Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.
jueves, 26 de marzo de 2020
DEOLINDO AMORIM
AFRICANISMO Y ESPIRITISMO
AUTOR: DEOLINDO AMORIM
CAPÍTULO III EL ESPIRITISMO NO TIENE CULTO MATERIAL
Los cultos de origen africano, como se sabe, son fetichistas; habiendo, por tanto, la palabra "fetiche", del francés, tomado sentido popular en Brasil, principalmente en Bahía, donde el uso general consagró la forma portuguesa feitiҫo (hechizo), se hace imprescindible señalar una alteración interesante, para clarificar el asunto. Se entiende por fetichismo, según la etimología, el culto de los fetiches, esto es, la creencia en el poder de objetos naturales o artificiales. Pero el vocablo feitiҫo es empleado, entre nosotros, en la acepción vulgar de hacer mal a alguien por medio de objetos de uso, piezas de vestir, platos de comida, etc. La fuerza del uso llegó a crear el verbo enfeitiҫar, significando, justamente, transmitir influencias, impregnar a alguien de hechizo (feitiҫo) y sinónimo de hechizo, en el vocabulario popular de Bahía es urucubaca, que significa estar con desgracia, estar bajo influencia ruinosa; en el lenguaje carioca (de Río de Janeiro) ya no se utiliza el vocablo urucubaca; porque cuando se dice tirar el peso (de pesar, desgracia) ir a "macumba" para descargar el peso, lo que está implícito en esta expresión de astucia es lo mismo, exactamente, que tirar a urucubaca conforme a las costumbres bahianas. Son, como puede observarse, dichos equivalentes en su significación. La literatura moderna reclutó, contra la voluntad de los puristas de la lengua, muchos términos de malicia, incluyéndolos en el lenguaje corriente. Conviene notar que, a pesar de la elasticidad que se le dio al término hechizo, el verbo hechizar (enfeitiҫar) no es usado en la forma reflexiva, dando idea, por lo tanto, de acción que el individuo recibe, de fuerza que viene de afuera: Ninguno se hechiza pero alguien es hechizado. Nótese, pues, que fetiche adquirió forma, figura, talla más popular en Brasil, adaptándose de tal manera al ambiente que su correspondiente en portugués (feitiҫo) ya se desligó, en gran parte, de la acepción cultural y religiosa en que debiera ser utilizado. Poca gente dice feitiҫo en alusión a cultura negra o acerca de las formas de culto oriundas de África, pero sí, generalmente, en el sentido de maleficio, de "macumba", de hechicería. Se volcó, pues, la designación primitiva de feiticeiro (hechicero) conque eran tratados, en sentido peyorativo, los curadores y médiums, sin excluir al propio Jesús cuando hacía sus curas por simple imposición de manos. Pero, así, y todo, es necesario distinguir otro punto: Hechicero (feiticeiro) ordinariamente, tal como se expresa en Bahía, que fue uno de los centros de concentración de la cultura africana, no es, en rigor, el que cura, el que hace el bien y sí es el individuo que trabaja para el mal, destruyendo amistades, deshaciendo hogares, desorganizando la situación económica de alguien o arreglando dolencias, produciendo males que, en ocasiones, llegan a producir la muerte, según la creencia popular. Frente a este fenómeno lingüístico, que determina la alteración del verdadero significado de ciertas palabras, tenemos que considerar, contra las propias razones de índole etimológica, alguna diferencia entre hechizo, en el sentido popular con que es usado en Brasil y la propia palabra que le dio origen: fetiche. La literatura folklórica, que ya es abundante, señala que ciertos vocablos pierden bajo la acción deletérea del tiempo el sentido primitivo, adaptándose a las ideas y cosas que el pueblo les atribuye; en asuntos de cultura negra, por ejemplo, podríamos recurrir al autor anteriormente citado, toda vez que ha sido uno de los primeros en cumplir estudios especializados del elemento africano bajo el punto de vista exclusivamente folklórico: (Prof. Artur Ramos: "El folklore negro en Brasil"). El lenguaje del pueblo consigue forzar el sentido de muchas palabras; lo que sucede con "hechizo" también se verifica en relación al empleo de muchas otras palabras que entraron en el acervo de nuestro folklore, ligadas a leyendas y supersticiones seculares, cuidadosamente anotado por el célebre folklorista brasileño Cámara Cascudo ("Antología del folklore brasileño").
