Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.
miércoles, 25 de marzo de 2020
AFRICANISMO Y ESPIRITISMO
AUTOR: DEOLINDO AMORIM
CAPÍTULO II EL ESPIRITISMO NO ES FETICHISMO
Nuestro objetivo, bien claro por cierto, es solamente hacer la distinción existente entre Espiritismo y Africanismo, sin otra intención que no sea la de separar y esclarecer, a la luz de los propios elementos de estudio, dos campos bien definidos de investigaciones. El Africanismo, con todas sus sectas y cultos, debe ser estudiado por sí solo y lo propio acontece con el Espiritismo, puesto que no existe, entre uno y otro, ninguna afinidad de cultura ni de relación histórica. Las prácticas afro-católicas, como se ha visto en el capítulo anterior, datan de época muy remota y son de origen heterogéneo, mientras que la escuela de Allan Kardec es de origen europeo y obedece a una inteligente unidad de principios. No existe, por lo tanto, semejanza alguna con las prácticas del culto africano, en cuya mezcla aportaron diversos elementos, siendo de notar el aporte musulmán, formándose de este modo una expresión religiosa muy compleja. Después de 1850, cuando se extinguió, felizmente, el tráfico africano, la esclavitud prosiguió, infelizmente en Brasil hasta 1883. Claro está que con la extinción de la esclavitud, el elemento africano comenzó a adaptarse, con relativa facilidad, a los hábitos de la tierra brasileña, a nuestras inclinaciones culturales por la sola gravitación de convivir con la civilización blanca. Incorporándose a la sociedad como un elemento libre, el africano y no obstante su condición de tal, no diluyó sus heredades religiosas, ligadas a él por siglos en su psiquis. Aun cuando fueran diluidas, mezcladas con el catolicismo, no perdió las prácticas religiosas de origen africano en sus líneas generales incluso se hallaren éstas desde mucho tiempo sensiblemente alteradas en su origen en mérito a las influencias que se hicieron sentir. Estas consideraciones, a guisa de introducción, muy generales por otra parte, pretenden simplemente resumir la argumentación esgrimida hasta aquí; hagamos ligera confrontación: El culto afro-católico tiene ritual, y ritual muy variado; adora símbolos e imágenes, venera divinidades. El Espiritismo no tiene ritual ni imágenes, ni tampoco rinde culto a divinidades, visto que sus prácticas son simples, absolutamente simples, teniendo la exclusiva preocupación de mejorar las condiciones espirituales de la criatura humana y fortalecer en el espíritu de sus adeptos la creencia fundamental en Dios, basada en principios morales y filosóficos. No se discute, aquí, que el objetivo del culto católico -con todos sus elementos religiosos y culturales- sea o no para bien, pero insistimos en que el Espiritismo no se identifica ni se confunde con el Africanismo.
La práctica de éste obedece, indudablemente, a prescripciones ritualistas, mientras que la práctica espirita prescinde y, más aún, rechaza, cualquier fórmula sacramental, cualquier objeto de culto. El criterio de la doctrina espírita acerca de símbolos o fórmulas se halla bien definidas por el propio Codificador del Espiritismo: "Muchas personas, ciertamente, preferirían otra receta más fácil para rechazar los malos espíritus; por ejemplo, algunas palabras para pronunciar, algunos signos para hacer, lo que sería más simple que corregirse de los propios defectos. Lo lamentamos mucho, pero no conocemos ninguna manera más eficiente de vencer a un enemigo que no sea hacerse más fuerte que él. (...). Debemos persuadirnos, pues, que para lograr aquel resultado, no existen palabras sacramentales, ni fórmulas, ni talismanes, ni señales materiales de ninguna especie". (...) ("Obras Póstumas", -Manifestaciones de los Espíritus-Vil, n9. 58, pf. 5S.). Y luego, añade: "En resumen; La oración fervorosa y los esfuerzos serios que la criatura realice para mejorarse constituyen los únicos medios para repeler a los malos espíritus...." (numero 58, pf. 8O). Reforcemos estas citas con otra nueva de Kardec: "La magia, con ayuda de sus signos, fórmulas y oraciones cabalísticas, tenía la reputación de facilitar pretendidos secretos para obrar prodigios, de obligar a los espíritus a ponerse a las órdenes de los hombres y satisfacer sus deseos. Hoy se sabe que los espíritus no son más que las almas de los hombres; no se les llama sino para recibir consejos de los buenos, moralizar a los imperfectos y para continuar las relaciones con los seres que nos son queridos". ("El Cielo y el Infierno", 1*. Parte, cap. X, n9. 9). Además, en el mismo capítulo, ns 11, también afirma el Maestro que ".... los principios del Espiritismo no tienen ninguna relación con los de la magia".
