Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.

jueves, 26 de marzo de 2020



                                                               DEOLINDO AMORIM

AFRICANISMO Y ESPIRITISMO
AUTOR: DEOLINDO AMORIM

CAPÍTULO  III EL ESPIRITISMO NO TIENE CULTO MATERIAL
 

Los cultos de origen africano, como se sabe, son fetichistas; habiendo, por tanto, la palabra "fetiche", del francés, tomado sentido popular en Brasil, principalmente en Bahía, donde el uso general consagró la forma portuguesa feitiҫo (hechizo), se hace imprescindible señalar una alteración interesante, para clarificar el asunto. Se entiende por fetichismo, según la etimología, el culto de los fetiches, esto es, la creencia en el poder de objetos naturales o artificiales. Pero el vocablo feitiҫo es empleado, entre nosotros, en la acepción vulgar de hacer mal a alguien por medio de objetos de uso, piezas de vestir, platos de comida, etc. La fuerza del uso llegó a crear el verbo enfeitiҫar, significando, justamente, transmitir influencias, impregnar a alguien de hechizo (feitiҫo) y sinónimo de hechizo, en el vocabulario popular de Bahía es urucubaca, que significa estar con desgracia, estar bajo influencia ruinosa; en el lenguaje carioca (de Río de Janeiro) ya no se utiliza el vocablo urucubaca; porque cuando se dice tirar el peso (de pesar, desgracia) ir a "macumba" para descargar el peso, lo que está implícito en esta expresión de astucia es lo mismo, exactamente, que tirar a urucubaca conforme a las costumbres bahianas. Son, como puede observarse, dichos equivalentes en su significación. La literatura moderna reclutó, contra la voluntad de los puristas de la lengua, muchos términos de malicia, incluyéndolos en el lenguaje corriente. Conviene notar que, a pesar de la elasticidad que se le dio al término hechizo, el verbo hechizar (enfeitiҫar) no es usado en la forma reflexiva, dando idea, por lo tanto, de acción que el individuo recibe, de fuerza que viene de afuera: Ninguno se hechiza pero alguien es hechizado. Nótese, pues, que fetiche adquirió forma, figura, talla más popular en Brasil, adaptándose de tal manera al ambiente que su correspondiente en portugués (feitiҫo) ya se desligó, en gran parte, de la acepción cultural y religiosa en que debiera ser utilizado. Poca gente dice feitiҫo en alusión a cultura negra o acerca de las formas de culto oriundas de África, pero sí, generalmente, en el sentido de maleficio, de "macumba", de hechicería. Se volcó, pues, la designación primitiva de feiticeiro (hechicero) conque eran tratados, en sentido peyorativo, los curadores y médiums, sin excluir al propio Jesús cuando hacía sus curas por simple imposición de manos. Pero, así, y todo, es necesario distinguir otro punto: Hechicero (feiticeiro) ordinariamente, tal como se expresa en Bahía, que fue uno de los centros de concentración de la cultura africana, no es, en rigor, el que cura, el que hace el bien y sí es el individuo que trabaja para el mal, destruyendo amistades,  deshaciendo hogares,  desorganizando la situación económica de  alguien  o  arreglando dolencias, produciendo males que, en ocasiones, llegan a producir la muerte, según la creencia popular. Frente a este fenómeno lingüístico, que determina la alteración del verdadero significado de ciertas palabras, tenemos que considerar, contra las propias razones de índole etimológica, alguna diferencia entre hechizo, en el sentido popular con que es usado en Brasil y la propia palabra que le dio origen: fetiche. La  literatura folklórica, que ya  es abundante, señala que ciertos vocablos pierden bajo la acción deletérea del tiempo el sentido primitivo, adaptándose a las ideas y cosas que el pueblo les atribuye; en asuntos de cultura negra, por ejemplo, podríamos recurrir al autor anteriormente citado, toda vez que ha sido uno de los primeros en cumplir estudios especializados del elemento africano bajo el punto de vista exclusivamente folklórico: (Prof. Artur Ramos: "El folklore negro en Brasil"). El lenguaje del pueblo consigue forzar el sentido de muchas palabras; lo que sucede con "hechizo" también se verifica en relación al empleo de muchas otras palabras que entraron en el acervo de nuestro folklore, ligadas a leyendas y supersticiones seculares, cuidadosamente anotado por el célebre folklorista brasileño Cámara Cascudo ("Antología del folklore brasileño").

Pasemos, después de estas elementales explicaciones sobre hechizo y sus derivados, al carácter fetichista de las religiones africanas introducidas en Brasil, para que podamos verificar la ausencia de toda relación  entre  esas  religiones y  el Espiritismo. Se engañó el Padre Etienne Brasil cuando dijo que "el moderno culto del Espiritismo no pasa de ser una forma del más genuino y grotesco fetichismo". Sobre este punto, hasta el propio Artur Ramos, que realizó estudios modernos y no concordó con el Padre Etienne Brasil en diversas observaciones sobre las religiones negras,  cayó  en  el mismo  equívoco, naturalmente por no tener elementos para distinguir la práctica espÍrita, que surge del método y la orientación dados por Allan Kardec, de las prácticas afro-católicas, cada vez más difundidas en Brasil. Es así como, por ejemplo, el doctor Ramos, afirma: Todas las formas elevadas o degradadas del Espiritismo derivan de la magia evocatoria" ("El negro brasileño", 1a. edición, pág. 129). Ya fue dicho en el primer capítulo que, aun cuando se hagan evocaciones, tanto en las prácticas de Espiritismo como en los terreiros del culto umbandista, nada tiene que ver la  doctrina espírita  con  el mencionado culto. El Espiritismo tiene principios, tiene su organización doctrinaria en   la   codificación   kardecista;   las manifestaciones   fetichistas   no   se circunscriben  al  terreno  puramente religioso porque, en determinados casos, producen excitación especial.

Los estudios de Freud y de Binet, que se detuvieron mucho tiempo en el aspecto sexual de algunas formas groseras de fetichismo, hicieron investigaciones interesantes que nos permiten, ahora, a la luz  de  nuevos procesos  de  examen, considerar que el fetichismo está sujeto, como ocurre con todos los cultos primitivos, a transformaciones, a evolución, bien por adaptación cultural, bien por influencia de otras corrientes. En Brasil, el fetichismo no se diluyó pero sí se modificó en diversos aspectos; muchos estudiosos no captan un hecho de suma importancia: las religiones africanas se inclinan hacia el Catolicismo y no hacia el Espiritismo. La organización yoruba tiene muchos puntos de semejanza con el Catolicismo y ya está, por así decirlo, probado que la religión yoruba ejerció, sobre todo en Bahía, preponderancia sobre las otras religiones africanas. La influencia de la cultura negra se hizo sentir de manera más pronunciada en la región nordeste, justamente porque el contingente yoruba trajo recursos naturales evidentemente más adelantados. "Es que   -en la opinión del profesor Artur Ramos- la cultura yoruba, por ser más adelantada con respecto a las otras, acabó absorbiendo a estas últimas y les impuso sus trazos dominantes" ("Los culturas negras en el Nuevo Mundo"). En el sur del país, sin embargo, la influencia africana entró por mediación de los pueblos del Plata y en dichos países no se dio la infiltración yoruba, toda vez que allí preponderó la cultura de los Congos, mucho menos desarrollada que la de los yorubas; en América del Sur, como en la Central, las religiones africanas perdieron bien pronto sus líneas primitivas porque se mezclaron con el Catolicismo y con el elemento indígena de algunos países.  Donde el elemento africano, en cambio, se conservó por mucho tiempo en su estado original fue en las Guyanas; de ahí que el mismo autor afirma que "las culturas negras de la selva, en las Guyanas,  permanecen  inmunes  al contacto blanco". Pero la cultura más grande entre los negros de las Guyanas no es la yoruba sino la fanti-ashanti, oriunda de la Costa de Oro, aún cuando en ella se constatan ciertos vestigios de la rama yoruba y de la influencia bantú. Hasta cierto punto se explica el estado de aislamiento en que se mantuvieron los africanos radicados en las Guyanas, en virtud de la situación especial de aquella región, como así de la mayor parte del Orinoco, donde sus primitivos habitantes eran astrólatras, constituyendo, se supone, un grupo cultural aparte. A este respecto, uno de los más grandes etnólogos brasileños y al mismo tiempo uno de los más esclarecidos representantes del elemento negro en este país informa:
"Los pueblos primitivos de las Guyanas, principalmente los del valle del Orinoco, en directo contacto con los de América central y con los del macizo andino de Cundinamarca, esto es, los chibchas astrólatras de Sogamoso, muy probablemente reflejaban, en lo que atañe a creencia, el culto al Sol al mismo tiempo que ese otro, tan instintivo en el hombre, de propiciarle al genio del Mal" (Teodoro Sampaio: "Naturalistas y viajeros de los siglos XVIII y XIX"). Los trabajos de Roquete Pinto y de Edison Carneiro, principalmente, aportaron valiosos contingentes de informaciones al estudio de las culturas primitivas de Brasil sin que, además, se pueda soslayar el aporte de Manuel Querino, por cuanto ha sido este último, hombre de color muy inteligente, quien provocó por sus importantes investigaciones efectuadas en Bahía, las grandes contribuciones que de ahí irradiaran -a través del inolvidable Nina Rodrigues- por todo el país, extendiendo los ensayos africanistas, hasta entonces poco desarrollados. Los estudios del profesor Basilio de Magalháes son, asimismo, de mucha utilidad a los fines apuntados.

A través de lo expuesto, hemos visto la ramificación cultural del Africanismo y su adhesión al Catolicismo; ninguna razón de índole histórica o psicológica lleva a admitir que haya relación entre Espiritismo y Africanismo; el fetichismo constituye forma religiosa y tiene sus divinidades. Las religiones de origen africano, como ya se expresara inicialmente, son fetichistas. El Espiritismo no tiene ninguna relación cultural con el fetichismo y de ahí que cabe reconocer que no existe término de comparación entre Espiritismo y Africanismo no obstante hallarse en ambos la mediumnidad y no se niegue, no puede negarse, el sentimiento de caridad ni en uno ni en otro. Pero la mediumnidad, así como la práctica del bien, que es la exteriorización de los buenos sentimientos de la criatura humana, pueden ser observados en cualquier organización religiosa. El propio Padre Etienne Brasil, que ha confundido totalmente Espiritismo con fetichismo, afirma que "El fetichismo es una verdadera religión con sus dogmas, preceptos y ritos peculiares" ("Revista del Instituto Histórico y Geográfico Brasileño", volumen 74, 1911). Ahora bien: si el fetichismo es una verdadera religión, poseyendo "cuerpo doctrinario", está probado, de hecho, que no siendo el Espiritismo fetichismo, no tiene relación con ninguna de las ramificaciones de ese culto; mientras que son muy acentuados los trazos de afinidad entre el Catolicismo y el Africanismo, tanto que coinciden en lo relativo a tener divinidades, ceremonial, sacerdotes, etc. Basta que consideremos este hecho capital: En el fetichismo gége-nagó -siempre en la investigación del profesor Artur Ramos- los Orixás fueron asimilados, uno a uno, a los santos católicos. Orixá u oxalá se identificaron con el señor de Bonfim, en Bahía. Esta equivalencia no parece ser motivada por el hecho de ser, la Iglesia del Señor de Bonfim edificada en lo alto de una colina, en Bahía, tal como –en la misma forma- en África, "Orixalá" es adorado en la cima del monte "Oké". La verdadera razón estriba, a nuestro parecer, en que "Orixalá", el más grande de los santos para el "yoruba", se identifica con el Señor de Bonfim, el santo de mayor devoción y el más milagroso de Bahía". Siendo religión de pueblos adelantados, el Catolicismo debía, naturalmente, ejercer marcada influencia sobre los africanos. El ayuno de malé, por ejemplo, es una confirmación de lo que acabamos de expresar, toda vez que esta práctica prueba que existe correspondencia entre el culto africano y el culto católico. Leamos a Manuel Querino, que ha estudiado con sinceridad y escrúpulo la formación religiosa de su propia ascendencia: "En la semana en que la Religión Católica celebra la fiesta del Espíritu Santo, comienza el ayuno anual de maleen la forma siguiente: Levantándose a la madrugada, cocinaban el inhame (ñame, planta de raíz comestible) y machacaban arroz, harina de maíz con leche y miel; durante todo ese tiempo, el malé no bebía agua al punto que ni tragaba la saliva. En el último día del ayuno se efectuaba una gran fiesta en la casa del jefe de la
secta, habiendo misa; ninguna bebida alcohólica se usaba en esta festividad. En el acto de sacrificar al carnero, introducían la punta del puñal en la arena y sangraban al animal profiriendo la palabra "Bi-si-mi-lai". Y concluye Querino: "Corresponde, esta ceremonia, al sacrificio de Isaac".

