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lunes, 24 de febrero de 2020


  
                                              CABEZA DE GUERRERO ETRUSCO

 LE JOURNAL SPIRITE N° 81 JUILLET 2010
 REGARD SUR
 LOS ETRUSCOS
 por PATRICIA SALIBA

Surgidos en el siglo VIII a.C., los etruscos caen en el olvido después de haber dominado toda Italia por cerca de un milenio. Absorbida por los romanos, esta civilización siempre intriga a los investigadores del mundo entero, ya sea por la lengua de la que se encuentran sólo muy pocos textos, por el estilo de vida que destaca en particular el rol emancipado de la mujer y también por el origen, basado todavía hoy en hipótesis. 60.000 tumbas etruscas que aún están por descubrir, quizás permitan penetrar el misterio de este pueblo que vivió desde la edad de hierro en Etruria, territorio que comprende la Toscana y el oeste de Umbría, el norte del Lacio y hacia el sur la Campania y las riberas del Adriático. Después de dos siglos de investigaciones arqueológicas, lingüísticas e históricas, tres tesis intentan esclarecer el origen del pueblo etrusco: La tesis oriental, la de Heródoto, afirma que ese pueblo vino de Asia Menor, acosado por el hambre. Recientemente, el profesor Alberto Piazza de la universidad de Turín acaba de hacer públicos los resultados de sus análisis, hechos a partir del ADN de hombres de viejas familias toscanas que viven en ciudades como Volterra, Murlo y Casentino. Los etruscos serían entonces de origen anatolio, (hoy en día parte asiática de Turquía) como ya lo afirmaba Heródoto. La segunda de Denys de Halicarnaso, historiador griego, opta por el origen italiano de los etruscos, tesis defendida por numerosos investigadores. Otra tesis del siglo XIX ve a los etruscos con un origen indoeuropeo, llegados a Italia luego de haber cruzado los Alpes, instalados al norte de Italia, creando la civilización villanoviana y estableciéndose luego en la actual Toscana. A la pregunta hecha sobre la aparición de oro y cobre en innumerables zonas de Italia a fines de la era neolítica, Léon Homo responde “por la inmigración de un pueblo de civilización superior que dará nacimiento a la cultura etrusca”, situando el origen de este pueblo en la planicie danubiana, una de las cunas de las poblaciones indoeuropeas. Esta teoría es recogida por un joven etnólogo iraní Zacarías Mayani: “La aparición del pueblo etrusco se remonta al conjunto de los vastos movimientos étnicos durante el III milenio antes de nuestra era que mezcló y modeló sin cesar al mundo occidental”. La prueba arqueológica que apunta sobre el origen danubiano de los etruscos es la alfarería negra que se encuentra en Egipto y en Etruria, signo de las migraciones de los primitivos pueblos danubianos. Para Mayani, los etruscos se establecieron primero en Asia Menor occidental y ocuparon el territorio de Lidia. Excelentes constructores, fundaron a Sardos, Magnesia y sobre todo Tirsa, esta última ciudad daría el primer nombre a los etruscos, tirsenos o tirrenos. Según los notables trabajos del célebre egiptólogo W. Flinders Pétrie, se han descubierto objetos y una momia del etrusco más antiguo de la historia, que indica la presencia de los etruscos en el valle del Nilo. Esta momia estaba colocada dentro de una mortaja decorada y tenía la imagen del difunto. Estaba peinada con una peluca que ocultaba una cabellera rubia, probablemente indoeuropea. La inscripción señala que se trata de An-en-Tursha, mayordomo de la corte de Ramsés III, alrededor del 1300. Ahora bien, Tursha designaba a los tirrenos. Este hombre sería testigo de la primera oleada pacífica de los etruscos en Egipto y que sería seguida por la segunda oleada más ofensiva. Si bien ciertos pueblos vencidos se instalaron en Grecia, Palestina o Siria, los etruscos se reunieron en Italia, en la planicie del Po, dando nacimiento a la civilización villanoviana (de Villanova, una aldea cercana a Bolonia). Recientes excavaciones en Bolonia han sacado a la luz monumentos funerarios de tipo indoeuropeo y alfileres de doble espiral originarios de la región danubiana. Las armas encontradas, tratadas con el carbono 14, las sitúan en el siglo XII a.C. La civilización villanoviana marca ya el genio de este pueblo en Italia antes de su instalación definitiva entre el Tíber y el Arno.

