Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.
miércoles, 19 de febrero de 2020
LE JOURNAL SPIRITE N° 93 JUILLET 2012
FENÓMENO
LOS NIÑOS PRODIGIO
por CATHERINE GOUTTIÈRE
"Soy joven, es cierto; pero para las almas bien nacidas, el valor no espera por el número de los años” (El Cid, Corneille).
La historia humana cuenta con numerosos niños prodigio, en diferentes campos, que han llamado la atención de sus contemporáneos, sin que por ello estos últimos aportaran una respuesta coherente a ese tipo de fenómeno.
¿Qué es un niño prodigio?
Es preciso saber diferenciar a los genios de los niños superdotados o de los “sabios”. Los superdotados son numerosos, más inteligentes que el promedio y adelantados con relación al sistema escolar. Algunos pasan el bachillerato con catorce años y prosiguen estudios brillantes. Los “sabios” poseen con frecuencia extraordinarias capacidades de memoria. Pueden efectuar complejos cálculos mentales o aprender más de ocho idiomas. Los niños prodigio son todo eso a la vez. Pero poseen una chispa de genio que los distingue de los demás.
Son creadores
Blaise Pascal, según el testimonio de su hermana, encontró a los doce años, solo y sin documentación, los fundamentos de la geometría de Euclides. Hasta su muerte, a los treinta y nueve años, nunca dejó de descubrir, inventar y perfeccionarse en el campo de las matemáticas, la física y las técnicas. Johann Carl Friedrich Gauss, nacido el 30 de abril de 1777, fue un matemático, astrónomo y físico alemán. Dotado de gran genio, aportó contribuciones muy importantes a estas tres ciencias. Apodado “el príncipe de los matemáticos”, es considerado como uno de los más grandes matemáticos de todos los tiempos. A los diecinueve años, Gauss caracterizó casi completamente todos los polígonos regulares construibles únicamente con regla y compás (teorema de Gauss-Wantzel), completando así el trabajo iniciado por los matemáticos de la antigüedad griega. En 1809, a los treinta y dos años, publicó un trabajo de capital importancia sobre el movimiento de los cuerpos celestes que contenía el desarrollo del método de los mínimos cuadrados, un procedimiento utilizado desde entonces, en todas las ciencias, para minimizar el impacto de un error de medida. Gaspard Monge, nacido el 9 de mayo de 1746, estudió en el colegio de los Oratorianos de Beaune. Allí mostró los primeros signos de su excelencia, al punto de que el director lo calificó de pueraureus (el niño de oro). A los catorce años, construyó una bomba de incendios, cuyos efectos suscitaron admiración. A los dieciséis años, marchó a Lyon para terminar sus estudios en el colegio de la Trinidad, de donde saldría dos años más tarde, con apenas diecisiete años, no sin antes haber dado allí un curso de ciencia física.
Son trabajadores empedernidos
Por ejemplo, Thomas Edison depositó durante su vida 1.093 patentes y empleó a más de 35.000 personas en un imperio industrial que permitió el auge de la electricidad en todo el mundo. El joven Thomas fue el arquetipo del niño prodigio al que nada podía eclipsar: después de tres meses de curso, su madre ofuscada por el poco de interés del maestro por su hijo, decidió tenerlo por alumno ella misma. Él completaría luego su formación básica como perfecto autodidacta, leyendo a los grandes autores como Dickens o Shakespeare y devorando todos los libros de ciencia que su madre le traía, especialmente la obra de física experimental School of Natural Philosophy de Richard Green Parker. En 1857, a los diez años, Thomas poseía un verdadero laboratorio pequeño de química en el sótano de la casa de sus padres para desarrollar su inteligencia práctica. En 1859, a los doce años, empleado de los ferrocarriles, mudó su laboratorio de química al vagón de equipaje que había transformado en imprenta. Prácticamente sordo a los trece años por causa de la escarlatina, multiplicó los pequeños empleos y se convirtió en experto en telegrafía a los veintiún años.
Los prodigios se interesan por todo lo que pase por delante de sus ojos
Citemos a Isaac Newton, nacido el 4 de enero de 1643, que apasionado primero por la mecánica, se entusiasmó luego por la óptica, las matemáticas y la física, con su famosa ley de gravitación universal. Se interesó también por la filosofía y la religión.
Los prodigios emergen de todos los medios y ya no son más privilegio de los países occidentales Aisha Mustafá, una estudiante egipcia de diecinueve años, inventó un nuevo sistema de propulsión espacial basada en la física cuántica, al participar en el club de ciencias de su universidad. Janelle Tam, una joven singapurense de dieciséis años, descubrió una sustancia antioxidante capaz de frenar el envejecimiento. Ésta estaría compuesta de nano partículas presentes en la fibra de madera (NCC o nanocelulosa cristalina). Kelvin Doe, de trece años, construyó baterías y generadores eléctricos a partir de objetos encontrados en los cubos de basura de su aldea en Sierra Leona. Tres años más tarde, se convirtió en el invitado más joven del Massachussetts Institute of Technology (MIT), la prestigiosa universidad norteamericana. Recientemente, un muchacho de quince años, Jack Andraka, procedente de Maryland, Estados Unidos, recibió un premio de 75.000 dólares en el Salón Internacional de la Ciencia y la Ingeniería Intel, por haber desarrollado un test simple para el cáncer de páncreas, 28 veces más rápido, 28 veces menos caro y 100 veces más sensible que los tests existentes. Señaló que su proyecto le había sido inspirado por la muerte de uno de los miembros de su familia. Mostró sus investigaciones a cientos de docentes e instituciones, antes de ser tomado a su cargo por el investigador Anirban Maitra, que le permitió utilizar un laboratorio de la Universidad John Hopkins.
Los niños prodigio también saben hacerse notar
En música, es bien conocido el caso de Mozart. A la edad de cuatro años, compuso una sonata, y a los once años, dos pequeñas óperas. Saint-Saëns dio su primer concierto de piano a los once años, y no tenía sino dieciséis cuando hizo ejecutar su primera sinfonía. Más cercano a nosotros, Yehudi Menuhin (1916-1999) célebre violinista y director de orquesta fue un niño prodigio. Se presentó desde 1927, a los once años, en París con la orquesta Lamoureux y en Nueva York en el Carnegie Hall. Es considerado como uno de los más grandes violinistas del siglo XX. En pintura, Miguel Ángel, uno de los genios más admirables de Italia, a los ocho años, ya conocía tanto la técnica de su arte que su maestro Ghirlandaio le aseguró que ya no tenía más nada que enseñarle. Desde su infancia, Rembrandt manifestó tanta pasión por el dibujo que pudo dibujar como un gran maestro antes de haber aprendido a leer. Hoy en día, la joven Aelita André, de origen ruso, vive actualmente en Australia con sus padres. Tiene seis años y es la artista pintora profesional más joven del mundo. Utilizando acrílico y técnicas mixtas, crea cuadros de formas abstractas en gran número, vertiendo la pintura sobre la tela según su inspiración. Los colores son puros y las formas sin limitaciones, dentro de una espontaneidad que hace único cada cuadro. Ante estos ejemplos diversos y variados, podemos preguntarnos si no sería que un hada buena se inclinó sobre la cuna de estos niños ofreciéndoles un “don” que la generalidad de los mortales no posee, o si existe una explicación racional y lógica para esta clase de fenómenos.
La tesis materialista
El punto de vista materialista se funda en la herencia. En genética física, la ciencia de la herencia nació en 1865, cuando el monje checo Gregor Mendel llegó a precisar las leyes que explican la transmisión de los caracteres en el curso de las generaciones. A principios de los años 1920, se pudo demostrar que los cromosomas representan el soporte material de la herencia, determinado por un fragmento de cromosoma al que se llamó gen. A mediados de los años ‘60, se sabía que las diferentes características del hombre estaban inscritas a lo largo de una cinta en un texto de unos tres mil millones de letras. Esos tres mil millones de letras están repartidos en cuarenta y seis cromosomas: veintitrés son aportados por el padre y los otros veintitrés por la madre, en el momento de la fecundación. Si se acepta la idea de que la herencia física, así como la herencia de la inteligencia, se transmiten por estos mismos cromosomas, ¿cómo explicar que grandes sabios hayan salido, o salen, de medios ignorantes e intelectualmente desfavorecidos? Por ejemplo, Copérnico, Claude Bernard, Descartes, etc., habían nacido en medios poco cultivados, y nada hacía presagiar las facultades que las distinguirían de la masa. Por el contrario, muchos grandes hombres tuvieron descendientes como la generalidad de los mortales, incluso por debajo del promedio. Pericles engendró dos tontos, lo mismo que Sócrates y Temístocles. Marco Aurelio tuvo por hijo a un sanguinario, Cómodo. Henri IV, La Fontaine, Cromwell o Goethe, tuvieron hijos que resultaron perfectos desconocidos. Los niños prodigio nos demuestran, con incuestionable evidencia, que la inteligencia es independiente del organismo físico que le permite manifestarse. La actividad intelectual de estos niños se manifiesta a una edad en que el cerebro no ha alcanzado su pleno desarrollo. Y no han podido adquirir su talento por la educación que han recibido. Eso significa que la tesis materialista no es admisible.
La tesis religiosa
Si uno se ubica desde el punto de vista religioso, se acepta la idea de que Dios podría otorgar un “don” a algunos de sus hijos que se distinguirían entonces de la generalidad de los mortales. Esta tesis no es creíble, pues Dios, que es el Padre de toda vida, tiene en Él todas las cualidades y todas las virtudes. Si llegara a faltarle una sola, es decir, si tuviera una sola de las imperfecciones que la imaginación puede concebir, no podría ser Dios. Ahora bien, siendo Dios soberanamente justo y bueno, no puede hacer diferencia entre todos sus hijos, su infinita bondad no puede expresarse únicamente sobre unos en detrimento del conjunto. Entonces, esta tesis no es concebible.