Pasemos, después de estas elementales explicaciones sobre hechizo y sus derivados, al carácter fetichista de las religiones africanas introducidas en Brasil, para que podamos verificar la ausencia de toda relación entre esas religiones y el Espiritismo. Se engañó el Padre Etienne Brasil cuando dijo que "el moderno culto del Espiritismo no pasa de ser una forma del más genuino y grotesco fetichismo". Sobre este punto, hasta el propio Artur Ramos, que realizó estudios modernos y no concordó con el Padre Etienne Brasil en diversas observaciones sobre las religiones negras, cayó en el mismo equívoco, naturalmente por no tener elementos para distinguir la práctica espÍrita, que surge del método y la orientación dados por Allan Kardec, de las prácticas afro-católicas, cada vez más difundidas en Brasil. Es así como, por ejemplo, el doctor Ramos, afirma: Todas las formas elevadas o degradadas del Espiritismo derivan de la magia evocatoria" ("El negro brasileño", 1a. edición, pág. 129). Ya fue dicho en el primer capítulo que, aun cuando se hagan evocaciones, tanto en las prácticas de Espiritismo como en los terreiros del culto umbandista, nada tiene que ver la doctrina espírita con el mencionado culto. El Espiritismo tiene principios, tiene su organización doctrinaria en la codificación kardecista; las manifestaciones fetichistas no se circunscriben al terreno puramente religioso porque, en determinados casos, producen excitación especial.
Los estudios de Freud y de Binet, que se detuvieron mucho tiempo en el aspecto sexual de algunas formas groseras de fetichismo, hicieron investigaciones interesantes que nos permiten, ahora, a la luz de nuevos procesos de examen, considerar que el fetichismo está sujeto, como ocurre con todos los cultos primitivos, a transformaciones, a evolución, bien por adaptación cultural, bien por influencia de otras corrientes. En Brasil, el fetichismo no se diluyó pero sí se modificó en diversos aspectos; muchos estudiosos no captan un hecho de suma importancia: las religiones africanas se inclinan hacia el Catolicismo y no hacia el Espiritismo. La organización yoruba tiene muchos puntos de semejanza con el Catolicismo y ya está, por así decirlo, probado que la religión yoruba ejerció, sobre todo en Bahía, preponderancia sobre las otras religiones africanas. La influencia de la cultura negra se hizo sentir de manera más pronunciada en la región nordeste, justamente porque el contingente yoruba trajo recursos naturales evidentemente más adelantados. "Es que -en la opinión del profesor Artur Ramos- la cultura yoruba, por ser más adelantada con respecto a las otras, acabó absorbiendo a estas últimas y les impuso sus trazos dominantes" ("Los culturas negras en el Nuevo Mundo"). En el sur del país, sin embargo, la influencia africana entró por mediación de los pueblos del Plata y en dichos países no se dio la infiltración yoruba, toda vez que allí preponderó la cultura de los Congos, mucho menos desarrollada que la de los yorubas; en América del Sur, como en la Central, las religiones africanas perdieron bien pronto sus líneas primitivas porque se mezclaron con el Catolicismo y con el elemento indígena de algunos países. Donde el elemento africano, en cambio, se conservó por mucho tiempo en su estado original fue en las Guyanas; de ahí que el mismo autor afirma que "las culturas negras de la selva, en las Guyanas, permanecen inmunes al contacto blanco". Pero la cultura más grande entre los negros de las Guyanas no es la yoruba sino la fanti-ashanti, oriunda de la Costa de Oro, aún cuando en ella se constatan ciertos vestigios de la rama yoruba y de la influencia bantú. Hasta cierto punto se explica el estado de aislamiento en que se mantuvieron los africanos radicados en las Guyanas, en virtud de la situación especial de aquella región, como así de la mayor parte del Orinoco, donde sus primitivos habitantes eran astrólatras, constituyendo, se supone, un grupo cultural aparte. A este respecto, uno de los más grandes etnólogos brasileños y al mismo tiempo uno de los más esclarecidos representantes del elemento negro en este país informa:
"Los pueblos primitivos de las Guyanas, principalmente los del valle del Orinoco, en directo contacto con los de América central y con los del macizo andino de Cundinamarca, esto es, los chibchas astrólatras de Sogamoso, muy probablemente reflejaban, en lo que atañe a creencia, el culto al Sol al mismo tiempo que ese otro, tan instintivo en el hombre, de propiciarle al genio del Mal" (Teodoro Sampaio: "Naturalistas y viajeros de los siglos XVIII y XIX"). Los trabajos de Roquete Pinto y de Edison Carneiro, principalmente, aportaron valiosos contingentes de informaciones al estudio de las culturas primitivas de Brasil sin que, además, se pueda soslayar el aporte de Manuel Querino, por cuanto ha sido este último, hombre de color muy inteligente, quien provocó por sus importantes investigaciones efectuadas en Bahía, las grandes contribuciones que de ahí irradiaran -a través del inolvidable Nina Rodrigues- por todo el país, extendiendo los ensayos africanistas, hasta entonces poco desarrollados. Los estudios del profesor Basilio de Magalháes son, asimismo, de mucha utilidad a los fines apuntados.
A través de lo expuesto, hemos visto la ramificación cultural del Africanismo y su adhesión al Catolicismo; ninguna razón de índole histórica o psicológica lleva a admitir que haya relación entre Espiritismo y Africanismo; el fetichismo constituye forma religiosa y tiene sus divinidades. Las religiones de origen africano, como ya se expresara inicialmente, son fetichistas. El Espiritismo no tiene ninguna relación cultural con el fetichismo y de ahí que cabe reconocer que no existe término de comparación entre Espiritismo y Africanismo no obstante hallarse en ambos la mediumnidad y no se niegue, no puede negarse, el sentimiento de caridad ni en uno ni en otro. Pero la mediumnidad, así como la práctica del bien, que es la exteriorización de los buenos sentimientos de la criatura humana, pueden ser observados en cualquier organización religiosa. El propio Padre Etienne Brasil, que ha confundido totalmente Espiritismo con fetichismo, afirma que "El fetichismo es una verdadera religión con sus dogmas, preceptos y ritos peculiares" ("Revista del Instituto Histórico y Geográfico Brasileño", volumen 74, 1911). Ahora bien: si el fetichismo es una verdadera religión, poseyendo "cuerpo doctrinario", está probado, de hecho, que no siendo el Espiritismo fetichismo, no tiene relación con ninguna de las ramificaciones de ese culto; mientras que son muy acentuados los trazos de afinidad entre el Catolicismo y el Africanismo, tanto que coinciden en lo relativo a tener divinidades, ceremonial, sacerdotes, etc. Basta que consideremos este hecho capital: En el fetichismo gége-nagó -siempre en la investigación del profesor Artur Ramos- los Orixás fueron asimilados, uno a uno, a los santos católicos. Orixá u oxalá se identificaron con el señor de Bonfim, en Bahía. Esta equivalencia no parece ser motivada por el hecho de ser, la Iglesia del Señor de Bonfim edificada en lo alto de una colina, en Bahía, tal como –en la misma forma- en África, "Orixalá" es adorado en la cima del monte "Oké". La verdadera razón estriba, a nuestro parecer, en que "Orixalá", el más grande de los santos para el "yoruba", se identifica con el Señor de Bonfim, el santo de mayor devoción y el más milagroso de Bahía". Siendo religión de pueblos adelantados, el Catolicismo debía, naturalmente, ejercer marcada influencia sobre los africanos. El ayuno de malé, por ejemplo, es una confirmación de lo que acabamos de expresar, toda vez que esta práctica prueba que existe correspondencia entre el culto africano y el culto católico. Leamos a Manuel Querino, que ha estudiado con sinceridad y escrúpulo la formación religiosa de su propia ascendencia: "En la semana en que la Religión Católica celebra la fiesta del Espíritu Santo, comienza el ayuno anual de maleen la forma siguiente: Levantándose a la madrugada, cocinaban el inhame (ñame, planta de raíz comestible) y machacaban arroz, harina de maíz con leche y miel; durante todo ese tiempo, el malé no bebía agua al punto que ni tragaba la saliva. En el último día del ayuno se efectuaba una gran fiesta en la casa del jefe de la
secta, habiendo misa; ninguna bebida alcohólica se usaba en esta festividad. En el acto de sacrificar al carnero, introducían la punta del puñal en la arena y sangraban al animal profiriendo la palabra "Bi-si-mi-lai". Y concluye Querino: "Corresponde, esta ceremonia, al sacrificio de Isaac".
Incluso hasta en las fiestas populares vemos la fusión, el sincretismo al que aludimos, tal como se halla descrito en el libro de Manuel Querino ("La Bahía de antes ") cuando hace referencia al rancho de la burrito: "Los ranchos de la burrita y del buey son hijos mezclados del momo portugués con agregados y atuendos oriundos de los autos pastorales y visible influencia totémica por parte de los indios y de los negros". Los cultos africanos entraron en Brasil con profundos resquicios de creencias remotísimas, principalmente del islamismo, lo que hace difícil, ahora, fijar con nitidez la parte preponderante de ésta o de aquélla corriente de influencia. Vemos, pues, que las prácticas fetichistas, con sus símbolos, sus divinidades, con sus rituales, se aproximan cada vez más a lo católico y en cuanto concierne al Espiritismo, no se puede afirmar que haya afinidad entre él y el Africanismo, por dos razones fundamentales, a saber: Caracteriza al Espiritismo la ausencia total de ritualismo y teniendo el Espiritismo, como base de doctrina, las leyes naturales, excluye racionalmente la idea de lo sobrenatural, del milagro y del poder del fetiche, talismán o amuleto. El fetichismo es, como se sabe, el tronco de las religiones primitivas, muy desfiguradas, tal como ya se ha expresado anteriormente y sus puntos básicos afincan, precisamente, en lo sobrenatural, en la creencia en divinidades, tal como se verifica en el Catolicismo, cuyo fundamento teológico estriba en la misma creencia del milagro, variando tan solo la terminología propia de cada religión. El Africanismo, en todo el conjunto de sus formas religiosas, es muy antiguo, viene de una fuente de cultura antiquísima, al paso que el Espiritismo, esto es, el Espiritismo como cuerpo de doctrina, es muy posterior a aquella cultura. La evolución social no concurrió, como podría esperarse, de manera sensible a la transformación de los cultos africanos en Brasil; certificamos lo expuesto con la existencia actual de los candomblés o xangós de Bahía, los catimbós de Pernambuco, las macumbas de Río de Janeiro. Es muy conocida, en Bahía y fuera de ella, la tradición de los candomblés de Cabula, en la capital del estado bahiano. Se afirma, incluso, que ciertos políticos de renombre frecuentaban, a altas horas de la noche, las casas de determinado pais de terreiro, determinados santones, en Cabula, hacia la época de las elecciones. El profesor Artur Ramos que hemos citado ya varias veces- y que se halló radicado mucho tiempo en Bahía, en donde se nutrió del bagaje que sirvió de base a su cultura científica, cita esta información popular (véase "El negro brasileño"). De hecho, algunos pais de santo eran como oráculos, atribuyéndoles gravitación y goce de confianza con políticos prestigiosos. Conviene hacer notar, de manera especial por tratarse de un escritor católico, y por ende, libre de toda suspicacia, que Luiz Viana Filho reconoce que el culto católico posee preponderancia en el sincretismo afro-brasileño; este pensador aún va más allá, cuando afirma: "El bantú, de religión pobre en dioses, y cuyo sincretismo religioso con el catolicismo ya se procesaba desde África con cierta intensidad, no tardó en asimilar, integrándose en su culto, dioses sudaneses y santos católicos". (Luiz Viana Filho, página 134, "El negro de Bahía", prefacio de Gilberto Freyre; Viana fue diputado federal por Bahía).
Nuestra tesis, precisamente, en este ensayo, es ésta: El Africanismo se acerca más al Catolicismo que al Espiritismo; el sincretismo afro-católico en las macumbas y candomblés es un testimonio de nuestra afirmación y Viana Filho sostiene que el Africanismo comenzó a fundirse con el Catolicismo mucho antes del cruce de razas realizado en tierras brasileñas. Podríamos agregar que ciertas devociones católicas vigentes en Brasil denuncian la presencia del elemento africano, lo que confirma objetivamente la información de Luiz Viana Filho, esto es, que desde África el africano ya había recibido influencia del Catolicismo.
El profesor Augusto Lins y Silva, catedrático de la Facultad de Medicina de Recife, antiguo discípulo de Nina Rodrigues, escribió en un libro reciente, lo que reproducimos de forma textual: "Sabiéndose que el mito siempre fue manifestación del pueblo primitivo, los blancos explotaban este aspecto del sentimiento del negro, confiándole el culto religioso bajo la irrisoria majestad de los reyes del Congo". En Brasil, señala Nina Rodrigues, Nuestra Señora del Rosario siempre fue una cofradía de negros. Y era la patrona de la monarquía del Congo, nación que entre las otras, tales como Angola, Regalo, Mozambique, gozaba de cierta ascendencia. Y agrega, este autor, lo siguiente: "La macumba de Río, el xangó de Bahía y el calimbó de Pernambuco son remanentes de las antiguas mezquitas africanas" (Augusto Lins y Silva, "Actualidad de Nina Rodrigues", 1945).