Incluso hasta en las fiestas populares vemos la fusión, el sincretismo al que aludimos, tal como se halla descrito en el libro de Manuel Querino ("La Bahía de antes ") cuando hace referencia al rancho de la burrito: "Los ranchos de la burrita y del buey son hijos mezclados del momo portugués con agregados y atuendos oriundos de los autos pastorales y visible influencia totémica por parte de los indios y de los negros". Los cultos africanos entraron en Brasil con profundos resquicios de creencias remotísimas, principalmente del islamismo, lo que hace difícil, ahora, fijar con nitidez la parte preponderante de ésta o de aquélla corriente de influencia. Vemos, pues, que las prácticas fetichistas, con sus símbolos, sus divinidades, con sus rituales, se aproximan cada vez más a lo católico y en cuanto concierne al Espiritismo, no se puede afirmar que haya afinidad entre él y el Africanismo, por dos razones fundamentales, a saber: Caracteriza al Espiritismo la ausencia total de ritualismo y teniendo el Espiritismo, como base de doctrina, las leyes naturales, excluye racionalmente la idea de lo sobrenatural, del milagro y del poder del fetiche, talismán o amuleto. El fetichismo es, como se sabe, el tronco de las religiones primitivas, muy desfiguradas, tal como ya se ha expresado anteriormente y sus puntos básicos afincan, precisamente, en lo sobrenatural, en la creencia en divinidades, tal como se verifica en el Catolicismo, cuyo fundamento teológico estriba en la misma creencia del milagro, variando tan solo la terminología propia de cada religión. El Africanismo, en todo el conjunto de sus formas religiosas, es muy antiguo, viene de una fuente de cultura antiquísima, al paso que el Espiritismo, esto es, el Espiritismo como cuerpo de doctrina, es muy posterior a aquella cultura. La evolución social no concurrió, como podría esperarse, de manera sensible a la transformación de los cultos africanos en Brasil; certificamos lo expuesto con la existencia actual de los candomblés o xangós de Bahía, los catimbós de Pernambuco, las macumbas de Río de Janeiro. Es muy conocida, en Bahía y fuera de ella, la tradición de los candomblés de Cabula, en la capital del estado bahiano. Se afirma, incluso, que ciertos políticos de renombre frecuentaban, a altas horas de la noche, las casas de determinado pais de terreiro, determinados santones, en Cabula, hacia la época de las elecciones. El profesor Artur Ramos que hemos citado ya varias veces- y que se halló radicado mucho tiempo en Bahía, en donde se nutrió del bagaje que sirvió de base a su cultura científica, cita esta información popular (véase "El negro brasileño"). De hecho, algunos pais de santo eran como oráculos, atribuyéndoles gravitación y goce de confianza con políticos prestigiosos. Conviene hacer notar, de manera especial por tratarse de un escritor católico, y por ende, libre de toda suspicacia, que Luiz Viana Filho reconoce que el culto católico posee preponderancia en el sincretismo afro-brasileño; este pensador aún va más allá, cuando afirma: "El bantú, de religión pobre en dioses, y cuyo sincretismo religioso con el catolicismo ya se procesaba desde África con cierta intensidad, no tardó en asimilar, integrándose en su culto, dioses sudaneses y santos católicos". (Luiz Viana Filho, página 134, "El negro de Bahía", prefacio de Gilberto Freyre; Viana fue diputado federal por Bahía).

Nuestra tesis, precisamente, en este ensayo, es ésta: El Africanismo se acerca más al Catolicismo que al Espiritismo; el sincretismo afro-católico en las macumbas y candomblés es un testimonio de nuestra afirmación y Viana Filho sostiene que el Africanismo comenzó a fundirse con el Catolicismo mucho antes del cruce de razas realizado en tierras brasileñas. Podríamos agregar que ciertas devociones católicas vigentes en Brasil denuncian la presencia del elemento africano, lo que confirma objetivamente la información de Luiz Viana Filho, esto es, que desde África el africano ya había recibido influencia del Catolicismo.

El profesor Augusto Lins y Silva, catedrático de la Facultad de Medicina de Recife, antiguo discípulo de Nina Rodrigues, escribió en un libro reciente, lo que reproducimos de forma textual: "Sabiéndose que el mito siempre fue manifestación del pueblo primitivo, los blancos explotaban este aspecto del sentimiento del negro, confiándole el culto religioso bajo la irrisoria majestad de los reyes del Congo". En Brasil, señala Nina Rodrigues, Nuestra Señora del Rosario siempre fue una cofradía de negros. Y era la patrona de la monarquía del Congo, nación que entre las otras, tales como Angola, Regalo, Mozambique, gozaba de cierta ascendencia. Y agrega, este autor, lo siguiente: "La macumba de Río, el xangó de Bahía y el calimbó de Pernambuco son remanentes de las antiguas mezquitas africanas" (Augusto Lins y Silva, "Actualidad de Nina Rodrigues", 1945).

El culto de San Jorge de manera especial en Río de Janeiro, es una mezcla de catolicismo y de africanismo, al igual que el de Cosme y Damián. El Espiritismo, que no tiene oráculo, que no tiene adivinaciones, que no tiene ceremonias, que no tiene imágenes, no presenta -ni puede presentar nunca- semejanza ni parcial siquiera, con los viejos cultos de Brasil. El Espiritismo tiene la oración, pero toda ella natural; evoca a los espíritus, pero sin ritual y ello por cuanto, finalmente, la doctrina no tiene culto material alguno. No teniendo culto material, es evidente que el Espiritismo no podría tener nunca puntos de atracción para los cultos de origen africano; luego, no hay equivalencia entre la práctica del Espiritismo y las prácticas religiosas del Africanismo, conjunto de sectas y formas de culto de procedencia africana, visto que el Espiritismo repele por su misma índole todo ritual y simbolismo.

Justamente, para definir al Espiritismo con exactitud, para evitar -sin duda- que el Espiritismo se confundiese con las sectas y escuelas espirituales (entre éstas, las del fetichismo, porque se apoya también en la inmortalidad del alma), tuvo Allan Kardec la necesidad, bien comprensible por cierto, de crear la denominación propia de ese cuerpo de doctrina; de ahí el neologismo por él formado, en el siglo pasado, para designar a la doctrina espírita: ESPIRITISMO.

He aquí la explicación dada por el Codificador de esta doctrina, en un trabajo publicado en abril del año 1866, en la "Revue Spirite", órgano de difusión por él creado después de haber concretado las bases del Espiritismo en "El Libro de los Espíritus": “.... creamos la palabra Espiritismo por las necesidades de la causa; nosotros tenemos el derecho, pues, de determinar sus aplicaciones y de definir las cualidades y las creencias del verdadero espiritista." (Kardec: "Obras Póstumas" -Constitución del Espiritismo-, Cap. X). Sustentamos el principio de que el Espiritismo, no admitiendo lo sobrenatural no puede, en consecuencia, armonizar su doctrina con cualquier religión que apele hacia soluciones teológicas (Catolicismo, Fetichismo, etc.). Allan Kardec ya decía, en 1864, al publicar "El Evangelio según el Espiritismo": "El Espiritismo es la nueva ciencia que viene a revelar a los hombres, con pruebas irrecusables, la existencia y la naturaleza del mundo espiritual y sus relaciones con el mundo corporal; nos lo presenta, no como una cosa sobrenatural, sino, al contrario, como una de las fuerzas vivas y que incesantemente obran en la naturaleza, como el origen de una multitud de fenómenos incomprensibles hasta ahora y relegados por esta razón, al dominio de lo fantástico y de lo maravilloso" (A. Kardec: "El Evangelio según el Espiritismo", Cap. I, no. 5).

No existiendo nada de sobrenatural en la concepción del Espiritismo en lo concerniente al mundo espiritual, la práctica espírita de ninguna manera puede nivelarse con las prácticas del culto fetichista, base de las religiones de origen africano. Con el debido respeto que nos merecen todas las creencias, sin dejar de reconocer que el elemento africano mucho ha contribuido en la formación del pueblo brasileño, otorgándole un acentuado sentimentalismo, no podemos hallar semejanza entre el Espiritismo y el Africanismo; las prácticas de origen africano, largamente ramificadas, son espiritualistas, dignas de todo respeto como acontece con toda otra práctica religiosa, pero no constituyen variante de las prácticas espíritas. Y concluimos, pues, nuestro trabajo, llegando a la conclusión de que AFRICANISMO NO ES ESPIRITISMO. 













Deolindo Amorim
Nace en Baixa Grande, Bahía, Brasil 23 de enero de 1908. Desencarnó en Río de Janeiro el 10 de febrero de 1979. 

Calificado exponente del pensamiento espiritista contemporáneo. Escritor, periodista y conferenciante. 

Obras principales: 
El Espiritismo al la luz de la crítica
El Espiritismo y los problemas humanos
Espiritismo y Criminología
El Espiritismo y las doctrinas espiritualistas
Ideas y reminiscencias espíritas
Africanismo y Espiritismo







miércoles, 25 de marzo de 2020




AFRICANISMO Y ESPIRITISMO

AUTOR: DEOLINDO AMORIM

CAPÍTULO II EL ESPIRITISMO NO ES FETICHISMO

Nuestro objetivo, bien claro por cierto, es solamente hacer la distinción existente entre Espiritismo y Africanismo, sin otra intención que no sea la de separar y esclarecer, a la luz de los propios elementos de estudio, dos campos bien definidos de investigaciones. El Africanismo, con todas sus sectas y cultos, debe ser estudiado por sí solo y lo propio  acontece  con  el Espiritismo, puesto que no existe, entre uno y otro, ninguna afinidad de cultura ni de relación histórica. Las prácticas afro-católicas, como se ha visto en el capítulo anterior, datan de época muy remota y son de origen heterogéneo, mientras que la escuela de Allan Kardec es de origen europeo y obedece a una inteligente unidad de principios. No existe, por lo tanto, semejanza alguna con las prácticas del culto africano, en cuya mezcla  aportaron  diversos elementos,  siendo de notar el aporte musulmán, formándose de este modo una expresión religiosa muy compleja. Después de 1850, cuando se extinguió, felizmente, el tráfico africano, la esclavitud prosiguió, infelizmente en Brasil hasta 1883. Claro está que con la extinción de la esclavitud, el elemento africano comenzó a adaptarse, con relativa facilidad, a los hábitos de la tierra brasileña, a nuestras inclinaciones culturales por la sola gravitación de convivir con la civilización blanca. Incorporándose a la sociedad como un elemento libre, el africano y no obstante su condición de tal, no diluyó sus heredades religiosas, ligadas a él por siglos en su psiquis. Aun cuando fueran   diluidas,   mezcladas   con   el catolicismo,  no perdió las prácticas religiosas de origen africano en sus líneas generales incluso se hallaren éstas desde mucho tiempo sensiblemente alteradas en su origen en mérito a las influencias que se hicieron sentir. Estas consideraciones, a guisa de introducción, muy generales por otra parte, pretenden simplemente resumir la argumentación esgrimida hasta aquí; hagamos ligera confrontación: El culto afro-católico tiene ritual, y ritual muy variado; adora  símbolos  e  imágenes,  venera divinidades. El Espiritismo no tiene ritual ni imágenes, ni tampoco rinde culto a divinidades, visto que sus prácticas son simples, absolutamente simples, teniendo la exclusiva preocupación de mejorar las condiciones espirituales de la criatura  humana y fortalecer en el espíritu de sus adeptos la creencia fundamental en Dios, basada en principios morales y filosóficos. No se discute, aquí, que el objetivo del culto católico -con todos sus elementos religiosos y culturales- sea o no para bien, pero insistimos en que el Espiritismo no se identifica ni se confunde con el Africanismo.

