Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.

martes, 4 de febrero de 2020




                                                               SÓCRATES

DOSSIER TELEPATÍA Y FUERZA DEL PENSAMIENTO
por MICHÈLE BOURGEOIS LA FUERZA DEL PENSAMIENTO

LE JOURNAL SPIRITE N° 89 JUILLET 2012


Los científicos han escrito “guardémonos de confundir el órgano con la función”. También se puede leer “no es posible afirmar que el pensamiento esté siempre en armonía con la integridad del cerebro, pues no es producido por el cerebro”. Si bien la filosofía o la ciencia tratan de aportar ciertas definiciones, los espíritus nos enseñan que el pensamiento es una energía, una fuerza por la cual el espíritu puede actuar sobre la materia que nos rodea. De allí ciertas facultades para el espíritu, de allí ciertas acciones, conscientes o inconscientes, sobre el cuerpo físico, sobre la materia, y hasta sobre nuestro entorno y más allá.

 ¿Qué definición podemos dar al pensamiento?
Desde la más remota Antigüedad, las investigaciones de los filósofos han tenido por objeto al hombre, su naturaleza física e intelectual. Ellos se imaginaban que el hombre estaba compuesto por dos elementos distintos, el alma y el cuerpo y todas las deducciones de la filosofía estaban basadas en esa dualidad. Sócrates establecía la existencia del alma y Platón admitía “el mundo de las ideas” distintas de los seres materiales evocando igualmente la noción de las peregrinaciones de las almas…
Según la definición del diccionario, el pensamiento es un conjunto de procesos mediante los cuales el ser humano en contacto con la realidad material y social elabora conceptos, los relaciona entre sí y adquiere nuevos conocimientos. El pensamiento es presentado como una expresión íntima del individuo con implicaciones de orden moral, en una comunicación humana que presenta todos los aspectos de los sentimientos, el amor y el odio pasando por la indiferencia. Sin embargo, se enfrentan dos concepciones una materialista, la otra espiritualista y en los dos casos, se opone el pensamiento a la materia. Cuando Descartes dice “pienso luego existo”, separa la sustancia inteligente (el pensamiento) de la sustancia corporal (la materia).

La concepción materialista
Todo es materia, cada molécula tiene propiedades, en virtud de las cuales se ha formado el universo con los seres que contiene. Esta materia se gobierna por sí misma, por leyes físicas y mecánicas. Los materialistas se interrogan entonces sobre ese pensamiento que es invisible, sin peso, ni forma, ni color, y se preguntan cómo puede el cerebro, que es una cosa material, engendrar una acción inmaterial como es el pensamiento. Ese pensamiento, atributo del alma, que corresponde al conjunto de nuestras facultades intelectuales, nuestra conciencia, nuestros gustos y nuestra sensibilidad, no es sin embargo, más que un funcionamiento del organismo, una secreción del cerebro. Así pues, desaparece con la muerte.

La concepción religiosa y mística 
 Los religiosos creen que el alma corresponde a una sustancia que no puede ser disociada de la materia, ni de la Creación de Dios. La concepción espiritualista es decir que la naturaleza fundamental del hombre es ante todo espiritual. La individualidad continúa existiendo después de la muerte y para las religiones reencarnacionistas, preexiste a la vida física.

La concepción espírita 
 Los espíritus definen el pensamiento como una energía utilizada permanentemente, en forma consciente o inconsciente, como medio de intercambio y comunicación más allá del mundo físico. Esta energía es transmitida por “el fluido” como el sonido lo es por el aire. En el mundo de los espíritus, el pensamiento se exterioriza, vibra y se transmite de manera instantánea hacia su objetivo sin la desviación de un lenguaje, de una forma de expresión que en este mundo nos permite comunicar, y a menudo disfrazar, la verdad profunda del ser. Pero en realidad, encarnados o desencarnados, todos vivimos en un mundo vibratorio de intercambio de pensamientos. En su libro El Espiritismo ante la Ciencia Gabriel Delanne analiza si los argumentos esgrimidos por los materialistas tienen todo el valor que se les atribuye. Muestra que el estudio de los hechos aporta la certeza de que existe un principio pensante, independiente de la materia, no sometido a las transformaciones de la vida y en el cual reside el recuerdo: “Se ve pues que, cualquiera que sea el procedimiento de análisis que se emplee, es imposible suponer que el pensamiento se deba a una emanación del cerebro, tampoco a secreciones o vibraciones de la materia cerebral, uno no puede admitir los sistemas materialistas sin encontrarse en oposición formal con los hechos y con la razón, y si comprobamos en el cerebro una serie de actos que preceden, acompañan o siguen al pensamiento, es absolutamente ilógico atribuirles su producción. Una de las facultades del alma que más ha llamado la atención de los filósofos es indiscutiblemente la memoria. Facultad misteriosa que examina y conserva los accidentes, las formas y modificaciones del pensamiento, del espacio y del tiempo; en ausencia de los sentidos y lejos de la impresión de los agentes externos, representa la sucesión de ideas, imágenes y eventos, ya idos, ya caídos en la nada; los resucita espiritualmente, y tal como el cerebro los sintió y la consciencia los percibió y los formó. Para explicar su mecanismo, Aristóteles admite que las impresiones externas se graban en el espíritu, más o menos como uno reproduce una letra poniendo un sello sobre cera. Descartes cree también que esta facultad procede de vestigios que dejan en nosotros las impresiones de los sentidos, o de las modificaciones del pensamiento”.

La verdadera naturaleza del ser
La naturaleza fundamental del hombre es ante todo espiritual, en la medida en que la individualidad preexiste a la naturaleza física y sobrevive después de la muerte, prosiguiendo su evolución hasta el estado de perfección. Esta naturaleza es triple, a saber, porque está constituida por el cuerpo físico, el espíritu y el periespíritu. La definición del periespíritu es esencial para comprender los fenómenos vinculados a la fuerza del pensamiento. El periespíritu es el calco del cuerpo físico. Es un doble energético, una envoltura semi material, impalpable e invisible, pero que en ciertas condiciones puede despedir una fuerte luminosidad, que se produce en los casos de apariciones. Acompaña al espíritu después de la muerte y permite la acción del espíritu sobre la materia. El periespíritu acompaña al espíritu en todas sus vidas sucesivas. Percibe el conjunto de nuestras sensaciones, las transmite al espíritu y posee capacidad de memorizar. Unido al cuerpo carnal durante la existencia terrestre, conserva sin embargo cierta independencia que le permite exteriorizarse.

El psiquismo humano
Un mensaje de Alexis Carrel nos da una definición precisa del psiquismo humano: “A menudo se plantea la pregunta y queda sin respuesta en el discurso oficial de la ciencia. ¿Qué es entonces el psiquismo humano, componente fundamental que no puede subdividirse ni compartirse? El psiquismo humano es una reacción a los pensamientos, a las imágenes, a todos los sentidos que podéis conocer en vuestra materialidad, más una reacción profundamente espiritual. Los estados de consciencia del hombre han sido definidos y son numerosos. Estos estados de consciencia responden de un modo cierto a lo que denominaré la imaginación. La imaginación es la fuerza esencial en todos vuestros actos de pensamiento. Tenéis toda la fuerza de la imaginación y tenéis todo el poder de pensar imágenes, de construir situaciones que pueden permitiros establecer reacciones carnales. El psiquismo es pues ponerse directamente en relación con nuestro estado de ánimo o con nuestro modo de pensar. En efecto, en el ser humano, el pensamiento sigue siendo el atributo esencial, un formidable medio de libertad, de reflexión, de intercambios y de creaciones”.

El entorno vibratorio
Este mensaje de José Arigó completa nuestro conocimiento: “Es tiempo de que el hombre comprenda por fin que vive en el interior de un mundo vibratorio. Vuestras carnes vibran según el ritmo de vuestro pensamiento.  El fluido es ante todo resultado de vuestro pensamiento. Pensáis el bien y obtenéis un buen fluido. Pensáis el mal y obtenéis un mal fluido. El fluido creado por vuestro pensamiento va a realizar una salida extra corporal. Se va a separar, progresivamente se liberará de vuestro cuerpo físico. Desde que el pensamiento, desde que el fluido se extirpa del cuerpo físico, entonces ya no se trata de hablar de fluidos sino de vibraciones. El pensamiento exteriorizado se convierte en una vibración. El carácter de esta vibración es la forma ondulatoria. La forma ondulatoria, tal como un trazo en forma de curva, que también se va a prolongar en el espacio, a partir de lo que hayáis pensado, a partir de vuestra reflexión espiritual. Cuando la vibración alcance a aquel, o aquellos, o a los elementos hacia los que se ha dirigido, entonces se convertirá en un efluvio”.

La encarnación
La primera acción del pensamiento es la que corresponde a nuestra encarnación. Este mensaje del Doctor Liébault nos lo explica: “Antes de regresar al mundo, antes de reencarnar, erais espíritus, estabais en el más allá. El proceso de la fecundación pudo hacer de vosotros, una vez más, espíritus encarnados, es decir, espíritus que transportan su doble etérico de naturaleza plástica al interior de todas las condiciones de la materialidad. Que lo hayáis pensado o no, el resultado de todo este proceso es que habéis conformado más o menos conscientemente vuestros cuerpos nuevos, vuestros cuerpos presentes. Por haberlos conformado, sois sus autores…” Es gracias al periespíritu que el espíritu que regresa va a transmitir a la célula su voluntad de crear un cuerpo físico. Durante la encarnación, el entorno de la mamá que porta al bebé y su estado de ánimo, tienen una influencia cierta en el fenómeno, que es una etapa difícil para el espíritu que reencarna. La mamá y el bebé pueden establecer entre ellos vínculos telepáticos.

 ¿Es el cerebro la sede del pensamiento?
Hace varios años, el espíritu William Lang respondió a esta pregunta: “El mundo de la biología enseña que la materia cerebral es el agente esencial de la manifestación de la conciencia y yo apruebo completamente esa definición, una definición sin embargo limitada y relativa a la historia de una medicina de orden materialista. Hubo un tiempo, en el siglo XIX, en que los médicos e investigadores afirmaban que el cerebro podía subdividirse en varias zonas, esas zonas correspondían a facultades inherentes a vuestro espíritu y vuestro pensamiento. Es así como fueron localizadas una tras otra, la zona de la memoria, la zona del sentimiento, la zona de la moral, la zona del dolor y así sucesivamente. Nosotros no aceptamos este esquema y nos inquieta ver en la ciencia contemporánea de los hombres, que esta misma idea toma de nuevo forma, fuerza y vigor. No es preciso localizar las manifestaciones del pensamiento en el interior de la materia cerebral. Sin embargo, la materia cerebral es un agente bioquímico que interviene en sumo grado en la manifestación de esta reflexión. La materia cerebral es la prueba de la existencia del espíritu, es la que responde a los impulsos de nuestra voluntad consciente o subconsciente. Pero el espíritu no es la materia, el pensamiento no es el cerebro y querer limitar el espíritu a esta forma de materia contenida en la cavidad craneana, es por supuesto un error fundamental. El cerebro es el agente esencial de vuestra manifestación inteligente y sentimental. Es preciso mantener la estrecha relación entre el espíritu y la biología donde éste se encarna. La diferencia entre el espírita, o el espiritualista, y el materialista consiste justamente en querer manifestar su conciencia fuera de toda forma física y de toda forma material, pues, por supuesto, el materialista limita el espíritu a los intercambios bioquímicos de vuestras naturalezas cerebrales. El biólogo acepta la actividad eléctrica de las neuronas, el biólogo acepta la actividad física de los intercambios a nivel de vuestras células, pero no acepta la presencia subjetiva, no acepta la presencia trascendente, no acepta la presencia abstracta e invisible de vuestro amor y de vuestra inteligencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario