Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.
martes, 11 de febrero de 2020
MÉDIUM EVA CARRIERE ECTOPLASMIA UN ROSTRO BIDIMENSIONAL
LE JOURNAL SPIRITE N° 88 AVRIL 2012
UN OJO SOBRE...
LA ECTOPLASMIA
por CATHERINE COURTIOL LA ECTOPLASMIA
A finales del año 2011, nuestra asociación ofreció una conferencia en Nancy con, en una primera parte, una exposición sobre el tema de la ectoplasmia de la cual he aquí el resumen. La ectoplasmia es una particular mediumnidad de efectos físicos. El ectoplasma es una sustancia viva que se exterioriza del cuerpo de un médium; es generalmente por el plexo por donde se la puede ver aparecer, pero igualmente por orificios como la nariz, las orejas o hasta la boca, así como por las extremidades del cuerpo como los dedos. Una vez salido del cuerpo del médium, el ectoplasma es puesto en movimiento por la voluntad de un espíritu desencarnado. Es visible y palpable por todos los participantes a una sesión que, a la vista, pueden observar su color blancuzco o grisáceo y, al tacto, su textura vaporosa o sólida. Se habla entonces de materializaciones que pueden tomar formas humanas parciales tales como partes del cuerpo (rostros, manos), o completas como cuerpos enteros provistos de sus vestiduras. A veces, esta parte exteriorizada puede ser considerable; el doctor Crawford pudo comprobar que, en ciertos casos, el médium podía perder hasta la mitad de su cuerpo. En estos casos de mediumnidades de efectos físicos, el médium establece una comunicación con el mundo de los espíritus desencarnados, que se traduce en fenómenos tales como ruidos, levitaciones de objetos, materializaciones de objetos o de seres vivos llamados también ectoplasmas. A fin de comprender este fenómeno en particular, debemos remontarnos en el tiempo para ubicarnos en la época en que los médiums de efectos físicos eran numerosos. Fue a finales del siglo XIX y comienzos del XX, más exactamente entre 1880 y 1925. Ya Allan Kardec había publicado El Libro de los Espíritus. Cuando apareció en 1857, el público comprendió que el espiritismo encerraba una filosofía y que era una enseñanza.
Numerosos médiums habían recibido mensajes, procedentes de los espíritus desencarnados; estos últimos deseaban dar pruebas de su existencia. Científicos conocidos y menos conocidos organizaron entonces sesiones de experimentación para estudiar los diferentes fenómenos entre ellos el de la ectoplasmia. Estos experimentos fueron realizados con todo el rigor científico de la época en todos los institutos metapsíquicos de Europa y de América. Numerosos médiums se prestaron a las múltiples sesiones. Todas las manifestaciones pudieron ser controladas gracias al rigor y seriedad de los experimentadores que dirigieron todos sus esfuerzos a que no se alegara la idea de fraude. Todos los test y controles realizados durante esas sesiones dieron testimonio de la autenticidad de los fenómenos producidos, de eso no había ninguna duda. En los laboratorios, los médiums estaban rodeados por personas de convicciones diversas y muy pocos conocían la mediumnidad, acudían allí ya sea por simple curiosidad, o con el fin de probar la supervivencia del alma. Algunos de los científicos presentes venían para buscar el error o la superchería pues consideraban a los médiums como histéricos. Y los propios médiums no siempre tenían conciencia de la seriedad de lo que producían. Algunos de ellos estaban allí para hacer avanzar la investigación y otros buscaban comprender lo que les llegaba.
Al final de esos múltiples experimentos, fueron escritos los testimonios. He aquí el del doctor Hodgson, feroz adversario de la mediumnidad que había comenzado su pesquisa con el fin de desenmascarar lo que consideraba una impostura. Después de haber estudiado numerosos casos, declaró, doce años más tarde: “La demostración de la supervivencia me ha sido hecha de tal modo que me quita hasta la posibilidad de una duda”. Hay que decir y precisar aquí que muchos científicos estaban en la misma conducta escéptica. Algunos fueron convencidos y defendieron su certeza con fuerza y coraje ante un público numeroso pues, en esa época, las conferencias que dictaban reunían a miles de personas. Su convicción era tal que una parte de la comunidad científica les dio la espalda, mientras que otros testigos permanecieron escépticos.
En 1923, estos eruditos convencidos firmaron un documento llamado “El manifiesto de los 34”. Eran profesores de medicina, de derecho, miembros de la Academia de Ciencias y de la Academia Francesa, médicos y escritores de gran renombre, ingenieros y expertos de la policía. Los médiums de efectos físicos de esa época eran muy numerosos, se llamaban: Eleonore Piper, Elisabeth d’Esperance, Eusapia Palladino, Daniel Dunglas Home, Florence Cook, Kate Fox, Eva Carrière, Jean Guzik, Franek Kluski y muchos otros más. Los tres últimos fueron estudiados por el doctor Gustave Geley, médico, que formó parte de aquellos valientes investigadores y que llegó a ser director del Instituto Metapsíquico Internacional de París, instituto reconocido como de utilidad pública por el gobierno francés en 1919.
En Inglaterra, la Society for Psychical Research puso en marcha los estudios especialmente con William Crookes, químico y físico. Los estudios realizados con los médiums se apoyaron en numerosas sesiones consecutivas y duraron varios meses. Todos los días, y hasta varias veces el mismo día, los médiums eran sometidos a observación, cualquiera que fuera su estado de salud física. Su particularidad mediúmnica consistía en hacer aparecer, ya fueran materializaciones completas: los espíritus se materializaban gracias a la producción ectoplásmica del médium, creando así un cuerpo físico que tenía todas las características vitales de seres vivos como por ejemplo latidos, una respiración normal, en resumen, una apariencia corporal perfecta; o hacer aparecer manos, rostros, o hasta seres provenientes del reino animal tales como perros, gatos y felinos ante los ojos de una entusiasta asistencia. Y también se vio aparecer plantas.
¿Cuál es el proceso físico posible de todos estos fenómenos?
Ellos no pueden producirse sino gracias a la presencia del periespíritu. El espíritu que quiere comunicarse en ese momento preciso, para hacerse visible va a utilizar, gracias a su periespíritu, la materia exteriorizada del médium así como la energía vital de los asistentes, pero igualmente la energía tomada de los espíritus desencarnados que le ayudan en su cometido. Y es gracias al conjunto de estas energías combinadas que el espíritu logra hacerse visible y tangible. Por la fuerza de su voluntad y de los que le rodean, va a condensar, combinar y organizar todos estos elementos para darles la densidad y la fuerza que desea, así como que el efecto que quiere producir. Es decir, golpear, tocar, hablar, desplazar objetos, producir efectos luminosos y materializar formas vivas. Es por la adición de los fluidos y por su buena concordancia, que el espíritu logra controlar el fenómeno, y con una gran rapidez. Se podría comparar este fenómeno a un nacimiento en acelerado que sería la prolongación de un embrión que da nacimiento al bebé, luego al niño, luego al adolescente y por fin al adulto. Durante una sesión, un científico calculó las fuerzas perdidas de cada uno de los participantes y concluyó que la suma de las pérdidas individuales correspondía a la fuerza media de un hombre. Todos estos fenómenos han sido descritos en numerosas obras, memorias, informes firmados y refrendados, informes de congresos, tratados de investigación y de observación. Han dado lugar a múltiples testimonios, pero lo más importante son las pruebas materiales que han dejado. Para conservar un registro de todas estas manifestaciones, los experimentadores probaron diversos procedimientos. La fotografía fue el primer medio utilizado. Las fotografías fueron evaluadas por varios fotógrafos de oficio que afirmaron estar en presencia de clisés reales. Sin embargo, este procedimiento no se mantuvo porque el relámpago eléctrico producido por el aparato fotográfico podía incomodar y provocar un shock al médium en ejercicio de su función. Los científicos de la época decidieron luego tomar huellas de los miembros humanos para conservar pruebas de lo que veían. Ensayaron con negro de humo pero los resultados conseguidos fueron parciales. Decidieron entonces poner en marcha sistemas que les permitieran obtener y reunir moldes, a partir de impresiones hechas en materiales como arcilla pero eso no era satisfactorio pues era incompleto. Además, la toma en yeso era demasiado lenta. El único procedimiento que, a sus ojos, presentaba la ventaja de obtener moldes muy rápidos y a la vez completos, fue el procedimiento de la parafina inventado en 1875 por el profesor William Denton, un geólogo norteamericano. Se encontraban allí todas las características de los miembros humanos: forma perfecta, arrugas, pliegues, surcos de la piel, uñas, marcas de las protuberancias óseas, de los tendones, a veces de las venillas del dorso de la mano. En pocas palabras, estaba todo. Se obtuvieron así moldes incluyendo manos entrelazadas, la parte delantera de un pie, una mano cerrada y una mano de niño con los dedos doblados y el índice extendido. Expertos estudiaron los guantes de parafina. Los indicios de contracción muscular activa y el arrugamiento de la piel, les permitieron afirmar que los moldes habían sido realizados a partir de manos vivas. Por otra parte, en un testimonio, explicaron que no comprendían cómo se habían conseguido estos moldes. En efecto, la posición de los dedos cruzados de manos juntas o el pulgar en gancho no explicaba cómo había podido retirarse una mano viva de estos moldes sin romperlos o deformarlos. Solamente una desmaterialización del miembro podía explicar el hecho de disponer de un guante vacío. Los médicos que estudiaron estos moldes atestiguaron que se trataba realmente de manos de adultos pero reducidas aproximadamente en un cuarto. Todavía hoy, el Instituto Metapsíquico Internacional de París está en posesión de varios moldes que ya no están visibles para el público.
Durante cerca de ochenta años, los hombres, los médiums y los espíritus han trabajado para demostrar la supervivencia del alma. Se han empeñado en dar pruebas científicas de la existencia del espíritu. Algunos científicos que han participado en estas demostraciones, han comprometido su reputación, algunos médiums han sacrificado su vida, los espíritus desencarnados han dedicado toda su energía a esas fuerzas reunidas, que han sido propicias a la manifestación ectoplásmica.
¿Qué pasa hoy en día?
En verdad, ya no es más la hora de los experimentos, la producción de ectoplasma demanda tal gasto energético por parte de los médiums y de los espíritus que parece inútil rehacer lo que ya se hizo, y muy bien, en el pasado. Los trabajos de investigación impulsados por eminentes científicos como Russel Wallace, Aksakoff, Lodge, Edison y tantos otros, esperan ser exhumados. Los moldes realizados en la época esperan, ellos también, ser explotados según la buena voluntad de hombres y mujeres capaces de hacer resurgir estos elementos del pasado. Hoy, debemos reflexionar en el sentido de la manifestación de los espíritus, debemos reflexionar en el porqué de la vida, ya sea en la Tierra o en otra parte. Para eso, los intermediarios mediúmnicos de calidad, como los de nuestro Círculo, se movilizan a fin de recibir y perpetuar la manifestación del más allá. Las mediumnidades se diversifican para llamar la atención de los humanos, como las mediumnidades artísticas o terapéuticas. Estamos en tiempos en que el espiritismo puede manifestar su fuerza para el avance de la humanidad esperando, una vez más, que los científicos vengan a dar testimonio de la realidad de los fenómenos.
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