La explicación espírita
¿Que nos revela entonces el espiritismo en este campo, o más bien, qué vienen a decirnos los Espíritus a este respecto? Todos tenemos una génesis, todos somos el resultado de un pensamiento divino al que llamamos Dios. En principio, somos creados simples e ignorantes, semejantes unos a los otros pero sin embargo diferentes por nuestra propia individualidad. Y es a través de las vidas sucesivas, de encarnaciones en la materia, de las múltiples experiencias que vivimos y que se imprimen en nosotros, que se va a forjar nuestro carácter y sufriremos una evolución tanto moral como intelectual. A título de ejemplo, un espíritu que se haya dirigido repetidas veces, es decir durante varias vidas, hacia el campo de las matemáticas, habrá adquirido como consecuencia, una suma de conocimientos en ese mismo campo. Cuando decida dirigirse por primera vez hacia la música, a fin de perfeccionar su evolución intelectual, será entonces el último de los músicos, pues en su memoria inconsciente no habrá registrado ningún conocimiento previo sobre el tema. El caso de los niños prodigio prueba la existencia de las vidas anteriores, en el sentido de que es una revelación de los trabajos cumplidos por esos Espíritus en otras vidas, experiencias que pueden expresarse en su nueva vida carnal. Entonces, este género de fenómeno no puede producirse por azar, sin un vínculo con el pasado del espíritu. Por el contrario, demuestra que somos Espíritus que llegan a este mundo con todo un pasado de aprendizaje y evolución, producto de un trabajo realizado durante las vidas sucesivas. Cada vida encuentra en el espíritu que se expresa en su interior una cultura particular, aptitudes y adquisiciones mentales que explican entonces la facilidad de trabajo y el poder de asimilación. Es por eso que Platón decía: “Aprender, es recordar”.
¿Podría explicarse esta clase de fenómeno por la mediumnidad?
Sabemos que el genio debe mucho a la inspiración, y ésta es una de las formas de la mediumnidad. La gran diferencia entre los niños prodigio y la mediumnidad, es que el médium no puede ejercer su facultad durante horas. Necesita condiciones especiales, a veces difíciles de reunir, para establecer un contacto con el más allá, mientras que los niños prodigio utilizan su talento a todas horas, de manera permanente, como hacemos nosotros mismos con nuestras propias experiencias intelectuales.
Algunos de ellos pueden ser igualmente médiums y recibir una inspiración exterior que se combina, entonces con la experiencia personal. Eso no altera ni disminuye en nada la tesis de la reencarnación que sigue siendo la explicación más lógica y más natural. De aprender, comprender, asimilar, y en consecuencia, evolucionar cada uno de nosotros a su propio ritmo, resultan obligatoriamente las diferencias entre los individuos. La diferencia no es injusta; es el resultado de las múltiples experiencias que hemos vivido y que hacen que algunos de nosotros parezcan más dotados que otros en ciertos campos, campos que también nosotros hemos podido conocer y que hemos puesto de lado para vivir nuevas experiencias, o bien campos que aún no hemos abordado.
¿Qué actitud deben tener los padres en tal circunstancia?
La actitud de los padres es muy importante. Deben dejar a su hijo, este espíritu que regresa, decidir por sí mismo si se realiza o no en las experiencias que presenta. Sin embargo, el niño no siempre tiene la elección pues ciertos padres proyectan en la particularidad que éste presenta, los sueños, deseos y fantasmas que ellos mismos no han podido realizar. Tienen entonces la sensación de ser diferentes a los otros padres, de salirse de alguna manera del lote del común de los mortales. Entonces, el orgullo inherente a la naturaleza humana, tendrá como consecuencia hacerles olvidar lo esencial, que es el deseo de su propio hijo.
Educar viene del latín “ex-ducere” y significa guiar, conducir. Seamos padres que acompañemos y respetemos a nuestro hijo en sus elecciones, démosle todas las oportunidades de desarrollo y realización dentro de su camino evolutivo. No es fácil vivir en nuestras sociedades humanas y puede ser un combate diario. Aunque nuestro hijo tenga ciertas particularidades que lo hacen sobresalir de la masa, o aunque no las tenga, simplemente amémosle, con un amor inteligente, reflexivo y no asfixiante. En lugar de pensar por él e imponerle las elecciones para su futuro, démosle justo lo que pida, y no lo que podríamos exigir. De alguna manera sepamos sugerir más que imponer, sin olvidar jamás que estamos allí para acompañarlo, ayudarlo, sostenerlo, y no para ahogarlo y someterlo. Respetemos a nuestro hijo, pues en materia de educación, respetar también es amar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario