Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.

jueves, 2 de enero de 2020



DOSSIER LOS PIONEROS DEL ESPIRITISMO por JEAN-PIERRE LATTANZIO PAUL GIBIER UN DOCTOR RIGUROSO
LE JOURNAL SPIRITE N° 81 JUILLET 2010

Desde el siglo XIX, numerosos científicos reconocidos por la ciencia de hoy, como William Crookes o Charles Richet, estudiaron las manifestaciones espíritas. Trabajando durante años con diferentes médiums, demostraron por acumulación de pruebas irrefutables, la realidad de los fenómenos producidos. El doctor Paul Gibier formó parte de todos esos eruditos preocupados por estudiar el espiritismo. En este artículo, veremos cómo procedió para tener una visión objetiva en sus conclusiones sobre las experiencias realizadas.

Su vida durante el exilio

Desde el punto de vista profesional, el doctor Paul Gibier era justificadamente estimado; por mucho tiempo había trabajado en el Museo de historia natural de París donde sus investigaciones habían demostrado que ciertas enfermedades microbianas eran comunicables de los animales de sangre fría a los animales de sangre caliente e inversamente, bajo ciertas condiciones de temperatura, y que las aves eran susceptibles de sufrir el contagio de ciertas enfermedades humanas. Fue luego de que estos trabajos hubieron atraído sobre el joven médico la atención de sus maestros y sus pares, que el gobierno francés le confió el encargo de estudiar en el sitio dos epidemias de cólera una de las cuales se había producido en las Antillas y dos epidemias de fiebre amarilla en las Antillas y en Florida. Estas peligrosas y honorables misiones habían vinculado al doctor Gibier con eminencias médicas, y el ilustre Pasteur hacía gran caso de su persona y de sus investigaciones. Sin embargo, luego de la publicación de su primera obra Espiritismo o fakirismo occidental, aparecida en 1886, y que por su interés científico podría haberse equiparado a los trabajos de William Crookes, los enemigos del espiritismo le acusaron de superchería, de ser cómplice de prestidigitadores y sencillamente de ser un mentiroso. Las violentas reacciones llevaron al doctor Paul Gibier a exiliarse durante diez años en Nueva York donde fundó un Instituto Pasteur. Al mismo tiempo, fue en su laboratorio norteamericano donde estudiaría diferentes fenómenos espíritas con varios médiums: la Sra. Salmon, Slade, Daniel Dunglas Home…

El erudito ante los fraudes

El doctor Gibier trabajaba con mucho rigor, seriedad y reflexión, y sabía que numerosos médiums hacían trampas, prestándose a la superchería con gran facilidad. Por otra parte, el espíritu Daniel Dunglas Home nos confirmó este hecho en un mensaje de 1987: “Muchos médiums han desarrollado facultades más o menos bien, en medio de la crítica, la denuncia y a menudo ante el ridículo y la burla de los hombres… Algunos médiums se han suicidado, y quizás peor que eso, a veces han hecho trampas y yo fui uno. La trampa en mediumnidad, para mí como para otros, pertenecía a un contexto muy preciso, el de la demanda, una demanda permanente… me hago abogado de muchos médiums… el médium no es sólo una maquinaria física que cumple con las exigencias y los caprichos de la sociedad que lo utiliza, es un ser viviente…” Es por eso que el doctor Gibier no tomaba en cuenta para sus resultados sino los experimentos que supervisaba, verificaba y efectuaba en su laboratorio adaptado para las sesiones. Nunca estaba solo y se encontraba acompañado por personas que conocía, ya fueran los preparadores que le asistían en sus trabajos de biología, cuya agudeza de observación le era familiar, o personas ajenas a la ciencia pero muy serias. Además, para que no pudiera haber ningún fraude, eran importantes las precauciones tomadas. En primer lugar, dispuso en su laboratorio iluminado con mayor o menor intensidad, un cuarto vacío con sólo una jaula de madera compuesta de cinco paredes y una puerta de barrotes metálicos. El médium era introducido en la jaula donde se le ataba sobre una silla, después la puerta se cerraba con candado y se sellaba, y todo era cubierto con una gran cortina espesa que impedía el paso de la luz para dejar a los espíritus la posibilidad de manifestarse.

Ejemplos de experimentos realizados

El doctor Gibier trabajó con numerosos médiums y estudió múltiples fenómenos tales como la escritura automática, la materialización, la desmaterialización y la ectoplasmia… He aquí algunos ejemplos de resultados obtenidos, encontrados en sus cuadernos: - Se escuchan voces diferentes unas de otras, no en la jaula, sino en el gabinete situado al lado. Primero es una voz de chiquilla que nos desea buenas noches. La voz es a ratos seria o alegre. Es uno de los “controles” o “guías” del médium que dice llamarse Maudy (diminutivo de Maud), luego nos saluda también una voz de bajo: es la voz de Ellan, el otro control. Nos hace en tono sentencioso y “estereotipado” un pequeño discurso sobre las precauciones a tomar (por nuestra parte) para las sesiones, y sobre las grandes dificultades que él y los otros invisibles tienen que superar (para producir los fenómenos que nosotros denominamos psíquicos) y dar la prueba “de esta espléndida verdad; la supervivencia del espíritu después de la muerte del cuerpo”. - Varias veces, manos blancas y finas, en ocasiones más grandes, una diáfana apenas visible acompañando a otra de apariencia más material (que no se parece a la del médium que es corta y gruesa) se deslizan desde lo alto del gabinete hacia la parte media. - Un brazo y una mano desnudos y otra mano se muestran repetidas veces, al mismo tiempo, en los dos extremos del gabinete-jaula, a unos dos metros de distancia. - Una forma femenina vestida de blanco, por lo menos 16 centímetros más alta que el médium, aparta las cortinas del gabinete a la derecha de la jaula y sale delante de las cortinas, parece hundirse y luego derrumbarse sobre la alfombra que cubre el parquet. - Otra forma femenina de porte menos elevado, llevando una corona y un cinturón luminosos, sale bruscamente de las cortinas, sin hacer ningún ruido. Su rostro no se parece al de la anterior; es más morena, sus ropas son de un color casi lúgubre, y sus cabellos negros. Murmura en voz muy baja algunas palabras que no podemos comprender. Entra en el gabinete sin dejar olor fosforoso ni otro. - Después de algunos minutos durante los cuales los asistentes cantan a media voz, las cortinas del gabinete se agitan; el canto cesa y la vocecilla se deja oír en la jaula. Algo blanco se muestra entre las cortinas y aparece en la abertura un hombre de talla superior a la media. Vuelve a entrar enseguida sin proferir una palabra; pero la vocecilla de Maudy nos anuncia que acabamos de ver a Ellan. Añade que ella misma tratará venir a mostrarse si puede obtener bastante fuerza y que Ellan tratará igualmente de venir otra vez. - La parte baja de las cortinas se levanta y sale una forma de niño pequeño que se agita golpeando el suelo con sus manitas, dejando oír con una voz de bebé (que proviene del lugar donde vemos al niño) los siguientes sonidos: ta, tta, ttta, tata. La forma desaparece. Una voz parte del interior de la jaula y nos dice que la forma que acabamos de ver y de oír es la de un niño de algunos meses, recientemente fallecido. - Ellan aparece entre las cortinas del gabinete, avanza hacia nosotros y nos habla muy claramente con la misma voz que nos hace oír desde el gabinete o la jaula; nos da la cara durante algunos segundos y le pido permiso para estrecharle la mano. Me tiende la suya: me levanto (una voz desde el gabinete me recomienda ir lentamente) me acerco a él y le tomo la mano derecha con mi derecha. Le estrecho la mano, me devuelve el apretón. La mano que aprieto es tibia, grande, firme, un tanto huesuda; una mano de obrero, mientras que el médium tiene la mano más pequeña, blanda y gorda. En ese momento compruebo que es media cabeza más alto que yo (el médium es en la misma proporción más pequeño que yo) está vestido de negro y la pechera blanca de su camisa se destaca claramente de su traje negro. Su cabello y su barba son castaño oscuro, sus ojos son pardos (el médium tiene los ojos azul claro); parece tener de treinta y cinco a cuarenta años. Me saluda: “Good bye”, y se retira al gabinete. Intercambio mis impresiones con las personas presentes, cada uno hace su observación; todo el mundo ha visto lo mismo. Aunque interesados, ninguno de nosotros parece particularmente conmovido. A decir verdad, la mayoría, ya ha visto fenómenos más o menos semejantes a estos y hasta tres de las personas presentes, que sé que son absolutamente sinceras y serias, han asistido anteriormente a numerosas sesiones de la Sra. Salmon que me han dado a conocer. - Luego de la aparición anterior, y después de algunos minutos, cuando se restableció el silencio, oímos la voz de Maudy, primero en la jaula, luego en el gabinete, y una cabeza de niña traviesa de unos ocho años se mostró entre las cortinas gritándonos: “Good evening, bugaboo!” (¡Buenas noches, Coco!). Luego aparta las cortinas y se echa a correr por el espacio de 1,50 m. que separa el gabinete de una dama presente a quien toma de las manos. Se queda sólo un instante y regresa corriendo al gabinete donde desaparece. - Aun se mostraron varias otras apariciones. Entre otras, una mujer que, se supone, perdió la vida en un naufragio reciente y viene a presentarse con sus ropas todas mojadas. Varios de nosotros que la tocamos, tenemos las manos llenas de agua. Se hunde y desaparece en medio de nosotros, en una sesión, y en otra, entra al gabinete. Esta forma femenina se expresa en francés aunque no le escuché pronunciar sino algunas palabras. - Otra forma femenina que aparece en casi todas las sesiones exitosas de la Sra. Salmon dice llamarse Musiquita, y pronuncia la primera, “a” a la manera española o italiana. Tiene el aspecto de una gitana y nunca deja de clamar por una guitarra. Cuando el instrumento está al alcance de su mano, se apodera de su mango y con la uña del índice rasga las cuerdas teniendo el instrumento con el brazo extendido durante quince o veinte segundos, luego desaparece llevando la guitarra al gabinete o después de haberla depositada en la entrada. Al cabo de quince años de labor, de duros estudios y de severo control, Paul Gibier dirigió al 41º congreso internacional de psicología que se celebró en París en 1900, un considerable informe sobre sus investigaciones realizadas sobre los fenómenos espíritas (materializaciones, ectoplasmia, etc.). Quería presentarlo él mismo y responder a todas las críticas. Sin embargo, fue víctima de un accidente de coche y murió en 1900 antes de haber podido llegar a París.


En cuanto a aquellos que pudieran preguntarse por qué estas manifestaciones ya no son observables en nuestros días, con gusto les dejo reflexionar sobre este mensaje de Allan Kardec recibido en 1986: “La aparición o la fabricación de ectoplasma, materia que se parece en todo a la materia viva, es el resultado de un desarrollo espiritual que necesita de nuestra parte un considerable esfuerzo de concentración, esfuerzo difícil para nosotros que ya no vivimos exactamente en un mundo de materia, esfuerzo realizado, sin embargo, numerosas veces. Con esas manifestaciones deseábamos llamar la atención de un mundo científico, también en búsqueda por la misma época. Conseguimos ciertos escuchas, ciertas atenciones, y es preciso recordar aquí una vez más los eminentes trabajos de nuestros amigos Crookes y Geley. Esos extraordinarios trabajos, de los que hoy no veo ninguna alusión dentro del propósito histórico en el plano científico, no dieron respuesta a nuestra esperanza, a nuestros espíritus, desde el mundo invisible. Esas manifestaciones tan verdaderas, tan justas, tan aparentes y tan tangibles, progresivamente hicieron nacer la duda, pero también la ilusión y la engañifa. Aquí o allá, en diferentes ciudades de Francia, pero también en diversos países de Europa y en el nuevo continente, ciertos personajes creyeron bueno disfrazar el ectoplasma y manifestar su don de ilusión para hacer creer al público y a los investigadores sinceros, que había presencia espiritual donde no la había. Se ha escuchado que el mundo racional, positivista y materialista, no dejó de observar este estado de cosas, y esos fenómenos extraordinarios se convirtieron entonces en objeto de burla… Después de muchos años, el mundo invisible decidió entonces poner fin a las manifestaciones pues el objetivo de nuestro deseo no era realmente alcanzado, sino por el contrario, era torcido, disfrazado y caricaturizado en todas las formas”.

Para concluir, desearíamos que los científicos de hoy se encontraran en el mismo estado de ánimo de Paul Gibier, Gustave Geley o William Crookes, es decir, impregnados de rigor, seriedad, reflexión y curiosidad. Deberían dejar de caricaturizar todas las experiencias hechas en materia de espiritismo y dejar de clasificarlas en el campo del ocultismo.

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