Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.
lunes, 6 de enero de 2020
DOSSIER LOS PIONEROS DEL ESPIRITISMO
par EMMANUELLE PÊCHEUR
ARTHUR CONAN DOYLE EL SHERLOCK HOLMES DEL MÁS ALLÁ
LE JOURNAL SPIRITE N° 81 JUILLET 2010
¿Quién no conoce a Arthur Conan Doyle y su célebre Sherlock Holmes? Gran detective inglés cuya ingeniosidad, meticuloso y preciso espíritu de deducción y perspicacia, han conquistado nuestra admiración. ¡Y sin embargo, pocas personas conocen la lucha de su autor, Sir Arthur Conan Doyle, por el espiritismo! En este artículo nos proponemos hacerles compartir la pasión de este ardiente defensor del más allá y de la comunicación con los difuntos. En un primer momento, describiremos brevemente su vida para abordar luego, en una segunda parte su contribución a la causa espírita a través de sus temas de estudio, sus obras y su actividad militante a través del mundo.
Su trayectoria de vida
Arthur Conan Doyle nació el 22 de mayo de 1859 en Edimburgo (Escocia), en una familia numerosa de diez hijos. Su padre fue un oscuro funcionario que moriría alcohólico. Su madre, de origen irlandés, descendía de la familia Plantagenêt. Después de sus estudios primarios y secundarios en instituciones católicas, se hizo agnóstico. Entre 1876 y 1881 estudió medicina en la universidad de Edimburgo y luego ejerció durante ocho años la profesión de médico. Publicó sus primeros escritos en 1879, pero fue en 1887 cuando Sherlock Holmes apareció por primera vez, en “Un estudio en rojo”, publicado en el Beeton's Christmas Annual. Muy pronto abandonó la medicina para dedicarse a la escritura. Es el prolífico autor de novelas históricas que le interesaban muchísimo… En el campo judicial, por dos veces, este apasionado por hechos diversos, dirigió la investigación e hizo exculpar a personas condenadas injustamente en los casos Edalji y Slater. Tuvo igualmente una actividad política. En varias ocasiones fue candidato —derrotado— a las elecciones legislativas y redactó diversos trabajos entre ellos un panfleto: La guerra en Sudáfrica: sus causas y su organización. En 1902, fue nombrado caballero y se convirtió en “Sir Arthur Conan Doyle”. Se apasionó por el espiritismo y los contactos con el mundo sobrenatural. Esa mezcla de cultura científica y fascinación por lo oculto e irracional, su gusto por la aventura y la investigación intelectual, su patriotismo, su empeño en los debates de actualidad, hacen de él un notable representante de la sociedad inglesa de su tiempo, del reinado de Victoria hasta los primeros decenios del siglo XX. A partir de 1918, se dedicó sobre todo al espiritualismo y emprendió una gira de conferencias, mientras redactaba diversas obras como La nueva revelación (1918) en las cuales demuestra la supervivencia después de la muerte así como la posibilidad de entrar en contacto con el más allá.
Trayectoria espírita y experimentación científica
La telepatía, la mediumnidad, la fotografía de espíritus, la psicometría y la ectoplasmia serán sus temas de estudio. Arthur Conan Doyle (1859-1930) nació once años después de la aparición del movimiento espírita en los Estados Unidos (1848). Empezó a interesarse por el espiritismo a los veintisiete años, hacia finales de 1886. Al principio fue muy crítico. Para la época practicaba la medicina pero su interés por los fenómenos psíquicos existía desde varios años antes de esa experiencia, justo antes de escribir las primeras aventuras de su detective (1887). Se vinculó al campo de lo metapsíquico en general, y a las “fotografías de espíritus” o “psicografías” en particular. La formación científica, lejos de encerrar en él la razón dentro de una fortaleza tapiada a lo inexplicable, aguijoneó su curiosidad y espíritu de observación. En lugar de negar lo que no comprendía, trató de explicarlo. Entre los fenómenos psíquicos, estudió en particular la telepatía. Esta forma de comunicación es familiar a su personaje Sherlock Holmes. Se hizo secundar en sus investigaciones por un arquitecto muy conocido en la ciudad, el Sr. Ball y consiguieron resultados convincentes. Además, le impresionaba la mediumnidad. Pensaba que allí había material para estudiar, pues estaba seguro de lo que había visto, aunque era un novato en ese campo. Entonces, prudentemente, leyó todo lo referente al espiritismo y comenzó por Allan Kardec. Luego, consultó todas las obras sobre experimentos y testimonios sobre el fenómeno de la mediumnidad y el análisis de los mensajes recibidos. El joven médico-escritor se aseguró entonces los servicios de un médium profesional, el viejo Horstead, para organizar en su casa, desde el 24 de enero de 1887 hasta finales de junio del mismo año, seis sesiones en presencia del arquitecto Ball. Guiado siempre por el espíritu científico, ampliamente abierto a la duda, pero poco dispuesto a transformarla en certeza sin pruebas tangibles, en 1891 se adhirió a la Society for Psychical Research e investigó casos de obsesión. Se obstinaba en acumular pruebas. La convicción suprema, la consiguió Arthur durante