Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.
miércoles, 25 de diciembre de 2019
LOS PIONEROS DEL ESPIRITISMO por JEAN-LOUIS PETIT
ALEXANDRE AKSAKOV UN PIONERO RUSO DEL ESPIRITISMO ADELANTADO A SU TIEMPO
Nacido en 1832 cerca de San Petersburgo, Alexander Aksakov recibió la educación humanista de un joven de la gran nobleza rusa. Apasionado por la espiritualidad humana y el sentido de la vida, se hizo primero doctor en filosofía. Descubrió a Swedenborg cuya fe en la redención humana, unida a una firme creencia en la reencarnación, le apasionaban. Contribuyó traduciéndolo y difundiendo esas ideas en su país. Paralelamente, llegó a ser consejero del zar Alejandro III a quien trató de interesar en Swedenborg así como en las ideas espíritas. Se apasionó así, desde 1855, por todas las manifestaciones espíritas y leyó, tradujo y trató de difundir todo lo que pudo encontrar sobre ese tema. Su fortuna personal le permitió recorrer el mundo entero y mantener innumerables correspondencias con las sociedades eruditas y los movimientos espíritas. Seguía con pasión los trabajos de Crookes, Richet, Flammarion, Lombroso, etc., así como los coloquios y trabajos científicos sobre las manifestaciones espíritas. Desgraciadamente, en su país jamás pudo levantar la censura total ejercida respecto al espiritismo, que estaba prohibido difundir en lengua rusa. Por fortuna, seguía siendo tolerada la difusión de artículos en lengua alemana. Se volvió entonces un poco más hacia la comunidad internacional. Numerosas experiencias personales le marcaron para siempre. Su esposa resultó ser médium, y le permitió recibir manifestaciones que él juzgó probatorias. El médium Home se incorporó a su familia por matrimonio. Sus numerosos viajes le permitieron conocer a todos los médiums célebres del momento, tales como Eusapia Palladino, Florence Cook, Dunglas Home, la Sra. D’Espérance y tantos otros. Quedó convencido de la realidad de muchos de esos fenómenos paranormales, y descartó que fueran sólo trucos o alucinaciones. Para comprender mejor los fenómenos que observaba se hizo médico. Finalmente decidió dedicar su vida a la difusión y defensa de las ideas espíritas. En 1874, creó desde Alemania los anales de Estudios Psíquicos (Psychisches Studien), dedicados principalmente a los fenómenos parapsicológicos. Igualmente intentó desafiar la censura en su propio país con la creación en 1891 de la revista Rebus, primera publicación rusa de estudios sobre el psiquismo. Espírita convencido, trató de convencer a la comunidad científica de la realidad de fenómenos que, según él, abrían inmensas perspectivas de estudio del espíritu humano. Igualmente se atrevió a pensar que la desaparición de las fronteras entre la vida y la muerte aportaba maravillosas promesas a la sociedad humana. Luchó entonces con todas sus fuerzas para demostrar que se estaba en presencia de fenómenos reales, susceptibles de hacer retroceder al oscurantismo. Contribuyó con varios encuentros científicos para tratar de explicar al mundo erudito de su época. Él estuvo en el origen de la creación de la “Comisión de Profesores” que se reunió en Italia, en Milán, en 1892, y que incluía, entre otros, a él mismo, Alexander Aksakov, profesor para entonces de la Academia de Leipzig, director de revistas científicas y consejero del zar; Giovanni Schiaparelli, director del Observatorio Astronómico de Milán; Carl du Prel, doctor en filosofía en Munich; eminentes profesores de física italianos y alemanes, filósofos célebres, y finalmente Charles Richet, profesor de la facultad de medicina de París y director de la Revue Scientifique, y Cesare Lombroso, célebre criminalista italiano. Contrató a un médium no profesional recomendado por Crookes, que produjo numerosas manifestaciones a plena luz, que entusiasmaron a la mayoría de los participantes. Espíritu hasta entonces escéptico, Cesare Lombroso admitió ante la comisión “su vergüenza y conmiseración hacia sus actitudes anteriores (de duda muy crítica)”. Lombroso confirmó por carta su nueva convicción a uno de sus colegas.