El culto de San Jorge de manera especial en Río de Janeiro, es una mezcla de catolicismo y de africanismo, al igual que el de Cosme y Damián. El Espiritismo, que no tiene oráculo, que no tiene adivinaciones, que no tiene ceremonias, que no tiene imágenes, no presenta -ni puede presentar nunca- semejanza ni parcial siquiera, con los viejos cultos de Brasil. El Espiritismo tiene la oración, pero toda ella natural; evoca a los espíritus, pero sin ritual y ello por cuanto, finalmente, la doctrina no tiene culto material alguno. No teniendo culto material, es evidente que el Espiritismo no podría tener nunca puntos de atracción para los cultos de origen africano; luego, no hay equivalencia entre la práctica del Espiritismo y las prácticas religiosas del Africanismo, conjunto de sectas y formas de culto de procedencia africana, visto que el Espiritismo repele por su misma índole todo ritual y simbolismo.
Justamente, para definir al Espiritismo con exactitud, para evitar -sin duda- que el Espiritismo se confundiese con las sectas y escuelas espirituales (entre éstas, las del fetichismo, porque se apoya también en la inmortalidad del alma), tuvo Allan Kardec la necesidad, bien comprensible por cierto, de crear la denominación propia de ese cuerpo de doctrina; de ahí el neologismo por él formado, en el siglo pasado, para designar a la doctrina espírita: ESPIRITISMO.
He aquí la explicación dada por el Codificador de esta doctrina, en un trabajo publicado en abril del año 1866, en la "Revue Spirite", órgano de difusión por él creado después de haber concretado las bases del Espiritismo en "El Libro de los Espíritus": “.... creamos la palabra Espiritismo por las necesidades de la causa; nosotros tenemos el derecho, pues, de determinar sus aplicaciones y de definir las cualidades y las creencias del verdadero espiritista." (Kardec: "Obras Póstumas" -Constitución del Espiritismo-, Cap. X). Sustentamos el principio de que el Espiritismo, no admitiendo lo sobrenatural no puede, en consecuencia, armonizar su doctrina con cualquier religión que apele hacia soluciones teológicas (Catolicismo, Fetichismo, etc.). Allan Kardec ya decía, en 1864, al publicar "El Evangelio según el Espiritismo": "El Espiritismo es la nueva ciencia que viene a revelar a los hombres, con pruebas irrecusables, la existencia y la naturaleza del mundo espiritual y sus relaciones con el mundo corporal; nos lo presenta, no como una cosa sobrenatural, sino, al contrario, como una de las fuerzas vivas y que incesantemente obran en la naturaleza, como el origen de una multitud de fenómenos incomprensibles hasta ahora y relegados por esta razón, al dominio de lo fantástico y de lo maravilloso" (A. Kardec: "El Evangelio según el Espiritismo", Cap. I, no. 5).
No existiendo nada de sobrenatural en la concepción del Espiritismo en lo concerniente al mundo espiritual, la práctica espírita de ninguna manera puede nivelarse con las prácticas del culto fetichista, base de las religiones de origen africano. Con el debido respeto que nos merecen todas las creencias, sin dejar de reconocer que el elemento africano mucho ha contribuido en la formación del pueblo brasileño, otorgándole un acentuado sentimentalismo, no podemos hallar semejanza entre el Espiritismo y el Africanismo; las prácticas de origen africano, largamente ramificadas, son espiritualistas, dignas de todo respeto como acontece con toda otra práctica religiosa, pero no constituyen variante de las prácticas espíritas. Y concluimos, pues, nuestro trabajo, llegando a la conclusión de que AFRICANISMO NO ES ESPIRITISMO.
Deolindo Amorim
Nace en Baixa Grande, Bahía, Brasil 23 de enero de 1908. Desencarnó en Río de Janeiro el 10 de febrero de 1979.
Calificado exponente del pensamiento espiritista contemporáneo. Escritor, periodista y conferenciante.
Obras principales:
El Espiritismo al la luz de la crítica
El Espiritismo y los problemas humanos
Espiritismo y Criminología
El Espiritismo y las doctrinas espiritualistas
Ideas y reminiscencias espíritas
Africanismo y Espiritismo
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