Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.
lunes, 30 de diciembre de 2019
LOS PIONEROS DEL ESPIRITISMO por CHRISTOPHE CHEVALIER
LOS EXPERIMENTOS DE ALBERT DE ROCHAS
LE JOURNAL SPIRITE N° 81 JUILLET 2010
Varias veces hemos puesto de relieve en nuestra revista, los trabajos de ciertos personajes que participaron en los fundamentos y la expansión de la filosofía espírita en Francia. Todos provenían de ámbitos y medios diferentes, y pusieron en evidencia por medio de la experimentación los diversos puntos de enseñanza de la filosofía espírita. En este artículo, les propongo detenernos en un hombre que contó mucho para la expansión y vulgarización de esta filosofía. Se trata del Coronel Albert de Rochas. En nuestra revista Nº 77 (julio de 2009), encontrarán un artículo dedicado a sus investigaciones referentes a las vidas sucesivas con informes detallados de sus experimentos. Por lo tanto no volveré sobre esa parte, pero les invito especialmente a ponerse en antecedentes, a fin de conocer mejor a este hombre excepcional. Vamos a ver la importancia de sus descubrimientos y a establecer el paralelo entre sus trabajos y los diferentes puntos planteados por Allan Kardec en su codificación del espiritismo.
Veremos también sus experimentos referentes a la hipnosis que le enfrentaron, por una parte a Charcot y a la escuela de Nancy, pero también a los médicos de la Salpêtrière en París. En efecto, después de de Rochas, Charcot no parece haber llegado más lejos que el estado de sonambulismo sin señalar nunca otros estados secundarios y eso por temor a un acercamiento entre estas investigaciones y las prácticas de los magnetizadores. Albert de Rochas no fue, propiamente hablando, un pionero de la filosofía espírita pues no tomó parte en su desarrollo, ni contribuyó en tratar de poner en evidencia la vida después de la muerte y nunca se declaró espírita. Sin embargo, fue un ardiente simpatizante de la idea y asistió a varias sesiones con médiums de efectos físicos. De esas sesiones, escribió un libro que lleva por título Extériorisation de la motricité (Exteriorización de la motricidad). Este libro se refiere a sus observaciones vinculadas exclusivamente con fenómenos objetivos.
Una trayectoria original
Nacido en 1837, ingresó en la escuela politécnica en 1857. Dedicó gran parte de su vida al ejército hasta 1902, momento en que se retiró para poder consagrarse exclusivamente a las investigaciones psíquicas. Escribió numerosas obras relativas a la historia militar y la topografía que fueron referencia en su tiempo, pero la primera obra que marcó su orientación hacia las ciencias psíquicas, data de 1882. Tenía por título La science des philosophies et l’art des thaumaturges dans l’Antiquité (La ciencia de las filosofías y el arte de los taumaturgos en la antigüedad), (con frecuencia un taumaturgo es un personaje mítico cuyas acciones son consideradas como milagrosas, un hacedor de milagros). Este estudio fue el punto de partida de una aventura que llevó a Albert de Rochas a descubrir las facultades humanas especialmente en materia de magnetismo y los efectos curativos y preventivos de la energía magnética. Pues la atención de este militar de carrera fue atraída por los poderes de los curanderos que pasaban en la época por hacedores de milagros. Ese paso representó el comienzo de un incesante trabajo de descubrimientos que hizo caer las barreras entre el mundo espiritual y el mundo material. Pasó luego de la investigación histórica a la fase experimental con otra obra que apareció en 1887, bajo el título Les forces non définies (Las fuerzas no definidas). Esta obra le permitió determinar e identificar, por medio de la experimentación, los diferentes estados de hipnosis que sufrían los sujetos “conejillos de Indias”. Sería demasiado largo relatarlos aquí, pero es preciso explicar uno de los motivos de desavenencia entre Rochas y los practicantes de una hipnosis más rápida. ¿Por qué más rápida? Fue allí donde las cosas se estropearon, pues para Rochas, en sus estudios sobre los antiguos taumaturgos y magnetizadores que lograban la hipnosis, no era cuestión de tiempo, ni siquiera de práctica con agentes externos como ruidos repentinos, presión de los globos oculares etc. que dejaban de actuar tan pronto el sujeto tenía los ojos cerrados. Para los magnetizadores que obtenían efectos más pertinentes, era necesario aplicar pases magnéticos por unos 15 a 30 minutos y a veces mucho más, hasta que el magnetizador reconociera, por las señales externas, el grado de hipnosis que trataba de conseguir. No había pues ningún acercamiento posible entre estas dos “escuelas” ya que la consecución de la hipnosis por medio del magnetismo ciertamente no tenía unanimidad en esa época.