El Espiritismo, como se sabe, rechaza absolutamente el uso de exorcismos, talismanes o "palabras sacramentales", [Mientras que en los "terreiros" (barracones) fetichistas hacen de esas prácticas, precisamente, el fundamento de sus ceremonias. Es de observarse, entonces, la diferencia no se verifica sólo en lo que al aspecto histórico, ya referido, sino también en lo concerniente a la forma, pues no hay ninguna concordancia entre las prácticas de mediumnismo realizadas en los barracones o tiendas umbandistas y la verdadera práctica espírita. Ahora mismo se acaba de publicar en Río de Janeiro un libro intitulado "Trabajos de Umbanda o Magia Práctica" cuyo autor, Lorenzo Braga, adepto al culto umbandista, es autor también de otros trabajos de la misma naturaleza; en ese libro, por ejemplo, existen elementos más que suficientes para demostrar la tesis de que "Umbandismo no es Espiritismo". Veamos un poco: en el capítulo que trata de la organización de los barracones, los terreiros, dice así el libro de Lorenzo Braga: "El terreiro debe quedar separado de la asistencia por un panel divisorio, teniendo entrada o abertura de un metro y medio para entrada y salida de socios". Verifiquemos, en este trozo, como es categórica la ausencia de toda semejanza entre Espiritismo y Umbandismo: "El altar debe tener la imagen del protector o padrecito (padroeiro) en tamaño mayor con respecto a las otras imágenes, para que se destaque bien o, sino, únicamente, la estampa del protector. Los médiums y sus ayudantes deben trabajar de blanco y calzados con zapatos de tenis o descalzos. Al lado izquierdo del pecho de la camisa o guardapolvo, deberá ser bordado en azul, verde o violeta, el "punto" (la mira) simbólico del protector y, del lado derecho, el nombre de bautismo del médium o coadyutor". En las sesiones espiritas, orientadas según las reglas establecidas: por la codificación kardecista, no existen altares ni se realizan bajo encantamiento espectacular; confrontemos, entonces, la simplicidad de una sesión espiritista con el ritual de una sesión de Umbanda según los propios adeptos de este culto. He aquí un ejemplo, en el capítulo que trata de "apertura y cierre de sesiones", de la obra ya citada, dice así: "En un rincón de la entrada principal de la casa debe hacerse la trinchera" (puente de seguridad de los ajos) de la siguiente forma: Trazar con elemento blanco un punto de Ogum, segido con Exú y Ganga y, por detrás de: punto, marcar un signo de Salomón y; en él colocar un vaso de agua salada con saI gruesa. Enseguida, elogiar (cantar) los puntos de Ogum, Exú y de Oxalá, saludando con sahumerio, pidiendo que protejan los trabajos contra toda carga fluídica que pudiera ser proyectada por alguien interesado, o contra la falange de espíritus perturbadores, y esta tarea no debe ser realizada por una persona sino por dos o más" (Sic.)
Frente a toda esta complicada mezcla de elementos afro-católicos, sin ninguna relación con el Espiritismo, no existe ninguna razón para confundir la práctica espirita con cualquiera de las prácticas de Umbanda, que es una de las variantes del Africanismo y, por añadidura, la mas popular en Río de Janeiro. Anotemos de la obra indicada algunos símbolos del culto umbandista: Dos sables cruzados, con sus empuñaduras a derecha e izquierda, arriba, cruzados por una flecha en su intersección, con lanza hacia abajo y cola terminal arriba. Otro es la conocida estrella triangular judía, con un vaso en su sitio medio, de base en el centro y bordes tangenciales al extremo superior de la estrella, emplazado todo arriba de una tijera abierta, con sus ojales para el pulgar del lado de arriba y en el sector inferior de la abertura de sus bordes cortantes, se halla la clásica calavera y tibias humanas (el clásico símbolo de los filibusteros) y bordeando el todo, como un marco, a la derecha y a la izquierda primordialmente, cuatro y cuatro puntos negros, bien netos. Son los llamados "puntos del terreiro", focalizaciones de atracción y convergencia de miras. ¿Qué relación tiene todo esto con el Espiritismo? Ninguna, absolutamente. Esa fusión a que antes nos referimos, en el umbandismo, no es solamente religiosa, sino también lingüística; la nomenclatura del culto umbandista ofrece variedad de origen y que testimonia, una vez más, la acentuada mezcla de prácticas afro-católicas. El lento africano, que ya venía a Brasil dividido en sus grupos étnicos, transplantó para este país tanto la influencia cultural como el contingente de su contribución lingüística. El cruzamiento por ende, completo: Religión, cultura e idioma: en el portugués hablado de Brasil, principalmente en materia culinaria, ya se hallan incluidos numerosos vocablos de origen africano. Tenemos, así, tutu, quitute (éste de origen "Yoruba", de Guinea posiblemente), quibebe, mungunzá o mucuunzá, como se estila en Bahía, etc. Muchos hibridismos se formaron con elementos africanos. La lengua portuguesa recibió, justamente por la influencia del cruce con lo africano, una serie numerosa de términos y raíces, muchos de ellos alterados en el uso popular. Esta es la causa por la que en el léxico umbandista tenemos un verdadero amasijo de nombres tomados de distintos orígenes: las especies yoruba y sudanesa abastecieron a la lengua portuguesa de muchos nombres para los "genios", las "divinidades", para los objetos de culto, etc., criteriosamente anotados por el profesor Jacques Raimundo, tales como Babalao, Exú, Xango, Ogungun, Ojá, Olorum, Lemanjá y otros (J. Raimundo: "El elemento Afro-negro en el idioma portugués ". Incluso en las relaciones lingüísticas se reconoce la filiación del Umbandismo, como así de todas las formas de fetichismo existentes en Brasil, con las fuentes del Africanismo, enormemente ramificado y, desde largos años, entroncado con el Catolicismo.
Es verdad que no solamente del trafico africano nos viene la infiltración idiomática; grande, como es notorio, es la influencia del tupí en la lengua portuguesa, cuyo vocabulario pueda ya alinear numerosos términos oriundos del idioma nativo. Ese fenómeno lingüístico nada tiene de extraño, toda vez que el mestizaje siempre trajo consecuencias en la formación y enriquecimiento de los idiomas. El elemento árabe, cuya irradiación en el mundo antiguo se extendió considerablemente, aportó un gran contingente de términos y de raíces, tanto al español como al portugués. El claro ejemplo del idioma francés, lengua de significativa trascendencia internacional, es bien característico: Los elementos celta, latino y germánico tuvieron preponderancia su estructuración; las emigraciones también han sido y continúan siendo ponderables vehículos de infiltración y aporte lingüístico. El africano, a través de ramificaciones bien diferenciadas idiomáticamente, transmitió a la lengua portuguesa una valiosa contribución; la terminología religiosa del africanismo se dió con términos propios del culto católico. El Africanismo procura acercarse más al Catolicismo que al Espiritismo, lo que constituye una razón, y muy fuerte, para no confundir Umbandismo y Espiritismo, ni ninguna otra práctica de origen fetichista. Tenemos, por ejemplo, en las prácticas de la línea Umbanda, muchos vocablos peculiares al Catolicismo, tales como patrono, bautismo, altar; verificase, por lo tanto, comenzando por la preferencia de los términos inherentes a los actos de la liturgia católica, que el culto fetichista se inclina francamente para el Catolicismo y no para el Espiritismo. Tal equivalencia fue notada hace ya mucho tiempo por el insigne antropólogo Nina Rodrigues, cuando observó una de las más conocidas tradiciones católicas en Bahía: El lavado de la Iglesia de Bonfim. Escribe Nina Rodrigues, "El lavado de la Iglesia de Bonfim es, como demostré, una práctica religiosa yoruba o nagó, mas el verdadero culto vivo, pues para los africanos negros, criollos y mestizos de aquella secta, el Señor de Bonfim es el propio Obatalá".
