Este es un punto de reunión virtual de estudiosos del Espiritismo codificado por el Maestro Allan Kardec, pero, enmarcado dentro del contexto paradigmático actual, como sistema filosófico racionalista y librepensador ajeno a todo misticismo religioso.
viernes, 31 de enero de 2020
PAISAJE TELÚRICO DE LA ISLA DE LANZAROTE
LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013
DOSSIER EL IMPULSO DIVINO Y EL UNIVERSO
LAS FUERZAS DESCONOCIDAS DE LA TELURIA
por CHRISTOPHE CHEVALIER
La palabra “teluria” tiene dos definiciones diferentes, una en relación con los movimientos de la corteza terrestre y el otro con una energía particular detectable por la radiestesia.
Desde el punto de vista científico, desde hace ya varios decenios, cuando hay temblores de tierra que surgen en numerosos puntos del planeta, se habla de “sacudidas telúricas” cuya causa es la doble actividad de la corteza terrestre en incesante movimiento y del núcleo terrestre en incandescencia. Para los geofísicos, la teluria se define según la naturaleza de los subsuelos de la Tierra, de su actividad, de sus efectos en los temblores de tierra y de la actividad de los volcanes. En lo que concierne a la radiestesia, el mundo científico asimila esta facultad a una pseudo ciencia esotérica, cuyos métodos de investigación no tienen nada de científico. Y sin embargo, numerosas investigaciones en este campo fueron realizadas por hombres de ciencia, tales como Charles Richet, eminente fisiólogo francés y laureado con el premio Nobel de esta disciplina, que se expresó así: “debemos aceptar la radiestesia como un hecho. Es inútil hacer experimentos para probar su existencia. Existe. Lo que hace falta ahora, es desarrollar sus posibilidades”. Si los resultados obtenidos no tienen ningún valor científico, a la fuerza tenemos que certificar que los radiestesistas siempre han podido localizar fuentes o encontrar personas desaparecidas en colaboración con las instancias judiciales. El radiestesista habla de lugares “cosmo-telúricos”. Entiende por este vocablo un entorno que es punto de convergencia entre una energía que viene del cosmos y otra energía llamada “telúrica” que emana de la Tierra. Habla también de corrientes telúricas en las casas, corrientes de energía que a veces pueden tener efectos nocivos sobre el estado de salud de las personas domiciliadas en esos lugares. En efecto, esa corriente telúrica que viene de las entrañas de la Tierra, es el resultado de la actividad del plasma y de su vibración, engendrada por sus movimientos que recorren nuestro subsuelo. Resumiendo, los geofísicos estudian la actividad de los subsuelos y del plasma, mientras que los radiestesistas amplían esa investigación con las consecuencias vibratorias de esa actividad. Según las informaciones espíritas, la teluria es una energía que combina varios factores esenciales: el granito, el Sol, la Luna y la bóveda estelar. Para comprenderlo bien, debemos remontarnos en el tiempo, a la génesis de nuestro planeta que, antes de ser la esfera que conocemos, sufrió numerosas conmociones. Hace cuatro mil millones de años, nuestro globo estaba cubierto de agua, su núcleo incandescente estaba envuelto por una corteza y cuando ésta se desgarró bajo la formidable presión del magma del núcleo, éste salió a flote para solidificarse de nuevo formando una capa de granito. El granito es pues el resultado del lento enfriamiento del magma. Esta roca particular forma la estructura inicial del suelo en forma más o menos pareja. Es el esqueleto de la Tierra, que en ciertos lugares es más espeso y denso. El granito representa pues un elemento indispensable en la construcción de la energía telúrica, pues se conjuga con los otros tres elementos ya citados, el Sol, la Luna y la bóveda estelar.
Detengámonos ahora en la armoniosa síntesis de todos estos elementos. ¿Qué sucede exactamente para que esta combinación termine en el nacimiento de la teluria, tal y como es definida en espiritismo? Imaginemos por un instante la escena siguiente: es de noche, el cielo está claro y sin nubes y cuando levantamos la vista en dirección al espacio, podemos ver la bóveda estelar iluminada por una miríada de pequeñas luces centelleantes y a nuestro astro lunar que hace el relevo nocturno al Sol. Esta noche es clara, baña de una luz benéfica todo este conjunto. Esta luz, como todo en el Universo, es una vibración que va a penetrar la corteza terrestre compuesta por numerosos tipos de rocas, pero más particularmente en ciertos lugares, allí donde ella esconde el granito. Entonces, el encuentro de esta luz vibrante con el granito va a engendrar fenómenos químicos y físicos energéticos, en lo más profundo de esta roca para llegar a la energía telúrica. Los espíritus nos han enseñado que esta transformación es el resultado de una perfecta alquimia en la composición del granito. En efecto, éste se compone de “biotita” (mica negra) que es penetrada por la luz y se condensará luego en “mica” (mineral brillante y estratificado), para reflejarse finalmente en el “cuarzo” (sílice cristalizado parecido al vidrio). He aquí pues, cómo las fuentes luminosas se transforman y se modifican en el seno del mineral, para convertirse en lo que los espíritus llaman “la energía telúrica”.
¿Cuáles son las fuerzas contenidas en esta energía y cuáles pueden ser sus aplicaciones? Desde sus primeras manifestaciones en el seno de nuestro Círculo, los espíritus nos llaman muy a menudo la atención sobre la naturaleza de nuestro entorno y su origen divino. Mucho antes que nosotros, en ciertas regiones del Oeste europeo, vivían los druidas en armonía con la naturaleza y por eso el contacto con el más allá era natural. Durante esos contactos de antaño, ya los espíritus superiores enseñaban la observación de la bóveda celeste, de sus ilusiones geométricas y afirmaban que ese conjunto luminoso no se dispersaba por azar. La teluria fue puesta en evidencia en esa época pasada: “Es una fuerza vital para beneficio de los organismos vivientes”. Alimenta el cuerpo y el periespíritu. Esta energía particular y benéfica es esencialmente activa en las zonas geográficas donde predomina el granito. Es el caso de Bretaña, y más ampliamente de los macizos armoricano, alpino y de los Vosgos. Esta lista no es exhaustiva, pues evidentemente existen en Francia y en otras partes, otros lugares donde está presente el granito. Los Espíritus nos han explicado diferentes formas de beneficiarnos de esta energía de la mejor manera posible. He aquí una: si tenéis el privilegio de vivir en una de estas regiones, no dudéis en tenderos sobre el suelo granítico en una noche clara, formando uno con el suelo, imaginando la redondez del planeta. Siempre dentro de este pensamiento, hay que imaginar que vuestro cuerpo mismo es de granito, que recibe la luz difusa de la Luna y de la bóveda celeste y que esa luz os penetra. En ese momento, la teluria de los lugares invadirá vuestro cuerpo físico, pero también vuestro doble etérico, el periespíritu. Para que se opere esta alquimia y dispense eficazmente sus beneficios, hace falta, en un primer momento, tener conciencia de que no estamos compuestos esencialmente de materia sino que nuestra naturaleza es ante todo espiritual. Y en un segundo lapso, comprender la interacción entre el doble periespiritual y el cuerpo. Para ello, volvamos sobre la definición del “doble periespiritual” y su papel. El periespíritu es un cuerpo sutil de semi-materia que acompaña al espíritu en cada una de sus encarnaciones. Ha registrado todas las informaciones transmitidas de vida en vida. Su estructura está compuesta de miles de millones de células imbricadas en las del cuerpo. Células periespirituales y células físicas son un aglomerado de átomos vibrantes, y así los dos cuerpos interaccionan uno sobre el otro. Cuando uno va mal, el otro va mal y viceversa. El periespíritu es la prolongación invisible de nuestro cuerpo.