Constructores de ciudades y mercaderes
Cualquiera que sea su origen, los etruscos muy pronto se convirtieron en constructores de pueblos y ciudades. Doce ciudades etruscas permitieron a cada una seguir su propia política. La fuerza identificativa de este pueblo fue su capacidad de adaptación y de organización, resistiendo siempre a la colonización griega en su suelo. A la vez rivales y socios de los griegos por los vínculos comerciales, desarrollaron el comercio marítimo gracias a una flota impresionante de la cual se han encontrado restos en las ciudades costeras. Se enriquecieron con la venta del hierro que pulían, de armas, alfarería y productos de lujo. A pesar de un poder militar dominante, los etruscos no dieron muestras de imperialismo. Los “hoplitas”, militares pesadamente armados con lanzas y escudos, protegían a un pueblo que no olvidaba su desarrollo social. Los ciudadanos estaban divididos en clases en una ciudad pacífica a pesar de las diferencias de tren de vida. La mujer etrusca podía asistir a los banquetes de los hombres y poseer bienes en su propio nombre. Lo que caracterizará a esta civilización es la mezcla de influencias.

Las técnicas de construcción
Los etruscos se habían convertido en maestros en materia de trabajos hidráulicos. Cisternas destinadas a recoger las aguas pluviales, pozos ascendentes y galerías, conformaban un ingenioso sistema de aprovisionamiento de agua. Las excavaciones hacen mención de dos fases de urbanización, una a comienzos del siglo VII, la otra a finales del siglo V. Todavía se pueden ver algunas murallas en bloques de toba, vestigios de templos, de edificios públicos y numerosas necrópolis. Estas reliquias de construcción han sacado a la luz técnicas de bóvedas de piedra y puentes. Los etruscos habían adoquinado sus ciudades y disponían de alcantarillas. Solamente en Toscana los techos de las casas están cubiertos de “tejas convexas”. Las casas de Acquarossa han sido sacadas a la luz por arqueólogos suecos, cabañas de madera de base ovalada, y edificios como esta lujosa casa de tres habitaciones en fila con una entrada cubierta de placas decorativas de terracota que protegían los bordes exteriores del tejado. Las casas, los templos, las tiendas, los edificios públicos estaban decorados con una rica policromía y motivos caligráficos ornamentales. Las tejas de terracota que se encuentran en varios lugares han sido retiradas, para algunos, de la tierra entre los muros del famoso laberinto de Porsena, rey de Etruria en Chiusi.

La leyenda del mausoleo de Porsena

La tumba de Porsena, rey de Chiusi, ya había sido descrita por Rezno, un erudito latino del siglo I a.C., consejero de Augusto y prolífico escritor. La descripción de ese laberinto o más bien mausoleo, nos ha sido transmitida por Plinio el Viejo. Era un monumento funerario de corte imponente, que contenía un laberinto del que nadie podía salir sin la ayuda de un hilo. Ese monumento estaba formado por una base paralelepípeda, en mampostería, de 90 metros de lado en la que se encontraba un laberinto inextricable. Sobre esta base, estaban erigidas cinco pirámides, una al medio y las otras en los cuatro ángulos. Sobre su cumbre, había cuatro cornisas con bordes de bronce de donde partían las cadenas que sostenían las campanas que sonaban con el viento. Sobre cada una de las cornisas se elevaban otras cuatro pirámides que, a su vez, sostenían una plataforma con otras cinco pirámides. Desde el siglo XV este mausoleo ha llamado la atención de los especialistas que intentaron una reconstrucción hipotética. La más particular es la de Cortenovis en 1799 quien suponía que esta construcción era de hecho una gigantesca máquina eléctrica. Sin embargo, sobre el terreno no se conserva ningún indicio, lo cual no impide para nada que los apasionados, aficionados o profesionales universitarios de todos los países, busquen sus rastros. En un futuro cercano, las investigaciones sobre el hábitat y las colonias etruscas deberían llevarnos a comprender mejor los orígenes étnicos y culturales de ese pueblo.

El arte etrusco
Este pueblo desempeñó un importante papel en el desarrollo de la cultura, la escritura, el arte y la artesanía durante los primeros siglos que sucedieron a la prehistoria en el viejo continente. Hábiles artesanos, tuvieron grandes artistas, pintores de frescos en las tumbas, como las de Tarquinia, por ejemplo, sobre vasos, escultores que realizaron verdaderas obras maestras tanto en bronce como en terracota. Los colores empleados eran de naturaleza mineral y vegetal. Respecto a los frescos más recientes, las paredes de las tumbas estaban cubiertas de una capa de apresto (cal, arcilla y arena cubierta de una lechada de cal). La reacción química aseguraba la fijación de la pintura. Antes de aplicar el color, el artista dibujaba por medio de instrumentos con punta de metal o de hueso los contornos de las figuras que quería pintar. Fueron igualmente excelentes joyeros y hábiles metalúrgicos. Fue en el siglo XV cuando se reinició el interés por la civilización etrusca. En esa época se multiplicaron los hallazgos de objetos etruscos. Hacia 1568, Giorgio Vasari presintió la antigüedad del arte etrusco, herencia nacional, y utilizó los términos etrusco y toscano como sinónimos: “No puede parecer irrazonable suponer que las artes existían entre los toscanos, desde tiempos todavía más antiguos que los de los griegos”. En el siglo XV, el renacimiento etrusco se debió al poder de los Médici que querían ser los herederos de una cultura diferente a la de los romanos y también por la oposición cultural y política entre Roma y Florencia. El movimiento se extendió por Europa. En Italia, los eruditos buscaban las huellas de esa civilización perdida. En Francia y en Inglaterra, estaban fascinados por los sitios de la antigua Etruria. La “etruscomanía” se desarrolló en la literatura, la decoración y la vajilla (porcelana de Wigrood). Sin embargo, a menudo es difícil diferenciar entre el arte etrusco y el arte griego.

Un alfabeto extraño
Los textos encontrados son poco explicativos. Existen sólo diez textos largos, dedicatorias y principalmente inscripciones sobre las tumbas, lo que hace difícil su traducción. La ubicación de los etruscos es importante y durante un siglo Roma se convirtió en una ciudad etrusca. Los romanos minimizaron el asiento de esa civilización. Su alfabeto es extraño y no se parece a ninguna otra lengua. Así como existe la piedra de Rosetta para los jeroglíficos, no existe un modelo importante para descifrar el alfabeto etrusco. Los arqueólogos y los lingüistas sólo están de acuerdo en una cosa: la lengua de los etruscos se había desarrollado independientemente a lo largo de cierto tiempo, antes de que los griegos les aportaran la escritura y mucho antes de que los primeros documentos históricos mencionaran su existencia. Sólo algunas palabras han podido ser traducidas, así como las letras o las inscripciones sobre las tumbas, pero no existe más ninguna literatura importante de esa época. Todo se ha volatilizado misteriosamente en un deseo de hacer desaparecer una porción de la historia de la humanidad, mientras que el conjunto de los libros Etrusca disiplina es relatado a través de los autores latinos. Dos libros tratan tanto del arte de la adivinación por el examen de las vísceras de los animales sacrificados como de los rayos. El tercero concierne a la regla de los cultos para la fundación de las ciudades y la consagración de los santuarios, el cuarto la del mundo de ultratumba, y el último la del destino y los límites de la vida. Hacia el 510 a.C. se construyó en Pirgi un gran santuario de 6.000 m2. El primer magistrado de la época hizo colocar para la eternidad las célebres hojas de oro sobre el templo. Una lleva una inscripción en lengua etrusca, la otra en lengua fenicia. Los caracteres se leen pero lo que falta para comprender el sentido, es el conocimiento de la estructura gramatical y semántica de esta lengua.

Una creencia en el más allá
Lo que se sabe sobre el aspecto religioso, es que los etruscos dejaron en su creencia en el más allá y en los espíritus, principios de adivinación, consultaban a los augures y eran muy religiosos. Los romanos se valieron de los presagios dados por el examen del hígado de un animal que representaba el centro de la vida, por el vuelo de las aves o el rayo. El término ceremonia sería de origen etrusco. Ese pueblo se reunía en templos protegidos por las divinidades semejantes a las de los griegos. El emperador Claudio escribió una obra de veinte volúmenes sobre la civilización etrusca, Tyrrhenika que supo resistir a los romanos en sangrientas batallas, obra que también ha desaparecido. El misterio etrusco procede también de ese particular espíritu religioso dominado por la obsesión de la muerte y el más allá, el fasto y el refinamiento de las tumbas así como la extensión de las necrópolis.
Las necrópolis El testimonio esencial de la floreciente cultura de esa época nos es ofrecido por numerosas necrópolis de tumbas pintadas que constituyen un ejemplo único en la cuenca mediterránea. Las dos grandes necrópolis etruscas de Tarquina y Cerveteri reflejan las prácticas funerarias del siglo IX al I a.C. y se cuentan entre los más hermosos testimonios del mundo etrusco. Bajorrelieves, frescos y tumbas, están dispuestos como sobre un plano urbano con barrios, calles y plazas. Las tumbas son fosas cavadas en la roca (tumuli) o talladas en la roca en forma de cabaña o de casa con un lujo de detalles arquitectónicos. Constituyen el único testimonio preservado de la arquitectura etrusca. La necrópolis de Tarquinia contiene 6.000 tumbas cavadas en la roca. Es célebre por sus 200 tumbas pintadas de las cuales las más antiguas se remontan al siglo VII a.C. Los frescos de gran tamaño de Tarquinia son excepcionales, tanto por sus cualidades formales como por su contenido que revela aspectos de la vida, la muerte y las creencias religiosas de los antiguos etruscos. El conjunto monumental de la Banditaccia es uno de los emplazamientos arqueológicos etruscos más importantes, con sus túmulos de roca y piedras, algunos muy grandes, de hasta treinta metros de diámetro, que recubren grupos de tumbas cavadas en la toba, repartidas en varios cuartos que imitan el interior de las casas, con puertas y ventanas, columnas, muebles, lechos funerarios, etc. Una de las características de las necrópolis de Caere es el empleo de placas de terracota pintada para el revestimiento de las paredes de las tumbas y que se remonta sobre todo a la época arcaica. Un importante túmulo etrusco fue descubierto por casualidad en 1507 en Montecalvario, cerca de Castellina in Chianti. Albergaba una tumba que contiene numerosos objetos e inscripciones. Leonardo da Vinci se inspiró en ella para realizar un magnífico dibujo a la pluma que representa una tumba en plano central, así como la sección de una cámara funeraria que reproducía la arquitectura interior de la tumba de Montecalvario.

Los espíritus nos han dado algunas informaciones sobre esta civilización en un sueño magnético que relata un momento de vida etrusca. He aquí algunos elementos: Veo un paisaje, veo el mar, hay barcos, suerte de piraguas a remos, con unos veinte hombres cada una. Llevan cascos dorados y plateados, tienen también lanzas unidas a sus extremidades y flechas plateadas. Tienen faldas cortas y plisadas, sandalias en los tobillos y en la pierna. Vienen a sitiar, a atacar al pueblo etrusco. Ahora veo un cerro entre otros, en una vasta extensión de verdor, hace calor, el sol quema, estoy en Chiusi. Veo las viviendas; a la entrada de cada casa, hay columnas esculpidas, son vestíbulos que conducen a una gran pieza única, las casas son de piedras blancas, se diría que algunas de mármol. Las hay también de color rojo, rosa, anaranjado. Parece que hubiera una distinción según los que habitan esas moradas, distinción en los materiales utilizados. Oigo ruido, veo hombres y mujeres que labran la tierra, otros que trabajan el hierro. Golpean con grandes cinceles para fabricar armas, liman trozos de hierro que desgastan en sus extremos para darles el corte. Hace ya mucho tiempo que están acostumbrados a ser atacados por otros pueblos que vienen. Los griegos ya han librado muchas batallas a su contra. Estamos aproximadamente en el siglo V a.C. Los hombres y las mujeres están acostumbrados al calor tórrido, tienen grandes togas de colores claros, muchos adornos en sus muñecas y alrededor del cuello. Utilizan todos los materiales, crean utensilios que les son necesarios pero también alhajas, de fantasía. Veo un hombre que graba sobre panes de oro, tiene una gran punta, graba una suerte de alfabeto, letras que no comprendo. Tiene un modelo, copia. Otro mensaje recibido en escritura automática recalca la voluntad de Roma de destruir a ese pueblo que, en efecto, poseía conocimientos más grandes que otros pueblos: “No sirve de nada combatir al otro en nombre de quimeras que no tienen más sentido que el orgullo en la envidia y en la ceguera del poder pasajero. Estar de paso y hacer de ese paso lo mejor de sí mismo, en la construcción de un imperio de amor, he allí el objetivo de todas las almas. Romanos y germanos, hemos matado, destruido al pueblo etrusco y por esa sola razón hemos impedido el avance de la humanidad, hemos roto el pacto de evolución. Hemos desgarrado el velo de la sabiduría y de la inteligencia y a lo largo de tres siglos, la humanidad europea ha perdido conocimientos”.

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