Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.

viernes, 31 de enero de 2020



                                PAISAJE TELÚRICO DE LA ISLA DE LANZAROTE

LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013
DOSSIER EL IMPULSO DIVINO Y EL UNIVERSO

LAS FUERZAS DESCONOCIDAS DE LA TELURIA
por CHRISTOPHE CHEVALIER


La palabra “teluria” tiene dos definiciones diferentes, una en relación con los movimientos de la corteza terrestre y el otro con una energía particular detectable por la radiestesia.
Desde el punto de vista científico, desde hace ya varios decenios, cuando hay temblores de tierra que surgen en numerosos puntos del planeta, se habla de “sacudidas telúricas” cuya causa es la doble actividad de la corteza terrestre en incesante movimiento y del núcleo terrestre en incandescencia. Para los geofísicos, la teluria se define según la naturaleza de los subsuelos de la Tierra, de su actividad, de sus efectos en los temblores de tierra y de la actividad de los volcanes. En lo que concierne a la radiestesia, el mundo científico asimila esta facultad a una pseudo ciencia esotérica, cuyos métodos de investigación no tienen nada de científico. Y sin embargo, numerosas investigaciones en este campo fueron realizadas por hombres de ciencia, tales como Charles Richet, eminente fisiólogo francés y laureado con el premio Nobel de esta disciplina, que se expresó así: “debemos aceptar la radiestesia como un hecho. Es inútil hacer experimentos para probar su existencia. Existe. Lo que hace falta ahora, es desarrollar sus posibilidades”. Si los resultados obtenidos no tienen ningún valor científico, a la fuerza tenemos que certificar que los radiestesistas siempre han podido localizar fuentes o encontrar personas desaparecidas en colaboración con las instancias judiciales. El radiestesista habla de lugares “cosmo-telúricos”. Entiende por este vocablo un entorno que es punto de convergencia entre una energía que viene del cosmos y otra energía llamada “telúrica” que emana de la Tierra. Habla también de corrientes telúricas en las casas, corrientes de energía que a veces pueden tener efectos nocivos sobre el estado de salud de las personas domiciliadas en esos lugares. En efecto, esa corriente telúrica que viene de las entrañas de la Tierra, es el resultado de la actividad del plasma y de su vibración, engendrada por sus movimientos que recorren nuestro subsuelo. Resumiendo, los geofísicos estudian la actividad de los subsuelos y del plasma, mientras que los radiestesistas amplían esa investigación con las consecuencias vibratorias de esa actividad. Según las informaciones espíritas, la teluria es una energía que combina varios factores esenciales: el granito, el Sol, la Luna y la bóveda estelar. Para comprenderlo bien, debemos remontarnos en el tiempo, a la génesis de nuestro planeta que, antes de ser la esfera que conocemos, sufrió numerosas conmociones. Hace cuatro mil millones de años, nuestro globo estaba cubierto de agua, su núcleo incandescente estaba envuelto por una corteza y cuando ésta se desgarró bajo la formidable presión del magma del núcleo, éste salió a flote para solidificarse de nuevo formando una capa de granito. El granito es pues el resultado del lento enfriamiento del magma. Esta roca particular forma la estructura inicial del suelo en forma más o menos pareja. Es el esqueleto de la Tierra, que en ciertos lugares es más espeso y denso. El granito representa pues un elemento indispensable en la construcción de la energía telúrica, pues se conjuga con los otros tres elementos ya citados, el Sol, la Luna y la bóveda estelar.

