Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.
viernes, 3 de enero de 2020
LOS PIONEROS DEL ESPIRITISMO
par ISABELLE CHEVALIER
RUFINA NOEGGERATH
LE JOURNAL SPIRITE N° 81 JUILLET 2010
«Más se aprende, más se comprende cuánto hay que aprender todavía..»
Rufina Noeggerath nació en 1821. Era de origen finlandés. Muy conocida por los espíritas del mundo entero, es autora de muchas obras, entre ellas La Supervivencia, su realidad, su manifestación, su filosofía. Esta obra fue prologada así por Camille Flammarion: “Deben aplaudirse los esfuerzos de todos los que, como la estimable autora de este libro, tienden a aportar nuevos documentos a la elucidación del misterio en el que sigue envuelto nuestro destino ulterior”.
Rufina Noeggerath fue una de las numerosas figuras de la filosofía espírita que durante 40 años participó en el estudio de la manifestación de los espíritus en sesiones. Ella tenía un salón donde se reunían todos los talentos, todas las cumbres de las artes y de las letras, adeptos o cercanos del espiritismo. En ese salón se reunían todos los miércoles. Ella ayudaba a todos los que deseaban profundizar su pasión por las ciencias psíquicas; inspiró a artistas y escritores. Para 1905 era la decana de los espíritas de París. Tenía entonces 84 años y poseía toda su lucidez y fuerza de trabajo. Su vigor intelectual representaba “el alma del movimiento espírita de la época”. Fue a la muerte de su marido que encontró un nuevo sentido para su vida y se convirtió en esta experimentadora que contribuyó al desarrollo del movimiento espírita de su tiempo, por medio de preciosos testimonios y una gran comprensión de la mediumnidad: “Mi primera escuela se hizo bajo la dirección de un ser elevado del espacio. Debemos el conocimiento de su médium al doctor Puel, conocido por sus estudios psíquicos. El “sideral” (en esa época, ciertos investigadores y científicos llamaban a los Espíritus: “Siderales”, “habitantes del Espacio”, “extraterrestres”) pudo hablarnos con su voz cálida y firme; nos indicaba los medios para obtener espléndidos fenómenos. Las ideas grandiosas que emitía imponían respeto y nos volvían dóciles a sus enseñanzas; también comprendíamos nuestra falta de experiencia” (Rufina N.).
A lo largo de todos esos años, trabajó en colaboración con sus amigos y con varios médiums cuidadosamente escogidos, que ejercían mediumnidades de escritura automática y de incorporación o “encarnación”, tal y como se les llamaba en esa época: “Diversos médiums potentes fueron elegidos para eso; los había instruidos, analfabetas, robustos y delicados; algunos tenían el espíritu muy ponderado, otros se mostraban mal equilibrados; en fin, los había de ambos sexos, de edades diferentes y de diversas nacionalidades” (Rufina N.). Los mensajes eran meticulosamente anotados en taquimecanografía por lo cual, a veces, según la tonalidad o la cadencia de las palabras del espíritu, la transcripción quedaba incompleta. Todos los mensajes fueron clasificados por temas. Los espíritus venían para dar instrucciones indispensables para la conducta a seguir durante las sesiones mediúmnicas. Aportaban conocimientos generales de importancia sobre asuntos tales como el magnetismo y sus aplicaciones, el psiquismo, los sentimientos, la fuerza del pensamiento y sus acciones, ya sea que procedieran de los humanos o de los espíritus. Revelaban y afinaban los conocimientos relativos a las insospechadas facultades que posee el ser humano, permitiendo progresar en la comprensión del fenómeno espírita. Acompañada por hombres de ciencia o filósofos, Rufina aplicaba rigurosamente los consejos dados por los espíritus a los cuales se ajustaban escrupulosamente: “Para evitar toda presión sobre la voluntad de los visitantes, no los evocábamos; era libremente y a su hora que ellos venían a nosotros, a menudo en el momento en que menos los esperábamos. De resto, nuestros esfuerzos por llamar a un hermano extraterrestre podrían ser vanos; los habitantes del espacio no responden a las llamadas de los terrestres si no deben, si no pueden, y se tiene el temor de no tener otros visitantes que los seres que se burlan de nosotros”. (Rufina N.) Fue así es como pudo recoger centenares de consejos, revelaciones, informaciones y experimentos para, a ejemplo de Allan Kardec cincuenta años antes, ponerlos por escrito, luego publicarlos y legar esa herencia a los espíritas de hoy. Su libro La Supervivencia fue editado en 1907. Tuvo la particularidad de provenir de la voluntad de los espíritus, especialmente del espíritu Fenelón y de dos sabios de lejanos tiempos de la India.