una sesión de escritura automática. El médium era la mejor amiga de su esposa. Recibió un mensaje de su cuñado Malcolm fallecido durante la gran guerra, y de su hijo. Desde entonces, se entregó en cuerpo y alma a las ideas espíritas. Se comprometió y dictó innumerables conferencias; fue amigo de Frédéric Myers y tuvo en alta estima a Léon Denis, a quien veneraba por su humildad y su ardor en defensa del espiritismo. Tradujo incluso uno de sus libros, Juana de Arco médium. Junto con su hija Marie, abrió una librería espírita en Victoria Street en Londres, donde también editaba sus propias obras. Eso le evitó ser censurado. Varias veces fue presidente de los congresos espíritas internacionales que representaban a 27 países. En 1926, cuando la policía buscaba a la novelista Agatha Christie, que se encontraba desaparecida, le mostró al psicómetra Horacio Leaf uno de sus guantes. Leaf hizo un diagnóstico más o menos correcto de las dramáticas condiciones en que la dama se encontraba en ese momento. Conan Doyle aprovechó entonces para alabar los méritos de la psicometría en materia de investigaciones dirigidas por la policía oficial. En el congreso de 1928, rindió homenaje a Léon Denis. Ese mismo año, estudió la ectoplasmia y la fotografía psíquica, entre ellas una tomada por él mismo y donde aparece su hijo. 1929 fue el año de la última venida de Arthur al congreso espírita, pues pensaba ir a Atenas, Constantinopla y Roma. Arthur fue un gran mediador entre los Estados Unidos e Inglaterra. Recibía un correo importante de todas partes, más de 300 cartas por día. Uno de sus amigos calculó los desplazamientos de Arthur, recorrió 80.000 kilómetros y por sus conferencias frecuentó unas 25.000 personas. Sir Arthur Conan Doyle supo comprometer su notoriedad en provecho de la filosofía espírita a través de sus públicas tomas de posición, sus conferencias, su presencia en los congresos internacionales espíritas y sus escritos, a saber tres títulos importantes; La historia del espiritismo, La nueva revelación y El mensaje vital. Aun siendo blanco de críticas y pullas, no renunció a defender hasta el fin esta espiritualidad moderna que reconcilia la fe y la ciencia. Se comprueba que el aporte de Arthur Conan Doyle en materia de pruebas científicas para poner en evidencia la realidad del espíritu es importante. Su espíritu riguroso y científico, que le hizo pasar de la duda a la certeza, en cuanto a las manifestaciones post mortem, dio toda la credibilidad a sus palabras y escritos. Una de sus obras Historia del espiritismo (1926-27) escrita en colaboración con Leslie Curnow, plantea una amplia participación en defensa del espiritismo.
Su aporte en materia filosófica
El credo espírita de Sir Arthur Conan Doyle se apoyaba sobre tres postulados principales. En primer lugar la necesidad de una “nueva revelación” con motivo del fracaso de las religiones y su resignación ante los excesos del materialismo.
“Ellas han perdido todo contacto con la realidad viviente del espíritu…” Segundo postulado: la revelación espírita suministra una respuesta clara y simple a los problemas de la supervivencia. Tiene en cuenta una necesaria reparación que permite a los espíritus purificarse pasando de las esferas inferiores a las esferas superiores…” Así el espiritismo, y fue eso especialmente lo que sedujo al hombre generoso que era Conan Doyle, realiza esa unidad de fe que el mundo visible nunca ha sabido encontrar. Último postulado: el espiritismo es la única filosofía que concilia la fe y la razón. Gracias a la comunicación con los muertos, ha probado la supervivencia del alma y disipado las tinieblas del más allá. Sus revelaciones no se apoyan en profetas de una antigüedad mítica sino en testimonios contemporáneos. Han sido comprobadas, no por inspirados, sino por hombres de ciencia de indiscutida autoridad. Para “creer” en el espiritismo, basta con tener la prueba de los fenómenos que afirma. Y se sabe que Conan Doyle pasó treinta años de su vida reuniendo esas pruebas. Cerrada su investigación, dejaría de interesarse por el aspecto científico de los fenómenos psíquicos para dedicarse a su aspecto religioso y moral. Concluiremos este artículo con el testimonio personal de este gran defensor del espiritismo desde su más allá: «La paz sea con vosotros. Hoy es la primera vez que me incorporo entre vosotros. Estoy feliz de encontraros, es un largo camino, pero es el bueno. Me acuerdo de mi trabajo, somos tantos espíritus en el más allá, millares de espíritus que vosotros conocéis. Cuando era padre de familia, perdí a mi hijo, eso fue horrible, era difícil para mí. Y luego me acuerdo de un día, era en invierno, lo volví a encontrar por el espiritismo. Me acuerdo de haberme dicho aquel día, “Ahora este será mi trabajo, mi tarea, debemos proclamar la vida del más allá, sí, tenemos ese deber”. Hoy es la primera vez para mí, pero pronto me veréis muy a menudo, sí regresaré. Viva el espiritismo, viva Allan Kardec y acordaos de Conan Doyle.
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