Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.

sábado, 1 de febrero de 2020




                                                 AUGUSTE-AMBROISE LIEBEAULT


LE JOURNAL SPIRITE N° 89 JUILLET 2012 
HYPNOSIS
AUGUSTE-AMBROISE LIEBEAULT 1823-1904 PRECURSOR EN HIPNOSIS
Por DENIS GEORGE

Liébeault nació en Favières, pequeña aldea lorenesa cerca de Nancy. Sus padres eran agricultores. Ingresó en la Universidad de Estrasburgo a la edad de veintiún años y fue recibido como médico interno en 1848. Desde esa época, se interesó por el magnetismo animal, que la academia de medicina acababa de condenar una vez más en 1841. Obtuvo su título de doctor en medicina en 1850 y se instaló en Pont-Saint-Vincent, donde desarrolló una excelente actividad. Fue diez años más tarde cuando se interesó nuevamente por los temas del magnetismo y el sonambulismo para así experimentar, buscar y estudiar, lo que se convertiría en su obra en términos de estados de sueño, hipnosis y sugestión,. Como nadie se presentaba a su consulta, se estableció entonces en Nancy, trabajando esencialmente en forma gratuita, y encontró así un buen número de sujetos útiles para sus estudios. En 1866 publicó su libro más importante: Del sueño y los estados análogos considerados desde el punto de vista de la acción de la moral sobre lo psíquico. Esta obra fue objeto de una inclusión en el Índice y de una condena por parte de la Sociedad médico-psicológica; pero no por ello dejó Liébeault de trabajar con entusiasmo y éxito.

En 1881, uno de sus camaradas médicos lo fue a visitar y lo encontró en medio de una veintena de pacientes sumidos en estado de hipnotismo. Impresionado, les habló de ello a algunos de sus colegas. El Dr. Dumont, médico en el asilo de Maréville, asistió a la consulta de Liébeault, aplicó luego su método a algunos de sus propios pacientes y presentó luego ese trabajo a la Sociedad de Medicina de Nancy, y fue así como esos trabajos fueron conocidos por el profesor Bernheim. Había nacido la Escuela de Nancy, para establecer la práctica del hipnotismo sobre bases científicas. Liébeault es considerado como su padre fundador. En 1889 aparece una nueva edición de su primera obra, y el mismo año es elegido presidente honorario del Primer Congreso Internacional de Hipnotismo. En el prefacio de esta reedición, da testimonio de las dificultades encontradas por “estar solo en su opinión”. Citémoslo: “¡Qué importa la adhesión de los sabios y del público, cuando se está seguro de las verdades que se sacan a la luz! Sobre todo, qué importan los anatemas y los dogmas de la medicina clásica, cuando, establecido sobre el terreno sólido de la observación y la experimentación psíquica, se ha adquirido la convicción de haber vislumbrado, no solamente los vastos horizontes de una rama naciente de la psicología; sino más aún, de haber comprobado las aplicaciones de esta ciencia en al arte de curar, las cuales se resumen en la terapéutica sugestiva, terapéutica extremadamente revolucionaria”. 
 
La práctica de la hipnosis Liébeault practicó fijando los ojos de su paciente, haciéndole seguir un objeto con la mirada para conseguir que los párpados se cerraran y el sujeto se durmiera: “Duerma”. Otros ejercicios permitieron luego progresar en el estado hipnótico y darse cuenta del estado de profundidad en que se encontraba el sujeto, del sueño ligero al sueño profundo. Describió los diferentes grados que observaba comúnmente y tenía un diario de observaciones que le permitía extraer de él estadísticas sobre los resultados obtenidos. Y, por supuesto, procedía por sugestiones repetidas, positivas, yendo en el sentido de la curación de su paciente. La importancia y eficacia de la sugestión fueron demostradas y el estado de sueño hipnótico quedó en evidencia. La fuerza de la sugestión sería estudiada igualmente en estado de vigilia, pero Liébeault consideró que debía ser utilizado ese estado particular que es el sueño hipnótico, pues las sugestiones encuentran allí todas sus fuerzas. Citemos algunas palabras de testigos de las sesiones del Dr. Liébeault. “La manera de actuar del Sr. Liébeault tiene algo de ingenuo y de simple, pero realzado por un aire y un tono de profunda convicción. Su palabra tiene tal calor comunicativo que embriaga con ella tanto a sus clientes como a sí mismo… Las sugestiones son hechas un gran número de veces a la misma persona y, cosa singular, a pesar de la inevitable monotonía de esos discursos, en el fondo siempre idénticos, a pesar de la uniformidad del tono y de la voz, la palabra del maestro es tan ardiente, tan penetrante, tan simpática, que no he dejado una sola vez de prestarle atención y de admirarla”. Sueño hipnótico y sugestión son los dos elementos fundamentales sobre los que reposa su investigación. Hoy diríamos que es la hipnosis clásica, la de los precursores, de la que muchos facultativos se han alejado. En cuanto a nosotros, los espíritas, estamos invitados a trabajar en hipnosis en la continuidad de Liébeault y Bernheim.