“Experimentar y observar”, a los maestros palabras de Albert de Rochas.
Lo que caracterizó a de Rochas, fue su gusto por la experimentación que le llevó a descubrir y clasificar todos los estados de la hipnosis hasta los estadios más profundos. Por esa vía puso en evidencia el periespíritu en el cuerpo físico y el espíritu, así como las fuerzas espirituales que allí se relacionan. Para ello, no utilizaba médiums, sino personas receptivas a los “efluvios”, es decir, receptivas al magnetismo. Ese trabajo, largo y meticuloso, tuvo gran influencia en el campo espírita pues fue complementario al de los espíritas que, por su parte, ponían en evidencia la presencia del espíritu y de su periespíritu a la muerte del cuerpo físico. Durante largos años los pioneros del espiritismo en Francia experimentaron junto a numerosos médiums para poner en evidencia la supervivencia del alma después de la muerte. Algunos dieron testimonio de las condiciones en que se desarrollaban las sesiones. Se tomaban todas las precauciones para impedir eventuales fraudes y muy a menudo los médiums eran atados y hasta embutidos en las ropas, para cumplir con las exigencias de los más escépticos. A pesar de ese contexto tan difícil, los médiums de efectos físicos trabajaban y así probaron la supervivencia del alma por medio de la manifestación de apariciones tangibles, materializaciones y otros ectoplasmas provocados por los espíritus desencarnados. A la pregunta: “¿Qué es el espiritismo?”, Gabriel Delanne daba esta respuesta en 1904: “Es la demostración de la existencia del alma y de su inmortalidad por medio de las manifestaciones de esa alma durante la vida y después de la muerte”. Al hacer la demostración de la existencia del alma y de su cuerpo fluídico durante la vida, Albert de Rochas aportó una prueba esencial a los fundamentos del espiritismo. Sus experiencias fueron realizadas con sujetos puestos en estado de hipnosis por medio de pases magnéticos que él llamaba: “la exteriorización de la motricidad”. La motricidad es la puesta en acción de los músculos del cuerpo para efectuar movimientos y desarrollar sus sentidos. Albert de Rochas provocó repetidas veces la exteriorización del “periespíritu” de una persona viva puesta en sueño hipnótico por medio de pases magnéticos para probar con ello la motricidad sobre el cuerpo físico. Pedía así al espíritu de la persona dormida, que saliera de su cuerpo acompañado por su periespíritu e hiciera moverse objetos situados a distancia. A veces el objeto se movía y el sujeto, siempre dormido, explicaba que lo había hecho con el concurso de su periespíritu. Había allí un elemento de prueba de la existencia del periespíritu y de su capacidad motora. La observación de estos hechos por Rochas fue reproducida numerosas veces y escrupulosamente registrada por escrito.