Seguros de esta comprensión de nuestra doble naturaleza física y espiritual, y de su interacción; seguros del conocimiento de la existencia de la teluria, admitimos que esta energía positiva proporciona a nuestros cuerpos una fuerza suplementaria que refuerza el equilibrio vibratorio de las células entre sí. De ese beneficio, resulta la buena armonía del funcionamiento de nuestra naturaleza espiritual, periespiritual y física. En conclusión, podemos afirmar que la práctica regular de tenderse sobre un suelo granítico, conscientes del fenómeno natural que se va a producir, es una verdadera terapia. Ojalá que un día, forme parte de las curaciones del futuro.
jueves, 30 de enero de 2020
ALFRED RUSSEL WALLACE
LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013
DOSSIER EL IMPULSO DIVINO Y EL UNIVERSO
LAS TEORÍAS DE LA EVOLUCIÓNpor IGOR MANOUCHIAN
La evolución del hombre está inscrita y se ubica en un tiempo relativamente reciente respecto a los cinco mil millones de años que cubren la edad de la Tierra. En efecto, los primeros humanos nacieron hace seis o siete millones de años y el Homo Sapiens apareció hace apenas 195.000 años. Así pues, en este período corto y largo a la vez, el hombre ha evolucionado y se ha adaptado a los diversos entornos y cambios climáticos inherentes a la progresiva metamorfosis del planeta. A medida que se desarrolla, la ciencia ha hecho descubrimientos sobre el origen del hombre por medio de los fósiles y los dibujos y pinturas rupestres; luego, más cerca de nosotros, sobre la célula viva y un poco más tarde sobre el ADN. Las teorías sobre la evolución humana comienzan a partir del momento en que la ciencia se aplica a determinar los hechos por medio de la observación, el estudio y la deducción. Pero antes de la exploración sobre la naturaleza del hombre, fueron los animales los que ocuparon el campo de la investigación. Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829), naturalista francés, se dedicó a demostrar por la teoría transformista los dos principios siguientes: 1 - La creciente complejidad de la organización de los seres vivos por efecto de la dinámica interna propia de su metabolismo. 2 - la diversificación o especialización de los seres vivos en múltiples especies, por efecto de las variadas circunstancias a las que son enfrontados en los diversos medios y a los cuales son obligados a adaptarse, modificando su comportamiento o sus órganos, para responder a sus necesidades. (No siendo esa modificación producto de su voluntad o de su deseo, sino siempre de esa dinámica interna propia de la vida, concebida aquí como un proceso donde los flujos de materia necesarios para la vida estructuran la materia viva y, por consiguiente, los organismos). Es así uno de los primeros naturalistas en comprender la necesidad teórica de la evolución de los seres vivos, explicando que los cuerpos se transforman a partir de los cambios climáticos y geológicos y que entonces un órgano puede modificarse para responder a una necesidad. Para apuntalar su tesis, cita como ejemplo el cuello de la jirafa que se ha alargado para alcanzar las ramas altas de los árboles. Estos cambios se realizan en períodos más o menos largos y no son controlados. Este enfoque mecanicista y materialista de Lamarck no pudo ser demostrado, sin embargo él fue uno de los primeros en defender la idea de la evolución. Más tarde, Charles Darwin (1809-1882) desarrolló una teoría diferente del evolucionismo: “La Tierra ha sido colonizada poco a poco por las plantas, organismos unicelulares que, de mutación en mutación, han evolucionado hacia seres más complejos: los animales (entre ellos el hombre). La evolución se produce por selección natural, son los animales más adaptados a su medio los que sobreviven. Son pues ellos los que tendrán más oportunidad de reproducirse, y por tanto de transmitir sus genes. Un animal que tenga una anomalía genética, por ejemplo, más pelo que sus congéneres, tendrá más oportunidad de sobrevivir en un entorno más frío. Podrá transmitir entonces esta “anomalía positiva” a toda su descendencia. Esta mutación se difundirá rápidamente entre todas las nuevas generaciones de esta especie”. Tenemos entonces, por un lado a Lamarck que habla de adaptación al medio y a Darwin que profesa la selección natural para comentar la evolución de la naturaleza viviente. Otros científicos, y más particularmente los genetistas, estudian una herencia de carácter evolutivo por la transmisión de los genes. Gregor Johan Mendel (1822-1884) será el primero en explicar la transmisión de los caracteres innatos (Teoría mendeliana publicada en 1866), es el comienzo de la genética. Mendel cataloga tres principios mayores: - La evolución es gradual y se produce por variaciones continuas… - La selección natural es el motor principal de la evolución, privilegiando a las especies mejor adaptadas a su entorno. - El cambio evolutivo por mutación puede hacerse de dos maneras: la anagénesis (una línea descendiente reemplaza en la continuidad a una línea ancestral) y la cladogénesis (una línea ancestral se divide en dos líneas descendientes). Así, dos teorías parecen complementarse: la de la evolución y la de la genética. Aparecen leyes, las de la herencia y las de la transmisión de los caracteres relacionados con el medio ambiental. No obstante, sigue siendo cierto que si consideramos la lenta transformación de los cuerpos, es preciso entrever al mismo tiempo otro aspecto de la vida inteligente, el de la conciencia.