Entre los temas desarrollados, hay uno sobre el que nos detendremos algunos instantes, pues revela importantes informaciones sobre los médiums, sobre su naturaleza particular, los escollos de la mediumnidad y sobre las condiciones de operar para contactos de calidad. Por ejemplo, el orgullo y la falta de reflexión del médium conllevan efectos estériles que todavía hoy se demuestran ampliamente. En efecto, Rufina Noeggerath relata en su libro que entre las personas que se imaginan ser médiums de primer orden, se encuentran quienes hacen hablar a los “Invisibles”, únicamente como los oyen y las comunicaciones recibidas están en relación con sus ideas personales. Hoy sabemos que el inconsciente del médium está en el origen de esas “comunicaciones” personales. Igualmente, los espíritas de la época fueron enfrentados a médiums cegados por la complacencia de desencarnados que se relacionaban exclusivamente con su médium. Así, estos últimos que, estaban siempre con un mismo “amigo del espacio”, se volvían ridículos por las comunicaciones que conseguían. La armonía entre los miembros del grupo espírita y sus médiums es el criterio esencial para permitir comunicaciones de calidad. Como hoy en día, en el seno de nuestra asociación, la necesidad de los Espíritus de encontrar un medio donde haya unión es absolutamente indispensable para su manifestación. El espíritu Fenelón precisa esto: “Una cosa es indispensable, y es que los miembros del grupo estén en armonía entre ellos, que se entiendan, que se visiten y que siempre estén en excelentes términos; los Invisibles no pueden manifestarse en un círculo si no son atraídos por una comunión de ideas, de pensamientos, hasta de amor. Es eso lo que llamamos armonía”. Ya sea en 1900 o en 2010, la armonía siempre es precaria de conseguir en un grupo humano, pues los espíritas no son diferentes de la generalidad de los mortales, y las disensiones siempre pueden oponerlos. Sin embargo, es a ese precio que se consiguen las mejores comunicaciones y se forma una muralla contra los espíritus que buscan el desorden para adueñarse, incluso obsesar al médium que trabaja.
Los espíritus docentes del grupo de Rufina Noeggerath aportaron precisiones sobre la naturaleza de los médiums, lo que podían sentir viviendo su mediumnidad, especialmente la mediumnidad de incorporación, y muchos consejos fueron dados a los espíritas de la época, consejos que hemos recibido de nuevo un siglo más tarde, por medio de otros interlocutores de lo invisible. Ciertas precisiones de la época corroboran totalmente aquello de lo que somos testigos en nuestro Círculo en el siglo XXI. Los más grandes médiums son seres absolutamente aparte. Para atraer hacia ellos a las grandes inteligencias del más allá, estos seres necesitan poesía, estudio arte y filosofía, tienen una necesidad de ideal que les eleve por encima de las contingencias materiales; esos médiums consiguen magníficas comunicaciones filosóficas e instructivas. El carácter de esos intermediarios sufre a veces variaciones y desequilibrios; eso es debido al hecho de que sufren, a causa de la flexibilidad necesaria para las más variadas incorporaciones, la influencia del medio en que se encuentran, de suerte que, a veces, pueden ser maniáticos, versátiles, a veces coléricos, y las relaciones que se llevan con ellos a veces son delicadas. En la vida son diferentes, casi en todo, de los demás hombres. En vista de su manera de ser, ¿esos cambios los hacen felices? Por supuesto que no, ellos son los primeros a sufrir por eso. Es por eso que el rol de los que les protegen es esencial y totalmente altruista, pues la persuasión, la dulzura y la solicitud son para ellos fuente de equilibrio y de consuelo. Ellos necesitan sentirse queridos para continuar su misión, pues con frecuencia los médiums experimentan pavor ante los fenómenos mediúmnicos. Especialmente la mediumnidad de incorporación es particularmente difícil para ellos, pues mientras que los espíritas conversan con los espíritus, el médium está privado de la vida de su cuerpo; su alma se encuentra en un estado anormal, del otro lado de la vida terrenal, y eso le inquieta fuertemente, pues para él, el fenómeno de desincorporación es una especie de muerte. “Amad a los médiums, apoyadles; por su intermedio, tenéis grandes fenómenos de los cuales ellos mismos son privados. Cuanto más les améis, más fuerte y poderoso se volverá el círculo fluídico, porque vuestra amistad encontrará eco en su sensibilidad (Fenelón)”. Más de un siglo ha transcurrido entre los mensajes de Fenelón y las palabras de los espíritus que visitan nuestro Círculo. Y precisamente sobre este asunto, las palabras y las recomendaciones del espíritu siguen siendo las mismas y se han convertido en nuestra preocupación cotidiana. Rufina Noeggerath trae en su libro centenares de mensajes escogidos según su calidad de enseñanza y tocantes a todos los temas como la reencarnación, la sociedad, el mal y el bien, los fluidos, los mundos, etc. Esta obra a ejemplo de las de los otros pioneros del espiritismo aporta una piedra preciosa a la marcha en curso de la Tercera Revelación de Dios.
Fueron sus cualidades morales, su bondad natural y su inagotable caridad las que le valieron a Rufina el apodo de “Bonne Maman”. Falleció en 1908 a la edad de 87 años. Su sepultura es una simple losa siempre abundantemente florida. Muy visitada, su tumba en el cementerio del Père-Lachaise, es un lugar de paso obligado para los espíritas del mundo entero de visita en París. Se le debe esta reflexión que podría ser su epitafio: “Más se aprende, más se comprende cuánto hay que aprender todavía”.“el alma del movimiento espírita de la época”.
Fue a la muerte de su marido que encontró un nuevo sentido para su vida y se convirtió en esta experimentadora que contribuyó al desarrollo del movimiento espírita de su tiempo, por medio de preciosos testimonios y una gran comprensión de la mediumnidad: “Mi primera escuela se hizo bajo la dirección de un ser elevado del espacio. Debemos el conocimiento de su médium al doctor Puel, conocido por sus estudios psíquicos. El “sideral” (en esa época, ciertos investigadores y científicos llamaban a los Espíritus: “Siderales”, “habitantes del Espacio”, “extraterrestres”) pudo hablarnos con su voz cálida y firme; nos indicaba los medios para obtener espléndidos fenómenos. Las ideas grandiosas que emitía imponían respeto y nos volvían dóciles a sus enseñanzas; también comprendíamos nuestra falta de experiencia” (Rufina N.).
A lo largo de todos esos años, trabajó en colaboración con sus amigos y con varios médiums cuidadosamente escogidos, que ejercían mediumnidades de escritura automática y de incorporación o “encarnación”, tal y como se les llamaba en esa época: “Diversos médiums potentes fueron elegidos para eso; los había instruidos, analfabetas, robustos y delicados; algunos tenían el espíritu muy ponderado, otros se mostraban mal equilibrados; en fin, los había de ambos sexos, de edades diferentes y de diversas nacionalidades” (Rufina N.). Los mensajes eran meticulosamente anotados en taquimecanografía por lo cual, a veces, según la tonalidad o la cadencia de las palabras del espíritu, la transcripción quedaba incompleta. Todos los mensajes fueron clasificados por temas. Los espíritus venían para dar instrucciones indispensables para la conducta a seguir durante las sesiones mediúmnicas. Aportaban conocimientos generales de importancia sobre asuntos tales como el magnetismo y sus aplicaciones, el psiquismo, los sentimientos, la fuerza del pensamiento y sus acciones, ya sea que procedieran de los humanos o de los espíritus. Revelaban y afinaban los conocimientos relativos a las insospechadas facultades que posee el ser humano, permitiendo progresar en la comprensión del fenómeno espírita. Acompañada por hombres de ciencia o filósofos, Rufina aplicaba rigurosamente los consejos dados por los espíritus a los cuales se ajustaban escrupulosamente: “Para evitar toda presión sobre la voluntad de los visitantes, no los evocábamos; era libremente y a su hora que ellos venían a nosotros, a menudo en el momento en que menos los esperábamos. De resto, nuestros esfuerzos por llamar a un hermano extraterrestre podrían ser vanos; los habitantes del espacio no responden a las llamadas de los terrestres si no deben, si no pueden, y se tiene el temor de no tener otros visitantes que los seres que se burlan de nosotros”. (Rufina N.) Fue así es como pudo recoger centenares de consejos, revelaciones, informaciones y experimentos para, a ejemplo de Allan Kardec cincuenta años antes, ponerlos por escrito, luego publicarlos y legar esa herencia a los espíritas de hoy. Su libro La Supervivencia fue editado en 1907. Tuvo la particularidad de provenir de la voluntad de los espíritus, especialmente del espíritu Fenelón y de dos sabios de lejanos tiempos de la India. Entre los temas desarrollados, hay uno sobre el que nos detendremos algunos instantes, pues revela importantes informaciones sobre los médiums, sobre su naturaleza particular, los escollos de la mediumnidad y sobre las condiciones de operar para contactos de calidad. Por ejemplo, el orgullo y la falta de reflexión del médium conllevan efectos estériles que todavía hoy se demuestran ampliamente. En efecto, Rufina Noeggerath relata en su libro que entre las personas que se imaginan ser médiums de primer orden, se encuentran quienes hacen hablar a los “Invisibles”, únicamente como los oyen y las comunicaciones recibidas están en relación con sus ideas personales. Hoy sabemos que el inconsciente del médium está en el origen de esas “comunicaciones” personales. Igualmente, los espíritas de la época fueron enfrentados a médiums cegados por la complacencia de desencarnados que se relacionaban exclusivamente con su médium. Así, estos últimos que, estaban siempre con un mismo “amigo del espacio”, se volvían ridículos por las comunicaciones que conseguían. La armonía entre los miembros del grupo espírita y sus médiums es el criterio esencial para permitir comunicaciones de calidad. Como hoy en día, en el seno de nuestra asociación, la necesidad de los Espíritus de encontrar un medio donde haya unión es absolutamente indispensable para su manifestación. El espíritu Fenelón precisa esto: “Una cosa es indispensable, y es que los miembros del grupo estén en armonía entre ellos, que se entiendan, que se visiten y que siempre estén en excelentes términos; los Invisibles no pueden manifestarse en un círculo si no son atraídos por una comunión de ideas, de pensamientos, hasta de amor. Es eso lo que llamamos armonía”. Ya sea en 1900 o en 2010, la armonía siempre es precaria de conseguir en un grupo humano, pues los espíritas no son diferentes de la generalidad de los mortales, y las disensiones siempre pueden oponerlos. Sin embargo, es a ese precio que se consiguen las mejores comunicaciones y se forma una muralla contra los espíritus que buscan el desorden para adueñarse, incluso obsesar al médium que trabaja.