Fue todavía más lejos e igualmente puso en evidencia “la exteriorización de la sensibilidad”. En efecto, con el sujeto dormido y su espíritu acompañado por el periespíritu un tanto separado del cuerpo, Albert de Rochas ejecutaba acciones mecánicas sobre el periespíritu así exteriorizado, acciones mecánicas que la persona sentía en su cuerpo físico. Esas acciones, bajo la forma de presiones ejercidas por las manos del hipnotizador, se transmitían a los sujetos que daban testimonio de las sensaciones percibidas, en la medida en que la distancia entre el periespíritu y el cuerpo no fuera demasiado grande. Queridos lectores, si hubiéramos estado en esas sesiones, hubiéramos visto a Albert de Rochas ejercer presión con sus manos en el vacío pues el periespíritu es invisible. Lo cual nos hubiera podido divertir en el momento. Pero las presiones se ejercían sobre el periespíritu entonces exteriorizado del cuerpo para repercutir en él. Los experimentos continuaron y
de Rochas comprobó que el espíritu de la persona dormida tenía la posibilidad de ubicar un órgano enfermo y, a veces, de identificar la enfermedad de una tercera persona, siempre que la persona sufriente se encontrara cerca del sujeto dormido. La descripción era aproximada en la medida en que el sujeto no era médico, pero las observaciones daban testimonio de la veracidad del hecho. ¿Cómo funcionaban esas experiencias? Por supuesto, el principal elemento que entra en juego en estos ejemplos es el periespíritu. En efecto, a ustedes que nos leen regularmente, esta palabra no les es desconocida pues se trata, de hecho, del cuerpo fluídico que casa perfectamente con nuestro cuerpo físico. Por nuestros diferentes artículos han podido comprender el rol del periespíritu y su funcionamiento. Este último emite vibraciones que están en relación directa con nuestro estado de salud o nuestro estado de ánimo. Si sufrimos físicamente, la vibración es diferente y ya no está armonizada en su totalidad. Entonces esa vibración modificada es captada por el sujeto dormido que no siempre podrá explicarla claramente, pero que podrá ubicarla con mayor o menor precisión. La exteriorización de la sensibilidad es posible cuando el espíritu del sujeto está exteriorizado del cuerpo físico. Sus sensaciones son diferentes de las del estado de vigilia, pues el espíritu, entonces liberado momentáneamente de la barrera física del cuerpo, ya no ve con los ojos y no siente con el cuerpo, sino que ve con su espíritu y siente con su periespíritu. Al principio de sus investigaciones, Albert de Rochas pudo poner en evidencia la sensibilidad del espíritu y la motricidad del periespíritu, por cierto, igual que los magnetizadores de los tiempos antiguos, pero que en ese punto no se detenían en el detalle, pues la existencia de un doble fluídico no estaba claramente revelada. Además, los sujetos que podían percibir esas sensaciones eran vistos como histéricos y místicos.
De Rochas y los espíritas
Albert de Rochas se acercó entonces a los científicos espíritas que, por su parte, ponían en evidencia la exteriorización de la motricidad de los desencarnados. Este punto es particularmente importante en la medida en que fue observado principalmente a través de los médiums Daniel Dunglas Home y Eusapia Paladino en numerosísimas sesiones espíritas que hacían intervenir el espíritu de los muertos y como hemos dicho anteriormente, observando fenómenos físicos como la ectoplasmia. En sus experimentos, Albert de Rochas trabajaba con el espíritu de los vivos que podían actuar y sentir a distancia con la única fuerza de su pensamiento y su voluntad. Sin embargo, los sujetos capaces de este género de proezas eran muy raros. Si bien Albert de Rochas observó durante mucho tiempo las acciones de esta fuerza, no pudo explicarla claramente; supuso que eso era la acción de la fuerza nerviosa del sujeto capaz de imprimirla a un objeto y así “darle vida”. Para él, esa fuerza podía emanar ya sea del sujeto hipnotizado, o de la asamblea presente, o del magnetizador o del mundo invisible. La respuesta espírita a esa pregunta sigue estando cerca del razonamiento de Albert de Rochas. “La fuerza nerviosa” es de hecho la fuerza del pensamiento del espíritu encarnado o desencarnado que es más o menos capaz, según su grado de conciencia, de influenciar los objetos. Los objetos no se vuelven vivos, es simplemente la conjunción de la fuerza de pensamiento del sujeto y la contracción del fluido universal, bajo la influencia del sujeto, que se convierte en una fuerza y que entonces puede responder de manera más o menos consciente a los deseos del sujeto y del magnetizador. Ese punto también es particularmente importante pues desde siempre se observa en las casas encantadas vía los Poltergeist. Fue también por la vía de los golpecitos que los comienzos del espiritismo se desarrollaron en casa de las hermanas Fox. En este caso preciso, se trataba de la suma de la fuerza de pensamiento de los desencarnados y de la contracción del fluido universal combinado con la energía mediúmnica de las hermanas Fox para conseguir tales manifestaciones.
“Esta fuerza nerviosa” o fuerza de pensamiento del espíritu le permitió a Albert de Rochas afinar sus investigaciones sobre un hecho particular, el de la “transmisión del pensamiento o telepatía”. Esa era para él una forma de transmitir sensaciones o emociones que eran recibidas por los sujetos bajo la forma de imágenes, un poco como las que se encuentran en los sueños. Para esta parte de la investigación, se trataba del simple lenguaje universal, de la lengua del espíritu, a saber, la telepatía. Él experimentó además con la “visión a distancia”, que es también una forma de telepatía, con un sujeto sensible, la Sra. Lambert. Esta dama, puesta regularmente bajo hipnosis, siguió las peregrinaciones de un hombre al que no conocía en absoluto con el único soporte de un objeto que le había pertenecido. Percibió la presencia de ese hombre en América del sur, indicando su recorrido con más o menos precisión, gracias a las imágenes que percibía cuando leía los paneles de las estaciones por las que él pasaba y los periódicos que leía y cuyos titulares veía entre sus manos. Después de informaciones obtenidas a través de uno de sus amigos, el Cónsul de Francia en La Paz que verificó los juicios de la Sra. Lambert, de Rochas se dio cuenta de que no todas las informaciones eran exactas pero esta experiencia que duró seis meses demostró la posibilidad de la videncia a distancia. Algunas informaciones fueron validadas.
Para trabajar, la Sra. Lambert tenía en su poder un objeto. ¿Hubiera podido trabajar sin ese objeto la Sra. Lambert? Parece que no, pues en clarividencia el objeto tiene un papel preponderante al convertirse en el enlace entre la persona que ve y la que es vista. Según nuestros estudios espíritas, el objeto lleva en su memoria, las energías de su propietario; puede decirse que ese objeto es de alguna manera una extensión del señor pues lleva su vibración, un poco como una huella digital de la vibración periespiritual de este hombre que no le pertenece más que a él. El sujeto dormido, por intermedio de su espíritu, pudo descubrir esa vibración localizándola con más precisión y así entrar en contacto en forma telepática con ese señor. Fue así como pudo localizar ciertas ciudades por donde pasó. Puede decirse que este caso está bastante cerca de la clarividencia simple, es decir que no hay intervención de espíritu desencarnado, sino simplemente un contacto de espíritu encarnado a espíritu encarnado.
La investigación es infinita
Para Albert de Rochas, los fenómenos estudiados y admitidos por los sabios de la antigüedad, están de nuevo de actualidad y pueden ser probados por el método experimental. Por supuesto que su trabajo sobre los fenómenos psíquicos no se detuvo en los ejemplos citados que contribuyeron a la vulgarización y difusión de los fenómenos espíritas. La existencia del espíritu y del periespíritu era para él de evidencia y por su trabajo probó su existencia y las fuerzas que se desarrollan. Todas esas investigaciones son delicadas y complejas, pero su dificultad no debe detener los investigadores; pues tal como dijo el célebre físico inglés Oliver Lodge: “La barrera que separa los dos mundos, espiritual y material puede caer gradualmente como muchas otras barreras y llegaremos a una percepción más elevada de la unidad de la naturaleza. Las cosas posibles en el universo son tan infinitas como su extensión. Lo que sabemos no es nada comparado con lo que nos queda por saber”.
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