Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.

domingo, 9 de febrero de 2020



                                                                       ÉMILE COUÉ

PERSONAJE
ÉMILE COUÉ, PRECURSOR DE LA FUERZA DEL PENSAMIENTO
por JEAN-LOUIS PETIT
LE JOURNAL SPIRITE N° 88 AVRIL 2012


Calle Jeanne d’Arc en Nancy, uno pasa delante de una placa que lleva esta inscripción: “Emile Coué, promotor de la autosugestión consciente, vivió en esta casa desde 1910 hasta su muerte el 2 de julio de 1926”. No obstante él es cada vez menos conocido, lo mismo que su método, considerado totalmente anticuado, incluso hasta infantil. Sin embargo, entre 1920 y 1930 Nancy era conocida en el mundo entero gracias a él. Coué movilizó miles de personas, en el marco de conferencias y sesiones de curación en salas llenas a reventar. Entonces, ¿qué pasó? En el marco del redescubrimiento de este grande de Nancy, recordaremos primero al hombre, luego su método. Además, será útil anotar los destinos de éste, después de la muerte de Emile Coué en 1926. Analizaremos finalmente al hombre y su obra a la luz de los conocimientos espíritas.
  
Emile Coué, su vida, el método, su obra
Venido al mundo en una familia muy modesta el 26 de febrero de 1857 en Troyes, se llamaba en realidad Emile Coué de la Chataigneraie. Después del bachillerato, Emile se hizo profesor particular en una escuela privada de París; paralelamente seguía los cursos de la facultad de farmacia y egresó brillantemente en julio de 1882. Se estableció en Troyes en agosto de 1883 junto a un patrón a quien asombraba. Rápidamente su reputación se extendió por la ciudad de Troyes. “¿Está achacoso? Entonces vaya a ver al Sr. Coué en la farmacia del bulevar Danton. Verá, él hace milagros”. En 1884 una de sus clientes, Marie-Louise Lemoine, se convirtió en señora Coué. La pareja no tuvo hijos, pero en cambio visitaba muy a menudo a la familia política en Nancy. Rápidamente los Coué fueron puestos en contacto con los adeptos de la escuela de hipnosis de Nancy. Coué llegó hasta el Dr. Liébault que había creado un nuevo método de hipnosis, más suave y menos autoritario que el del Dr. Charcot, médico neurólogo, en París. Médico rural cerca de Nancy, Liébault también tenía la reputación de hacer milagros. Coué y Liébault simpatizaron rápidamente; Liébault lo inició en su método de hipnosis y lo hizo practicar. Fue así como se creó la escuela de Nancy, con Liébault, Bernheim, discípulo de Liébault, y Coué. Éste efectuaba gratuitamente sesiones de hipnosis en Troyes, en un local cercano a la farmacia que había comprado, y lentamente elaboró una nueva teoría. La elaboración de recetas le permitió afianzar su reputación. Observaba la angustia de sus enfermos, daba las cualidades de las plantas, de los productos y desarrollaba su acción positiva. Rápidamente dispuso de una asidua clientela, completaba el tratamiento con consejos de higiene, actividades deportivas y vida sana. A la larga, conoció bien los efectos de los productos y se dio cuenta de que sus recomendaciones tranquilizaban. Observó también la necesidad de medicamentos y experimentó con cápsulas de miga de pan y pociones a base de agua destilada cuyos efectos benéficos, basados en la creencia de su eficacia, podía notar. Es pues el padre incontestable del efecto placebo, siempre utilizado. Fue impulsado a reflexionar acerca de las catastróficas consecuencias para un enfermo de una moral débil, interesándose igualmente en que un paciente con moral de acero tiene todas las oportunidades de curarse. Era pues importante trabajar sobre la moral. Finalmente, el hipnotismo le demostró cada vez, pues se volvió hábil en ella, la importancia de la sugestión que se convertiría en un elemento muy importante de su práctica diaria. Rápidamente observó el efecto arrastre de las sesiones colectivas donde los enfermos podían apoyarse en las personas curadas para reforzar su propio deseo de sanar. Prefería practicar en estado de vigilia, debido a la reticencia frente el adormecimiento. Todos los elementos estuvieron reunidos a comienzos de los años 1900, a partir de su rica práctica cotidiana.

El método Coué
Estuvo completamente a punto en 1910, cuando decidió jubilarse en Nancy. Dejó de practicar individualmente la hipnosis poco después de 1901. Habló claramente de la posibilidad de “educar la imaginación”, más bien que de privilegiar la acción sobre la voluntad, que rápidamente sería debilitada frente a la imaginación. Coué decidió dedicarse a la difusión más amplia de un método práctico y eficaz: “La autosugestión consciente”, o el pensamiento positivo. Recurrió a una sugestión consciente y repetida, recogida en una sencilla frase corta: “Todos los días estoy cada vez mejor, desde todos los puntos de vista”. Debía repetirse veinte veces mañana y tarde, ayudándose con una cuerda de nudos (20 nudos) para no olvidar ninguna. Esta repetición crea un automatismo en el inconsciente, que poco a poco se persuadirá de la verdad del asunto. Cuando imaginación y voluntad corren parejas, en sentido positivo, decuplican sus poderes positivos conjuntos. Los resultados eran inmediatos y la reputación de sanador de Emile Coué no hacía sino crecer día a día. Creó en la calle Jeanne d’Arc una clínica libre donde recibía y curaba colectiva e individualmente, siempre en forma gratuita.

