Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.

martes, 21 de enero de 2020


 
                                   ROSEMARY BROWN


DOSSIER LA ESCRITURA AUTOMATICA
por JEAN-LOUIS PETIT

ROSEMARY BROWN, MÉDIUM DE LOS COMPOSITORES
LE JOURNAL SPIRITE N° 85 JUILLET 2011
 
Después de haber sido citada en casi todos los programas sobre lo paranormal en la tele o en la prensa, Rosemary Brown, fallecida en 2001, interesa menos al mundo de los medios. ¡Y a pesar de eso! ¡En los años 1960 y 1970, ella recibió casi cada día partituras musicales, esencialmente para piano, que se parecen hasta el punto de confundirse, a las de Liszt, Chopin, Beethoven, Grieg, Debussy y tantos otros! Nacida en 1916 en Londres en una familia modesta que le dio sólo una educación musical muy limitada, nunca dejaría su casa pero pretendía recibir allí a una aristocracia musical un tanto particular pues se trataba de grandes compositores archiconocidos pero fallecidos. Cuando se reunió con ellos en noviembre de 2001, a la edad de 85 años, dejaba tras de sí un fantástico testimonio de mil obras por lo menos, casi todas reconocidas como de grande o buena calidad. La casa de discos Philips se interesó y editó varios discos prudentemente titulados “Música de Rosemary Brown, inspirada por Liszt, Schubert, Chopin…” Apareció numerosas veces en la televisión, inspiró una película y varios telefilmes, en fin, sobrevivió a todas las críticas musicales, psicólogos y profesores de lo paranormal lanzados sobre ella por el mundo racionalista que se convenció a regañadientes. Ella misma contó, con gran humildad y frescura su extraordinaria trayectoria totalmente dirigida por el más allá, en un libro: En comunicación con el más allá. Volvamos entonces a su mediumnidad, pues indudablemente, esta mujer sencilla, que se ganaba la vida como señora de limpieza y asistente de cocina después de la muerte de su marido, se reveló como una gran médium, detrás de la cual se atropellaban numerosos conocidos compositores fallecidos, guiados por el espíritu Liszt que seguía de punta a punta el itinerario de su protegida. Ella cohabitaba desde muy temprano con el mundo de los espíritus que le parecía que formaba parte del mundo normal. Es preciso decir también que la familia estaba acostumbrada a los contactos con el más allá. Rosemary continuó pues una tradición hereditaria, poco practicada por su madre, pero habitual para su abuela. En medio de visitas de caballeros en armadura, antiguos vecinos y parientes, la llegada de Liszt, cuando ella apenas tenía siete años, vestido como un clergyman algo viejo y muy distinguido, no la impresionó en absoluto, aun cuando le anunció un trabajo en común referente a transmisión de música. Rosemary no supo entonces identificar a aquel visitante. Él reapareció mucho más tarde, en su casa familiar, en el sur de Londres. Comenzó entonces un largo aprendizaje donde Liszt desempeñó en primer lugar un obligado papel de profesor, utilizando los muy escasos conocimientos de piano y música de su protegida, para transmitirle rápidamente largos dictados musicales, nota por nota y signo por signo. Cuando era necesario tocar para identificar la música, el compositor utilizaba las manos de Rosemary como simples instrumentos: “Liszt toma el control de mis manos. Se sirve de ellas como de guantes. Toco la música muchas veces, después la escribo. Chopin me sopla las notas al piano y coloca mis manos sobre las teclas correctas. Si es un Lied, Schubert intenta cantármelo, pero no tiene una voz muy buena…” Efectivamente, mientras tanto otros profesores se unieron a Liszt que sin embargo siempre mantuvo un papel de supervisor del grupo de compositores del más allá. Ellos pusieron en práctica una verdadera estrategia de comunicación con nuestro mundo. Su objetivo siguió siendo el mismo: dar a conocer la realidad del más allá, y borrar la muerte del vocabulario humano, con su cortejo de temores y supersticiones. Adicionalmente, los compositores del más allá siguen creando y no sólo aportan a los humanos una señal incontestable de su talento, sino también el beneficio de su música. Utilizada a la vez como emisora y como receptora, Rosemary se entregaría a tiempo completo a esta nueva tarea, que le permitió recibir todo lo que el más allá cuenta de grandes maestros conocidos, con algunas excepciones: Mozart, por ejemplo, le haría sólo raras visitas. Liszt, Chopin y Beethoven serían los más presentes. Todos estos visitantes se volverían familiares y hasta le harían algunos pequeños favores: un día Chopin interrumpió un dictado musical para evitar una inundación de la casa; ¡la hija de Rosemary, algo distraída, había dejado abierto el grifo de la bañera! Durante un período de vacas particularmente flacas, Liszt hizo una pequeña excepción en el más allá, incitando a su protegida a hacer algunas apuestas deportivas acompañadas de un dato de primera mano, que le permitiera salir un poco de su ambiente de miseria. Muy felizmente, el éxito llegó, los humanos decidieron pagar derechos de autor, cuyos beneficios cobraría luego Rosemary regularmente, sin por eso nadar en oro. El primer álbum salió en 1970, época en la que se convirtió en una celebridad asidua de los medios y especialmente de la BBC. Liszt y su grupo habían logrado pues sus manifestaciones y su plano de comunicación.
En realidad, la experiencia “Rosemary Brown” resultó preparada desde hacía tiempo. La propia intérprete hizo la pregunta crucial a Liszt: “¿Por qué yo?”, obteniendo entonces la siguiente respuesta: “Porque te presentaste voluntariamente para esta experiencia mucho tiempo antes de nacer”, confirmada por esta frase: “Aceptaste ser el vínculo entre nosotros y el mundo, cuando te encontrabas en otro aspecto de tu existencia”. Además del hecho de que confirman las explicaciones espíritas de nuestros destinos, estas revelaciones demuestran una disposición minuciosa de todas las condiciones de experimentación: era necesario aceptar una vida humilde y modesta, con justo las pocas bases musicales que le permitieran a Rosemary recibir sus dictados musicales. En contraposición, condiciones de vida más brillantes hubieran incrementado la creencia en dones personales, que le permitían reproducir con brío hasta la impronta personal de los grandes compositores del pasado. El experimento se apoyaba esencialmente en el aspecto humilde, casi insignificante de la médium que aceptaría toda su vida durante las duras consecuencias de una situación social difícil, jalonada de duelos personales, igualmente aceptados como indispensables a su humildad, lo mismo que al desarrollo de su sensibilidad.
El más allá manifestaría igualmente una gran soltura en el manejo de los medios de comunicación y medios propios para asegurar el éxito del experimento. El mismo espíritu prepararía, desde el más allá, un verdadero plan de comunicación, confiado entre otros a varios críticos musicales fallecidos, muy conocidos de la BBC. Sir Donald Tovey, fallecido hacía poco, firmó él mismo una argumentación muy detallada, que tardó dos horas en transmitir a Rosemary. Allí se leerá por ejemplo: “No transmitimos música a Rosemary Brown con el objetivo de ofrecer simplemente un eventual placer de escucha. Esperamos que las implicaciones de este fenómeno estimulen el interés sensible y sensitivo de todos e inciten a muchos individuos inteligentes e imparciales a tomar en consideración y estudiar las regiones desconocidas del espíritu y de la psiquis del hombre”. “Cuando el hombre haya explorado las misteriosas profundidades, todavía veladas de su conciencia, será capaz entonces de elevarse a las correspondientes alturas del pensamiento”. El más allá haría más: aceptaría asistir a Rosemary Brown, y tanto Beethoven como Liszt responderían personalmente, en directo, aunque invisibles, por el canal de Rosemary, a muchos críticos musicales que en vano intentaron apabullarla. Por preocupación de humanidad, Beethoven dio noticias de su madre a una persona de la asistencia golpeada por un duelo reciente. Críticos y especialistas terminarían por convencerse: no había ninguna anormalidad en la frágil Rosemary, ninguna predisposición, ningún trucaje era posible. No obstante, el más allá molestaba ya, en su época como en la nuestra. ¡Con mucha frecuencia se oculta eso! Siempre nos queda este patrimonio excepcional de más de mil obras muy diferentes, siempre presentes para “estimular nuestro interés sensible y sensitivo”, como nos lo prometió el espíritu, más allá de la muerte de sus verdaderos autores. Desde entonces, la propia Rosemary Brown, dejó su sacerdocio, en condiciones tan humildes y discretas como siempre. Sus discos siempre están disponibles, aunque un poco olvidados. Sin embargo, en lo que concierne a los artistas del más allá, ellos siguen manifestándose cada vez que pueden.

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