Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.

miércoles, 8 de enero de 2020





DOSSIER LOS PIONEROS DEL ESPIRITISMO por MARIE-NOËLLE COURTIOL 
WILLIAM CROOKES
LE JOURNAL SPIRITE N° 81 JULLET 2010


 Elementos biográficos

William Crookes, nacido a Londres en 1832 y fallecido en 1919, fue uno de los más grandes eruditos de su tiempo. Siguió brillantes estudios en el Royal College of Chemestry de su ciudad natal y ocupó allí un puesto de asistente químico. En 1854 fue nombrado Inspector del Servicio Meteorológico en el Observatorio Radcliffe de Oxford y en 1955, llegó a ser profesor de Química en la Escuela Normal de Chester. En 1859, fundó el Chemical News, un periódico científico del cual era también jefe de redacción. Desde 1869 ocupó el mismo puesto en una publicación periódica similar: el Quarterly Journal of Science. La Royal Society, de la cual fue nombrado miembro en 1863, le recompensó por sus diversos trabajos en química. Fue uno de los primeros en estudiar por medio del espectroscopio las propiedades de los espectros solar y terrestre. Se le deben ingeniosos instrumentos: el fotómetro de polarización y el microscopio espectral y es autor de un tratado de análisis químico (Métodos elegidos) convertido en un clásico en su tiempo. Se le deben igualmente numerosas investigaciones en astronomía y especialmente sobre la fotografía celeste. Al reconocimiento de sus pares británicos, se sumó igualmente el reconocimiento de sus colegas franceses, que se tradujo en 1880 en la entrega de la Medalla de Oro y de un premio de 3.000 francos de la época, recompensas otorgadas por la Academia Francesa de Ciencias. Además de estas distinciones puramente científicas, hay que destacar dos hechos particularmente importantes para un súbdito del Reino Unido: el ennoblecimiento por parte de la Reina Victoria en 1897 y el otorgamiento de la Orden Nacional del Mérito en 1910.


Algunos de sus descubrimientos científicos

Sus diversos trabajos le familiarizaron con los nuevos métodos de análisis espectrales que acababan de idear Bunsen y Kirchoff en 1859. Aplicando esos métodos a los residuos seleníferos de una fábrica alemana de ácido sulfúrico, Crookes observó en 1861 una raya verde brillante que atribuyó a un nuevo elemento. Poco después, aisló ese elemento desconocido y le dio el nombre de Talio (del griego thallos = rama) precisamente a causa de la famosa raya verde. Fue observando las singularidades del talio que llegó a trabajar en el campo del vacío, y a inventar en 1872 un aparato que se denominaría el radiómetro de Crookes. Ese aparato servía para medir la intensidad de los rayos luminosos. La utilización de gases enrarecidos condujo a William Crookes a investigar cómo éstos eran atravesados por la descarga eléctrica. En 1878, comprobó que con una presión suficientemente reducida el gas dejaba de ser luminoso, mientras las paredes del vaso recipiente se iluminaban con una luz verde. Por una serie de ingeniosos experimentos, llegó a demostrar que tal fluorescencia era debida a una radiación proveniente del cátodo y que esos rayos catódicos se propagaban en línea recta; que calientan y comprimen los cuerpos que encuentran, aunque sean curvados por los campos magnéticos. Crookes supuso entonces que el cátodo emitía partículas. Bautizó con el nombre de “efecto radiante” o “cuarto estado”  de la materia al gas ultra enrarecido que llenaba el tubo. Tal hipótesis fue vivamente combatida por Lenard y los físicos de la escuela alemana que veían en esa radiación un fenómeno no-corpuscular, más bien una radiación más o menos análoga a la luz. La cuestión quedó zanjada en 1895 por Jean Perrin que demostró que se trataba de un flujo de electrones. Otra invención de William Crookes asombró al mundo científico: el espintariscopio, aparato destinado al estudio de las radiaciones emitidas por los cuerpos radioactivos. Aunque todos estos descubrimientos son importantes, no representan de hecho sino una pequeña parte de los inmensos trabajos de Crookes que trataron de materias tan diferentes como la extracción de plata por amalgamación, la preparación de azúcar de remolacha, la tintura sobre tejidos, el saneamiento de alcantarillas, etc.

Experimentación espírita: la trayectoria científica e intelectual de Crookes

Es importante recordar la trayectoria científica de William Crookes, pero sus investigaciones en el campo de la supervivencia del alma son igualmente capitales y determinantes. Todas las investigaciones o estudios fueron dirigidos de manera honesta y aunque los adversarios del espiritismo trataron de atribuir alguna debilidad a cada testimonio de la verdad espírita, la trayectoria científica de William Crookes seguiría siendo la prueba de su estabilidad intelectual y mental. Espíritu serio e imparcial, Crookes dirigió en forma notable un estudio de las manifestaciones espíritas. Debido a su alto nivel científico, los exámenes que realizó produjeron extraordinarios resultados. Al principio, Crookes confesó estar interesado en tales investigaciones, pensando que las manifestaciones psíquicas podrían ser obra de muchos sus colegas, ardientes incrédulos, que se distanciaban de su opinión y se regocijaban de antemano porque su eminente cofrade se entregara a una investigación que, estaban convencidos, pondría fin a lo que denominaban vanas pretensiones espíritas. Pero rápidamente esos escépticos no tardaron en desengañarse pues, a pesar de todo, Crookes muy pronto adquirió convicciones que le llevaron a colocarse bajo la bandera del espiritismo. Todo comenzó en 1870, cuando este investigador emprendió sus primeros estudios. Las burlas de sus colegas, en cuanto a los hechos espíritas, lo sublevaban, y observó en el Quaterly Journal of Science lo que consideraba un escándalo provocado por ciertos eruditos que habían rehusado investigar lo que él denominaba “la existencia y naturaleza de hechos certificados por tantos testigos competentes y dignos de fe”. Paralelamente, en el mismo periódico, escribió que el espiritismo era admitido por millones de personas, y afirmaba: “Deseo informarme sobre las leyes que rigen la aparición de fenómenos absolutamente notables que se producen actualmente en una escala increíble”. Pasó enseguida de la palabra a la acción y procedió a experimentar con el médium Daniel Dunglas Home, logrando de inmediato resultados convincentes tales como: - alteración del peso del médium - levitación del médium - ejecución de melodías sin contacto de manos con los instrumentos de música: acordeón encerrado en una jaula;  armónica;  guitarra;  piano cerrado con llave;  etc. - movimientos de objetos y de muebles alejados del médium - fenómenos luminosos: globos, llamas, nieblas, resplandores - materializaciones de órganos humanos vaporosos o carnales, luminosos u opacos, y apariciones fantasmales tangibles - transferencia de materia a través de materia: un timbre pasa de la sala contigua a la sala de experimentos a través de una puerta cerrada, una flor se desprende sola de un ramo y atraviesa una mesa, etc. .

Los experimentos espíritas de William Crookes

Estos experimentos se realizaron entre 1870 y 1873 por medio de aparatos creados para la circunstancia por el propio Crookes para medir con precisión cada categoría de fenómenos y asegurarse así de su realidad. A pesar de las coacciones y dificultades causadas por estos aparatos, el médium D. D. Home se prestó de buena gana a todas las exigencias del sabio que publicó sus resultados en los números de febrero, marzo y mayo de 1874 del periódico espírita londinense The Spiritualist. Por supuesto la publicación de estos resultados provocó un clamor general entre los incrédulos eruditos, que se alzaron contra su cofrade “pasado al enemigo”; nada se le escatimó y hasta se habló de privarlo de su condición de miembro de la Royal Society. Crookes, atemorizado ante tal desenfreno de pasiones, se mostró en adelante muy prudente en sus declaraciones públicas, por lo menos hasta que su situación profesional no fuera inamovible. En 1873, el gran investigador conoció al médium que indudablemente iba a suministrarle el mayor número de asuntos a estudiar: se trataba de la señorita Florence Cook. Esta joven médium de efectos físicos poseía una facultad de muy alto grado que le permitía la materialización completa de fantasmas. Desgraciadamente, como muchos otros médiums, Florence fue confrontada a violentos ataques que la acusaban, entre otras cosas, de superchería y de fraude; esos ataques socarrones la afectaban considerablemente. Fue así como, en el más completo desconcierto, la joven médium se puso bajo la protección de la señora Crookes, aceptando que su esposo William realizara toda clase de experimentos con la única condición de que él determinara su mediumnidad, y que entregara al mundo sus conclusiones exactas en cuanto a la realidad de los fenómenos estudiados. Por fortuna, Florence Cook trató con un hombre de una gran honestidad intelectual. El encuentro del gran erudito y la joven médium le evitaría a ésta sufrir la misma suerte de otros médiums que, habiéndose prestado a las investigaciones científicas, fueron traicionados y abandonados por los mismos que los habían solicitado: en efecto, ciertos investigadores no tuvieron el coraje moral de admitir los resultados que implicarían su propia aceptación pública de la hipótesis espírita. Así pues comenzó en casa de los Crookes, una larga serie de experimentos que continuarían a lo largo de tres años consecutivos a través del fenómeno Katie King. Así, la mediumnidad de Florence Cook permitió la materialización de fantasmas tangibles. Desde los primeros experimentos realizados en casa de los Crookes, los asistentes comprobaron la materialización de un espíritu vestido de blanco, extremadamente activo y locuaz, que declaró llamarse Katie King. Desde entonces, Katie King se manifestaría durante los tres años que duró la experimentación que ella misma había deseado desde su primera aparición. Las observaciones se multiplicaron y Crookes pudo entregarse con toda tranquilidad al estudio del fantasma y de las manifestaciones que lo acompañaban. Se tomaban todas las precauciones posibles e imaginables para evitar el fraude, el erudito y los asistentes a las sesiones podían asegurarse con sus propias manos de la realidad tangible del fantasma. Podían cortar bucles de sus cabellos y trozos de su vestido. A la luz de una lámpara de fósforo podían contemplar a Katie King sonriente y alegre, hermosa y esbelta, rubia y blanca en su vestido blanco mientras que su médium dormida, Florence Cook, pequeña y morena, vestía de terciopelo negro o de lana azul. Mientras Katie se manifestaba, William Crookes podía hasta tomarle el pulso y compararlo con el, diferente, de Florence. Podía apoyar su oído sobre el pecho del fantasma y escuchar un corazón, cuyos latidos eran más regulares que los de la médium. Igualmente el sabio tomó numerosas fotografías de Katie King sola, luego con Florence y en su propia compañía. Finalmente, el jueves 21 de mayo de 1874, después de haberse manifestado durante tres años, Katie King ofreció a la asamblea largos adioses conmovedores y consoló a Florence que estaba sollozando ante la idea de no volver a ver a la que consideraba como una amiga venida del más allá. Ante la extraordinaria, pero sin embargo muy real, aventura de la manifestación de Katie King, William Crookes tuvo esta conclusión en forma de afirmación: “No digo que eso es posible, ¡digo que es!” Sin embargo, la búsqueda espírita del gran investigador no cesaría con el fin del fenómeno Katie King. Proseguiría sus investigaciones sobre la vida después de la muerte y sobre las facultades psíquicas del hombre. Presidente de la Society For Psychical Research en 1898, se interesó igualmente por la telepatía, o acción a distancia de un pensamiento sobre otro pensamiento. Sir William Crookes seguirá siendo uno de los más grandes experimentadores de los fenómenos psíquicos, y estableció la prueba objetiva absoluta de la existencia de la vida después de la vida.

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