DOSSIER EL IMPULSO DIVINO Y EL UNIVERSO
EL CIELO Y LA TIERRA DE AYER A HOY
por FABIENNE TOUZET
LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013
DE ARISTÓTELES (-384, -322) A COPÉRNICO (1473 - 1543)
La imagen que prevalece entonces desde hace dos mil años, es la del filósofo Aristóteles para quien la Tierra era el centro inmutable del Universo. Los hombres pensaban que vivían sobre una plataforma estable y que las estrellas y el cielo giraban por encima de ellos. Ningún cambio puede producirse en el cielo. La Tierra es el mundo sublunar, mundo del cambio, de la vida, de la muerte, el reino de la evolución. El cielo (o cosmos) es la eternidad. Es un mundo perfecto e inmutable cuyos constituyentes (Luna, Sol, Planetas, Estrellas) están cada uno sobre esferas concéntricas, centradas sobre la Tierra y que giran alrededor de ésta. El círculo representa un movimiento fundamental y perfecto. Los objetos más cercanos a la Tierra (la Luna y el Sol) giran rápidamente. Los más alejados (las estrellas fijas) son las más ideales, las más perfectas. Están en el origen de todos los movimientos y no se desplazan. La Tierra está en el centro, luego vienen la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno. En su obra De la Física (350 a.C.), Aristóteles da esta descripción del mundo, que ya había sido sugerida por la escuela más antigua de los Pitagóricos y, al contrario de la ciencia moderna, es fundamentalmente “intuitiva”.
Lo que le dará en parte su fuerza y su perennidad por un período tan largo, es que se beneficia también de la descripción precisa y cuantificada del movimiento de los astros hecha por Ptolomeo, en su Almagesto conocido bajo el nombre de La gran síntesis. Se trata de una teoría matemática del movimiento de los cuerpos celestes, basada en una combinación de movimientos circulares. Así, utilizando combinaciones de círculos, Ptolomeo consigue reproducir con una precisión bastante buena para la época, los movimientos de los planetas en el cielo. Este sistema permitía asimismo prever los eclipses de Luna y de Sol, las conjunciones, etc., era pues globalmente satisfactorio y muy útil para los astrólogos. Ello explica por qué hasta Copérnico, el sistema de Ptolomeo fue intensamente utilizado y estudiado. La Iglesia adoptó la visión de Aristóteles pues establece una clara separación entre el creador y la creación. El cielo es el mundo donde reside la divinidad, y la Tierra es el mundo de los hombres sometidos a la tentación. Pero he aquí que un científico viene a declarar que eso es falso y que en realidad, se vive sobre un pequeño peñasco que gira alrededor de una estrella de fuego. En su libro, Copérnico postula que el Sol está en el centro del Universo y que los otros planetas giran alrededor de él en este orden: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter y Saturno. Pero, él no va a ser el único perturbador en este campo.
EL CIELO Y LA TIERRA DE AYER A HOY
Estamos en 1543 y Nicolás Copérnico, canónigo y astrónomo polaco, muere. En los siglos que siguen, su libro De las revoluciones cambiará la concepción de la visión del Universo. La ciencia moderna está en marcha y la feroz batalla que la Iglesia le dedicará apenas comienza.
