científicamente y ya no serán un secreto para nosotros”. Concluyendo su intervención, añadió: “A ejemplo suyo, haremos todos nuestros esfuerzos para divulgar sus ideas y sembrar por todas partes la buena nueva”. Hoy sabemos que el gran espírita mantuvo su promesa hecha sobre la tumba de Allan Kardec y que trabajó hasta su último aliento para hacer reconocer el aspecto científico del espiritismo. El espiritismo ante de la ciencia, El fenómeno espírita, El alma es inmortal y La reencarnación, son las principales obras que produjo durante su existencia, sin contar sus artículos en La Revista Espírita y las conferencias que dictó. El Espiritismo ante la Ciencia, es una obra importante en la cual demuestra que el espiritismo ofrece la prueba de que el alma existe realmente y que se manifiesta en todas las acciones de la vida. El Espiritismo ante la Ciencia debería ser leído y releído por todas las personas que desean ocuparse del origen del hombre, pero después de la lectura preliminar de los libros de Allan Kardec y de Léon Denis. En esta obra, describe precisamente el papel del periespíritu: “Comprobamos en el hombre la fusión de estos dos elementos: el cuerpo y el alma. Están unidos en forma íntima y reaccionan uno sobre el otro, así como lo demuestra el testimonio diario de los sentidos y la conciencia. De allí que hayamos dicho del alma, parece que hubiera contradicción, pero ella es más aparente que real, pues el hombre no está formado solamente del cuerpo y el alma, sino además de un tercer principio intermediario entre el uno y la otra llamado periespíritu, es decir sobre el espíritu. La necesidad de este mediador se comprenderá enseguida, poniendo en paralelo la espiritualidad del alma con la materialidad del cuerpo. El alma es inmaterial porque los fenómenos producidos por ella no pueden compararse a ninguna propiedad de la materia. El pensamiento, la imaginación o el recuerdo no tienen ni forma, ni color, ni dureza, ni maleabilidad; estas producciones del espíritu no están regidas por ninguna de las leyes que rigen el mundo físico, son puramente espirituales y no pueden medirse, ni pesarse. Por su naturaleza el alma escapa de la destrucción, puesto que se manifiesta en toda su plenitud después de la disgregación del cuerpo, pues el alma es inmaterial e inmortal. El cuerpo es la envoltura del principio pensante, que vemos nacer, crecer y morir. Los elementos que lo componen se han extraído de la materia que forma nuestro globo. Cuando tienen un cierto tiempo alojados en el organismo, ceden el lugar a otros que vienen a reemplazarlos. Estas operaciones se renuevan hasta la muerte del individuo; entonces los átomos que componían en último lugar el cuerpo humano, son recogidos por la circulación de la vida y entran en otras combinaciones, en virtud de esa gran ley de que nada se crea y nada se pierde en la naturaleza. El cuerpo y el alma son pues esencialmente distintos: uno notable por sus incesantes transformaciones, la otra por la inmutabilidad de su esencia”. Todavía a propósito del periespíritu: “A la muerte del cuerpo, al no existir ya ese doble, todo se desploma, se degrada y se elimina, en un lapso de tiempo muy corto. Es este cañamazo fluídico lo que, diferente según los individuos, conserva a cada uno su estructura particular, las formas generales del cuerpo y de la fisonomía que lo hacen reconocer durante el curso de su existencia”. Gabriel Delanne era una verdadera enciclopedia viviente y puede afirmarse que el espiritismo le debe su fuerza y su claridad científica.
miércoles, 25 de diciembre de 2019
LOS PIONEROS DEL ESPIRITISMO por JEAN-LOUIS PETIT
ALEXANDRE AKSAKOV UN PIONERO RUSO DEL ESPIRITISMO ADELANTADO A SU TIEMPO
Nacido en 1832 cerca de San Petersburgo, Alexander Aksakov recibió la educación humanista de un joven de la gran nobleza rusa. Apasionado por la espiritualidad humana y el sentido de la vida, se hizo primero doctor en filosofía. Descubrió a Swedenborg cuya fe en la redención humana, unida a una firme creencia en la reencarnación, le apasionaban. Contribuyó traduciéndolo y difundiendo esas ideas en su país. Paralelamente, llegó a ser consejero del zar Alejandro III a quien trató de interesar en Swedenborg así como en las ideas espíritas. Se apasionó así, desde 1855, por todas las manifestaciones espíritas y leyó, tradujo y trató de difundir todo lo que pudo encontrar sobre ese tema. Su fortuna personal le permitió recorrer el mundo entero y mantener innumerables correspondencias con las sociedades eruditas y los movimientos espíritas. Seguía con pasión los trabajos de Crookes, Richet, Flammarion, Lombroso, etc., así como los coloquios y trabajos científicos sobre las manifestaciones espíritas. Desgraciadamente, en su país jamás pudo levantar la censura total ejercida respecto al espiritismo, que estaba prohibido difundir en lengua rusa. Por fortuna, seguía siendo tolerada la difusión de artículos en lengua alemana. Se volvió entonces un poco más hacia la comunidad internacional. Numerosas experiencias personales le marcaron para siempre. Su esposa resultó ser médium, y le permitió recibir manifestaciones que él juzgó probatorias. El médium Home se incorporó a su familia por matrimonio. Sus numerosos viajes le permitieron conocer a todos los médiums célebres del momento, tales como Eusapia Palladino, Florence Cook, Dunglas Home, la Sra. D’Espérance y tantos otros. Quedó convencido de la realidad de muchos de esos fenómenos paranormales, y descartó que fueran sólo trucos o alucinaciones. Para comprender mejor los fenómenos que observaba se hizo médico. Finalmente decidió dedicar su vida a la difusión y defensa de las ideas espíritas. En 1874, creó desde Alemania los anales de Estudios Psíquicos (Psychisches Studien), dedicados principalmente a los fenómenos parapsicológicos. Igualmente intentó desafiar la censura en su propio país con la creación en 1891 de la revista Rebus, primera publicación rusa de estudios sobre el psiquismo. Espírita convencido, trató de convencer a la comunidad científica de la realidad de fenómenos que, según él, abrían inmensas perspectivas de estudio del espíritu humano. Igualmente se atrevió a pensar que la desaparición de las fronteras entre la vida y la muerte aportaba maravillosas promesas a la sociedad humana. Luchó entonces con todas sus fuerzas para demostrar que se estaba en presencia de fenómenos reales, susceptibles de hacer retroceder al oscurantismo. Contribuyó con varios encuentros científicos para tratar de explicar al mundo erudito de su época. Él estuvo en el origen de la creación de la “Comisión de Profesores” que se reunió en Italia, en Milán, en 1892, y que incluía, entre otros, a él mismo, Alexander Aksakov, profesor para entonces de la Academia de Leipzig, director de revistas científicas y consejero del zar; Giovanni Schiaparelli, director del Observatorio Astronómico de Milán; Carl du Prel, doctor en filosofía en Munich; eminentes profesores de física italianos y alemanes, filósofos célebres, y finalmente Charles Richet, profesor de la facultad de medicina de París y director de la Revue Scientifique, y Cesare Lombroso, célebre criminalista italiano. Contrató a un médium no profesional recomendado por Crookes, que produjo numerosas manifestaciones a plena luz, que entusiasmaron a la mayoría de los participantes. Espíritu hasta entonces escéptico, Cesare Lombroso admitió ante la comisión “su vergüenza y conmiseración hacia sus actitudes anteriores (de duda muy crítica)”. Lombroso confirmó por carta su nueva convicción a uno de sus colegas.