Escribió poco: El dominio de sí mismo por la autosugestión consciente; Lo que digo; Lo que hago.
A partir de 1920, su renombre, adquirido ya con muchos antiguos combatientes de la gran guerra, se extendió también al extranjero. Se venía a Nancy de toda Europa y luego de los Estados Unidos. Cada vez era más solicitado en conferencias y se sometió a un ritmo impresionante de viajes por el mundo entero. En todos los países visitados se abrieron institutos Coué. El más célebre, el que dirigía el conjunto, estaba abierto en París. Coué creó igualmente una sociedad científica: La Société lorraine de psychologie appliquée (Sociedad lorenesa de psicología aplicada). Hoy en día cuesta trabajo hacerse una idea de los éxitos logrados por él. La lectura de documentos de la época permite comprender mejor, por la acumulación de numerosos testimonios de curaciones. En sesiones colectivas, los resultados eran aún más inesperados y espectaculares. El ambiente de estas sesiones sigue siendo difícil de imaginar en nuestro tiempo de racionalidad. Los periodistas refieren un indescriptible fervor colectivo durante el cual, bajo el estímulo de Emile Coué, los paralíticos y los impedidos arrojaban sus muletas y caminaban. Uno creería que lee un pasaje del Nuevo Testamento. El término taumaturgo, es decir “hacedor de milagros” es utilizado con frecuencia por el narrador que refiere también un ambiente místico. Uno se ubica mucho más allá de una simple sesión de curación. El éxito se confirmaba pues de año en año, llevando a Emile Coué al borde del agotamiento. Moriría por eso, en 1926, de una pleuresía que se instaló sobre ese agotamiento general. Y sin embargo, veinte años después, no quedaría casi nada más que un inmenso desprecio, en su propio país, primero en Francia, luego en Nancy.   ¿Qué calificación dar a este método tan desigualmente conocido según los países? ¿Por qué esa desaprobación en su propio país, Francia? Cincuenta años después de su muerte, “el método Coué casi se convirtió en un insulto en el mundo deportivo y político”, deplora André Rossinot, alcalde de Nancy. Coué trabajó en el país una medicina muy académica que jamás lo reconocería como uno de los suyos. Su método era considerado simplista, peligroso y no médico. La desaprobación de la comunidad científica iba a subir lentamente pero con seguridad. La muy católica Francia tradicional siguió desde muy lejos las curaciones milagrosas de Coué, y rápidamente compartió las náuseas del mundo científico. Además, Coué no formaba parte de la comunidad católica; ¡era teósofo militante! Muchas desventajas, pues, para hacerse aceptar por la red católica. Finalmente, y sobre todo, los sucesores de Coué comprometieron gravemente la herencia, con motivo del segundo conflicto mundial. Los adeptos de Coué empeñaron las estructuras oficiales del movimiento en la colaboración con Alemania. Con la Liberación, la amalgama establecida entre el método Coué y la colaboración sería entonces fatal para el movimiento que cayó en el olvido. Hay que decir también que el gran movimiento de ideas que nació en 1944-1945, en el campo de la medicina, se reveló ampliamente favorable a las ideas de Sigmund Freud que borró casi totalmente la hipnosis de las técnicas médicas, en favor del psicoanálisis. Todas estas oposiciones conjugadas no podían ser sino funestas para el método Coué.  

Los países anglosajones siempre rinden homenaje al gran precursor: 
Los ingleses y los norteamericanos son ante todo pragmáticos: ya que existen un hombre y un método que hacen milagros, ¿por qué privarse de ellos? El espíritu protestante cree en la posibilidad de redención individual; la imagen del self-made-man se ajusta bien a un método que aconseja al individuo mejorar. Ya antes de Coué existía un contexto de trabajo sobre el espíritu por diversos métodos, la “Mind Cure” (curación por la mente). El método Coué fue adoptado inmediatamente, especialmente por los movimientos evangélicos, para quienes las sesiones de curaciones colectivas ya eran familiares. Los pastores y los sanadores copiarían ampliamente. Por tanto, se olvidó rápidamente la postura laica del método de Coué. Los pastores de todas lasconfesiones se apresuraron a añadir a Dios.  
El método Coué, vituperado en su propio país, regresará entonces a través de la cultura norteamericana: Gracias a la Liberación, las ideas y la civilización del Tío Sam sedujeron a millones de personas en busca de renovación. Sin saberlo, el francés desdeñoso del método Coué iba a caer bajo el encanto de las obras evangélicas de la “Mind Cure” tales como la del pastor Norman Vincent Peale: El poder del pensamiento positivo, que retoma el método Coué, vinculado a la lectura de los Evangelios y al reconocimiento del poder divino. Publicado desde 1955 hasta nuestros días, ¡este libro ha sobrepasado los 50 millones de ejemplares! Finalmente, en la actualidad, la Sofrología se extiende con éxito por toda Europa, después de haber seducido a los Estados Unidos. En los años 1960-1970, el fundador, Caycedo, inventó un método de curación que mezcla el pensamiento positivo de Coué, las técnicas del yoga y la medicina alternativa. Es forzoso reconocer que ciertos avances terminan por germinar profundamente.  

¿Es posible comprender mejor el método Coué y el fenómeno Coué a la luz del espiritismo? 
El propio Coué nunca se adhirió a las ideas de Allan Kardec, sino que prefirió las más orientales y místicas de la Sra. Blavatsky, inventora de la Teosofía. No obstante trabajó siempre, sin saberlo, sobre un soporte de base común que se afirma cada día más, el de la fuerza del espíritu inmortal del hombre. Todos los testimonios sobre Emile Coué subrayan su curiosidad de cara a todos los métodos de curación. El hombre se ha mostrado curioso por las técnicas del magnetismo, que él también estudió y practicó intensivamente. Indudablemente, él mismo estaba dotado de un magnetismo muy fuerte, que aprendió a ejercer en provecho de la mayoría. Coué tomó luego distancia para privilegiar la autosugestión que le parecía más eficaz. Por supuesto, su carisma jugó un papel determinante, aun cuando la historia sólo recuerda el método Coué. Se trataba de una misión que él aceptó cumplir sin preocupación por el dinero. Emile Coué vivió siempre de su jubilación de farmacéutico y de los derechos de autor de sus libros (300.000 ejemplares en 1930). Siguió buscando el bien colectivo más que el suyo propio, y prácticamente sucumbió en la tarea. No obstante, siempre permanecería consciente de sus límites. Detrás del concepto de inconsciente, hay una noción muy diferente de la de Freud que él propone: es un conjunto de fuerzas ocultas, pero que pueden ser positivas y negativas. Esas pueden ser también las fuerzas que impulsan la auto-curación. Se está pues muy cerca de un concepto espírita, el del espíritu rodeado de su periespíritu que registra todos los recuerdos y todas las experiencias de cada una de nuestras vidas. Esbozado en la explicación de que la imaginación puede enfermar o curar, según el caso, está todo el poder del espíritu humano con la fuerza del pensamiento que son conjeturados por Emile Coué. Los conocimientos espíritas le hubieran podido permitir llegar más lejos. Queda allí todavía una noción del espíritu bastante imprecisa. El pensamiento positivo, es la elección deliberada de actuar sobre uno mismo, con el concurso del conjunto de su ser, consciente e inconsciente, para orientar su vida de manera positiva. ¿Le hubiera impactado realmente a Coué en su época, que se le mostrase el gran parecido de esa voluntad positiva con la máxima de El Libro de los Espíritus: “Nacer, morir, volver a renacer y progresar sin cesar, tal es la ley”?   Entonces es posible en nuestra época moderna hacer justicia a Emile Coué, que encuentra por fin su lugar en los manuales de psicología moderna. En una época donde la hipnosis vuelve a estar de moda, muchos especialistas reconocen que el concepto de autosugestión consciente, dejado por Emile Coué, da cuenta de una realidad que aporta mucho. Varios médicos practicantes van a explorar por fin el campo de la auto-hipnosis que permite reconciliar hipnosis y método Coué. Emile Coué retoma también su lugar en los manuales destinados a la formación de los profesionales del mañana. Sin saberlo, reúne todos los preceptos de la medicina espírita que proclaman la unidad del hombre. Falta un solo punto: el reconocimiento del espíritu como tal. La historia y la evolución personal de vida en vida, es la palingenesia, es decir la reencarnación de cada uno de nosotros, con los recuerdos de sus anterioridades y las huellas o las secuelas de ese pasado que explican la mayoría de nuestras enfermedades en esta vida presente. Él supo reconocer esa fuerza extraordinaria del pensamiento que puede por sí misma actuar sobre esas enfermedades y curarlas.

Conclusión:
Al final de esta exposición, no se puede evitar ser seducido tanto por el hombre como por su obra. Desde luego, en Francia el método Coué es siempre sinónimo de ingenuidad y de ausencia de valor científico. Sin embargo, todos los métodos modernos de crecimiento personal son más o menos herederos de la auto-sugestión que sigue siendo su gran descubrimiento personal. Comprobamos, en fin, la gran modestia de un hombre que nunca se preocupó más que por hacer el bien a su alrededor, en función de lo que había comprendido intuitivamente y con su talento excepcional de observador de la inquietud humana ante la enfermedad y el dolor. Permaneció siempre, como ya se ha dicho, muy consciente de sus límites. Convertido en espíritu desencarnado, Emile Coué descubrirá naturalmente un más allá activo, donde se dedicará con otros, entre ellos Liébault, al progreso de la medicina. Varias veces se manifestará, en sesiones espíritas, en el seno del Círculo Allan Kardec, en favor de las ideas espíritas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario