Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.
jueves, 6 de febrero de 2020
LE JOURNAL SPIRITE N° 100 avril 201556
SPIRITISME ET MÉDECINE
JAMES BRAID, INICIADOR DE LA HIPNOSIS
por DENIS GEORGE
James Braid (1795-1860) médico escocés, realizó sus estudios de medicina en Edimburgo y ejerció luego en Manchester. Lo citamos con frecuencia al hablar de la historia de la hipnosis pero sin detenernos allí. Vamos pues a fijarnos un poco en este precursor no muy conocido del gran público. Braid se interesó en el magnetismo animal de Mesmer y asistió a una sesión practicada por Lafontaine en 1841: “El primer hecho físico que atrajo mi atención fue la incapacidad de un paciente de Lafontaine de abrir los ojos después de haber sido mesmerizado por él… Llegué a esta conclusión: ese hecho provenía del agotamiento de la influencia de la voluntad sobre los músculos elevadores de los párpados… Quedé convencido de que podrían obtenerse los mismos resultados mirando en la misma forma, fijamente y de manera continua, un objeto cualquiera y concentrando su atención durante la fijación”. Experimentó entonces con personas de su entorno, haciéndolas mirar fijamente un objeto, o sus ojos… y provocó el fenómeno: los párpados se cierran y la persona cae luego en un profundo sueño. Es así como comienza la historia de la hipnosis. Braid practicó entonces sobre múltiples sujetos, y consiguió resultados terapéuticos. En 1843 publicó su libro: Neurohipnología - tratado del sueño nervioso o hipnotismo. Comienza su obra insistiendo en los puntos siguientes: -Según los individuos, existe una diferencia en el grado de susceptibilidad a la influencia hipnótica. -La sucesión de los fenómenos: insensibilidad, sensibilidad, rigidez, movilidad: el paso de un estado a otro es a veces muy rápido. -El estado de espíritu del sujeto es importante: concentración, facultades de imaginación. Su intención era establecer el valor del hipnotismo, y determinar la mejor manera de aplicarlo como medio de mejorar las condiciones mentales, morales y físicas del hombre. Destaca que no puede explicar el “modus operandi” de la producción de los fenómenos observados. Define así la neurohipnología: “estado particular del sistema nervioso, determinado por maniobras artificiales”, o incluso “sueño nervioso”. Describe su método para conseguir el cierre de los ojos y el estado hipnótico: “Es como consecuencia de un exceso de fatiga de la facultad de atención, producido por el pensamiento fijado exclusivamente en un objeto único, a una idea única que no es de naturaleza excitante, que se desarrolla en el cerebro este estado particular que llamo hipnotismo o sueño nervioso”. Afirma su convicción de que nadie puede ser sometido a su procedimiento sin su libre consentimiento. En sus comienzos hubo gran polémica en cuanto al magnetismo animal de Mesmer. Ese magnetismo se transmite de una persona a otra a través de un fluido… que no se puede poner en evidencia. Braid con su neurohipnología se desmarcó de esa controversia. En efecto, el estado hipnótico es muy palpable, concreto. Él multiplicó las experiencias, hizo dar testimonio a sus pacientes y personas de confianza que podían dar testimonio de los hechos observados (médicos, notables…). Trató de demostrar cómo sobreviene el fenómeno hipnótico, cuál es el substratum de él. Observó y trató de precisar los diferentes estados que obtenía en función de solicitaciones, manipulaciones diversas (zonas de excitación) a nivel de la bóveda craneana, pensando que ella recubre diferentes áreas cerebrales (tal acción en superficie engendraría tal acción cerebral). Eso expresa bien la gestión de Braid: se esfuerzó por demostrar un funcionamiento queriendo descifrar el órgano cerebro. Estamos en el contexto de los avances médicos en términos de neurología. Su solicitud es fisiológica, mientras que para la siguiente generación, representada por Liébeault y Bernheim, es psicológica. Braid publica pues sus observaciones: da testimonio de su trabajo con rigor. Dice “atenerse a los hechos tal y como los he comprobado” y permite a buen número de sus cofrades examinar a sus pacientes y darse cuenta por ellos mismos de su estado real en cada caso. Se trata pues de casos de accidentes cerebro vasculares, reumatismos, cefaleas, epilepsia; pero también de resultados obtenidos en sordos y mudos, resultados que no podemos calificar sino de asombrosos. Practica igualmente extracciones dentales bajo hipnosis; interviene entonces sin dolor o casi sin dolor. Braid sigue siendo prudente en cuanto a las posibilidades terapéuticas donde el órgano está demasiado afectado y lo expresa así: “Aún no soy iluso al punto de esperar perfección en el funcionamiento cuando hay una gran imperfección en el órgano”.
Nosotros decimos con mucho gusto que la hipnosis es un sueño que estimula, siendo el hipnotizador el catalizador. He aquí en qué términos expresa Braid esta idea: “Sostengo que el operador actúa como un mecánico que pusiera en acción fuerzas en el propio organismo del paciente, controlándolas y dirigiéndolas según las leyes que gobiernan la relación del espíritu y la materia durante nuestra existencia actual”. Citemos un extracto del artículo escrito por Bernheim y publicado en La Revue de l’hypnotisme 1897-1898 (p.144). Bernheim resume allí en algunas frases la evolución de las ideas y descubrimientos: “Braid reemplazó el antiguo magnetismo por el hipnotismo (recordemos que el magnetismo de Mesmer era controvertido y su ejercicio estaba prohibido por la Academia de Medicina); es el mirar fijamente un punto brillante y la atención concentrada lo que crea un sueño artificial en el cual existen la sugestión y la alucinación debidas solamente a la imaginación del sujeto. Liébeault reemplazó el hipnotismo de Braid por el sueño sugestivo. Es solamente la sugestión la que provoca el sueño, que desarrolla la sugestión y que produce las curaciones. En fin, creo haber mostrado que los fenómenos hipnóticos no están en función de un estado particular del organismo creado artificialmente, sino de una propiedad normal del cerebro, más o menos desarrollada según los sujetos: la sugestión”. Braid no tuvo ningún sucesor en su país. Fue necesario esperar hasta el Dr. Liébeault en 1856, para encontrarle un sucesor. “A Liébeault corresponde el honor de haber terminado de despojar al hipnotismo, el braidismo, de las manipulaciones y teorías fisiológicas que aún lo entorpecían y haberlo reducido a lo que realmente es: simple sugestión. Braid fue el primer iniciador de la doctrina que la escuela de Nancy recogió y perfeccionó, gracias a la penetrante sagacidad de un hombre modesto: el Dr. Liébeault”. Es así como Bernheim rinde homenaje a estos dos pioneros.
En el Círculo Allan Kardec practicamos la hipnosis dentro de la línea de estos descubridores. La sugestión es el pilar esencial de ella. Nosotros, siendo espíritas, sabemos que en ese estado particular que es la hipnosis, en ese estado modificado de conciencia, como es común designarlo hoy, tenemos acceso al espíritu de la persona hipnotizada. Reconociendo que el espíritu es superior a la materia, el objetivo es llegar a ese espíritu con un fin terapéutico. Es un procedimiento original, enseñado por los Espíritus, que muestra, desde nuestro punto de vista, una evolución de la práctica de la hipnosis.
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