Redactado por Aksakov, que pensaba haber hecho triunfar la nueva ciencia, el informe causó gran ruido en todo el mundo científico. Pero como es habitual, la reacción se organizó y varios ukases científicos trataron de ridiculizar los trabajos de la comisión, acusados de impostura por uno de sus miembros que se declaró convencido de trucos por parte del médium, a pesar de todas las precauciones tomadas en sesiones de trabajo, que obedecían a un riguroso protocolo de estudios. Un joven erudito de la época, Edouard Von Hartmann, filósofo y sucesor de Schopenhauer, trató de lograr alguna cierta notoriedad con un folleto que criticaba violentamente al espiritismo. Hartmann propuso una teoría tranquilizadora para el espíritu racionalista dominante. En efecto, evoca las alucinaciones individuales o colectivas, opciones muy tentadoras para refutar al profesionalismo científico que por supuesto se remite a su buena fe, pero también a su candor.
Aksakov ripostó con una obra en dos tomos que constituye une verdadera biblia de todos los trabajos dignos de fe y sobre todo de análisis científico de la época en materia de espiritismo: Animismo y Espiritismo. Un enorme material científico, utilizando todas las formas de pruebas científicas fue utilizado por un Aksakov que analiza en primer lugar todos los fenómenos conocidos por él que escapaban al sentido común. Se sirvió especialmente de numerosas fotos recogidas según un riguroso proceso destinado a evitar todos los fraudes, como la doble exposición de placas fotográficas.
¿Cómo explicar entonces esos personajes, espectros, etc., algunos de los cuales jamás habían sido conocidos por los observadores? Aksakov se refiere luego a una larga lista de fenómenos de materialización o desmaterialización de objetos bien visibles o tangibles, difíciles de reducir a alucinaciones. Establece una clasificación muy científica en varios tipos de fenómenos mediúmnicos: En primer lugar, trata de las capacidades propias del “alma humana” (anima en latín, de allí el término animismo utilizado por él), en lo que ella tiene de más profundo. Un médium puede leer primero en su propio subconsciente (término desconocido para la época).
También puede comunicarse mentalmente con otros espíritus y leer en ellos (telepatía), para producir imágenes que provienen de él mismo o de los asistentes. Se interesa igualmente por las formidables capacidades para producir fenómenos inusuales, tales como bilocación, levitación, mensajes de vivos a vivos, etc. Por lo tanto, concluye, si bien numerosos fenómenos paranormales son indiscutiblemente producidos por “el ánima”, propia del médium, sin que haya necesidad de ir a buscar en otra parte, el estudio objetivo y científico de todos estos fenómenos obliga a admitir entre ellos, algunos que suponen un agente, una fuerza causal externa al médium, que no hace más que transmitir. En ese caso, es forzoso admitir la presencia de espíritus externos vivos (regreso al animismo precedente) o muertos. Es posible, concluye, estudiar verdaderos fenómenos que son evidentemente espíritas. El libro analiza un gran número de apariciones, tales como la hija de Tolstoi (recibida por su esposa), o Katie King que él mismo conoció, tocó y analizó en Londres con o sin William Crookes. Picado en su amor propio, Hartmann trató de contraatacar. Pero ya no sería Aksakov quien lo iba a poner definitivamente K. O., sino Carl Du Prel, ex-miembro también de la comisión y amigo leal, a partir de los trabajos de Aksakov, que estaba enfermo e incapaz de escribir.
Alexander Aksakov murió en 1905 sin haber lamentado jamás ni sus elecciones, ni la suma de fatigas, decepciones y desilusiones ocasionadas por sus convicciones. Dejó un conjunto de treinta obras, todas extremadamente documentadas que serían muy útiles a sus homólogos de la época. Desgraciadamente no asistió a la entrada del espiritismo en el marco de los hechos científicos admitidos por todos y que ansiaba ardientemente con toda su alma.
martes, 24 de diciembre de 2019
LOS PIONEROS DEL ESPIRITISMO
por ETIENNE BERTHAUT
ALLAN KARDEC, ARQUITECTO INDISPENSABLE DEL ESPIRITISMO
LE JOURNAL SPIRITE N° 81 JUILLET 2010
“El espiritismo es una ciencia que trata de la naturaleza, origen, y destino de los espíritus, y sus relaciones con el mundo corporal. Esta nueva ciencia, cuyo nacimiento en Francia se sitúa a mediados del siglo XIX, es a la vez una ciencia de observación y una doctrina filosófica como ciencia práctica”. Allan Kardec (¿Qué es el Espiritismo?)
El espiritismo antes de Allan Kardec, los precursores
Si bien el campo de investigación espírita referente al mundo de los espíritus encontró su enfoque hace más de 150 años, es evidente que los fenómenos de orden espírita han ocurrido desde los tiempos más lejanos de la historia de la humanidad. El mundo invisible se adapta a las civilizaciones, las épocas y las comarcas, donde las prácticas se remiten a la magia y las ceremonias revisten el aspecto de cultos. A ratos se mezclan las almas de los antepasados, los dioses familiares, las intervenciones o fenómenos milagrosos, y el carácter o núcleo científico del hecho manifestado (núcleo que Allan Kardec se esforzó por poner en evidencia) es ahogado por las creencias y la religiosidad que lo envuelven a falta de algo más elaborado y más codificado. Es pues difícil sintetizar de manera exhaustiva lo que precedió a Allan Kardec. Sin embargo, es interesante señalar aquí y allá en la historia moderna de los hombres, tentativas de análisis de estas experiencias y hechos espíritas empíricos, por lo menos existe un conjunto de actas, tratados y textos que quieren recolectar y reunir lo vivido al respecto por el hombre, a falta de tener aún el material y la metodología para comprenderlo. De manera anecdótica, podemos citar la publicación en 1475 en la Suiza alemana, en Burgdorf específicamente, de un Tractatus de apparitionibus post exitum del teólogo polaco Jacques Junterbuck. Citemos también un mamotreto de mil páginas publicado en Angers en 1586 por el demonógrafo Pierre Le Loyer y titulado (¡respiren profundo!): Discursos e historias de los espectros, visiones y apariciones de los espíritus, ángeles, demonios y almas, haciéndose visibles a los hombres, dividido en ocho libros, los cuales por las visiones maravillosas y prodigiosas apariciones ocurridas, tanto sagradas como profanas, se manifiesta la certeza de los espectros y visiones de los espíritus, y se entreabren las causas de las diversas clases de apariciones de éstos, sus efectos, sus diferencias y los medios para reconocer los buenos y los malos, y cazar los demonios. Dos años más tarde apareció en Ruán, de la pluma de Noël Taillepied, doctor en teología (1540-1589) una obra más sobriamente impresa Psicología o tratado de la aparición de los espíritus, a saber, de las almas separadas, fantasmas, prodigios, accidentes maravillosos. Finalmente, recordemos en forma divertida la aparición en Sajonia en 1804, año de la consagración de Napoleón I en Notre-Dame, pero también año del nacimiento de Allan Kardec, de un libro, que por cierto hizo algún ruido, de un tal Dr. Karl Wötzel de Chemnitz: Apariciones de mi esposa después de su muerte… El moderno precursor del espiritismo fue sin duda alguna el sueco Emmanuel Swedenborg (1688-1772), político, filósofo místico, científico, personaje