Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.

sábado, 11 de enero de 2020





LAS FACULTADES PSÍQUICAS
por COLOMBE JACQUIN

LA PROTOGÉNESIS
LE JOURNAL SPIRITE N° 111 janvier 2018 


El espiritismo ha sacado a la luz la existencia del espíritu, su inmortalidad y su preeminencia sobre la materia. Es el espíritu el que, en el acto de la reencarnación, construye su propio cuerpo a partir del material genético recibido de sus padres. Penetra la materia a través de su doble, el periespíritu, elemento de semi-materia extraída del fluido universal cuando la creación del espíritu. Es de alguna manera un primerísimo cuerpo que permitirá al espíritu, completamente inmaterial, integrar la materia. El periespíritu acompañará al espíritu de vida en vida a lo largo de toda la duración de su ciclo evolutivo y sirve de receptáculo que memoriza todo lo que ha sido vivido, aprendido y sentido por el espíritu durante la totalidad de sus existencias. El pensamiento es el atributo esencial del espíritu; tiene su asiento en el cerebro durante la vida encarnada, pero subsiste fuera de la materia cuando el espíritu desencarna, o en las circunstancias particulares en que el espíritu ve o actúa sin el recurso de los órganos físicos (casos de sonambulismo, visión a distancia o sueños premonitorios). El pensamiento se ejercita constantemente; uno no puede no pensar y ese pensamiento se exterioriza bajo la forma de fluidos que tendrán un impacto sobre las personas o sobre el objeto de nuestros pensamientos.

La psicokinesia es la acción dirigida de la fuerza del pensamiento sobre la materia inerte. En este campo se han realizado numerosas experiencias, a menudo mediatizadas, que demuestran con certeza los resultados de la fuerza del pensamiento sobre los objetos, especialmente en ciertas personas llamadas “sujetos psíquicos”.

La protogénesis es la acción directa de la fuerza del pensamiento sobre la materia viva. Su acción procede del mismo proceso que la psicokinesia pero, esta vez, es la carne viva la que se desea alcanzar para permitir así la reconstrucción de células orgánicas o de miembros destruidos. “Nada es imposible para el espíritu, no hay materia definitivamente destruida en la medida en que el espíritu controla esa materia, ya sea el espíritu del encarnado o del guía desencarnado o médico de lo invisible. La desaparición de la materia a vuestros ojos no significa la inexistencia del doble periespiritual que permanece en toda circunstancia”. Por ejemplo, un miembro amputado es sólo una desaparición aparente y tangible; el periespíritu permanece, la materia periespiritual subsiste, invisible pero muy real. Por otra parte eso corresponde a los testimonios de personas que habiendo sido amputadas de un miembro, dicen sufrir en su sitio lo que se denomina dolor del miembro fantasma. Ciertos clarividentes tienen la facultad de percibir el aura en las personas vivas, lo que de hecho corresponde en parte a la emanación del periespíritu compuesto de materia radiante. Estos clarividentes pueden percibir el color, la estructura y las radiaciones que a veces indican enfermedades o disturbios en ciertas personas. Pueden visualizar también la estructura periespiritual correspondiente al miembro amputado. Así Frédérique Hauffe, la célebre vidente de Prévost, veía muy claramente los brazos o las piernas de personas que habían sufrido una amputación.
Es posible, y hasta muy deseable, aliviar el dolor muy real del “miembro ausente”. Además de atenuar el sufrimiento físico, a veces muy real, esta acción tendrá también como efecto evitar las consecuencias del eventual traumatismo causado por la ablación, traumatismo memorizado por el periespíritu y que puede resurgir en otras vidas especialmente cuando el espíritu reconstruya un nuevo cuerpo. El espíritu se expone a imprimir ese traumatismo a su nueva envoltura carnal generando discapacidad o enfermedad. Esta terapia puede ser impulsada por un magnetizador, que proporcionará energía al periespíritu del miembro faltante. Se sabe que el magnetismo, cualquiera que sea la manera en la que es dispensado, actúa sobre las células periespirituales que, ejercen acción sobre las células del cuerpo para curar o calmar el dolor.

La protogénesis permite actuar sobre esta perpetuidad periespiritual para reconstituir de manera parcial la carne desencarnada. Generalmente es la acción del pensamiento de una persona viva, o de un grupo de personas con destino a otra persona, siendo acompañada a veces esta acción por la conjunta de espíritus desde el más allá. Pero también es posible actuar sobre uno mismo, es lo que se denomina auto-protogénesis, o acción directa del espíritu encarnado sobre su propia envoltura carnal. La protogénesis también puede desarrollarse en estado hipnótico, por una sugestión bien llevada. El espíritu del paciente será llevado entonces a actuar sobre sus células periespirituales para reconstituir lo que momentáneamente se ha vuelto ausente o invisible. Pero, en estos casos no es cuestión de sofrología o de hipnosis ligera; allí se trata de hipnosis profunda, es decir de un estado donde el espíritu se encuentra a sí mismo en su plenitud, desconectado de la materia, más apto para oír y poner en práctica una sugestión por la cual podrá actuar. Numerosas  experiencias fueron realizadas en el siglo XIX y comienzos del XX. Cesare Lombroso, en su libro Hipnotismo y espiritismo, relata varios casos donde las sugestiones realizadas sobre personas frágiles, sensibles, que en la época se denominaban histéricas, tienen un impacto espectacular sobre el comportamiento y los sentidos, simplemente porque se trata de dirigirse directamente al espíritu liberado por un tiempo de la materia y olvidado momentáneamente de las dificultades de su encarnación. En sesión de hipnosis, es pues posible sugerir al paciente el regreso a su envoltura periespiritual de antes del accidente. El espíritu irradiará así con ese recuerdo la memoria periespiritual; el periespíritu podrá repercutir luego sobre el cuerpo físico esa imagen y recrear la materia correspondiente. Una hipnosis bien conducida en el fenómeno de regresión puede volver a reproducir momentáneamente a un ser humano en estado adulto, lo que conoció en el acto de la fecundación, en el momento de la ovulación.
Personas de nuestra asociación han sido invitadas por un espíritu, en nombre de la solidaridad amorosa, a efectuar con él un trabajo de “protogénesis” sobre un espírita cercano, para reconstituir las células del páncreas destruidas por un tumor maligno. En este caso ese trabajo de pensamiento de psicoquinesistas fue reforzado por un afecto vinculado a anterioridades comunes. Igualmente, fue sugerido un trabajo en este sentido para reconstruir el pulmón de una enferma afectada de fibrosis quística. Es pues posible en el absoluto reconstruir por la fuerza pensamiento todo, o parte, de un órgano o de un miembro destruido, hacer salir dientes o recuperar la vista. “Cada uno de vuestros espíritus puede actuar conscientemente sobre las molestias en la medida en que es bien conducido dentro de una hipnosis profunda. No hay naturaleza física definitiva, no hay anomalía sin retorno en el proceso vital, en esta medida extraordinaria del viaje al interior de su propio cuerpo, y lo que es más, un viaje al interior de la génesis de su envoltura carnal”. Es pues posible corregir las discapacidades de nacimiento; así, en ciertos casos de ceguera, puede tratarse de personas que tuvieron un traumatismo en la vida anterior. Unos ojos dañados, ojos quemados, llegan a su fórmula periespiritual y se desarrollan de manera incompleta en el momento del regreso a la carne y el desarrollo del embrión. En casos similares la protogénesis, podría venir a terminar un trabajo incompleto, haciendo revivir de alguna manera la encarnación para corregir sus errores. Sin embargo, estas perspectivas por reales que sean, por ahora no son en absoluto factibles en la Tierra. Tales acciones están íntimamente vinculadas a la evolución del humano que se traduce en un dominio progresivo de las envolturas carnales y sobre todo de la toma de conciencia de que el ser humano es el resultado de la fuerza creadora divina y amorosa. El espíritu preexiste a la materia, la domina y todo ser humano es ante todo un espíritu y no el resultado más o menos azaroso de la genética física: “El ser humano que oye al espíritu, que escucha al espíritu, que comparte sus palabras puede, en consecuencia, seguir de manera atenta cierta filosofía distribuida por el mundo del más allá. Si el espíritu avanza, si el espíritu se extiende en el interior de su encarnación, al nivel de su conciencia, entonces siempre podrá dominar cada vez más, su envoltura carnal, ese vehículo de la Tierra, ese módulo del espíritu momentáneamente proyectado en el barro del planeta azul para poder hacer avanzar lo que contiene, es decir el alma de cada uno”.

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