Los espíritus docentes del grupo de Rufina Noeggerath aportaron precisiones sobre la naturaleza de los médiums, lo que podían sentir viviendo su mediumnidad, especialmente la mediumnidad de incorporación, y muchos consejos fueron dados a los espíritas de la época, consejos que hemos recibido de nuevo un siglo más tarde, por medio de otros interlocutores de lo invisible. Ciertas precisiones de la época corroboran totalmente aquello de lo que somos testigos en nuestro Círculo en el siglo XXI. Los más grandes médiums son seres absolutamente aparte. Para atraer hacia ellos a las grandes inteligencias del más allá, estos seres necesitan poesía, estudio arte y filosofía, tienen una necesidad de ideal que les eleve por encima de las contingencias materiales; esos médiums consiguen magníficas comunicaciones filosóficas e instructivas. El carácter de esos intermediarios sufre a veces variaciones y desequilibrios; eso es debido al hecho de que sufren, a causa de la flexibilidad necesaria para las más variadas incorporaciones, la influencia del medio en que se encuentran, de suerte que, a veces, pueden ser maniáticos, versátiles, a veces coléricos, y las relaciones que se llevan con ellos a veces son delicadas. En la vida son diferentes, casi en todo, de los demás hombres. En vista de su manera de ser, ¿esos cambios los hacen felices? Por supuesto que no, ellos son los primeros a sufrir por eso. Es por eso que el rol de los que les protegen es esencial y totalmente altruista, pues la persuasión, la dulzura y la solicitud son para ellos fuente de equilibrio y de consuelo. Ellos necesitan sentirse queridos para continuar su misión, pues con frecuencia los médiums experimentan pavor ante los fenómenos mediúmnicos. Especialmente la mediumnidad de incorporación es particularmente difícil para ellos, pues mientras que los espíritas conversan con los espíritus, el médium está privado de la vida de su cuerpo; su alma se encuentra en un estado anormal, del otro lado de la vida terrenal, y eso le inquieta fuertemente, pues para él, el fenómeno de desincorporación es una especie de muerte. “Amad a los médiums, apoyadles; por su intermedio, tenéis grandes fenómenos de los cuales ellos mismos son privados. Cuanto más les améis, más fuerte y poderoso se volverá el círculo fluídico, porque vuestra amistad encontrará eco en su sensibilidad (Fenelón)”. Más de un siglo ha transcurrido entre los mensajes de Fenelón y las palabras de los espíritus que visitan nuestro Círculo. Y precisamente sobre este asunto, las palabras y las recomendaciones del espíritu siguen siendo las mismas y se han convertido en nuestra preocupación cotidiana. Rufina Noeggerath trae en su libro centenares de mensajes escogidos según su calidad de enseñanza y tocantes a todos los temas como la reencarnación, la sociedad, el mal y el bien, los fluidos, los mundos, etc. Esta obra a ejemplo de las de los otros pioneros del espiritismo aporta una piedra preciosa a la marcha en curso de la Tercera Revelación de Dios.
Fueron sus cualidades morales, su bondad natural y su inagotable caridad las que le valieron a Rufina el apodo de “Bonne Maman”. Falleció en 1908 a la edad de 87 años. Su sepultura es una simple losa siempre abundantemente florida. Muy visitada, su tumba en el cementerio del Père-Lachaise, es un lugar de paso obligado para los espíritas del mundo entero de visita en París. Se le debe esta reflexión que podría ser su epitafio: “Más se aprende, más se comprende cuánto hay que aprender todavía”.
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