Detengámonos ahora en la armoniosa síntesis de todos estos elementos. ¿Qué sucede exactamente para que esta combinación termine en el nacimiento de la teluria, tal y como es definida en espiritismo? Imaginemos por un instante la escena siguiente: es de noche, el cielo está claro y sin nubes y cuando levantamos la vista en dirección al espacio, podemos ver la bóveda estelar iluminada por una miríada de pequeñas luces centelleantes y a nuestro astro lunar que hace el relevo nocturno al Sol. Esta noche es clara, baña de una luz benéfica todo este conjunto. Esta luz, como todo en el Universo, es una vibración que va a penetrar la corteza terrestre compuesta por numerosos tipos de rocas, pero más particularmente en ciertos lugares, allí donde ella esconde el granito. Entonces, el encuentro de esta luz vibrante con el granito va a engendrar fenómenos químicos y físicos energéticos, en lo más profundo de esta roca para llegar a la energía telúrica. Los espíritus nos han enseñado que esta transformación es el resultado de una perfecta alquimia en la composición del granito. En efecto, éste se compone de “biotita” (mica negra) que es penetrada por la luz y se condensará luego en “mica” (mineral brillante y estratificado), para reflejarse finalmente en el “cuarzo” (sílice cristalizado parecido al vidrio). He aquí pues, cómo las fuentes luminosas se transforman y se modifican en el seno del mineral, para convertirse en lo que los espíritus llaman “la energía telúrica”.

¿Cuáles son las fuerzas contenidas en esta energía y cuáles pueden ser sus aplicaciones? Desde sus primeras manifestaciones en el seno de nuestro Círculo, los espíritus nos llaman muy a menudo la atención sobre la naturaleza de nuestro entorno y su origen divino. Mucho antes que nosotros, en ciertas regiones del Oeste europeo, vivían los druidas en armonía con la naturaleza y por eso el contacto con el más allá era natural. Durante esos contactos de antaño, ya los espíritus superiores enseñaban la observación de la bóveda celeste, de sus ilusiones geométricas y afirmaban que ese conjunto luminoso no se dispersaba por azar. La teluria fue puesta en evidencia en esa época pasada: “Es una fuerza vital para beneficio de los organismos vivientes”. Alimenta el cuerpo y el periespíritu. Esta energía particular y benéfica es esencialmente activa en las zonas geográficas donde predomina el granito. Es el caso de Bretaña, y más ampliamente de los macizos armoricano, alpino y de los Vosgos. Esta lista no es exhaustiva, pues evidentemente existen en Francia y en otras partes, otros lugares donde está presente el granito. Los Espíritus nos han explicado diferentes formas de beneficiarnos de esta energía de la mejor manera posible. He aquí una: si tenéis el privilegio de vivir en una de estas regiones, no dudéis en tenderos sobre el suelo granítico en una noche clara, formando uno con el suelo, imaginando la redondez del planeta. Siempre dentro de este pensamiento, hay que imaginar que vuestro cuerpo mismo es de granito, que recibe la luz difusa de la Luna y de la bóveda celeste y que esa luz os penetra. En ese momento, la teluria de los lugares invadirá vuestro cuerpo físico, pero también vuestro doble etérico, el periespíritu. Para que se opere esta alquimia y dispense eficazmente sus beneficios, hace falta, en un primer momento, tener conciencia de que no estamos compuestos esencialmente de materia sino que nuestra naturaleza es ante todo espiritual. Y en un segundo lapso, comprender la interacción entre el doble periespiritual y el cuerpo. Para ello, volvamos sobre la definición del “doble periespiritual” y su papel. El periespíritu es un cuerpo sutil de semi-materia que acompaña al espíritu en cada una de sus encarnaciones. Ha registrado todas las informaciones transmitidas de vida en vida. Su estructura está compuesta de miles de millones de células imbricadas en las del cuerpo. Células periespirituales y células físicas son un aglomerado de átomos vibrantes, y así los dos cuerpos interaccionan uno sobre el otro. Cuando uno va mal, el otro va mal y viceversa. El periespíritu es la prolongación invisible de nuestro cuerpo.
Seguros de esta comprensión de nuestra doble naturaleza física y espiritual, y de su interacción; seguros del conocimiento de la existencia de la teluria, admitimos que esta energía positiva proporciona a nuestros cuerpos una fuerza suplementaria que refuerza el equilibrio vibratorio de las células entre sí. De ese beneficio, resulta la buena armonía del funcionamiento de nuestra naturaleza espiritual, periespiritual y física. En conclusión, podemos afirmar que la práctica regular de tenderse sobre un suelo granítico, conscientes del fenómeno natural que se va a producir, es una verdadera terapia. Ojalá que un día, forme parte de las curaciones del futuro.

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