Los cultos africanos se confunden cada vez más con las ceremonias del Catolicismo; en los "terreiros" existe mucha cosa de Iglesia Católica. El Africanismo se fundió, se amalgamó con el Catolicismo, naturalmente por la semejanza, por la similitud de los respectivos cultos. El hecho de que haya personas propensas a transformar tales prácticas, procurando adaptarlas al Espiritismo no justifica, ni mucho menos, toda confusión a este respecto; existe, simplemente, la manifestación de espíritus en el Africanismo, como en el Espiritismo, en el Catolicismo, etc., pero el Espiritismo no tiene puntos de concomitancias con ninguna de las ramificaciones del Africanismo. Los nombres privativos del culto fetichista, hoy bastante modificado, muestran por sí que no existen trazos de unión en las prácticas espíritas y las ceremonias propias de aquel culto. En la línea de "banda que es, como ya hemos expresado, la más divulgada y especialmente en Río de Janeiro, e incluso sin las características originales toda vez que se ha modificado en parte por influjo del Catolicismo, el templo es terreiro, el médium es caballo y el marafo, bebida que en Bahía se llama caxaxa forma parte de las ceremonias y así por el estilo. Existen diferencias regionales, tanto en el culto como en la misma nomenclatura. Llámase candomblé en Bahía, al paso que en Río de Janeiro, las ceremonias fetichistas, con tambores, llamados cantados, líneas cruzadas en el suelo, etc., se denominan macumbas. No se niega que en tales ceremonias exista sentimiento de caridad, pero lo que debe tenerse en cuenta es que no existe en ellas ninguna ligazón entre Africanismo y Espiritismo. Hace poco, precisamente, hemos tenido un ejemplo típico que destaca esta posición; habiendo ocurrido, en la capital bahiana, la desencarnación de un viejo "padre santo", muy popular por cierto, se realizó la singularísima ceremonia llamada de "cambio de cabezas", con motivo del entierro; ¿de dónde viene tan curiosa ceremonia sino del Africanismo? ¿Tiene, acaso, el Espiritismo alguna ceremonia especial para enterrar a sus difuntos? No, de donde se infiere que no hay paralelo entre los actos espíritas, todos ellos naturales, simples y espontáneos, con los actos religiosos del Africanismo. El diario "La Tarde", de Salvador, Bahía, dando cuenta del entierro del "padre santo" (pai de santo), Manuel Bernardino da Paixáo, en su edición del 18 de Abril de 1947, describe así la ceremonia cumplida: "El féretro, armado en la sala del frente, reposaba sobre una tarima. El cuerpo yaciente, todo cubierto de flores, emergiendo tan solo el rostro regular, oscuro, amarillento por la muerte. Enormes cirios bordeaban la caja mortuoria, cerca de la que se hallaba agua bendita, con la que los visitantes salpicaban al cadáver. Hacia el interior, varias decenas de personas se apeñuscaban y todos los espejos de la casa se hallaban cubiertos con paño blanco. Cuando un "pai de santo" parte para el otro mundo deja a su reemplazante legal o discípulo más capaz y más querido. Después de la muerte y antes de dar sepultura al "maestro", el sucesor se somete a la ceremonia conocida por "cambio de cabezas"; a consecuencia de este acto, el nuevo Babalao queda revestido con todas las prerrogativas del primero. Justamente para ser efectuada esa ceremonia, se tuvo que atrasar el entierro de Bernardino; su sustituto, "Paizinho" (Padrecito) más conocido por Bandanguami, reside en Río; ahora, y por exigencias del culto, debe transferirse a Bahía, asumiendo las funciones de Bernardino. Avisado por telégrafo, el "Padrecito" prometió llegar a tiempo para someterse a la ceremonia del "cambio de cabezas". Por ello, una delegación de "hijos" se trasladó hasta Ipitanga, esperando la llegada de su "nuevo padre" y conducirlo directamente hasta el cementerio de Quintas, para realizar allí la ceremonia solemne de transmisión. También se esperaba la llegada de Cilial, de Villa América, en el camino de Río Vermelho de Baixo; Cilial estaba en la zona sudoeste cuando recibió la noticia y se apresuró a llegar a tiempo para el enterramiento de Bernardino y esta es la razón por la que la inhumación del jefe de Oxalá quedó retrasada hasta casi las once horas".
El féretro -agrega el diario más adelante- "sería depositado y trasladado a manos y el trayecto hecho en forma de zig-zag, al son de himnos propios". Todo muestra, tal como queda descrito el entierro, que el Africanismo tiene culto propio; en los terreiros, lo que se verifica, no ahora sino desde hace mucho tiempo, es una combinación, una mezcla de prácticas fetichistas y católicas. La credulidad popular, en tanto, pretende introducir Africanismo en el Espiritismo y tanto es así que es dable observar, en determinados centros espíritas alguna inclinación bien visible hacia el ritual de Umbanda. Trátase, ello es evidente, de herencia cultural favorecida por el sincretismo religioso; la propia divulgación del Espiritismo por procesos inteligentes, contribuye a destruir, por evolución y por superación, los remanentes de la influencia afro-católica.
El Espiritismo halló, en Brasil, la preponderancia del Africanismo y del Catolicismo, con un factor absolutamente favorable: el bajo nivel intelectual de las masas, educadas en la superstición y bajo el influjo de la Religión Católica, que le imprimió el apego a los ídolos, símbolos, etc. Difícil le ha resultado al Espiritismo actuar contra la propensión de gran parte de sus simpatizantes hacia el culto fetichista; de ahí que mucha gente, desconociendo el asunto que nos ocupa, que no sabe lo qué es el Espiritismo, dicen que ambos, Espiritismo y Africanismo son sinónimos y es un craso error que reclama ser desmenuzado: Umbandismo, o cualquier otra forma de Africanismo, no constituye en modo alguno una modalidad de Espiritismo. De otra parte, no sólo fue en Brasil que se dio esta mezcla engañosa, fruto indudable de encuentro de religiones; esto mismo ocurrió, y en gran escala, en varios otros países, suscitando estudios considerables como, entre otros, los que fueron cumplidos por el notable folklorista americano Fernando Ortiz, de Cuba. La fusión de elementos absolutamente sin unión histórica o social, a veces unidos por factores políticos o simplemente económicos, produjo un mestizaje muy acentuado, haciendo difícil -después de cierto tiempo- toda investigación para determinar cuál es la mayor dosis cultural y la estructura de algunos pueblos. Sobre punto, un ejemplo típico es el de las Filipinas, cuya formación es muy compleja; moros, malayos y españoles se encontraron allí, formando un laberinto que los Padres Murilo Valarde y Juan Ferrando estudiaron pacientemente. Entre los negritos filipinos, los estudiosos notaron el uso de tatuajes, tal como acontece entre los indios paraguayos en la época de catequesis. La infiltración cultural, ya mezclada, se hizo sentir igualmente en Cuba y en Haití; en Brasil, en tanto, la unión del Catolicismo con las prácticas fetichistas no tuvo por característica principal y exclusiva el tatuaje con que se han caracterizado distintas divisiones étnicas en América Central. Se practicó más el exorcismo, en Brasil, para expulsar "demonios" o malos espíritus. La práctica exorcista era ya conocida de los jesuitas también en las Misiones del Plata; los indios guaicurús, del Paraguay, catequizados por los misionarios jesuitas, usaban tatuajes según testimonia el Padre Carlos Techuer S.J. "Se pintan el cuerpo y usan tatuajes, tanto los hombres como las mujeres, si bien las esposas de los tuxavas la limitaban a los brazos, dejando el sector de la cara a las subalternas esclavas" ("Vida y obras del Padre Roque González", publicación del Instituto Histórico y Geográfico de Río Grande do Sul, 1926). Ahora bien: En el culto umbandista también se encuentra el exorcismo, que es -sin duda- herencia de las primitivas prácticas de catequesis, como así también puede observarse en ciertos "pai de santo" señales de tatuajes en los brazos.
Es palpable, por lo tanto, que las religiones de origen africano se adhirieron, tanto en Brasil como en otros países de América, a las prácticas del Catolicismo y del culto aborigen mucho antes de conocerse la palabra Espiritismo.
La expansión de la doctrina espírita, a partir del siglo pasado, esto es, de 1857, halló el cruzamiento, el consorcio cultural ya formado. No obstante la existencia cada vez más generalizada del sincretismo (Africanismo, Catolicismo y Mediumnismo), no se puede negar el contingente cultural del elemento africano, cuya psicología aún está reclamando los estudios especiales que se necesitan; la cultura de origen africano es un vasto campo de estudios, como expresa el profesor Artur Ramos: "Al investigar las influencias que el negro africano ejerció en el Nuevo Mundo, hemos de considerar a los tipos negros, no en sus características biológicas (ello importa poco desde nuestro punto de vista) mas sí como representantes de culturas que fueron transportadas de sus zonas hacia otras comarcas y otras culturas con quienes se pusieron en contacto" (A. Ramos: "Las culturas negras en el Nuevo Mundo", 1937). Vamos a admitir que se encare el asunto bajo el punto de vista científico, con exclusión de la parte religiosa; aun así se hace evidente que ninguna semejanza existe en Africanismo y Espiritismo, no importa que se registren, tanto en las sesiones espíritas como en los terreiros afrocatólicos, indiscutibles fenómenos anímicos y extraterrenos, comunes a todo trabajo de naturaleza psíquico-experimental. Cuando se realizó, por iniciativa del sociólogo Gilberto Freiré, en 1934, el Primer Congreso Afro-Brasileño, ninguna otra preocupación presidió aquel importante cónclave sino la de examinar cuidadosamente la influencia africana en Brasil bajo todos los aspectos. Pero no se realizó un estudio especial para separar lo qué es exclusivamente fetichismo, con los elementos afro-católicos que le son peculiares y lo que, de hecho, es Espiritismo.