La   práctica   de   éste   obedece, indudablemente, a prescripciones ritualistas, mientras que la práctica espirita prescinde y, más aún, rechaza, cualquier fórmula sacramental, cualquier objeto de culto. El criterio de la doctrina espírita acerca de símbolos o fórmulas se halla bien definidas por el propio Codificador del Espiritismo: "Muchas personas, ciertamente, preferirían otra receta más fácil para rechazar los malos espíritus; por ejemplo, algunas palabras para pronunciar, algunos signos para hacer, lo que sería más simple que corregirse de los propios defectos. Lo lamentamos mucho, pero no conocemos ninguna manera más eficiente de vencer a un enemigo que no sea hacerse más fuerte que él. (...). Debemos persuadirnos, pues, que para lograr aquel resultado, no existen palabras sacramentales, ni fórmulas, ni talismanes, ni señales materiales de ninguna especie". (...) ("Obras Póstumas", -Manifestaciones de los Espíritus-Vil, n9. 58, pf. 5S.). Y luego, añade: "En resumen; La oración fervorosa y los esfuerzos serios que la criatura realice para mejorarse constituyen los únicos medios para repeler a los malos espíritus...." (numero 58, pf. 8O). Reforcemos estas citas con otra nueva de Kardec: "La magia, con ayuda de sus signos, fórmulas y oraciones cabalísticas, tenía la reputación de facilitar pretendidos secretos para obrar prodigios, de obligar a los espíritus a ponerse  a las órdenes de los hombres y satisfacer sus deseos. Hoy se sabe que los espíritus no son más que las almas de los hombres; no se les llama sino para recibir consejos de los buenos, moralizar a los imperfectos y para continuar las relaciones con los seres que nos son queridos". ("El Cielo y el Infierno", 1*. Parte, cap. X, n9. 9). Además, en el mismo capítulo, ns 11, también afirma el Maestro que ".... los principios del Espiritismo no tienen ninguna relación con los de la magia".

El Espiritismo, como se sabe, rechaza absolutamente el uso de exorcismos, talismanes o "palabras sacramentales", [Mientras que en los "terreiros" (barracones) fetichistas hacen de esas prácticas, precisamente, el fundamento de sus ceremonias. Es de observarse, entonces, la diferencia no se verifica sólo en lo que al aspecto histórico, ya referido, sino también en lo concerniente a la forma, pues no hay ninguna concordancia entre las prácticas de mediumnismo realizadas en los barracones o tiendas umbandistas y la verdadera práctica espírita. Ahora mismo se acaba de publicar en Río de Janeiro un libro intitulado "Trabajos de Umbanda o Magia Práctica" cuyo autor, Lorenzo Braga, adepto al culto umbandista, es autor también de otros trabajos de la misma naturaleza; en ese libro, por ejemplo, existen elementos más  que  suficientes  para demostrar la tesis de que "Umbandismo no es Espiritismo". Veamos un poco: en el capítulo que trata de la organización de los barracones, los terreiros, dice así el libro de Lorenzo Braga: "El terreiro debe quedar separado de la asistencia por un panel divisorio, teniendo entrada o abertura de un metro y medio para entrada y salida de socios". Verifiquemos, en este trozo, como es categórica la ausencia de toda semejanza entre Espiritismo y Umbandismo: "El altar debe tener la imagen del protector o padrecito (padroeiro) en tamaño mayor con respecto a las otras imágenes, para que se destaque bien o, sino, únicamente, la estampa del protector. Los médiums y sus ayudantes deben trabajar de blanco y calzados con zapatos de tenis o descalzos. Al lado izquierdo del pecho de la camisa o guardapolvo, deberá ser bordado en azul, verde o violeta, el "punto" (la mira) simbólico del protector y, del lado derecho, el nombre de bautismo del médium o coadyutor". En las sesiones espiritas, orientadas según las reglas establecidas: por la codificación kardecista, no existen altares ni se realizan bajo encantamiento espectacular; confrontemos, entonces, la simplicidad de una sesión espiritista con el ritual de una sesión de Umbanda según los propios adeptos de este culto. He aquí un ejemplo, en el capítulo que trata de "apertura y cierre de sesiones", de la obra ya citada, dice así: "En un rincón de la entrada principal de la casa debe hacerse la trinchera" (puente de seguridad de los ajos) de la siguiente forma: Trazar con elemento blanco un punto de Ogum, segido con Exú y Ganga y, por detrás de: punto, marcar un signo de Salomón y; en él colocar un vaso de agua salada con saI gruesa. Enseguida, elogiar (cantar) los puntos de Ogum, Exú y de Oxalá, saludando con sahumerio, pidiendo que protejan los trabajos contra toda carga fluídica que pudiera ser proyectada por alguien interesado, o contra la falange de espíritus perturbadores, y esta tarea no debe ser realizada por una persona sino por dos o más" (Sic.)

Frente a toda esta complicada mezcla de elementos afro-católicos, sin ninguna relación con el Espiritismo,  no existe ninguna razón para confundir la práctica espirita con cualquiera de las prácticas de Umbanda, que es una de las variantes del Africanismo y, por añadidura, la mas popular en Río de Janeiro. Anotemos de la obra indicada  algunos símbolos del culto umbandista: Dos sables cruzados, con sus empuñaduras a derecha e izquierda, arriba, cruzados por una flecha en su intersección, con lanza hacia abajo y cola terminal arriba. Otro es la conocida estrella triangular judía, con un vaso en su sitio medio, de base en el centro y bordes tangenciales al extremo superior de la estrella, emplazado todo arriba de una tijera abierta, con sus ojales para el pulgar del lado de arriba y en el sector inferior de la abertura de sus bordes cortantes, se halla la clásica calavera y tibias humanas (el clásico símbolo de los filibusteros) y bordeando el todo, como un marco, a la derecha y a la izquierda primordialmente, cuatro y cuatro puntos negros, bien netos. Son los llamados "puntos del terreiro", focalizaciones de atracción y convergencia de miras. ¿Qué relación tiene todo esto con el Espiritismo? Ninguna, absolutamente. Esa fusión a que antes nos referimos, en el umbandismo, no es solamente religiosa, sino también lingüística; la nomenclatura del culto umbandista ofrece variedad de origen y que testimonia, una vez más, la acentuada mezcla de prácticas afro-católicas. El lento africano, que ya venía a Brasil dividido en sus grupos étnicos, transplantó para este país tanto la influencia cultural como el contingente de su contribución lingüística. El cruzamiento por ende, completo: Religión, cultura e idioma: en el portugués hablado de Brasil, principalmente en materia culinaria, ya se hallan incluidos numerosos vocablos de origen africano. Tenemos, así, tutu, quitute (éste de origen "Yoruba", de Guinea posiblemente), quibebe, mungunzá o mucuunzá, como se estila en Bahía, etc. Muchos hibridismos se formaron con elementos africanos. La lengua portuguesa recibió, justamente por la influencia del cruce con lo africano, una serie numerosa de términos y raíces, muchos de ellos alterados en el uso popular. Esta es la causa por la que en el léxico umbandista tenemos un verdadero amasijo de nombres tomados de distintos orígenes: las especies yoruba y sudanesa abastecieron a la lengua portuguesa de muchos nombres para los "genios", las "divinidades", para los objetos de culto, etc., criteriosamente anotados por el profesor Jacques Raimundo, tales como Babalao, Exú, Xango, Ogungun, Ojá, Olorum, Lemanjá y otros (J. Raimundo: "El elemento Afro-negro en el idioma portugués ". Incluso en las relaciones lingüísticas se reconoce la filiación del Umbandismo, como así de todas las formas de fetichismo existentes en Brasil, con las fuentes del Africanismo, enormemente ramificado y, desde largos años, entroncado con el Catolicismo.

Es verdad que no solamente del trafico africano nos viene la infiltración idiomática; grande, como es notorio, es la influencia del tupí en la lengua portuguesa, cuyo vocabulario pueda ya alinear numerosos términos oriundos del idioma nativo. Ese fenómeno lingüístico nada tiene de extraño, toda vez que el mestizaje siempre trajo consecuencias en la formación y enriquecimiento de los idiomas. El elemento árabe, cuya irradiación en el mundo antiguo se extendió considerablemente, aportó un gran contingente de términos y de raíces, tanto al español como al portugués. El claro ejemplo del idioma francés, lengua de significativa trascendencia internacional, es bien característico: Los elementos celta, latino y germánico tuvieron preponderancia su estructuración; las emigraciones también han sido y continúan siendo ponderables vehículos de infiltración y aporte lingüístico. El africano, a través de ramificaciones bien diferenciadas idiomáticamente, transmitió a la lengua portuguesa una valiosa contribución; la terminología religiosa del africanismo se dió con términos propios del culto católico. El Africanismo procura acercarse más al Catolicismo que al Espiritismo, lo que constituye una razón, y muy fuerte, para  no   confundir  Umbandismo  y Espiritismo, ni ninguna otra práctica de origen fetichista. Tenemos, por ejemplo, en las prácticas de la línea Umbanda, muchos vocablos peculiares al Catolicismo, tales como patrono, bautismo, altar; verificase, por lo tanto, comenzando por la preferencia de los términos inherentes a los actos de la liturgia católica, que el culto fetichista se inclina francamente para el Catolicismo y no para el Espiritismo. Tal equivalencia fue notada hace ya mucho tiempo por el insigne  antropólogo Nina Rodrigues, cuando observó una de las más conocidas tradiciones católicas en Bahía: El lavado de la Iglesia de Bonfim. Escribe Nina Rodrigues, "El lavado de la Iglesia de Bonfim es, como demostré, una práctica religiosa yoruba o nagó, mas el verdadero culto vivo, pues para los africanos negros, criollos y mestizos de aquella secta, el Señor de Bonfim es el propio Obatalá".