muy erudito, reconocido por su saber, su mérito y su sabiduría, miembro de la Academia Real de Ciencias de Suecia y ennoblecido por la reina Ulrica. Preocupado por la noción de Dios, la felicidad eterna y los sufrimientos morales del hombre, E. Swedenborg fue un precursor y un visionario en la medida en que intentó descubrir al Creador escrutando la creación. En una época en que la ciencia llamada moderna daba sus primeros pasos, aportó una dosis de racionalismo calificado de científico e impulsó la transición entre una verdad revelada de manera profética desde hacía siglos y un enfoque razonado de realidades filosóficas y científicas. Abrió la vía hacia esta metodología rigurosa de la observación de los hechos y los testimonios que envolvió de manera notable el conjunto de trabajos adelantados por A. Kardec más de un siglo más tarde. Su búsqueda y su actuación estaban dirigidas hacia la comprensión progresiva de Dios sobre la base de enseñanzas obtenidas por revelación a través de una mediumnidad surgida en 1745. Lo que recibió por videncia y escritura le permitió establecer una doctrina que encontró ciertas similitudes con el espiritismo: existencia de un mundo invisible o espiritual que está en permanente correspondencia con el mundo natural o material, posibilidad de comunicarse con él, unicidad de Dios. Entre los espíritus que apoyaron a Allan Kardec en el momento del desarrollo de la tercera revelación, E. Swedenborg fue de los que se comunicó con él y hasta respondió numerosas preguntas de su parte (sesiones en septiembre de 1859). Reconoció además haber cometido grandes errores en la elaboración de su doctrina, tales como el carácter eterno de las penas o el mundo de los ángeles y de los santos. En su descargo, explicó haber tenido que luchar contra más ignorancia y sobre todo más superstición, en una época donde la impronta religiosa era de las más fuertes, pero donde ya se hacía sentir la emancipación traída por los filósofos de las Luces. Si bien Allan Kardec estuvo plenamente consciente de los aspectos refutables de su doctrina, supo reconocer en él las verdaderas cualidades de aquel hombre y su aporte en las bases del naciente espiritismo: “A pesar de sus errores de sistema, Swedenborg no deja de ser una de las grandes figuras cuyo recuerdo permanecerá unido a la historia del espiritismo, del que fue uno de los primeros y más celosos promotores”. (La Revue Spirite - Noviembre de 1859) Poco tiempo antes del comienzo de los trabajos de Kardec en espiritismo, un acontecimiento mayor fue también origen de un considerable número de hechos y experiencias que marcó en un contexto particular el período de definición del espiritismo. Se trata de la conocidísima historia de las hermanas Fox, Margaret y Katie, que en 1848 percibían golpecitos y ruidos insólitos en la casita familiar de Hydesville, estado de Nueva York, en los Estados Unidos. Esos fenómenos eran producto del espíritu de un hombre cuyos restos se encontraron debajo del sótano. Era el antiguo arrendatario, un tal Charles Ryan, asesinado por el vecino. Por este suceso, del que por otra parte la historia humana puede conocer miles, el descubrimiento de un medio de comunicación con los espíritus se apoderó de toda Norteamérica y fue el origen de la considerable atracción hacia esa disciplina. En 1852, tuvo lugar el primer Congreso Espírita en Cleveland. Si bien en ese fausto contexto, pueden citarse algunos autores norteamericanos, como el médium Andrew Jackson Davis (1826-1910) o el Dr. John Worth Edmonds que realizó los primeros enfoques teóricos, finalmente el espiritualismo anglosajón no tuvo verdadera consistencia filosófica pues las leyes naturales en el origen de los fenómenos todavía no estaban bien delimitadas y permanecían mal definidas. Aunque los hechos estaban allí, bien demostrados, sus interpretaciones de acuerdo a las creencias de cada uno daban lugar a grandes contradicciones no resueltas, como por ejemplo la idea de la reencarnación, aceptada por unos, rechazada por otros. Fue la moda de las mesas giratorias o del baile de las mesas, muy apreciada en los tranquilos salones de cierta burguesía carente de sensaciones y que se propagó tanto en el Nuevo como en el Viejo Continente. Esa moda, un tanto superficial, concordaba sin duda alguna con ese siglo ávido de romanticismo donde sus más ilustres representantes, contemporáneos de Allan Kardec, no escondían sus relaciones con aquel espiritismo naciente: C. Nodier, G. Sand, G. de Nerval, T. Gautier, V. Hugo, H. de Balzac, A. de Vigny, A. de Lamartine. Todos estos místicos, estremecidos por los ideales de las Luces canalizados por la Revolución todavía cercana, habían soñado con una religión hermosa, universal, y con una sociedad fraterna en armonía con la naturaleza y con el espíritu. Y es dentro de ese contexto nutritivo y fértil que llegó Allan Kardec, o más bien Hippolyte-Léon-Denizard Rivail…
Allan Kardec, el pedagogo
Antes de convertirse en Allan Kardec a los 50 años, tuvo una vida que, no por azar, preparó y anunció este doble nacimiento, el del espírita y el del verdadero espiritismo. Detengámonos un instante en este período. Criado en una atmósfera más bien estricta, pero dentro de un espíritu de justicia y honestidad, asistió durante cerca de 15 años a una escuela famosa, multicultural e internacional, fundada por un cierto Henri Pestalozzi en Yverdon, Suiza. Influenciado por los preceptos de J. J. Rousseau, la enseñanza se quería universal, insistiendo en la espontaneidad natural del ser humano, a quien debía permitírsele desarrollar el espíritu de observación, memoria, análisis, curiosidad al contacto con la naturaleza y las cosas de la vida, allí se cultivaba más bien el arte de aprender. La educación que insistía en los sentimientos de fraternidad, igualdad, tolerancia y respeto, era a la vez, suave y severa, justa y caritativa, paternal y liberal. Esta savia construyó el niño Rivail, luego al adolescente, y forjó al hombre íntegro y erudito que fue, impregnado de claridad, método, y brevedad, que sabía ir a lo esencial dentro de un rigor muy cartesiano. Desarrolló también su sentido humanista, que toma conciencia del hombre como ser libre y universal, donde el espíritu de tolerancia y caridad debe privar sobre toda pertenencia política, religiosa, o social. Por otra parte, el joven Rivail tuvo más tarde afinidades con las ideas de la Francmasonería, que predica el mejoramiento moral y material del hombre dentro de los principios heredados del siglo de las Luces y que uno encontrará después entre las consecuencias morales y sociales del espiritismo. Convertido en pedagogo al servicio de la instrucción pública y de la educación, aplicó esa enseñanza al servicio de los demás, hasta su encuentro en 1854 con los textos espíritas que orientaron la vida que se le conoce al servicio del espiritismo. Igual que para la educación del género humano, hizo obra de educación en su trayectoria de difusión espírita, aclarando punto por punto todos los conceptos de esta nueva
espiritualidad a la luz de rigurosas observaciones y experiencias. Con un extraordinario espíritu de síntesis, efectuó un inmenso trabajo de compilación y comparación, agotando a los médiums haciendo preguntas en forma cruzada, volviendo atrás sobre los puntos oscuros o mal definidos. A cada instante aplicó, con inteligencia y método la topología educativa de Henri Pestalozzi: partir del hecho bruto, del elemento “natural”, para a fuerza de experimentación y de observación, pero también de abstracción y de intuición, establecer el precepto educativo, teórico y científico del espiritismo. Con respecto a la difusión de la nueva filosofía y ciencia espírita, fue un infatigable comunicador, brillante orador, conferencista contundente, pero a quien también le encantaba recibir en su casa a los numerosos visitantes que querían conocerlo. Con ese público atraído por las ideas espíritas, era el mismo pedagogo benevolente, que explicaba con un rigor sin fallas las menores dificultades de comprensión, procediendo siempre de lo conocido a lo desconocido, de lo simple a lo compuesto, haciendo tocar con los dedos las verdades esenciales, y no confiando al espíritu más que lo que había sido captado por la inteligencia. Ante cada crítica, sabía elevar un razonamiento irrefutable, de una claridad y una lógica temibles, porque era verdadera y justa. Esa manera de actuar, ese comportamiento de rigor y método, le permitió al espiritismo salir de los balbuceos y los hábitos de la interpretación subjetiva y empírica, al darle las armas pacíficas para oponerse a todas las contradicciones, intolerancias, y otros múltiples ataques que tuvo a sufrir en repetidas oportunidades. Aún hoy, el edificio establecido por Allan Kardec sigue teniendo una notable coherencia y es la primera obra de referencia sobre ese mundo espiritual paralelo, en permanente interacción con nuestro mundo material, y las leyes que rigen esa interacción. En primer lugar Kardec aportó esa pedagogía indispensable a la tarea de estructuración, luego de difusión, de los principios espíritas. Por otra parte, el retrato hecho por Anna Blackwell, la traductora inglesa de su obra en el siglo XIX, es revelador de lo que era el hombre y su personalidad: “Allan Kardec es de estatura media, robusto, de cabeza ancha, redonda, firme, con rasgos marcados y ojos gris claro, que más bien parece alemán que francés. Es enérgico y tenaz, pero de un temperamento tranquilo, prudente y realista hasta de una cierta frialdad. Incrédulo por naturaleza y por educación, de una razón lógica y precisa, eminentemente pragmático en ideas y acciones, se distancia tanto del misticismo como del entusiasmo. Serio, poco dado a la charlatanería, sin afectación, pero con una cierta dignidad tranquila, resultado de la seriedad y la independencia de criterio, que son los rasgos distintivos de su carácter, no busca ni evita las discusiones, pero sin aceptar críticas sobre el tema al cual ha dedicado toda su vida. Recibe amablemente a los innumerables visitantes que vienen de todas partes del mundo para hablar con ellos sobe las ideas de las que es el representante más autorizado, respondiendo a las preguntas y a las objeciones, resolviendo dificultades e informando a todos los investigadores serios con quienes habla libremente y con animación. Muestra en toda ocasión un rostro radiante, agradable, del que se transparenta su buen humor, aunque por su sobriedad natural en sus maneras, nunca se le ve reír”.
Allan Kardec, el científico
Dentro del esfuerzo de investigación positiva y de experimentación que caracteriza al fundador del espiritismo, el conjunto de sus trabajos responde a un mismo enfoque, el que ya había sido vislumbrado por E. Swedenborg, que responde a la noción de rigor científico y que parte del hecho registrado. Es también el que ya había sabido desarrollar el brillante espíritu del niño en la escuela de Pestalozzi. Recomendando a quien quisiera conocer en serio el espiritismo obligarse al estudio riguroso y profundo, él mismo definió un esbozo de metodología dentro de la observación pura y sistemática de las cosas. Así escribió en El Libro de los Médiums: “Toda enseñanza metódica debe proceder de lo conocido a lo desconocido. Para el materialista, lo conocido es la materia, partid pues de la materia, y procurad ante todo, haciéndosela observar, convencerle de que en él hay algo que escapa a las leyes de la materia”. Partiendo de la teoría espírita que se define como hipótesis de trabajo y extraída de la observación de hechos registrados, Allan Kardec invita luego a pasar revista a los fenómenos espíritas encontrados. Éstos se vuelven entonces explicados o explicables: uno puede darse cuenta, comprender la posibilidad, conocer las condiciones en que pueden producirse y los obstáculos que pueden encontrar, y eso cualquiera que sea el orden en que sean llevados por las circunstancias. Derivando lógicamente de esa conducta, lo que se pone en juego es la repetición experimental y lo que debe permitir invalidar o confirmar la teoría inicial, siendo ésta susceptible de modificaciones a todo lo largo de las comprobaciones ulteriores producidas por esos mismos experimentos. Este enfoque fenomenológico, presentido por Kardec en una época en que la ciencia moderna se encontraba en sus primeros balbuceos, no tiene nada que envidiar al moderno enfoque científico de los más grandes científicos de nuestro tiempo. Corresponde a la esencia misma del avance científico, tal y como lo aplicaron los grandes sabios de los años 1885 a 1925 sobre, por ejemplo, los fenómenos de materialización y de ectoplasmia por médiums de efectos físicos. Podemos resumir así las principales exigencias: - Observación imparcial y sistemática de los hechos, - Sometimiento de los hechos a la experimentación dentro de la capacidad de repetición y renovación de las observaciones, - Establecimiento de una teoría como hipótesis de trabajo, - Comprobación experimental de la hipótesis y si fuera necesario ajustar la tesis inicial, - Establecimiento de una ley general que considere la relación de causa a efecto, las mismas causas deben producir los mismos efectos. Nunca se apartó Allan Kardec de esta línea de conducta, heredada de su formación en Yverdon con el contacto simple pero auténtico con la naturaleza, que agudizó su sentido de la observación meticulosa y atenta. He allí el considerable aporte que permitió al espiritismo encontrar su carta de nobleza para hacer juego de igual a igual con las ciencias, porque justamente contenía en él todos los atributos de la ciencia. Esa actitud dio al espiritismo una suerte de fianza moral que autorizó finalmente a romper el sobre oculto de las creencias y las supersticiones que le impedía ser lo que realmente es: - una filosofía, pero este atributo es más fácil de comprender debido al vínculo manifiesto con las grandes cuestiones metafísicas del hombre, - y una ciencia a carta cabal, para una época en que, para existir, la propia ciencia defendía lo contrario de una fe secular donde el pensamiento humano era comprimido desde hacía siglos por la intolerancia religiosa (recordemos a Galileo) seguía siendo un reto desde el instante en que las nociones de alma, de comunicación con el más allá y de leyes divinas que allí están incorporadas, volvían a reducir más la idea espírita justamente a religión o creencia religiosa. No olvidemos que en tiempos de Allan Kardec, catolicismo y Estado todavía estaban “naturalmente” unidos, que cuando él nació el primer dirigente del país había sido consagrado por el Papa, confirmando así su legitimidad de soberano de derecho divino por la gracia de Dios.
Allan Kardec, el arquitecto indispensable
Lejos de ser una actividad arbitraria, un pasatiempo, un entretenimiento o hasta un engañabobos, la esencia misma del espiritismo se halla muy en otra parte. Para Kardec, se trata a la vez de una investigación científica y filosófica, reunir estas dos nociones convertidas en enemigas, en primer lugar porque el objetivo no es gratuito, luego porque los resultados alcanzados son indudables, y por último porque las consecuencias que impone son de un alcance y un poder capitales para la evolución y el porvenir de la humanidad. Si el espiritismo como doctrina filosófica pudo ser fundamentado científicamente, se lo debe a la particular formación de su codificador, pero también a su personalidad y su carácter. En suma, en 1854 hubo un feliz encuentro —¡pero finalmente no tan arriesgado!— entre una ciencia que daba sus primeros pasos y un hombre muy cultivado y avezado en las exigencias más objetivas del rigor científico, que hasta muchos de sus detractores saludaron. Si bien la vida de pedagogo como H. L. D. Rivail al servicio de la instrucción pública durante más de un cuarto de siglo dejó algunas huellas a través de una docena de obras reconocidas y adoptadas por la Universidad de Francia, fue el espiritismo el que hizo salir del anonimato a Allan Kardec. A la inversa, fue él y nadie más quien salvó el espiritismo del peligro de ser una simple fantasía, un entretenimiento de salón. A no dudarlo, no hubo casualidad en ese encuentro: H. L. D. Rivail fue un espíritu comisionado para cumplir justamente esa inmensa tarea de estructuración y codificación de lo que significaba el espiritismo aun antes de que existiera la palabra. Y si pasó dos veces más tiempo en la instrucción que en el espiritismo, fue porque ciertamente era preciso sembrar las semillas en el mantillo del hombre ya fértil para recoger más tarde todas las cualidades y aptitudes necesarias para ese trabajo. No se explica el espiritismo si se olvida que un hombre de razón, humanista, honesto y riguroso, hizo los experimentos antes de poner por escrito las bases del concepto espírita. Bien lejos de significar que el espiritismo había planteado como hipótesis inicial la existencia e intervención de los espíritus o cualquier otro principio de su filosofía (reencarnación, etc.) “el espiritismo llega a la existencia de los espíritus cuando esa existencia es resaltada con evidencias por la observación de los hechos” como diría él a la inversa. Si los espíritus no se hubieran manifestado, nunca hubiera habido filosofía, ciencia o moral espírita derivadas de ello. Sin su enseñanza, ningún hombre —habría sido un genio— hubiera podido encontrar los principios, las leyes y las reglas de conducta del espiritismo, y H. L. D. Rivail jamás se hubiera convertido en Allan Kardec y finalmente no se le habría concedido mayor interés.
Soporte esencial para la investigación metapsíquica
Así, es evidente que hacía falta un espíritu del temple de Allan Kardec, con el método y el rigor que fueron suyos, para demostrar a los filósofos que el espiritismo no es una doctrina abstracta, a los religiosos que no es una nueva secta, y finalmente a los científicos que el ámbito espírita es tan natural como el de la biología, la física o la química para citar sólo estas. Comprender el espiritismo significa, para todos y cada uno de los que se interesan con seriedad en el asunto, comprender y conocer a su fundador en su vida y en la obra que ha legado en herencia para toda la humanidad. Si fue inseparable de un hombre para que le diera el impulso, fue inseparable de los espíritus que permitieron esa enseñanza, pero sin embargo, no quedó encadenado al hombre para desaparecer con él. A partir de allí, el espiritismo pudo vivir y seguir viviendo su propia vida, enriquecerse con el avance de la ciencia y de las conciencias y marcar su independencia por su existencia propia, tal como el ser humano que crece después de haber sido parido. Es en ese sentido que Allan Kardec tuvo estas palabras algunos meses antes de su muerte: “El espiritismo no es más solidario con aquellos a quienes gusta llamarse espíritas que la medicina con los charlatanes que la explotan, ni la sana religión con los abusos o hasta crímenes cometidos en su nombre. No reconoce como adeptos sino a aquellos que ponen en práctica sus enseñanzas, es decir, que trabajan por su propio mejoramiento moral, esforzándose por vencer las malas inclinaciones, ser menos orgullosos, más dulces, más humildes, más pacientes, más benevolentes, más caritativos hacia el prójimo, más moderados en todas las cosas porque ese es el signo característico del verdadero espírita”. Nadie puede imaginar lo que hubiera ocurrido con la investigación parapsíquica sin el pensamiento kardecista que establece las bases ineludibles a toda reflexión sobre el asunto. Es justamente lo que proponen los diferentes artículos de esta revista explicando cómo las investigaciones, los trabajos y las obras de los continuadores, pudieron hacer avanzar la reflexión científica y filosófica a partir de esta arquitectura inicial establecida por Allan Kardec.
domingo, 22 de diciembre de 2019
ZonaEspírita.com
Reflexiones, libros y tazas de café ;-)
El Método Kardeciano
Para poder estudiar un tema, es necesario hacerlo sistemáticamente, con una lógica y un rigor.Precisamente la filosofía moderna nace con la obra de Descartes «El discurso del método«, donde se deja plasmada una serie de ideas a seguir que han cimentado el quehacer científico.
Kardec cuando comenzó a recibir las comunicaciones desde el plano espiritual adoptó este método cartesiano, «remontándose de los efectos a las causas» por inducción. Dada la dificultad del material no «sensible», ni «palpable» con que trabajaba Kardec, hubo de idear un modo posible de comprobar que las respuestas dadas eran o no ciertas. Por lo que ingenió: la concordancia de las respuestas.
Es decir, a una misma pregunta él buscaba respuestas mediante diferentes médiums, y distintos espíritus. Haciendo un balance, si no estadístico, al menos sí cuantitativo de la concordancia dada.
Estas respuestas vinieron de todas partes del globo, una vez conocida la idea de Kardec de hacerlas públicas en una obra, la que vendría a ser el Libro de los espíritus. Porque una cosa quedaba plenamente demostrada para el investigador no puntilloso, la comunicación con el otro plano era real, si no siempre, al menos en un alto porcentaje de las veces. Quedaba verificar si la información recogida merecía igual credibilidad.
Kardec dejó abierta su obra: «la codificación espiritista», por ser el compendio de todas estas comunicaciones bajo su trabajo de investigación personal. Consciente de que los nuevos tiempos vendrían a verificar o refutar las revelaciones dadas por los espíritus. Él siempre se mostró muy cauto y nunca quiso ir más allá de aquello que los medios científicos de su tiempo pudieran verificar, dejando la especulación para el momento en que tales pruebas fueran posibles.
Hoy día, en gran parte, este espíritu cauto y prudente, y sobre todo metódico se ha ido al garete. Hay una gran devoción hacia las obras psicografiadas, y en ellas se deposita normalmente toda la fe y creencia. Se acepta lo dicho sin mayor crítica, ni juicio. Hay un gran retroceso en la mentalidad espírita. Hemos vuelto al manido «criterio de verdad o autoridad». Algo es cierto si lo dice Emmanuel, o André Luiz, o cualquier otro espíritu, que por ser espíritu le otorgamos una sabiduría especial.