Para muchos estudiosos, folkloristas, sociólogos, etnólogos, todo ese conjunto de prácticas primitivas, injertadas de diversos elementos foráneos pertenece al Espiritismo, simplemente por haber, en tales prácticas, hechos que se encuadran en el estudio del mediumnismo y del animismo. Se le da, por lo tanto, al Espiritismo y de manera muy impropia, una designación general y en realidad, sólo se debe considerar Espiritismo aquello que corresponde a los principios de su doctrina.
Entre los propios umbandistas existen quienes reconocen el origen remotísimo de la religión umbanda, cuya orientación fundamental, como ya queda dicho antes de ahora, se halla muy desfigurada. Mas, como hecho histórico, el culto de Umbanda deriva del tronco fetichista del África, de donde se expandió. Léase, a propósito, en el texto de de las tesis presentadas al Primer Congreso Brasileño de Espiritismo de Umbanda, reunido en Río de Janeiro, en 1941, lo siguiente: “No obstante las diferencias, en ocasiones profundas en la concepción que de Umbanda tienen sus amoldados y adeptos, todos están de acuerdo en cuanto a sus orígenes africanos" (Anales del Primer Congreso Brasileño de Espiritismo de Umbanda, Río de Janeiro, 1942). La palabra "Espiritismo" está empleada sin cabida lógica en el título del trabajo. "Umbanda" es rama del Africanismo, como ya se halla demostrado en mérito a las más autorizadas opiniones; con la atomización del Africanismo puro, sus prácticas comenzaron a presentar, como todavía presentan, formas mixtas de catolicismo primitivo, verificándose manifestaciones anticuadas, en determinados casos, lo que evidencia la fusión de que se han ocupado la mayoría de los autores. La transformación del elemento negro es reconocida, asimismo, por uno de los más grandes estudiosos de las cuestiones brasileñas; Pandiá Calogeras, estadista y hombre de gran cultura, incluso no tratando de la cuestión como especialista, hizo una observación muy acertada: "La descendencia, al principio abundantísima, del elemento africano, comenzó a disminuir por las dolencias, en aumento creciente e ininterrumpido, decadencia de su pureza racial; surgió una etapa de mestizos, medio-sangres, cuarterones (hijo de blanco y mestiza o viceversa) y, aun menos coloridos. Hasta la fecha, no ha concluido esta evaporización pigmentaria" (Pandiá Calogeras: "Formación histórica de Brasil", 4a. edición, 1945).
El medio brasileño, forzado por las condiciones en que se fundieron los elementos primordiales de su formación, evidentemente no permitió que se conservase la integridad cultural del africano. La desfiguración del culto religioso es un claro ejemplo; el ambiente se tornó, desde los tiempos primitivos, campo abierto; al mediumnismo popular, al que mucha gente llama, sin fundamento, Espiritismo. De las masas que frecuentan sesiones medianímicas y terreiros de Umbanda, gran parte e incluyendo a muchos médiums, trajo en el subconsciente la influencia del catolicismo; de ahí arranca la inclinación, como heredad psíquica, para las ceremonias fetichistas, porque el ritual, la presentación de las ceremonias y la magia de los símbolos no dejan de constituir punto de atracción para las personas que aún no se han emancipado de su ancestralidad cultural y de la influencia del medio ambiente. El fenómeno, en tanto, es de naturaleza tanto cultural como religiosa. Con la preocupación del estudio, de la investigación para buscar la Verdad, es que se debe orientar la búsqueda en el terreno histórico, antropológico y psicológico, para fijar la distinción entre Africanismo y Espiritismo.
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