Los cultos africanos se confunden cada vez más con las ceremonias del Catolicismo; en los "terreiros" existe mucha cosa de Iglesia Católica. El Africanismo se fundió, se amalgamó con el Catolicismo, naturalmente por la semejanza, por la similitud de los respectivos cultos. El hecho de que haya personas propensas a transformar tales prácticas, procurando adaptarlas al Espiritismo no justifica, ni mucho menos, toda confusión a este respecto; existe, simplemente, la manifestación de espíritus en el Africanismo, como en el Espiritismo, en el Catolicismo, etc., pero el Espiritismo no tiene puntos de  concomitancias con ninguna de las ramificaciones del Africanismo. Los nombres privativos del culto fetichista, hoy bastante modificado, muestran por sí que no existen trazos de unión en las prácticas espíritas y las ceremonias propias de aquel culto. En la línea de "banda que es, como ya hemos expresado, la más divulgada y especialmente en Río de Janeiro, e incluso sin las características originales toda vez que se ha modificado en parte por influjo del Catolicismo, el templo es terreiro, el médium es caballo y el marafo, bebida que en Bahía se llama caxaxa forma parte de las ceremonias y así por el estilo. Existen diferencias regionales, tanto en el culto como en la misma nomenclatura. Llámase candomblé en Bahía, al paso que en Río de Janeiro, las ceremonias fetichistas, con tambores, llamados cantados, líneas cruzadas en el suelo, etc., se denominan macumbas. No se niega que en tales ceremonias exista sentimiento de caridad, pero lo que debe tenerse en cuenta es que no existe en ellas ninguna ligazón entre Africanismo y Espiritismo.  Hace poco, precisamente, hemos tenido un ejemplo típico que destaca esta posición; habiendo ocurrido, en la capital bahiana,  la desencarnación de un viejo "padre santo", muy popular por cierto, se realizó la singularísima ceremonia llamada de "cambio de cabezas", con motivo del entierro; ¿de dónde viene tan curiosa ceremonia sino del Africanismo? ¿Tiene, acaso, el Espiritismo alguna ceremonia especial para enterrar a sus difuntos? No, de donde se infiere que no hay paralelo entre los actos espíritas,  todos ellos naturales, simples y espontáneos, con los actos religiosos del Africanismo. El diario "La Tarde", de Salvador, Bahía, dando cuenta del entierro del "padre santo" (pai de santo), Manuel Bernardino da Paixáo, en su edición del 18 de Abril de 1947, describe así la ceremonia cumplida: "El féretro, armado en la sala del frente, reposaba sobre una tarima. El cuerpo yaciente, todo cubierto de flores, emergiendo tan solo el rostro regular, oscuro, amarillento por la muerte. Enormes cirios bordeaban la caja mortuoria, cerca de la que se hallaba agua bendita, con la que los visitantes salpicaban al cadáver. Hacia el interior, varias decenas de personas se apeñuscaban y todos los espejos de la casa se hallaban cubiertos con paño blanco. Cuando un "pai de santo" parte para el otro mundo deja a su reemplazante legal o discípulo más capaz y más querido. Después de la muerte y  antes  de  dar sepultura al "maestro", el sucesor se  somete  a la ceremonia conocida por "cambio de  cabezas";  a consecuencia de este acto, el nuevo Babalao queda revestido  con todas  las prerrogativas del primero. Justamente para ser efectuada esa ceremonia, se tuvo que atrasar el entierro de Bernardino; su sustituto, "Paizinho" (Padrecito) más conocido por Bandanguami, reside en Río; ahora, y por exigencias del culto,  debe transferirse     a    Bahía, asumiendo las funciones de Bernardino. Avisado por telégrafo,  el  "Padrecito" prometió llegar a tiempo para someterse a la ceremonia del "cambio de cabezas". Por ello, una delegación de "hijos" se trasladó hasta Ipitanga, esperando la llegada de su "nuevo padre" y conducirlo directamente hasta el cementerio de Quintas, para realizar allí la ceremonia solemne de transmisión. También se esperaba la llegada de Cilial, de Villa América, en el camino de Río Vermelho de Baixo; Cilial estaba en la zona sudoeste cuando recibió la noticia y se apresuró a llegar a tiempo para el enterramiento de Bernardino y esta es la razón por la que la inhumación del jefe de Oxalá quedó retrasada hasta casi las once horas".

El féretro -agrega el diario más adelante-   "sería depositado y trasladado a manos y el trayecto hecho en forma de zig-zag, al son de himnos propios". Todo muestra, tal como queda descrito el entierro, que el Africanismo tiene culto propio; en los terreiros, lo que se verifica, no ahora sino desde hace mucho tiempo, es una combinación,  una mezcla de prácticas fetichistas y católicas.  La credulidad popular, en tanto, pretende introducir Africanismo en el Espiritismo y tanto es así que es dable observar, en determinados centros espíritas alguna inclinación bien visible hacia el ritual de Umbanda. Trátase, ello es evidente, de herencia cultural favorecida por el sincretismo religioso; la propia divulgación del Espiritismo por procesos inteligentes, contribuye a destruir, por evolución y por superación, los remanentes de la influencia afro-católica.

El Espiritismo halló,  en Brasil,  la preponderancia del Africanismo y del Catolicismo, con un factor absolutamente favorable: el bajo nivel intelectual de las masas, educadas en la superstición y bajo el influjo de la Religión Católica, que le imprimió el apego a los ídolos, símbolos, etc. Difícil le ha resultado al Espiritismo actuar contra la propensión de gran parte de sus simpatizantes hacia el culto fetichista;  de ahí  que mucha gente, desconociendo el asunto que nos ocupa, que no sabe lo qué es el Espiritismo, dicen que ambos, Espiritismo y Africanismo son sinónimos y es un craso error que reclama ser desmenuzado: Umbandismo, o cualquier otra forma de Africanismo, no constituye en modo alguno una modalidad de Espiritismo. De otra parte, no sólo fue en Brasil que se dio esta mezcla engañosa, fruto indudable de encuentro de religiones; esto mismo ocurrió, y en gran escala, en varios otros países, suscitando estudios considerables como, entre otros, los que fueron cumplidos por el notable folklorista americano Fernando Ortiz, de Cuba. La fusión de elementos absolutamente sin unión histórica o social, a veces unidos por factores políticos o simplemente económicos, produjo un mestizaje muy acentuado, haciendo difícil -después de cierto tiempo- toda investigación para determinar cuál es la mayor dosis cultural y la estructura de algunos pueblos. Sobre punto, un ejemplo típico es el de las Filipinas, cuya formación es muy compleja; moros, malayos y españoles se encontraron allí, formando un laberinto que los Padres Murilo Valarde y Juan Ferrando estudiaron pacientemente. Entre los negritos filipinos, los estudiosos notaron el uso de tatuajes, tal como acontece entre los indios paraguayos en la época de catequesis. La infiltración cultural, ya mezclada, se hizo sentir igualmente en Cuba y en Haití; en Brasil, en tanto, la unión del Catolicismo con las prácticas fetichistas no tuvo por característica principal y exclusiva el tatuaje con que se han caracterizado distintas divisiones étnicas en América Central. Se practicó más el exorcismo,  en Brasil,  para expulsar "demonios" o malos espíritus. La práctica exorcista era ya conocida de los jesuitas también en las Misiones del Plata; los indios guaicurús, del Paraguay, catequizados por los misionarios jesuitas, usaban tatuajes según testimonia el Padre Carlos Techuer S.J. "Se pintan el cuerpo y usan tatuajes, tanto los hombres como las mujeres, si bien las esposas de los tuxavas la limitaban a los brazos, dejando el sector de la cara a las subalternas esclavas" ("Vida y obras del Padre Roque González", publicación del Instituto Histórico y Geográfico de Río Grande do Sul, 1926). Ahora bien: En el culto umbandista también se encuentra el exorcismo, que es -sin duda- herencia de las primitivas prácticas de catequesis, como así también puede observarse en ciertos "pai de santo" señales de tatuajes en los brazos.

Es palpable, por lo tanto, que las religiones de origen africano se adhirieron, tanto en Brasil como en otros países de América, a las prácticas del Catolicismo y del culto aborigen mucho antes de conocerse la palabra Espiritismo.

La expansión de la doctrina espírita, a partir del siglo pasado, esto es, de 1857, halló el cruzamiento, el consorcio cultural ya formado. No obstante la existencia cada vez más generalizada del sincretismo (Africanismo, Catolicismo y Mediumnismo), no se puede negar el contingente cultural del elemento africano, cuya psicología aún está reclamando los estudios especiales que se necesitan; la cultura de origen africano es un vasto campo de estudios, como expresa el profesor Artur Ramos: "Al investigar las influencias que el negro africano ejerció en el Nuevo Mundo, hemos de considerar a los tipos negros, no en sus características biológicas (ello importa poco desde nuestro punto de vista) mas sí como representantes de culturas que fueron transportadas de sus zonas hacia otras comarcas y otras culturas con quienes se pusieron en contacto" (A. Ramos: "Las culturas negras en el Nuevo Mundo", 1937).   Vamos a admitir que se encare el asunto bajo el punto de vista científico, con exclusión de la parte religiosa; aun así se hace evidente que ninguna semejanza existe en Africanismo y Espiritismo, no importa que se registren, tanto en las sesiones espíritas como en los terreiros afrocatólicos, indiscutibles fenómenos anímicos y extraterrenos, comunes a todo trabajo de naturaleza psíquico-experimental. Cuando se realizó, por iniciativa del sociólogo Gilberto Freiré, en 1934, el Primer Congreso Afro-Brasileño, ninguna otra preocupación presidió aquel importante cónclave sino la de examinar cuidadosamente la influencia africana en Brasil bajo todos los aspectos. Pero no se realizó un estudio especial para separar lo qué es exclusivamente fetichismo, con los elementos afro-católicos que le son peculiares y lo que, de hecho, es Espiritismo.

Para muchos estudiosos, folkloristas, sociólogos, etnólogos, todo ese conjunto de prácticas primitivas, injertadas de diversos elementos foráneos pertenece al Espiritismo, simplemente por haber, en tales prácticas, hechos que se encuadran en el estudio del mediumnismo y del animismo. Se le da, por lo tanto, al Espiritismo y de manera muy impropia, una designación general y en realidad, sólo se debe considerar Espiritismo aquello que corresponde a los principios de su doctrina.

Entre los propios umbandistas existen quienes reconocen el origen remotísimo de la religión umbanda, cuya orientación fundamental, como ya queda dicho antes de ahora, se halla muy desfigurada. Mas, como hecho histórico, el culto de Umbanda deriva del tronco fetichista del África, de donde se expandió. Léase, a propósito, en el texto de de las tesis presentadas al Primer Congreso Brasileño de Espiritismo de Umbanda, reunido en Río de Janeiro, en 1941,  lo  siguiente: “No obstante  las diferencias, en ocasiones profundas en la concepción que de Umbanda tienen sus amoldados y adeptos, todos están de acuerdo en cuanto a sus orígenes africanos" (Anales del Primer Congreso Brasileño de Espiritismo de Umbanda, Río de Janeiro, 1942).  La palabra "Espiritismo"  está empleada sin cabida lógica en el título del trabajo.    "Umbanda"   es   rama   del Africanismo, como ya se halla demostrado en mérito a las más autorizadas opiniones; con la atomización del Africanismo puro, sus prácticas comenzaron a presentar, como todavía presentan, formas mixtas de catolicismo  primitivo,  verificándose manifestaciones anticuadas, en determinados casos, lo que evidencia la fusión de que se han ocupado la mayoría de los autores. La transformación del elemento negro es reconocida, asimismo, por uno de los más grandes  estudiosos  de  las cuestiones brasileñas; Pandiá Calogeras, estadista y hombre de gran cultura, incluso no tratando de la cuestión como especialista, hizo una observación muy acertada: "La descendencia, al principio abundantísima, del elemento africano, comenzó a disminuir por las dolencias, en aumento creciente e ininterrumpido, decadencia de su pureza racial; surgió una etapa de mestizos, medio-sangres, cuarterones (hijo de blanco y mestiza o viceversa) y, aun menos coloridos. Hasta la fecha, no ha concluido esta evaporización pigmentaria" (Pandiá Calogeras: "Formación histórica de Brasil", 4a. edición, 1945).