TYCHO BRAHE (1546 - 1601)
En Dinamarca, Tycho Brahe, un joven de la alta nobleza, apasionado por la obra de Copérnico, decide consagrar su vida a la astronomía. En 1572, observa en un cielo que se considera que no cambia, un evento que contradice la cosmología de Aristóteles: una estrella desconocida brilla intensamente en la base de la bóveda celeste. Pide pues a un artesano que le construya un nuevo instrumento que le permita observar este fenómeno. Es para él un verdadero milagro y cree asistir entonces al nacimiento de una estrella en la constelación de Casiopea. En Europa del Norte, mayoritariamente protestante, más abierta al saber y a la ciencia, el rey de Dinamarca Federico II se interesa vivamente por el descubrimiento de su Stella Nova (o estrella nueva) y le regala a Tycho Brahe la pequeña isla de Ven, situada en el estrecho que separa Dinamarca de Suecia. Éste hace construir un observatorio, el palacio de los cielos (Uraniborg), donde invitará a colegas experimentados para establecer la nueva cartografía del cielo. Aunque el telescopio y el lente astronómico no se han inventado, logra obtener resultados de una precisión inigualada para la época y puede crear un catálogo de estrellas que será referencia por mucho tiempo. El palacio de los cielos se convertirá en la primera facultad de investigación en Europa. Las tablas de posiciones de las estrellas y de los planetas tenían dos mil años y nadie había soñado aún con hacer otras observaciones. Él va a consignar meticulosamente por escrito sus trabajos y ubicará sobre un globo gigante la posición de mil estrellas. Inspirándose en las ideas de Platón, que en la Edad Media competían con las de Aristóteles, formula una nueva hipótesis, según la cual el cielo y la Tierra no son dos mundos separados, sino que forman un todo donde la divinidad es omnipresente, y los científicos pueden descubrirla allí gracias a sus estudios sobre la creación. En 1577, asiste a otro evento: el cometa más grande aparecido en el cielo cuya cola se extiende sobre un tercio del firmamento. Pasa más allá de la Luna en el campo de cristal. Pero, según Aristóteles, las estrellas y los planetas se mantienen en su lugar por las esferas cristalinas cuya materia transparente e impenetrable aprisiona a los astros. Tycho Brahe llega a la conclusión de que Aristóteles, Ptolomeo y los antiguos no tienen razón y que Copérnico ha visto correctamente; añade que el espacio no es entonces más que el espacio. Hace construir otro palacio de las estrellas para efectuar observaciones aún más precisas. Por años, sus asistentes y él van a observar la posición de Marte y de las estrellas, pero van a fracasar en demostrar que la Tierra está en movimiento pues simplemente ignoran que la escala planetaria es veinte veces superior a lo que se pensaba entonces. Concluye finalmente que la Tierra no está en movimiento (así está de acuerdo con la Biblia) y su teoría es un compromiso entre la de los antiguos y la de Copérnico: la Tierra es el centro del Universo alrededor de la cual giran la Luna y el Sol, pero los otros planetas giran alrededor del Sol como lo ha postulado Copérnico.
GIORDANO BRUNO (1548 - 1600)
El Renacimiento ve a la Iglesia católica dividirse en dos, por un lado los protestantes y por el otro los católicos romanos. Pero las dos corrientes están preocupadas al ver que la palabra de Dios es vuelta a cuestionar por la nueva ciencia. Roma se inquieta por otro perturbador, Giordano Bruno. Ferviente admirador de Copérnico, recorre Europa para dar a conocer la nueva visión del Universo. En su libro El infinito, el universo y los mundos, que envía a Tycho Brahe con una dedicatoria, postula que el Universo es infinito y que comprende una multitud de Tierras y de Soles. Presenta la hipótesis de que las estrellas no están todas atadas a la envoltura extrema del Universo, que están esparcidas y que evolucionan libremente en un mundo que parece infinito. En 1592, es acusado de herejía y encarcelado en el Castillo de Sant’Angelo en Roma. Allí permanecerá ocho años y el 17 de febrero de 1600, después de una sesión de torturas atroces, será quemado vivo en la hoguera. Por su parte, después de la muerte de Federico II, Tycho Brahe fue desterrado por su sucesor luterano Christian IV que había suprimido los financiamientos necesarios para sus investigaciones.
Llegado a Praga en 1599, bajo el reinado de Rodolfo II, abierto y tolerante, conoce a Johannes Kepler, matemático que ha huido de Austria a causa de las guerras de religión. El joven está fascinado por Platón y por la idea de que existiría un vínculo entre lo terrenal y la divinidad. Tycho le propone que sea su asistente pero cae enfermo y muere el 24 de octubre de 1601.
JOHANNES KEPLER (1571 - 1630)
Kepler hereda entonces todos sus archivos y todos sus análisis hechos a lo largo de veinte años. Gracias a ellos, va a hacer un descubrimiento asombroso: las órbitas del planeta Marte están en contradicción con la teoría de los círculos perfectos. Para que sus cálculos funcionen, necesita que las órbitas sean un poco achatadas. Descubre que la única figura geométrica que permite conseguir eso es la elipse. En 1609, publica en Astronomia Nova (Nueva astronomía) su concepción del mundo, basada en tres leyes matemáticas: - 1 Los planetas orbitan alrededor del Sol en forma elíptica - 2 Los planetas aceleran el movimiento al acercarse al sol y lo reducen al alejarse - 3 Los planetas exteriores orbitan más lentamente que los planetas interiores.
GALILEO (1564 - 1642)
Por la época en la cual Kepler hace este descubrimiento capital en Praga; en Italia, el astrónomo Galileo trabaja en un nuevo invento. Es el primero a comprender la importancia de lo que ve a través del telescopio y construye su propio lente de observación. Ve lo que Tycho Brahe nunca pudo ver: que la Vía Láctea no está constituida de polvos centelleantes sino de una infinidad de estrellas; que la esfera de la Luna no es perfecta; en su superficie hay montañas y valles. En enero de 1610, descubre cuatro lunas en órbita alrededor de Júpiter y comprende que en el Universo hay otros centros además de la Tierra. Publica sus descubrimientos en su obra El mensajero de las estrellas que irrita al Papa. Es convocado por el cardenal Bellarmin, el mismo que envió a la hoguera a Giordano Bruno, y su libro es prohibido pues contradice a Aristóteles y las Escrituras. A pesar de la advertencia, en 1632 publica Diálogo sobre los dos grandes sistemas del mundo, que termina por provocar hacia él las iras de la Inquisición. Acusado de herejía, es confinado en su residencia en Florencia y obligado a abjurar. Nos queda en la memoria su célebre frase “E pur si muove!” (Y sin embargo, se mueve). La guerra de los treinta años, que ha devastado a Europa, oponiendo a católicos y protestantes, termina en 1648 y parece que un viento de tolerancia se expande a través del continente. Galileo, siempre confinado en Florencia, continúa sus investigaciones y para comprender por qué los planetas se mueven, estudia el comportamiento de las balas de cañón. Muere en 1642, sin haber resuelto el enigma de la fuerza que provoca el movimiento hacia abajo.
ISAAC NEWTON (1642 - 1727) y EDMOND HALLEY (1656 - 1742)
En ese mismo año, viene al mundo en Inglaterra Isaac Newton. Llegará a ser profesor de matemáticas en Cambridge, y como Galileo, deseará encontrar la explicación del movimiento de los planetas. Para él, Dios está permanentemente en los mínimos aspectos del Universo y la cuestión es saber si una fuerza oculta puede actuar en el cielo y sobre la Tierra. Como todos lo hemos aprendido, ¡Newton descubrió la gravedad debajo de un manzano! En 1655, de regreso a su casa para escapar de la peste, le ocurrió esto: “Estaba sentado en mi jardín, cuenta él, vi caer una manzana y una idea repentina surgió en mi cabeza, ¡la fuerza que ha hecho caer la manzana al suelo es la misma que hace girar la Tierra alrededor del Sol!” Newton comprendió entonces el secreto del movimiento de los planetas. Dos fuerzas están en juego, y pudo combinar su descubrimiento de la gravedad con la fuerza de inercia de Galileo: todo cuerpo no sometido a una fuerza externa está animado por un movimiento rectilíneo uniforme. Es la combinación de los dos movimientos lo que genera la órbita. Es por la insistencia de Edmond Halley que pone por escrito las leyes del movimiento de los planetas: la fuerza que explica ese movimiento es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia entre los planetas y el Sol. En 1687, publica finalmente su Principio matemático de filosofía natural. Después de años de guerra en Inglaterra, el país es mayoritariamente protestante y los teólogos, que son más tolerantes, adoptan poco a poco las nuevas teorías de Newton diciendo de él: “Ha sido enviado por Dios para iluminar a la humanidad”. Newton y Halley han seguido estudiando juntos las viejas tablas astronómicas y es así como en 1681, Halley predijo que el cometa, que en adelante llevará su nombre, reaparecería setenta y cinco años más tarde, lo cual se confirmó. Más recientemente, reapareció en 1986 y regresará en 2061. Mucho tiempo después de Newton, su ley de la inversa del cuadrado continúa demostrando su capacidad de producir previsiones exactas. En 1781, los astrónomos descubren un nuevo planeta: Urano. Pero su trayectoria es irregular. La ley de la inversa del cuadrado muestra que la desviación es debida al movimiento de otro planeta: será Neptuno. La clave del éxito de Newton reside en el hecho de que demuestra que hay una misma fuerza entre todas las partículas del Universo. Termina así los trabajos comenzados por Tycho Brahe, Johannes Kepler y Galileo. “Si he podido ver más lejos, dirá, es porque he podido mirar por encima de los hombros de estos gigantes”. Pero, si la teoría de Copérnico es también autoridad, nadie ha podido demostrar todavía en la práctica que la Tierra gira perfectamente alrededor del Sol. Habrá que esperar hasta el siglo XIX para obtener las medidas de su órbita anual y de su rotación sobre sí misma y poder apreciar verdaderamente las distancias que separan las estrellas y los planetas. El Vaticano terminará por retirar la obra de Copérnico del Índice pero habrá que esperar hasta 1982 para que el Papa Juan Pablo II presente a Galileo las excusas en su nombre.
DE CAMILLE FLAMMARION (1842 - 1925) A NUESTROS DÍAS
Al hablar del siglo XIX, no se puede no recordar al célebre astrónomo Camille Flammarion quien es reconocido, aún hoy, como el mayor promotor francés en este campo (por eso es condecorado con la Legión de Honor en 1912). Su observatorio de Juvisy se ha convertido en un lugar privilegiado de la investigación científica. Recibe esta propiedad en 1882 de un generoso admirador, e instala allí una cúpula de cinco metros de diámetro para alojar la segunda lente de aficionado de la época. Camille Flammarion crea una biblioteca de más de diez mil volúmenes, rica en libros de historia de las ciencias y escritos por sus predecesores de quienes ya hablamos antes, Copérnico, Tycho Brahe, Kepler, Galileo, Newton, pero también de Leibniz, Laplace o hasta Delambre. Contribuye a la difusión de la astronomía en todos los estratos de la sociedad y desarrolla la astrofotografía. “He tenido la gran fortuna de ver nacer el análisis espectral de los cuerpos celestes, la fotografía del Sol, de los planetas, de los cometas, de las estrellas, de las nebulosas y todos los métodos que, desde hace medio siglo, han sustituido a la antigua y letárgica astronomía matemática por la viviente astronomía física”. (Las Memorias de un astrónomo, p.204) Se ha dicho, en ciertos artículos, que su conexión con la causa espírita le valió el rechazo de la comunidad científica. Entonces, aquí no podemos menos que rendirle homenaje, por cuanto su espíritu se ha manifestado en el seno de nuestro Círculo, aportándonos todo su conocimiento en un campo que él se tomaba tan a pecho, y especialmente la idea de la pluralidad de los mundos habitados. También había comprendido la presencia de Dios en la naturaleza. Como hemos podido ver, en el espacio de dos siglos, un puñado de científicos ha trastornado nuestra concepción del Universo. Hoy, los astrónomos utilizan poderosos telescopios y es así como han podido rectificar los escritos de sus antecesores. - Tycho Brahe no había asistido al nacimiento de una estrella sino a una supernova, explosión muy luminosa que marca el fin de la vida de una estrella. - Galileo había podido ver cuatro lunas alrededor de Júpiter con un telescopio primitivo; hoy son sesenta lunas las que se observan en órbita alrededor de este planeta. - Giordano Bruno fue quemado vivo, ¡y sin embargo tenía razón! A años luz de la Tierra existe una multitud de Tierras y de Soles que se pueden observar. Igualmente se han señalado planetas semejantes al nuestro que giran alrededor de esos otros Soles, llamados por ello, exoplanetas. He aquí el extracto de un artículo encontrado en Internet: “Desde 1995, han sido descubiertos cerca de ochocientos cuarenta y seis exoplanetas. Hasta ahora, todos tenían una masa superior a la de la Tierra. Un exoplaneta descubierto por el telescopio Kepler en noviembre de 2012 y bautizado HD40307G muy bien podría ser habitable, pues se halla en una zona propicia, (a la misma distancia de su Sol, que nosotros del nuestro y gira alrededor de él en doscientos días). Entonces el agua puede permanecer en su superficie en estado líquido. Varias condiciones, como la insolación y las temperaturas serían compatibles con la existencia de la vida. Los astrónomos están pues optimistas: perfectamente podría albergar un entorno semejante al de la Tierra”. Este exoplaneta formaría parte del número limitado de ellos, descubiertos hasta hoy, que sería habitable, es decir cinco o seis. En 2007, Gliese 581c era identificado como el primer planeta casi semejante a la Tierra, que hace su revolución en trece días alrededor de una estrella situada a sólo veinte años-luz de nosotros (aun a bordo de los artefactos espaciales más rápidos, nos llevaría trescientos cincuenta mil años llegar a él). ¡HD40307G está situado a cuarenta y dos años-luz! Sería una lástima que se necesitaran dos mil años más para descubrir que no es necesario que las condiciones sean las mismas que sobre la Tierra para que la vida exista en otra parte…

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