Redactado por Aksakov, que pensaba haber hecho triunfar la nueva ciencia, el informe causó gran ruido en todo el mundo científico. Pero como es habitual, la reacción se organizó y varios ukases científicos trataron de ridiculizar los trabajos de la comisión, acusados de impostura por uno de sus miembros que se declaró convencido de trucos por parte del médium, a pesar de todas las precauciones tomadas en sesiones de trabajo, que obedecían a un riguroso protocolo de estudios. Un joven erudito de la época, Edouard Von Hartmann, filósofo y sucesor de Schopenhauer, trató de lograr alguna cierta notoriedad con un folleto que criticaba violentamente al espiritismo. Hartmann propuso una teoría tranquilizadora para el espíritu racionalista dominante. En efecto, evoca las alucinaciones individuales o colectivas, opciones muy tentadoras para refutar al profesionalismo científico que por supuesto se remite a su buena fe, pero también a su candor.
Aksakov ripostó con una obra en dos tomos que constituye une verdadera biblia de todos los trabajos dignos de fe y sobre todo de análisis científico de la época en materia de espiritismo: Animismo y Espiritismo. Un enorme material científico, utilizando todas las formas de pruebas científicas fue utilizado por un Aksakov que analiza en primer lugar todos los fenómenos conocidos por él que escapaban al sentido común. Se sirvió especialmente de numerosas fotos recogidas según un riguroso proceso destinado a evitar todos los fraudes, como la doble exposición de placas fotográficas.
¿Cómo explicar entonces esos personajes, espectros, etc., algunos de los cuales jamás habían sido conocidos por los observadores? Aksakov se refiere luego a una larga lista de fenómenos de materialización o desmaterialización de objetos bien visibles o tangibles, difíciles de reducir a alucinaciones. Establece una clasificación muy científica en varios tipos de fenómenos mediúmnicos: En primer lugar, trata de las capacidades propias del “alma humana” (anima en latín, de allí el término animismo utilizado por él), en lo que ella tiene de más profundo. Un médium puede leer primero en su propio subconsciente (término desconocido para la época).
También puede comunicarse mentalmente con otros espíritus y leer en ellos (telepatía), para producir imágenes que provienen de él mismo o de los asistentes. Se interesa igualmente por las formidables capacidades para producir fenómenos inusuales, tales como bilocación, levitación, mensajes de vivos a vivos, etc. Por lo tanto, concluye, si bien numerosos fenómenos paranormales son indiscutiblemente producidos por “el ánima”, propia del médium, sin que haya necesidad de ir a buscar en otra parte, el estudio objetivo y científico de todos estos fenómenos obliga a admitir entre ellos, algunos que suponen un agente, una fuerza causal externa al médium, que no hace más que transmitir. En ese caso, es forzoso admitir la presencia de espíritus externos vivos (regreso al animismo precedente) o muertos. Es posible, concluye, estudiar verdaderos fenómenos que son evidentemente espíritas. El libro analiza un gran número de apariciones, tales como la hija de Tolstoi (recibida por su esposa), o Katie King que él mismo conoció, tocó y analizó en Londres con o sin William Crookes. Picado en su amor propio, Hartmann trató de contraatacar. Pero ya no sería Aksakov quien lo iba a poner definitivamente K. O., sino Carl Du Prel, ex-miembro también de la comisión y amigo leal, a partir de los trabajos de Aksakov, que estaba enfermo e incapaz de escribir.
Alexander Aksakov murió en 1905 sin haber lamentado jamás ni sus elecciones, ni la suma de fatigas, decepciones y desilusiones ocasionadas por sus convicciones. Dejó un conjunto de treinta obras, todas extremadamente documentadas que serían muy útiles a sus homólogos de la época. Desgraciadamente no asistió a la entrada del espiritismo en el marco de los hechos científicos admitidos por todos y que ansiaba ardientemente con toda su alma.
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