Nos olvidamos que Kardec nos habla que los espíritus son las almas de las personas que habitaban la tierra, con sus mismos defectos e inclinaciones; también ellos se hallan impregnados de sus anteriores ideas. No es de extrañar que Emmanuel, anterior sacerdote católico, mencione tanto la religión en sus comunicaciones, sólo por citar un ejemplo.
Por tanto, en vez de abrir nuestras mentes a la sana investigación, a la reflexión cabal y al entendimiento fraterno, nos empestillamos en engullir enseñanzas; como si la humanidad no hubiera llegado ya al punto de madurez suficiente para dejar de postrarse y suplicar. Depositando en los espíritus la responsabilidad de vivir nuestras existencias, cuando ellos lo único que hacen es delinear unas ideas maestras, dejando que cada cual tome aquello que necesita.
Abdicar de la razón, es caer en el fanatismo. Perder el juicio crítico, es ser preso del juicio ajeno.
Blog «Claro de Luna» de Myriel en Zona Espírita
Escrito por Myriel TOMADO DE:https://www.zonaespirita.com/el-metodo-kardeciano/

Cuando los espiritistas luchaban por la igualdad de la mujer: el desconocido programa social de Amalia Domingo Soler
Tuvieron un importante centro de reunión en la calle de la Ballesta, donde también vivió Amalia Domingo Soler, uno de los personajes más relevantes del espiritismo de finales del XIXs

Amalia Domingo Soler
1/11/2019
El de los espiritistas es uno de los colectivos históricos más ignorados por la historiografía y su imagen ha quedado reducida popularmente a la del entretenimiento esotérico burgués que aparece en las películas de época victoriana. Sin embargo, han quedado borrados de la historia un programa social muy avanzado y su relación con otros colectivos –como librepensadores, republicanos, naturistas, masones, esperantistas o anarquistas– en la movilización social del momento.
Sin duda, es complicado desde nuestra actual sensibilidad comprender estas alianzas, que tenían como punto en común el anticlericalismo, frente una iglesia católica que mediatizaba enormemente la realidad de la época. También se hace hoy complicado entender cómo aquella gente, que se reunía para hablar con los muertos a través de un médium, llevaba a gala ser depositaria del espíritu científico, pero debemos hacer el ejercicio de trasladarnos a una sociedad con gran peso de lo espiritual –lo que no quiere decir que no hubiera ateos–, en la que algunas personas trataron de buscar una comunicación directa con los muertos sin la intermediación de dioses y vicarios, a través de unos fenómenos que consideraban reales y cuyos mecanismos algún día quedarían explicados por la ciencia.

I Congreso Internacional de Espiritismo de Barcelona en 1888
Para hacerse una idea del carácter avanzado de las ideas espiritistas de quienes se reunían en el local de Ballesta, baste explicar que en el centro fue krausoespiritista, es decir, se seguían las doctrinas del espiritismo y de la influyente corriente filosófica de Julián Sanz del Río. La particularidad es muy coherente con el ambiente intelectual que se vivía en la cercana Universidad Central, situada en el entorno de la calle de San Bernardo.
En 1888 se celebró en Barcelona el I Congreso Espiritista Internacional, del que Amalia Domingo Soler (1835-1909), vecina del barrio de la que luego hablaremos, fue una de sus vicepresidentas, y el programa aprobado incluía cuestiones que aún hoy suenan modernas y necesarias:
-
- Reinvindicación de la igualdad entre géneros y liberación de la mujer.
- Enseñanza laica.
- Reforma penitenciaria para la integración social de los presos.
- Abolición completa de la esclavitud.
- Supresión gradual de las fronteras políticas.
- Desarme gradual de los ejércitos.
- Secularización de cementerios.
- Registro civil de nacimientos único y obligatorio.
- Matrimonio civil.
- Prohibición de la pena de muerte y cadenas perpetuas.
- Interpretación del espiritismo en calidad de religión laica, antiautoritaria, igualitaria y socializadora
En el caso del espiritismo en España, al olvido se le ha sumado la caricaturización. Se ha querido presentar a los espiritistas como a unos personajes supersticiosos que se reunían en casas particulares levantando mesas e invocando a espíritus de difuntos cuando la realidad iba mucho más allá. De hecho, la Iglesia se encargó desde el primer momento de perseguir las publicaciones y libros espiritistas organizando incluso autos de fe como el de Barcelona en 1861. Allí se quemaron, por supuesto, libros de Allan Kardec (Lyon, 1804- París, 1869). considerado el sistematizador de la doctrina espiritista, pero también de otros muchos autores. La Iglesia veía en los discípulos de Kardec una amenaza ya que cuestionaban que la pobreza fuera un designio providencial al cual había que resignarse a la vez que se hacía una reivindicación de la libertad.
Amalia Domingo Soler: figura mundial del espiritismo
Una de las más importantes representantes del espiritismo del momento en España vivió también en la calle de la Ballesta durante muchos años y, sin duda, perteneció a la Asociación: Amalia Domingo Soler. Para el investigador en la materia Gerard Horta, Domingo Soler fue “la divulgadora mundial más importante en lengua castellana durante el XIX”. Nació en Sevilla en 1835 y, siendo aún bebé, contrajo una afección ocular que a punto estuvo de hacerle perder la vista, lo que la provocó problemas en los ojos de por vida. A pesar de esta dificultad, fue una lectora y escritora precoz –a los 10 años ya escribía poesía–, gracias a las enseñanzas de su madre, que la crió sola.
A
la muerte de su madre, Amalia marchó a Madrid para ganarse el pan. Con
25 años tenía que trabajar duramente cosiendo, día y noche, lo que
provocó el empeoramiento de su maltrecha vista y le hizo pasar por
momentos personalmente críticos. Según la propia Amalia, su madre se le
apareció una noche, devolviendo a Domingo Soler una fe que había perdido
y haciéndola buscar refugio en las iglesias (protestantes), donde una
feligresa le recomendó visitar al médico homeópata Joaquín Hyrsen, que fue su puerta de entrada en el mundo del espiritismo.Poco a poco, fue escribiendo poemas y artículos en publicaciones espiritistas y siendo conocida en este ambiente. En 1874 leyó un poema en homenaje a Allan Kardec en la Sociedad de Espiritistas Española (en ese momento en la calle Cervantes), durante un acto organizado por el quinto aniversario de su muerte. En 1876 se trasladó a Barcelona, invitada por el Círculo La Buena Nueva, donde conoció al médium Miguel Vives, a través del cual dice entrar en contacto con su madre. En 1979 sale a la calle La luz del porvenir, periódico dirigido por ella y realizado por mujeres, que tras su primer número es suspendido por las autoridades durante 42 semanas. Vuelve a la carga con la publicación El Eco de la Verdad, que también es suspendido. De todas formas, La luz del porvenir se editará durante un cuarto de siglo. Siguió escribiendo en medios espiritistas de España y Sudamérica hasta su muerte, en 1909, dejando inacabadas unas memorias que, supuestamente, terminó dictándoselas a una médium amiga en 1912.
Domínguez Soler fue una mujer comprometida socialmente, además de una importante figura del espiritismo. Como recuerda la historiadora Dolors Marín, autora del libro Espiritistes i Lliurepensadores. Dones pioneres en la lluita pels drets civils, aunó fuerzas con mujeres de otras sensibilidades, como la anarquista Teresa Claramunt o la dramaturga masona Ángeles López de Ayala, en mítines a favor de la escuela laica para favorecer la educación de las niñas. La importancia de las mujeres en estos movimientos está aún por estudiar y el libro de Marín es un importante ariete contra su olvido, que pone en contexto, y con perspectiva de género, aquel espiritismo decimonónico en el que, al margen de implicaciones extraterrenales, las mujeres podían reunirse fuera del espacio del hogar, tomar la palabra –a veces una palabra dictada por un hombre, lo que infería legitimidad – y participar de un programa político y social.
“Amalia Domingo luchó contra las brutales desigualdades sociales de la época en que le tocó vivir, pero fue también una feminista avant la lettre y luchó como pocas por conseguir una educación racional para los dos sexos”, nos cuenta Francesc Tur, quien ejemplifica su compromiso con una sociedad más igualitaria con las palabras que dejó por escrito en un artículo de La Luz del Porvenir el 6 de agosto de 1885:
Propagar nuestra doctrina en los talleres, en los centros industriales; hasta en las buhardillas de los pobres; mover las masas por medio de la prensa, de conferencias públicas, de reuniones de toda suerte en que nuestra doctrina se exponga y se practique.Y es que, efectivamente, el espiritismo tuvo una base más popular de lo que su desdibujada imagen actual transmite; la extracción social humilde de la propia Domingo Soler nos habla de ello, y tomó carta de naturaleza sobre todo en Cataluña, donde, según ha investigado Horta, los centros espiritistas florecieron en todas las localidades y barrios de clase trabajadora, siendo no pocas veces centros de formación para los hijos de los obreros con una especial sensibilidad laica y hacia las mujeres.
PARA SABER MÁS:
Espiritismo y lucha social en Cataluña a finales del siglo XIX. Gerard HortaEspiritistes i Lliurepensadores. Dones pioneres en la lluita pels drets civils. Dolors Marín
La historia vaciada. Minorías olvidadas de la historia. Francesc Tur Balaguer
Cuentos Espiritistas (PDF) Amalia Domingo Soler
Librepensamiento y Espiritismo en Amalia Domingo Soler, escritora sevillana del siglo XIX, Archivo Hispalense (Sevilla), Tomo LXXXIII, nº 254, septiembre-diciembre de 2000, pp. 75-102. Correa Ramón, Amelina,
¿Qué mandáis hacer de mí? (Capítulo I, Dad tiniebla o claro día) Correa Ramón, Amelina. Ediciones Iberoamericanas, 2019
- Haz clic para compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva)
- TOMADO DE: https://somosmalasana.eldiario.es/el-desconocido-programa-social-de-amalia-domingo-soler-y-los-espiritistas/?fbclid=IwAR0GMgmltVQWG1jiwK3m4ho2JPHPLZ0bqtzZNgZWwd4YjOfw_pJbrENJW2U
sábado, 21 de diciembre de 2019
El Espiritismo: Ciencia y Filosofía: Preguntas y dudas más frecuentes
¿Qué es el Espiritismo? ¿Cómo pueden comunicarse los espíritus? ¿Qué es un médium? ¿No es esto superchería? ¿Qué es una obsesión espiritual? ¿Puede un espíritu hacer daño?
Las respuestas a estas y otras preguntas –
más una bibliografía recomendada – forman parte de este excelente
artículo que nos ha enviado el usuario registrado J.G.L. y que es de su autoría.
Pulsa en el botón «Dale que hay más» para leerlo completo 🙂 “El Espiritismo es a la vez una ciencia de observación y una doctrina filosófica. Como ciencia práctica, consiste en las relaciones que pueden establecerse con los espíritus; como doctrina filosófica, comprende todas las consecuencias morales que se desprenden de semejantes relaciones. Podemos definirlo así: El Espiritismo es la ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los espíritus, y de sus relaciones con el mundo corporal.” (¿Qué es el Espiritismo? Preámbulo – A. Kardec, 1859)Espiritismo: 1- Doctrina que supone que los espíritus de los muertos pueden invocarse para comunicarse con ellos. 2- Conjunto de prácticas que pretenden la comunicación con los muertos. (RAE, 2001).
Querido lector para comenzar este breve escrito, ponemos en su inicio dos definiciones de la materia que vamos a tratar. La primera es la dada por Allan Kardec, codificador del Espiritismo, pues él asentó el método de estudio que seguimos; y la segunda es la dada por el diccionario más autorizado en lengua castellana. Para comenzar las diferencias son claras, mientras el diccionario da una idea cercana a lo que se piensa en la calle, la definición de Kardec parece mucho más sofisticado que una mera sesión de ouija, velas o cartomancia.
Bueno antes de continuar dejaré bien claro, que popularmente muchas personas llamadas espiritistas no son tal. El espiritismo es una doctrina racional, de mucho calado entre personas serias, y que ha tenido muchos seguidores de reconocido valor intelectual en el mundo de las ciencias y las artes. Por tanto, para verdaderamente comprenderlo es menester estudiarlo.
El Espiritismo nace concretamente en 1857 en París, con la publicación de El libro de los Espíritus, obra que consta de 1018 preguntas formuladas metódicamente por Allan Kardec (pseudónimo del pedagogo H. L. Denizard Rivail) y contestadas por diversos espíritus.

¿Qué es un espíritu? Un espíritu es el alma de una persona desprendida de su envoltura carnal. Es decir una persona que ya no está en este plano físico, sino que ahora está en un plano distinto llamado espiritual.
¿Cómo pueden comunicarse los espíritus? A través de los médiums.
¿Qué es un médium? Un médium es una persona que posee una facultad mediante la cual los espíritus pueden entrar en contacto con el plano material. Hay diversos tipos de médiums, y de diferentes grados de manifestación.
¿No es esto superchería? Lo podría ser, si no fuera por la inmensa cantidad de gente seria que se ha molestado en investigar sus fenómenos y en la cantidad de personas anónimas que se han beneficiado de su consoladora realidad, al contactar con sus seres amados mediante irrecusables pruebas de su personalidad.
¿No existe el fraude? Por desgracia sí, muchas personas se valen de trucos y mañas para embaucar, por eso NO se cobra ni un céntimo en las reuniones serias. Podrá haber un error, pero no un engaño intencionado. Por eso siempre hay que desconfiar de quienes pongan tasas a su servicio.
¿Es malo cobrar? La mediumnidad es una facultad neutra, es decir quien la posee no es ningún iluminado, ni alma superior; el uso que de ella se hace, acerca a las entidades afines. Si se hace un negocio, los espíritus serios se apartarán pronto de tal médium dejando abierto el campo a los espíritus mentirosos y burlones.
¿Puede un espíritu hacer daño? Estamos protegidos por lo que se llamó el ángel guardián, todos poseemos espíritus amigos que nos protegen; no nos puede hacer daño un espíritu más que un vivo. Otra cuestión son los casos de obsesiones espirituales, las cuales merecen un tratamiento aparte.
¿Qué es una obsesión espiritual? Una obsesión espiritual es un contacto mental muy fuerte con una entidad que por algún motivo nos quiere mal. En la antigüedad a estos casos se les conocía como de posesión. El espiritismo desacredita la posesión pues el cuerpo sólo pertenece al espíritu que en él vive, en las obsesiones el comando es exterior a través del pensamiento.
¿Por qué nos iba a querer un espíritu mal? Por alguna acción en esta vida o en una vida anterior que le marcara negativamente.
¿Vida anterior? Sí, el espiritismo pondera la existencia de vidas pasadas. Mediante la reencarnación, es que el espíritu puede ir evolucionando de existencia en existencia venciendo sus defectos morales e instruyéndose intelectualmente.
¿Existe entonces una moral? Sí, Dios tiene sus leyes morales, las cuales las vamos comprendiendo a medida que nuestro espíritu evoluciona a través de los siglos. Toda mala acción repercute negativamente en futuras existencias, ley de causa y efecto; toda buena acción nos eleva en moral y discernimiento, purificando nuestros sentimientos.
¿Dios, reencarnación, es acaso el espiritismo una religión? Estimula todo sentimiento religioso, pero en sí no es una religión propiamente dicha, si bien entre sus filas hay partidarios de cualquier credo, ella en sí, es una filosofía moral con consecuencias religiosas; si todo lo que acerca a Dios es religión, entonces somos Religión.
No me queda claro, ¿es o no es religión? Es religión en el momento de que se pondera la unión universal por un sentimiento divino hacia Dios, no lo es, desde el momento en que esa palabra fomenta la idea de dogmas, ritos, ceremonias y demás complementos que sí poseen el catolicismo, el judaísmo, el islamismo, etc. Entre las filas del espiritismo puede haber creyentes de cualquier credo, pues éste no choca directamente con la esencia de ninguna de ellos, si bien, si difiere en el contenido. De ahí que se diga que el espiritismo viene a quitar los postizos que las religiones por razones culturales e intereses materiales fue añadiendo a sus credos.
Toda religión parte de una revelación divina, ¿qué es sino lo que hacen los espíritus ahora? Desvelar el contenido en palabras y mentalidad actual, que en el pasado ya fue revelado a civilizaciones que están superadas.
¿Por qué ciencia? ¿Se estudia en alguna universidad acaso? Es ciencia, en el sentido de que obedece a un método de observación directa, y se ha ido deduciendo a cada paso de las manifestaciones espíritas los resultados del contenido filosófico de la misma. Allan Kardec codificador de todos estos mensajes no puso más que el orden a cuestiones que hasta ese momento no se había planteado nadie. Fueron los mismos espíritus quienes presentaron la cuestión con conceptos tan nuevos y distintos como el de periespíritu, morada espiritual, evolución moral, etc.
El lugar más serio para comprender el espiritismo es en un centro espírita, a ser posible federado, o al menos que sean las obras de Kardec las seguidas, pues es el aspecto serio y de estudio el que ofrece la comprensión posterior del fenómeno espírita. Es toda una ciencia por el estudio que se la ha de dedicar, por esto los ociosos pronto se cansan y retiran, pues no es la curiosidad lo que las reuniones vienen a tratar sino una doctrina especialmente consoladora que da pruebas de la supervivencia tras la muerte.
En España fue llevaba en 1873 para ser aceptada en las universidades como parte de la carrera de filosofía y lógica. Pero un golpe de estado evitó que tal moción pudiera ser defendida.¿Si es tan serio, por qué no es más conocido? España fue la primera potencia en espiritismo a finales del siglo XIX y principios del XX, llegándose a producir el Primer Congreso Internacional (1888) en Barcelona. No había otra nación que tuviera tantos periódicos en circulación sobre este tema. Fue tras la Guerra Civil (1936-1939) que el general Franco prohibió todo culto que no fuera el católico, teniendo que huir muchos a América y otros continuando sus actividades en el más sumo secreto. En otros países como Brasil, sí que tiene un reconocimiento social respetado.

Las obras básicas para comprenderlo son:

El libro de los espíritus: obra básica donde a través de 1018 preguntas y respuestas, de toda índole, se halla la doctrina resumida.
El libro de los médiums: para comprender la mediumnidad y su buen uso.
El evangelio según el Espiritismo: las máximas de Cristo explicadas por los espíritus elevados, devolviéndoles a las mismas el sabor original que los siglos han desvirtuado.
El cielo y el infierno, o la justicia divina: obra dividida en 2 partes, la primera analizando el credo cristiano del cielo, infierno y purgatorio con lo revelado por los espíritus; la segunda, trascripción de comunicaciones de espíritus de todas clases que según su existencia así se encuentran al llegar al otro plano.
El génesis, milagros y las profecías según el Espiritismo: obra compleja donde se analizan los relatos bíblicos, así como los llamados milagros de Jesús a la luz de la enseñanza de los espíritus; además de las diferentes explicaciones de la evolución física y espiritual del planeta.
Otras obras:
Después de la muerte: obra que hace un recorrido desde las civilizaciones más antiguas hasta los actuales conocimientos del espiritismo, haciendo unas interesantes comparaciones entre lo que decían los antiguos bajo la óptica espírita. Los fenómenos espiritistas han existido siempre, son leyes naturales, es el espiritismo quien actualmente nos da las claves para comprenderlos racionalmente separando toda superstición y exageración.
Cristianismo y Espiritismo: interesante comparación entre la moral cristiana original y los actuales postulados del espiritismo, así como un análisis de la mediumnidad en los tiempos de Cristo.
En lo invisible: verdadero tratado de mediumnidad, muy útil para su desarrollo. Además el autor compara múltiples investigaciones científicas de investigadores no espíritas que prueban la existencia del alma humana tras la muerte.
Memorias del Padre Germán: obra doctrinaria que cuenta las bellas acciones, vicisitudes y angustias de un sacerdote de aldea, todo un ejemplo de entrega a los demás. Es una obra psicografiada, es decir dictada directamente por el espíritu a un médium.
Nuestro Hogar: obra en primera persona del espíritu André Luiz que narra cómo fue su fallecimiento y qué se encontró al llegar al plano espiritual. Obra psicografiada por el médium Xico Xavier (el más prolífero del siglo XX con más de 400 obras psicografiadas).
Son múltiples las obras, algunas muy instructivas, otras de verdadera belleza literaria, pero como introducción este breve panorama seguro que conlleva al interés por seguir indagando. Hemos omitido en su mayoría el nombre de los autores, pues no es nuestra función loar en exceso, el propio lector al introducirse en las obras comprenderá el calado y seriedad de cada una, a fin de cuentas son los espíritus quienes marcan el sendero de esta doctrina de amor y caridad, y el nombre no es más que una manifestación de respeto hacia la obra que realizó dicha persona durante su vida.
Escrito por J.G.L.

Blogger Colaborador de Zona Espírita.
Licenciado en Psicología. Formado en Terapia Humanista Gestalt.
Licenciado en Psicología. Formado en Terapia Humanista Gestalt.
https://www.zonaespirita.com/el-espiritismo-ciencia-y-filosofia-preguntas-y-dudas-mas-frecuentes/
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)