¿Cuáles son los mecanismos íntimos que permiten el estado de sueño hipnótico y la eficacia de la sugestión? Ese es el sentido de la publicación de su primer libro. El análisis y la comprensión de Liébeault giran alrededor de dos ideas principales: la atención y la fuerza del pensamiento. Tratemos de precisar lo que él entiende por atención. Hoy, por lo general, hablaríamos de concentración del pensamiento. Él explica que en el sueño provocado se encuentran los mismos elementos racionales que aquéllos por los que se entra en el sueño ordinario: convicción que se le puede dormir, consentimiento al sueño, aislamiento de los sentidos, concentración hacia un solo objeto. En el sueño provocado, no hay sino un elemento menos, la necesidad de descanso; y uno de más, la exhortación a dormir. Explica que el sueño ordinario es el resultado de un acto intelectual, el pensamiento que se concentra en una idea que es permanecer en reposo. Habitualmente uno no se percata de ese acto intelectual, pues está consintiendo en entregarse al sueño. En el sueño provocado, la concentración (y el consentimiento) en la idea de dormir, conduce al sueño y permite luego el trabajo de sugestión pues el espíritu, en ese estado de concentración, se vuelve favorable a la sugestión. De todas sus observaciones y reflexiones, dedujo la acción del pensamiento. Indicó la preeminencia del cerebro sobre el cuerpo y describió lo que hoy en día llamaríamos psicosomático. Existe el sistema nervioso central del cual el cerebro es la pieza principal; y el sistema nervioso vegetativo que permite la adaptación del organismo a su entorno: respiración, latidos cardiacos… y al mismo tiempo interacción. Por ejemplo, un evento estresante producirá reacciones neurovegetativas (corazón que se acelera, respiración más corta…) de manera de hacer frente o evitar ese evento. Y ese acontecimiento vivido va a ser memorizado con las emociones asociadas a él, gracias al sistema nervioso central. El sueño hipnótico permite acceder a esas relaciones íntimas del funcionamiento del individuo. Es así como hay allí la influencia de lo moral sobre lo físico, y como el sueño hipnótico permite poner al individuo en condiciones de actuar sobre su propia salud. El sueño hipnótico es un sueño que despierta. Observemos finalmente, que en el transcurso de su obra, se revelan igualmente las nociones de consciente e inconsciente. Lo hemos comprendido, Liébeault es un precursor en términos de hipnosis, pero también un pionero en términos de psicología. Él comprendió y demostró que el pensamiento actúa, que toda sugestión tiende a realizarse y que toda idea tiende a hacerse acción.

Por haberlo comprendido y aprendido de los espíritus, nosotros, los espíritas, decimos que es el espíritu el que domina la materia. Y que la hipnosis permite dirigirse directamente al espíritu del hipnotizado. Para ilustrar este punto de vista, citemos las palabras de Liébeault en este extracto de mensaje recibido en 1988: “El principio hipnótico consiste en despertar todo el poder del espíritu, ustedes lo saben, el agente hipnotizador no hace sino conducir simplemente la hipnosis al interior de las informaciones que les da. Sólo su espíritu recibe, sólo su espíritu escucha, sólo su espíritu decide interpretar, o no interpretar, lo que el hipnotizador no hace sino sugerir. Esta información es esencial pues prueba cuánto es el poder de su espíritu y que su atributo principal, el pensamiento, puede actuar sobre sus naturalezas temporalmente físicas”.

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