El medio brasileño, forzado por las condiciones en que se fundieron los elementos primordiales de su formación, evidentemente no permitió que se conservase la integridad cultural del africano. La desfiguración del culto religioso es un claro ejemplo; el ambiente se tornó, desde los tiempos primitivos, campo abierto; al mediumnismo popular, al que mucha gente llama, sin fundamento, Espiritismo. De las masas que frecuentan sesiones medianímicas y terreiros de Umbanda, gran parte e incluyendo a muchos médiums, trajo en el subconsciente la influencia del catolicismo; de ahí arranca la inclinación, como heredad psíquica, para las ceremonias fetichistas, porque el ritual, la presentación de las ceremonias y la magia de los símbolos no dejan de constituir punto de atracción para las personas que aún no se han emancipado de su ancestralidad cultural y de la influencia del medio ambiente. El fenómeno, en tanto, es de naturaleza tanto cultural como religiosa. Con la preocupación del estudio, de la investigación para buscar la Verdad, es que se debe orientar la búsqueda en el terreno histórico, antropológico y psicológico, para fijar la distinción entre Africanismo y Espiritismo.

martes, 24 de marzo de 2020



AFRICANISMO Y ESPIRITISMO
AUTOR: DEOLINDO AMORIM

CAPÍTULO I

MEDIUMNISMO NO ES ESPIRITISMO
 

Se ha intentado, sin una razón justificativa, confundir al Espiritismo con viejas prácticas afro-católicas enraizadas en Brasil desde el período colonial. Se argumenta, en defensa de esta suposición, que en las prácticas africanas se verifican manifestaciones de espíritus, cosa que, al entendimiento de muchas personas es ya suficiente para dar carácter de espíritas a esas prácticas. El razonamiento es, poco más o menos, el siguiente: Donde hay manifestaciones de espíritus existe Espiritismo; luego, las prácticas fetichistas son también prácticas espíritas, puesto que en ellas se realiza evocación de espíritus.  He   aquí   una   cuestión   preliminar discutible; en primer lugar, lo que caracteriza al acto espirita no es solamente el fenómeno y, en segundo término, el Espiritismo cuerpo de doctrina codificado por Allan Kardec surgió a la faz de la tierra en el año 1857 y, cuando sus obras llegaron a Brasil, ya existía el Africanismo, divulgado en manera preponderante en Bahía. Puede verse, pues, que históricamente no es posible establecer ningún término de comparación, toda vez que el Africanismo data de época remota, mientras que la doctrina espírita es nacida del siglo pasado. Si, de hecho, el fenómeno fuese el único elemento capaz de identificar a la práctica espirita, nos veríamos precisados a concluir que  el Espiritismo y el  Catolicismo terminarían por ser, en el fondo, la misma cosa, puesto que se registran fenómenos en el seno de las corporaciones católicas. En este caso no habría distinción entre Catolicismo, Espiritismo, Africanismo, etc., toda vez que la mediumnidad es común a cualquier individuo, pudiendo ser observada espontáneamente entre católicos, espiritas, mahometanos, etc. No son pocos los sacerdotes, obispos y pastores con mediumnidad positiva; como puede observarse, no es la mera obtención fenoménica una razón suficiente para afincar el juicio que determine lo que realmente sea Espiritismo. Un materialista, aun el más intransigente, está sujeto a ser médium, incluso que por sistema, persista en negar la existencia del alma. Por lo tanto, debemos concluir en que el fenómeno, por sí solo no justifica la opinión, que sustenta mucha gente, en el sentido de que existe un lazo fundamental de afinidad entre Espiritismo y Africanismo. Aun cuando en las religiones fetichistas, transplantadas a Brasil con el tráfico africano, se utilicen médiums -médiums existen en todas partes y no solamente en los ambientes espiritas- y realicen evocaciones de espíritus en sus barracones y ceremonias con el propósito de practicar el bien o "hacer caridad" por decirlo en una expresión muy popular en Brasil, no se hallan trazos comunes entre aquellas religiones y el Espiritismo. De   común   tan   solo   tienen   la manifestación, el trance medianímico y la evocación, efectuados en forma absolutamente distinta a las de la práctica espirita.  Ahora bien: No siendo la manifestación de los espíritus un acto privativo del Espiritismo, puesto que los espíritus se manifiestan en cualquier lugar habiendo médiums para ello, claro está que en buena lógica no debe tenerla designación específica de práctica espirita cualquier experiencia medianímica, realizada al azar, empíricamente, sin relación  con  el Espiritismo, cuyas enseñanzas forman una doctrina filosófica de "consecuencias morales",  como  claramente  expresa su codificador Allan Kardec. El mediumnismo forma parte del Espiritismo pero se impone aclarar que mediumnismo no es Espiritismo; que existe mediumnismo en los cultos africanos es una cosa que no se discute y que en tal base, puede presentarse la tesis de que aun cuando estén apoyadas en la inmortalidad del alma y realicen mediumnismo, las prácticas del Africanismo, a pesar de espiritualistas, no constituyen modalidades del Espiritismo. Toda religión tiene sus formas características, su aspecto exterior, sus fórmulas especiales y la facultad medianímica, que tanto se puede hallar en el Espiritismo como en el Catolicismo o en el Africanismo, no es síntesis de ninguna religión y sí un elemento de labor que se engloba, según los casos, a las solicitaciones de la religión o de la ciencia. El Africanismo tiene ritual organizado, de acuerdo a sus seculares tradiciones, fundado en la creencia de divinidades peculiares a su culto y, en lo que toca al Espiritismo, no adopta ni tiene ritual de ninguna especie, no tiene forma de culto ni adora divinidades. Es una doctrina de base científica, propensa al método experimental, de meditaciones filosóficas muy elevadas, toda vez que trata del destino del alma humana, preparando al hombre para la práctica del Bien, única senda que conduce a Dios. En las sesiones de  "terreiro",   de  barracones,   en los exorcismos, como en todos los actos religiosos, groseros o no, siempre existe materia para estudiar de manera notada en la parte en que la fe o la creencia popular puedan   abastecer   elementos   para indagaciones folklóricas, etnográficas, etc. Pero lo que nunca puede confundirse en sesión espirita, esto es, sesión organizada bajo la orientación de la doctrina espirita, con toda otra sesión de puro mediumnismo, sin otro objetivo a no ser la curiosidad o la satisfacción de personas fascinadas por lo sobrenatural. Pretender que toda sesión en que se registren fenómenos sea una sesión espirita,   equivale  a  suponer  que  el Espiritismo, doctrina vastísima, sobre la que aún no se ha dicho la "última palabra", sea tan  solo  evocación de espíritus. Partiendo de este errado punto de vista es que mucha gente sustenta el criterio de que el Africanismo, por el solo hecho de tener una parte medianímica, es una forma de Espiritismo en estado grosero o inferior. Son, como puede verse, esencialmente distintos, dos cosas harto distintas; antes de la codificación de la doctrina espirita, o sea antes de 1857, año en que apareció en París la primera obra espirita de Allan Kardec ("El Libro de los Espíritus") conteniendo la parte filosófica del Espiritismo, ya se habían radicado en Brasil las creencias de origen africano. El comercio de esclavos, esto es, el tráfico de tan triste memoria en los anales de nuestra civilización, terminó justamente en la mitad del siglo pasado; pero la transmisión de la influencia africana comenzó en los primeros años de la formación de Brasil. Afirma uno de nuestros más afamados historiadores que "los primeros negros llegaron a Brasil entre 1530 y 1540; fueron buscados en África, donde se los tomaban prisioneros o los compraban a los jefes de tribus, los capitanes de barcos negreros, cuyo desgraciado comercio sólo terminó hacia 1850" (Pedro Calmon, "Historia de Bahía", 1927, pág. 34). Aun cuando haya concluido oficialmente en 1850, el tráfico de esclavos no concluyó en la práctica, a pesar de las complicaciones políticas que sucedieron a partir de ese año; por otra parte, mucho antes,  en  1826,  poco después de la Independencia, Brasil firmó un compromiso con Inglaterra, en el sentido de concluir con el tráfico de negros. La ley del 7 de noviembre de 1831, estando el país bajo la Regencia, visto que Pedro I abdicara el 7 de abril de ese año, se ratificó ese compromiso. Dice Veiga Cabral: "Cabe a Inglaterra, que había sido la nación más explotadora del tráfico africano, el más brillante papel en la campaña iniciada para la extinción de ese infame comercio" ("Compendio de Historia de Brasil"]. De hecho, la cuestión del tráfico africano trajo muchas dificultades a los gobiernos de Brasil y de Inglaterra;  la cuestión llegó a tal punto que el imperio británico decretó la llamada ley Aberdeen por la que todos los barcos brasileños que fuesen  hallados con esclavos serían apresados como piratas según la ley inglesa; esta ley fue así llamada en alusión al ministro inglés Aberdeen. Estando en el poder el partido conservador, el gobierno imperial dictó la ley del 4 de septiembre de 1850 aboliendo el tráfico,  es decir,  el transporte  de  esclavos para Brasil, estableciendo rigurosos castigos a los contrabandistas; la ley de 1850 fue refrendada por el Ministro de Justicia Eusebio de Queiroz. A pesar de todo, el tráfico negro, burlando las leyes, produjo
preocupaciones al gobierno brasileño. El gobierno inglés patrulló los mares para que ningún navío trajese esclavos a Brasil y tal situación llegó a constituir una amenaza en las relaciones de ambos países. Antes de la ley de 1888, ya el gobierno imperial expresaba ante el parlamento, por intermedio del Consejero Dantas, Presidente del gabinete ministerial, 6 de junio de 1884, que la cuestión de la esclavitud en Brasil se hallaba de esta forma: Ni retroceder, ni parar ni precipitarse (Manifestaciones de Tavares de Lyray Max Fleiuss "Historia de la Administración de Brasil"). Finalmente, la ley de libertad de vientres (1871) y la de los sexagenarios (1885) allanaron el camino para la extinción total de la esclavitud, el 13 de mayo de 1888, eliminando de la organización social brasileña esta vergonzosa mancha. Mucho debe Brasil al brazo africano, cuyo sudor, con sacrificio y dedicación, regó los cimientos de la prosperidad económica del país; el africano aportó a Brasil los elementos de su cultura, ya muy vieja por ese entonces. Luego vino la mezcla cultural, actualmente más aclarada por las investigaciones de la Sociología. Con el tiempo, en tanto, el culto africano comenzó a desfigurarse, perdiendo modalidades oriundas a consecuencia de la gradual e inevitable influencia del Catolicismo. Se fundieron, pues, tres tipos distintos en la formación de Brasil: Europeo, africano y aborigen; entre los hijos de la tierra, los aborígenes, no existía uniformidad de usos ni costumbres, cosa que no deja de reflejarse en la forma del culto.  Despreciar la influencia de tales elementos en el acervo cultural del pueblo brasileño es desconocer una realidad histórica. Ninguno tentaría -ni incluso ahora- bajo pretexto político ni científico o religioso, defender pretensiones de pureza racial en Brasil, visto que nuestro pueblo es, al igual que tantos otros del viejo y   del   nuevo   mundo,   un   producto heterogéneo. Oliveira Viana, en "Raza y asimilación" refuta críticas que le fueron hechas por haber defendido un punto de vista especial sobre este particular; citamos a Oliveira Viana por tratarse de un estudioso de la Antropología y de la Sociología cuanto por la circunstancia de ser un autor muy discutido en materia racial. Sobre este punto, no podemos dejar de consignar la observación de Euclides da Cunha cuando expresa: "Admitidas las influencias que interpenetran en grados variables tres elementos étnicos, el origen de las razas mestizas en Brasil es un problema que por mucho tiempo desafiará el esfuerzo de los mejores espíritus. Está sólo delineado" ("Los sertóes"; los sertones son lugares alejados, de tierra adentro. N. del T.). El fenómeno etnológico del mestizaje no podía dejar de tener repercusión psíquica y tanto es así que la vida religiosa de Brasil, por más que se insista en expresar que el pueblo brasileño es esencialmente católico, en verdad no tiende para una unidad sino para el sincretismo, para la variedad. Las diferencias psicológicas y lingüísticas observadas    entre    las    principales nucleaciones y divisiones de los aborígenes, tupy, tapuya nu-aruak deben entrar en el bagaje cultural de los primitivos habitantes del  país.   El  elemento  indígena  era inmortalista; tenía, entonces, sus dioses, admitiendo una especie de politeísmo grosero, al grado tal que confiaba a la entidad sagrada los diversos menesteres de su actividad cotidiana: caza, pesca, etc. El general Couto de Magalháes que es, sin duda, uno de los más legítimos pioneros de la humanitaria obra de protección a los indios en Brasil, anotó algunas curiosas divinidades observadas en los cultos indígenas: Guaracy, sol; Cahapora, deidad que protege la caza; Uanyra, protector para los peces,  etc.   (C.  de Magalháes:   "O selvagem"; lo desierto o inculto. N. del T). La palabra Cahapora, de la que también se ocupa José de Alencar en  "Iracema" (caapora) se popularizó en los sertones de Bahía como caipora, que significa, según la creencia de los cazadores, espíritu del matorral, que abate a los perros, esconde la caza, etc.; los cazadores acostumbran dejar humareda a la vera del camino, para la caipora, cuya forma es por ellos descrita con apariencia femenina. El politeísmo del indio brasileño no es en manera alguna una aberración cultural de origen americano toda vez que se halla variedad de dioses en pueblos muy primitivos; el politeísmo griego, como muchos otros tipos de politeísmo, evolucionaron naturalmente para el monoteísmo y el advenimiento del Cristianismo expandió por todas partes la noción de un Dios único. El indio brasileño tenía, en el fondo, la creencia  en  la  inmortalidad,   en  la supervivencia del alma, pero su tendencia religiosa no podía escapar, claro está, a la superstición de los dioses, de los espíritus protectores de la caza y de la pesca, bases de su vida social y económica. Pero es necesario destacar el hecho de que el indio era destituido de idea religiosa; sobre este punto -observa Couto de Magalháes- “era menester acreditar que no tenían idea de Dios". El indio fue muy calumniado y agrega Magalháes: "Para poder matar a los indios como se mata a una fiera peligrosa, para poder tomarles impunemente sus mujeres, robarles sus hijos, criarlos para la esclavitud y no tener con ellos ninguna ley de moral y ni reconocerles derecho alguno, era necesario acreditar que no tenían idea de Dios ni sentimientos morales o de familia. La historia hará, algún día, plena justicia a estas aseveraciones". Y agrega: "De otra parte, los padres jesuitas antiguos que no por ser grandes hombres dejaban de ser, precisamente, hombres, participaban en gran parte de los defectos de sus contemporáneos; en aquellos tiempos, la creencia en el espíritu maligno era tan grande, que Satanás representaba en la vida humana un papel casi tan importante como el del propio Dios" (Couto de Magalháes, obra citada). El africano, a su vez, no trajo unidad cultural; los dos grupos que, al estar a lo manifestado por el profesor Artur Ramos, preponderaban en influencia sobre el elemento negro eran los sudaneses y los bantús y ellos, a su vez, cuando su llegada a Brasil, poseían notables diferencias. Los aportes oriundos de sudaneses y bantús fueron examinados en rigurosos estudios y, con especial desvelo fueron tratados, además de los naturalistas Spixy Martius -citados por el doctor profesor Artur Ramos- por el historiador bahiano Braz do Amaral en "Hechos de la vida de Brasil". En Brasil, por lo tanto, y usando una expresión moderna, "el caldo de cultura" es muy variado; en él convergieron diversas contribuciones, determinando la imposibilidad de mantener su manera original de cualquiera de las religiones implantadas en el país. Afirma a este respecto el profesor Artur Ramos, considerado en la actualidad como una de las mayores autoridades en la materia, que no existe religión en estado puro ("El negro trasueño", edición de 1934). La bibliografía de este reconocido etnólogo ha venido Creciendo mucho en estos últimos años. En Brasil el Africanismo perdió hace mucho tiempo sus primitivos trazos; se ha formado en el país una cultura de fusión y de ahí el sincretismo religioso: Un poco de Catolicismo, un poco de Africanismo y un poco de Espiritismo deteriorado por el misticismo popular. La propensión religiosa del pueblo ha concurrido en mucho para la amalgama de las prácticas espiritas con el ritualismo afro-católico; en los candomblés : Bahía, como en las macumbas de Río, por ejemplo, no hay más Africanismo puro y, sí hay, en cambio, una mezcolanza de elementos tomados al Catolicismo y al Espiritismo.  Pero  es  absolutamente necesario subrayar que el Espiritismo, nombre privativo de la escuela de Allan Kardec, halló en Brasil un ambiente propicio al sincretismo, porque ya existían en el país, mucho antes del siglo pasado, los factores de fusión cultural a que nos hemos referido. El hecho de que el culto afro-católico haya tentado absorber al Espiritismo no significa, ni con mucho, que haya relación entre la práctica espirita y las ceremonias peculiares a las religiones fetichistas, muy diluidas al presente, en los fundamentos de su organización original.  En  "Hábitos africanos en el Brasil", libro muy interesante, sobre todo por su carácter instructivo, dice Manuel Querino que "lo africano es espíritu de naturaleza y, como tal, provoca invocaciones". El profesor Artur Ramos, que hizo el prefacio y acotó el trabajo de Manuel Querino,  corrige  este  punto esclareciendo que "es una afirmación que no puede ser generalizada. Las prácticas espíritas negro-brasileñas fueron resultantes de un sincretismo secundario". El africano, como el indio, era inmortalista, aceptaba la supervivencia del alma y aún hoy estamos viendo, a través de diversas formas de culto afro-católico, la tradición africana afirmando tal creencia. No existe, pues, lo que el eminente profesor Artur Ramos denomina "prácticas espíritas" en el sincretismo afro-católico o afro-brasileño, por la razón de que la práctica espírita no tiene características que puedan, tan siquiera, dar idea de semejanza con los rituales de origen africano. Podemos decir, por otra parte, que la idea religiosa es innata en el africano; pero bien es cierto que su idea religiosa se exterioriza bajo forma de cultos bien variados. Hasta aquí, lo que fue estudiado en este terreno se refiere al "animismo fetichista", al mediumnismo propiamente dicho; en las macumbas, en los terreiros (en los barracones, chozas), en las ceremonias de Oxalá, de Ogun, etc., se constata simplemente lo anímico, el fenómeno psíquico, etc. sin que las pesquisas induzcan a aseverar que las prácticas africanas, de donde deriva el rumbo de "Umbanda", sean por ello Espiritismo grosero  o bajo. Espiritismo es Espiritismo,  tal como Africanismo es Africanismo: Son asuntos bien distintos. El animismo es un capítulo del Espiritismo y, por el mero hecho de habérselo verificado existente  en los fenómenos de animismo en los terreiros, no se infiere de ello que Africanismo sea Espiritismo. Futuramente, a través de las investigaciones sociológicas y folklóricas, ya muy adelantadas en Brasil, por sí sola caerá esta duda, quedando cada asunto en su lugar: El Africanismo será estudiado a la luz de sus propios elementos de cultura, en la  actualidad  muy mezclados,  y el Espiritismo será estudiado como ciencia, en mérito a sus propios principios, en la ruta filosófica en que se sitúa a su doctrina. En Brasil los estudios de africanología son relativamente  nuevos;  gracias a los elogiables esfuerzos del Profesor Artur Ramos, que no ha hecho solamente trabajo de compilación sino que, por lo contrario, ha procurado tomar contacto con las fuentes generales, ya se conoce bastante en materia de cultura africana; antes de él, poco había de profundo en este sentido. El ilustre científico, a quien Brasil ya debe tan señalados servicios, además de una prudente y noble campaña contra el absurdo preconcepto de la inferioridad del elemento negro, estudió el fenómeno psíquico, o mediumnismo, o trance medianímico, aspectos comunes al Espiritismo y al Africanismo. Pero la doctrina espírita va más allá de esos puntos de orientación. El Espiritismo comporta un estudio aparte. El campo aún se halla poco explorado. Quien inició pesquisas científicas en el terreno de las religiones africanas en Brasil ha sido Raimundo Nina Rodrigues, cuyo nombre es una gloria de la que Brasil justamente se ufana. Comenzó, el recordado maestro, en Bahía, en la que dictaba la cátedra de Medicina legal. Natural de Maranháo, pero educado en Bahía, Nina Rodrigues halló elementos valiosos para sus notables trabajos; su infatigable continuador, Artur Ramos, aportó nuevas contribuciones. Vamos en busca del esclarecimiento de un punto importante: Africanismo no es Espiritismo.


domingo, 22 de marzo de 2020




 ESTAMOS SUBIENDO EN FORMA DE ENTRADAS A NUESTRO BLOG EL LIBRO AFRICANISMO Y EPIRITISMO, DEL AFAMADO ESCRITOR Y TEÓRICO ESPÍRITA DEOLINDO AMORIM, ASÍ COMO UNA INTRODUCCIÓN AL MISMO DE PARTE DE NUESTRO QUERIDO JOSÉ ARROYO, DIRECTOR DE LA ESCUELA ESPÍRITA ALLAN KARDEC, RADICADA EN SAN JUAN, PUERTO RICO.

AFRICANISMO Y ESPIRITISMO
POR: DEOLINDO AMORIM

ÍNDICE

Página
Preámbulo 4
Capítulo I: Mediumnismo no es Espiritismo 6
Capítulo II: El Espiritismo no es fetichista 11
Capítulo III: El Espiritismo no tiene culto material 18

2

Nota de la Escuela Espírita Allan Kardec.
Recomendamos la lectura de este trabajo como base para comenzar a diferenciar el
Espiritismo de las creencias religiosas de algunos pueblos africanos que llegaron a
Puerto Rico durante el vergonzoso periodo de esclavitud.
Sin embargo, la presencia y ostentación pública de estas creencias se recrudecieron
con la llegada de la diáspora cubana a mediados del pasado Siglo XX. Al practicarse
comúnmente y popularmente en la hermana isla de Cuba, muchos sacerdotes o
“Babalaos” que llegaron a nuestra isla pudieron ejercer abierta y oficialmente sus
rituales, al estar protegidos por los derechos constitucionales que garantizan la libertad
de culto.
Cabe aclarar, sin embargo, que este trabajo no es una apología a la confusión que
yace en el prejuicio e ignorancia de la mayoría de los puertorriqueños sobre lo que es
y no es el Espiritismo. Por el contrario, el autor busca evidenciar, de una forma
resumida, el cómo los cultos y prácticas africanistas no están relacionadas en absoluto
con el Espiritismo.
Para ayudar al lector en la comprensión del contexto en que fue escrito este libro, hay
que conocer el trasfondo. El autor es brasileño, y en Brasil, como en el Caribe, el
sincretismo afrocatólico fue el resultante de la imposición del cristianismo sobre los
esclavos forzados al trabajo en nuestras haciendas. Lo que el autor presenta como
Umbanda es muy similar a lo que en Puerto Rico se conoce como santería. Para
facilitar la comprensión del texto, recomendamos que el lector haga la sustitución de
un término por el otro al leerlo.
Confiamos en que esta pequeña obra le ayude en la clarificación de dudas y puntos
básicos. Una vez comprendida las diferencias, se puede ahondar en el estudio y
comprensión de lo que es el Espiritismo y lo que éste presenta y representa en la vida
de millares de personas.

3

PREÁMBULO
Es con intensa satisfacción que, accediendo gustoso a la invitación de Deolindo Amorim, intentaremos
decir algo a modo de prefacio acerca de su interesante y exhaustivo trabajo "Africanismo y Espiritismo",
que fuera oportunamente publicado en la revista "Estudios Psíquicos", de Lisboa y ahora compaginado
por "Gráfica Mundo Espirita, S.A.", en un esfuerzo loable de divulgación doctrinaria y cultural.
Periodista ilustrado y estudioso, de aptitudes sinceras y honestas a carta cabal, Deolindo
Amorim, además de ser miembro de la Sociedad Brasileña de Filosofía, Director de la Liga Espirita
do Brasil, etc. es un adepto capacitado de su misión social, un escritor al servicio de una ideología superior,
que se viene destacando entre los divulgadores en actividad por su dinamismo y labor en los
medios espiritistas. Cuando hablamos de Espiritismo, el lector debe entender que nos
referimos a la codificación científica, filosófica y moral de Allan Kardec ("El Libro de los Espíritus", 14a
edición,
1866, Conclusión VII, Págs. 459 y 460) -la única con el privilegio de ostentar semejante título-que el Maestro
expone en una serie de obras notables, editadas en Francia, en el período comprendido entre 1857 y
1869, y no a ese conglomerado híbrido y de rituales confusos en que preponderan el fetichismo de los
salvajes y las aberraciones del mediumnismo desviado y, por decirlo en una palabra, ese carnaval
de Umbanda, difundido y practicado por ahí bajo el rótulo de esa luminosa codificación espiritualista.
Es con inmensa satisfacción, repetimos, que trazamos algunas frases iniciales en las
páginas de esta monografía realizada con el propósito esencial de orientar a las masas, páginas
merecedoras de nuestro aplauso porque, además de contener enseñanzas sustanciosas,
expresadas en una forma simple y clara, aunque circunscritas a los aspectos histórico y psicológico
del problema, no deja de ser la consecuencia de nuestra campaña profiláctica realizada en
"Vanguardia" (Escribimos sobre esta cuestión los siguientes artículos: Umbandismo no es
Espiritismo; El Espiritismo y sus deformaciones; En el Umbandismo, ni la forma es provechosa;
Confusos y confusiones; Reacción saludable, y, Rectificando) cuando -hace tiempo- hicimos notar las
desfiguraciones del Espiritismo y las ridiculeces realizadas en su nombre por acólitos de la mitología, de la
idolatría y de ritos africanos; páginas, en fin, de protesta de una mente clara, inaccesible a los caprichos de
la falsa tolerancia y de las transigencias inconfesables contra el imperdonable error de pretender

identificar al kardecismo –la escuela más perfecta y completa surgida en el seno del movimiento neo-
espiritualista-con las religiones primitivas del continente negro traídas a América, en tiempos de

esclavitud y aquí desfiguradas por infiltraciones de diversos sectores. Campaña
inspirada, por otra parte, en estos sabios consejos del eminente Codificador:
" . . . La doctrina no es ambigua en ninguna de sus partes; es clara, precisa, categórica
hasta en sus mínimas particularidades y solamente la ignorancia y la mala fe pueden
equivocarse acerca de lo que ella aprueba o condena. Es, entonces, deber de todo espirita sincero
repudiar y condenar francamente, en su nombre, toda suerte de abusos que pudieran
comprometerla, con el fin de que se la responsabilice de ellos, puesto que transigir con los abusos es
complicarse con los mismos y brindar armas a nuestros adversarios" ("Revue Spirite", 1865, pág. 191
"Nueva táctica de los adversarios del Espiritismo").
A causa de ello, algunos trasnochadores, simpáticos al umbandismo, aparecieron
con sus artículos acusándonos de intolerante y derrotista. De otra parte, viene muy a propósito y es de
indiscutible merecimiento esta publicación en el momento actual, toda vez que si bien es
natural y disculpable que las teorías de la ciencia espirita no sean del todo comprendidas
por los profanos, no ocurre lo mismo con los prosélitos juiciosos y los divulgadores en general, a
quienes compete conocerlas cabalmente y transmitirlas a la masa en toda su pureza, esto es, tal
como estos conocimientos se hallan contenidos en sus obras básicas. En tanto, ¿qué es lo que
nos depara, qué nos ofrece el momento actual? Personas ignorantes, carentes de condiciones
pontifican en los núcleos de estudios y de experimentación, fortaleciendo a los enemigos sistemáticos
de la doctrina con esas armas aludidas por el Maestro Kardec y lanzando el ridículo y el descrédito para
la filosofía destinada a ejercer preponderante influencia en el mejoramiento moral e intelectual
de la humanidad.

4

En mérito a esta circunstancia es que los centros descendieron tan bajo en el concepto de
las autoridades de la capital de la República, al punto que su inscripción se efectuaba en la sección
de tóxicos y mixtificaciones de la Policía Central. Espiritas de verdad y de valer y
"macumbeiros" eran de hecho registrados en un mismo plano de ignominia y menosprecio.
Aumentó la desorientación y bien pronto se hicieron notar sus efectos palpables, tanto en los
medios humildes como en las altas esferas, al punto dado que una cierta calificada
institución tradicional, que se erigió en orientadora del movimiento en nuestra patria, en lugar de
prevenir al público contra el ataque de los explotadores y de vigilar por la intangibilidad del patrimonio
doctrinario, tuvo la debilidad de incluir, al lado de las entidades adheridas, una nómina complementaria
en la que, bajo el rubro de coligadas, incorporó a los cubiles umbandistas, disfrazados de
agremiaciones espiritas, con su contenido de locuras y absurdos y ello, al decir de los sectarios para
justificarse, objetivamente la posibilidad de convertir a tal gente hacia ideas más sensatas y hacerlas
abandonar los sistemas extravagantes que es común utilizar en la práctica de la caridad
medianímica, basados en viejas y ridículas supersticiones.
Con este procedimiento "sui-géneris" de emparejar divergencias o, por decirlo mejor, de
mezclar ajos con "bugalla" (en el original se presta para un juego de palabras: "alhos com bugalhos"; la
bugalla es la agalla del roble, que sirve para tinturas. (N. del T.), y con ello, los doctos no han logrado otra
cosa que infundir más vitalidad a los cuchitriles de los discípulos del Padre Juan, el apóstol de la magia
negra y oficializar, bajo ardides ingeniosos, los barracones, las cabañas y las tiendas fetichistas con
sus batallones de espíritus atrasadísimos, indígenas y africanos, que tantos y tan grandes estragos
han ocasionado al progreso de nuestros ideales en Río de Janeiro y otros lugares de Brasil.
Es preciso desconocer la lamentable crisis psicológica o de fascinación obsesiva en que se
debaten los "padres de santos" y sus fanáticos acólitos para considerar seriamente tan inadecuada
iniciativa; es, en verdad, una triste y dolorosa verdad. Pero, preguntarán los lectores curiosos, ¿no es
posible diferenciar al Espiritismo de esas sectas afro-católicas, de manera que resalte en forma simple y
al alcance de cualquier persona alfabeta sus diferencias y sus enormes incompatibilidades? A
nuestro modo de ver, es la cosa más fácil del mundo; basta consultar la doctrina kardecista, pues ella
bríndala noción exacta y les dirá que solamente eluden la confrontación y, más aún, alimentan
dudas al respecto, quienes no se toman el trabajo de estudiar la doctrina o aquellas otras que, de hecho
o por tendencias mórbidas o ancestrales, se quedan satisfechas o se gozan en permanecer en los
estratos oscuros del psiquismo bajo. Finalmente, el trabajo que los lectores van a saborear
seguidamente es de los que se recomiendan por sí solos, releva de los juicios encomiásticos y ha
de lograr, sin duda, abrir los ojos a los ciegos y alumbrará a las mentes adormecidas, sin pretensiones y
sin dogmatismos. Nos congratulamos con el autor por el gran servicio prestado a las letras espiritas con
su "Africanismo y Espiritismo" y formulamos votos para que este estudio analítico rinda los mejores
frutos, tal como postula la parábola evangélica de la semilla caída en tierra fecunda. Ojalá que
los extraviados por falsos profetas hallen el sendero del verdadero conocimiento espiritual, que los
errados se miren en este espejo y avalen las graves consecuencias de su actitud repulsiva y que los
corifeos, barnizados de cultura y de buena voluntad, también colaboren con Deolindo Amorim en su
elevado propósito de extirpar el yuyo y la gramilla que manos inhábiles colocaron en la simiente, manos
hábilmente dirigidas por los incansables adversarios invisibles de la doctrina impoluta y salvadora que
codificara Kardec.
LIPMANN TESCH DE OLIVER

                                                                         JOSÉ ARROYO

Momentos de Pandemia


Habiendo reencarnado en los años 70’ del pasado siglo 20, recuerdo claramente algunas de las amenazas y los miedos generalizados o colectivos. Presencié el murmullo, siempre presente, de la amenaza nuclear. Ese que habían vivido mis padres. También, hablando con mi abuela y hasta algunas veces con mi bisabuelo, sus miedos colectivos, giraban en torno a la enfermedad y el hambre. Claro, en el caso de ellos esto era producto de sus vivencias y su tiempo.
Recordando los años 80 y 90s, tengo muy claro los rumores de guerra con Rusia, la amenaza de una 3era Guerra Mundial, las predicciones de Nostradamus y el “fin de los tiempos” pregonado por cuanto pastor, ministro y cura había frente a un micrófono. No podían faltar las “predicciones marianas” o los testigos de Jehová diciéndonos, aunque ya cambiaron el discurso, que en cualquier momento se encendía el Armagedón y que el fin era inminente. Ah, y cómo olvidar la catástrofe financiera y electrónica que vendría con el Y2K, el “fin del milenio”, el Hercólubus y las profecías mayas. Quienes lean esto y no sepan a qué me refiero, por favor hagan una búsqueda y ríanse un rato.
¡Qué mucha tontería nos sacude! Realmente el miedo moldea los caracteres, hace manipulables a las personas y nos lleva a olvidarnos de nuestra grandeza espiritual, dándole paso a reacciones talámicas, básicas y elementales de pura supervivencia biológica. ¡Qué mucho nos falta, colectivamente, por aprender a superar esa herencia! ¿Pero saben qué? Como espiritista, siempre tengo esperanza.
Hoy, mientras estamos reaccionando a un virus, a un “algo”, que no es ni un ser vivo ni una cosa inanimada, porque cae en esa categoría biológica de ser los dos a la vez, hay mucho que pensar. El miedo continúa encontrando eco porque, claro está, el progreso es lento, aunque firme. Ya no nos estamos paralizando y quedando de brazos cruzados mirando el cielo a ver qué viene o qué pasa. Desde los hospitales, las clínicas y los diferentes centros de salud han salido instrucciones específicas sobre lo que se debe y no se debe hacer. Sobre lo que nos ayudará, como colectivo, a superar esta crisis. No fue de las sinagogas, de los templos, de las mezquitas, de las iglesias, de los bosques ni de las cuevas, fue de los “templos” del saber, del investigar y del servir. Hoy vamos cobrando conciencia de muchas cosas, que generaría una lista interminable, pero entre ellas está la importancia de las mujeres y hombres que se dedican a la salud.
Todos los demás, que tenemos importancia también en nuestras sociedades y familias, hoy miramos atentamente lo que estas personas conocedoras, ilustradas y atentas tienen que decir. Sin embargo, mientras la crisis se atiende de manera salubrista, ¿Qué está pasando con nuestra calidad de vida síquica, emocional, espiritual? ¿Si no todos compartimos la esperanza de saber que somos inmortales y que lo que se enferma, padece o perece es apenas nuestra envoltura, qué podemos compartir los que sí lo sabemos? ¿Acaso no será esta otra responsabilidad social que no hemos internalizado? Me refiero a la responsabilidad de ser fuentes de calma, serenos ante la tempestad, firmes en la sacudida y ejemplos en la adversidad.
Es triste que algunos espíritas, debido a que no han decidido desembarazarse de los atavismos judeocristianos, vean estos momentos de crisis como si la espiritualidad estuviese dándonos lo que nos merecemos. Como si los individuos afectados directamente, considerando que todos nos afectamos de una manera o de otra, fuesen los responsables de su calamidad. Eso es una visión cruel, insensible y poco empática, que se sostiene sobre una perspectiva de que sufriendo y padeciendo es que espiritualmente se alcanza algún mérito. Es la vieja retórica de lo que llamo la tetra combinación del terror: pecado-culpa-castigo-salvación. Un día se darán cuenta de cuán equivocados estaban, esa es una de mis esperanzas.
Entonces, ¿qué está pasando? Ya que otros nos han solicitado una opinión espírita, libre de esos atavismos de las religiones y creencias ultrapasadas ¿qué podemos decir? ¿Cómo podemos proveer algunas palabras que ayuden a comprender y entender este y otros momentos por venir?
Bueno, comenzaré con un segmento de una interesante y oportuna cita de Kardec, en el libro La Génesis: “…Las renovaciones rápidas, casi instantáneas, que se producen en el elemento espiritual de la población a consecuencia de los flagelos destructores, aceleran el progreso social; si no fuera por las emigraciones e inmigraciones que de tiempo en tiempo vienen a darle un impulso violento, ese progreso sólo se realizaría con extrema lentitud. Es de notar que las grandes calamidades que diezman a las poblaciones están seguidas invariablemente por una era de progreso en el orden físico, intelectual o moral y, por consiguiente, en el estado social de las naciones en las que estas se verifican. Eso se debe a que tienen por finalidad producir una transformación en la población espiritual, que es la población normal y activa del globo. …”
Kardec claramente se enfoca en el resultado de los eventos donde grandes parcelas de individuos desencarnan. Entre dichos resultados se encuentran, indubitablemente, una serie de efectos que nos llevan a progresar. Las personas más conscientes de esto rápidamente identificarán algunos factores de progreso que se derivan de este tipo de experiencias: visibilidad de los afectados, denuncias de manejos inadecuados o insuficientes, exigencias de mejores prestaciones y servicios, investigación en torno a prevención y cura, aumentar el afecto y la atención por los vulnerables y muchísimos más. Hay progreso en todos los órdenes, solo nos toca identificarlo y reconocerlo.
Este tipo de eventos, el de medidas restrictivas y reaccionarias a una situación pandémica, se dan como el punto de exceso al que hemos llegado, como humanidad, donde se sacuden nuestras economías, organizaciones y estándares para que reevaluemos la convivencia, el respeto a los recursos y nos reenfoquemos en lo que es importante, amar y ser amados en todas sus manifestaciones.
La pandemia del coronavirus es otro evento, de muchos, que han sucedido y de los que ocurrirán, hasta tanto tomemos otros rumbos colectivos. Todo se trata de aprendizaje, no de perpetuar la visión punitiva, flagelante y castrante que hemos heredado de la tradición judeocristiana.
Es hora de que, como espíritas, continuemos mirando la vida como lo que es: un continuo que se desdobla entre dos realidades, la física y la extrafísica. De esta manera podemos apreciar cada situación, cada reto, cada piedra en el camino como que nos ayudan a desarrollar las habilidades necesarias para servir más eficientemente a una humanidad que nos necesita. Si vemos la vida como un continuo, no nos paralizamos en el momento, en el inmediatismo, sin considerar las consecuencias o repercusiones de nuestras acciones e inacciones.
Neutralicemos la ignorancia y el miedo con la información y la formación. Démosle un propósito noble a nuestros días, aunque estemos entre cuatro paredes. En realidad, no hay tiempo perdido, porque hasta quien no hace algo lo está consumiendo en su inercia. Seamos parte del engranaje en el motor de una nueva conciencia. Seamos parte de los que aceptamos que hay momentos de dolor, de tristeza, de angustias, pero que no tienen que paralizarnos, porque a diferencia de esos flagelos pasajeros nosotros somos infinitos, sempiternos, inmortales, permanentes.

TOMADO DE https://www.educacionespirita.com/post/momentos-de-pandemia?utm_campaign=1fbb3b25-5a4a-4e31-a6d3-9e9022bd23b2&utm_source=so&utm_medium=mail&cid=72f6709a-bcb6-42c8-91b3-430db4b3cf51

martes, 10 de marzo de 2020

Espiritismo fuera de la Escuela, Centro o Instituto Espírita

Consideramos importante empezar este artículo con la siguiente aclaración: Allan Kardec publicó sobre sobre 20 obras, las cuales constituyen, a nuestro entender, las bases de la filosofía espiritista. Reducir la voluminosa obra kardeciana a una cuarta parte de esto, indicando que sólo hay 5 obras "principales" es una sobre simplificación y hasta un menosprecio al titánico trabajo que realizó el fundador del Espiritismo.

Dentro de esas interesantísimas obras, existe una, de las menos citadas o hasta desconocidas por muchos espíritas: "El Espiritismo en su más simple expresión". En este pequeño panfleto, hay unos señalamientos sumamente interesantes, como los del inciso 35 y 36. Estos son: "El fin esencial del Espiritismo es el mejoramiento de los hombres. En él no ha de buscarse mas que lo que puede favorecer el progreso moral e intelectual" seguido por "El verdadero Espiritista no es aquel que cree en las manifestaciones, sino el que se aprovecha de la enseñanza dada por los Espíritus. De nada sirve creer, si la creencia no hace dar un paso más en el camino del progreso, y si no nos hace mejores para con el prójimo".

A pesar de la sencillez y lo directo de esas citas, algunas personas no comprenden que el Espiritismo nos invita a la acción intrínseca y extrínseca. Internamente, deben operarse cambios, modificaciones, reformas, en la medida en que el individuo analiza, reflexiona, recapacita, se va conociendo y comprendiendo su naturaleza, su pasado, su presente y su porvenir, utilizando como base el paradigma humanista-espírita. Todo este proceso de autorrealización debe venir, inexorablemente, acompañado de ajustes en actitudes, en palabras, en obras, en manifestaciones externas que demuestran la congruencia entre lo pensado y lo vivido. Es decir, si queremos ser consistentes entre el pensar que mejoramos, que estamos cultivando nuestra felicidad y vivimos en la alegría del progreso, eso no puede quedarse callado, reservado y disimulado como un logro atesorado y guardado en el sótano de la intimidad. Son necesarias las acciones, los esfuerzos activos que nos demostrarán, primero a nosotros y luego a quienes nos rodean, que estamos pasando por etapas de crecimiento intelecto - moral, que no son para almacenarlos, sino para dinamizarlos en nuestro entorno. Las modificaciones en nuestros patrones de pensamiento no deben escapar a su concreción en el mundo que nos rodea: parejas, familia, vecindario, comunidad, país, región y el mundo.

Si como colectivo, ahora refiriéndome a un núcleo espírita, no recordamos constantemente que el Espiritismo se debe convertir en una filosofía de vida, no solo de especulación espiritualista, entonces le hacemos un flaco servicio a la divulgación espírita y a nuestras propias conciencias. No nos referimos a convertir, necesariamente, el núcleo espírita en una asociación de beneficencia o asistencialista. Aunque eso tiene sus méritos, ese no es el rol principal de un núcleo espírita. Pero sí, dicho núcleo, compuesto por encarnados y desencarnados, debe proyectarse socialmente, comenzando por las ya mencionadas fases de modificación interna, hasta las más diversas manifestaciones de solidaridad y fraternidad. En un mismo núcleo, como sucede siempre, encontraremos personas afines a ciertas dinámicas e ideas que procuran el progreso general. Siendo una de ellas, entre las miles de causas que podemos abrazar, la defensa y vigilancia por el respeto de los derechos humanos. Todo lo demás que nos interesa, individual o colectivamente, se deriva de esto o resonará entre estos derechos.

¿Por qué somos activistas por los derechos humanos en la Escuela Espírita Allan Kardec? ¿Por qué marchamos o nos mantenemos alerta y somos vocales ante temas como la pena de muerte, los derechos de las personas LGBTTIQ, el feminismo, la salud, la inclusión, la educación, la equidad y tantos otros? Porque, para nosotros, Espiritismo no es contemplación ni un grupo de ideas para una espiritualidad de quietud, inacción e inercia. Los derechos humanos y el Espiritismo buscan exactamente lo mismo, el mejoramiento de la humanidad, propiciando condiciones donde tal mejoramiento, tal progreso, sea realizable y alcanzable para toda persona. Sin excepciones, sin miramientos, sin condiciones, sin privilegios.

Algunos individuos se acercan a nuestros grupos caminando y explorando con nociones espiritualistas que no necesariamente responden a los moldes religiosos o tradicionales. Hemos sabido tener entre nuestros estudiantes, ya que nos especializamos en la educación espírita, a personas de muchos y muy diferentes formas de contemplar la vida y al ser humanos. Algunos se incomodan porque esperan encontrar en nosotros otro grupo más de meditación, de contemplación, de mediumnismo asistencialista o de adivinación a lo necromántico. Otros esperan una sesión con médiums que traigan "de lo alto" palabras ensalzadas de poesía que no les requiera nada más. No. Eso no es lo que el Espiritismo nos ofrece, ni es lo que nosotros como espiritistas debemos procurar.

Quedarnos callados, contemplativos, silentes y ajenos a una injusticia nos hace cómplices. Pensar que "la espiritualidad, o los ángeles, o el karma, o la vida, o la divinidad, o la madre tierra" o alguna otra cosa se encargará de corregir a quien abusa, de señalar a quien atropella o de proveer condiciones a quien sufre de carencias no es parte de la filosofía espírita. Eso pertenece a otras formas de pensamiento y a una multiplicidad de modas pasajeras que generan un placebo, un bienestar temporero y pasajero, donde el individuo no sabe qué hacer ni de dónde agarrarse, cuando las crisis llegan. A esas personas les agradecemos que nos hayan dado la oportunidad de tocar sus conciencias, aunque se hayan alejado debido a esto mismo, a que se hace un llamada constante, consistente y real a convertir en gestos lo que pregonamos. Confiamos en que, en su debido momento, sea en esta vida o en otras, esas semillas que hemos sembrado germinarán, reflejándose en una nueva oleada de Espíritus comprometidos con la búsqueda del bien para todos, no solamente para sí.

En cierta oportunidad, como reacción a una serie de eventos que nos sacudieron profundamente, expresé en un foro virtual: “¿De verdad alguien puede decirse 'soy bien espiritual' cuando...?
* A su alrededor se cometen injusticias sociales, pero calla, porque está 'meditando'.
* Frente a esa persona se laceran sensibilidades, se menosprecia a la niñez, se ignora a la vejez y se desconecta de todo, porque está 'orando'.
* No participa de una opinión ética, no defiende al marginado que tiene al frente, porque está alabando a 'Dios'.
* No se inmiscuye en cosas de la comunidad, ni recicla, reduce o reutiliza, porque 'el Universo todo lo equilibra'.
Disculpen, pero como Espiritista me es muy difícil entender una espiritualidad inactiva, contemplativa, permisiva e irresponsable.
A lo mejor otros piensen así, no sé...”

El amigo y divulgador espírita internacional Jon Aizpúrua leyó nuestras palabras y reaccionó añadiendo: “Muy de acuerdo con la reflexión del compañero José Arroyo.
Con Kardec y Denis, con Amalia y Navarro Murillo, con Mariño y Porteiro, con Amorim y Pires, con Grossvater y Barboza, con Matienzo y Colón, aprendimos que el Espiritismo nos convoca a ejercer una espiritualidad activa, responsable, que coloca al espírita del lado de los desheredados de la fortuna -frase feliz de Kardec- y a señalar las injusticias sociales y las inequidades, y a sensibilizarse y solidarizarse con los que sufren.
Ahora bien, eso también ha de incluir una posición coherente en la denuncia de los regímenes dictatoriales de cualquier signo y de los totalitarismos, que violan los más elementales derechos humanos, que llevan a los países a la miseria y la ruina, y causan masivas migraciones de millones de personas que huyen espantadas y procuran sobrevivir.
Todos esos ítems y muchos más, de orden moral y social, tienen que ver con el concepto de espiritualidad activa, que oportunamente ha recordado nuestro amigo puertorriqueño”.

Tal vez estas palabras le lleguen a alguien que buscaba en el Espiritismo algo distinto a lo expuesto. No pretendemos que toda persona piense como nosotros. Lo que sí pedimos, aspiramos y esperamos es que otros no estorben el camino de los que sabemos que un mundo mejor se logra marchando y haciendo, no sólo especulando y hablando bonito. A todas las personas que creen que una sociedad mejor es posible y que un mundo mejor lo construimos mediante el verbo junto a la acción, les invito a que compartan este mensaje y se unan a nuestras actividades.
Menos pasividad, menos indiferencia, menos inercia y más “medita-acción” así como más “ora-acción”, eso es lo que espiritualmente se espera de todo individuo.