Otro investigador y naturalista, Alfred Russel Wallace (1823-1913), postula que la selección natural no es en nada responsable del desarrollo de la conciencia en el hombre. Para él, el hombre prehistórico ya poseía una masa cerebral y un potencial físico casi idéntico al que conocemos hoy en día. Sin embargo, no le servía sino para pocas cosas y es entonces, por la experiencia de la vida en el transcurso del tiempo, que él explota cada vez más ese capital determinado por la naturaleza. A Wallace se le reprochó la forma demasiado esotérica de plantear la cuestión evolutiva del hombre a través de la intervención de un poder externo dentro de una visión finalista de la evolución global. Si Wallace evoca una fuerza inteligente representativa de una dinámica interior que impulsa al ser viviente a mejorar, es porque, paralelamente a esas investigaciones científicas, él cree en el mundo de los espíritus. Charles Lyell (1797-1875) amigo de Wallace y de Darwin, toma partido por el primero: “Acepto de buena gana la sugestión de Wallace según la cual quizás hay una suprema voluntad y poder que puede guiar las fuerzas y las leyes de la naturaleza”. Wallace no se limita a la intervención de un Dios sino que ve allí la de otras inteligencias: “El hombre no parece demasiado alejado de su ancestro animal, si bien ve en la obra humana el trabajo interno de una naturaleza superior que no se ha desarrollado en medio de la lucha por la existencia material, y existiría un Universo invisible, un mundo del espíritu al cual el mundo de la materia está enteramente subordinado”. Gracias a sus convicciones espíritas, Wallace le escribió a Darwin: “Mis opiniones sobre el tema (el origen del hombre) solamente han sido modificadas por la consideración de una serie de fenómenos notables, físicos y mentales, que he estado en capacidad de someter a un control completo y que demuestran la existencia de fuerzas y de influencias aún no reconocidas por la ciencia”. Relacionar así la espiritualidad a la materia física como fuente de evolución, equivale a reconocer que ante todo hay un origen divino en toda naturaleza, ya sea ésta viviente o cercana a las manifestaciones geológicas del planeta.
En el libro La Génesis, los milagros y las predicciones, Allan Kardec expone la siguiente síntesis: “El hombre fue incapaz de resolver el problema de la creación hasta el momento en que le fue dada la clave por la ciencia. Fue necesario que la astronomía le abriera las puertas del espacio infinito y le permitiera incrustar allí su mirada; que, por el poder del cálculo, pudiera determinar con rigurosa precisión el movimiento, la posición, el volumen, la naturaleza y el papel de los cuerpos celestes; que la física le revelara las leyes de la gravitación, del calor, de la luz y de la electricidad; que la química le enseñara las transformaciones de la materia, y la mineralogía los materiales que forman la corteza del globo; que la geología le enseñara a leer en las capas terrestres la formación gradual de este mismo globo. La botánica, la zoología, la paleontología, la antropología debían iniciarlo en la filiación y la sucesión de los seres organizados; con la arqueología, ha podido seguir los rastros de la humanidad a través de las edades; en una palabra, todas las ciencias, complementándose unas con otras, debían aportar su contingente indispensable para el conocimiento de la historia del mundo; a falta de ella, el hombre no tenía por guía más que sus primeras hipótesis”. La filosofía espírita aporta nuevas luces sobre el aspecto de la naturaleza humana que no se define únicamente por su genética física hereditaria, sino igualmente y en forma imbricada, por su trayectoria evolutiva en el proceso de reencarnación. Entonces, para comprender el origen del hombre, es preciso admitir la realidad del espíritu. Este último predomina sobre el cuerpo y se convierte en una conciencia en el interior de otro cuerpo: el periespíritu. El periespíritu es semi-material, registra todos los acontecimientos de la experiencia encarnada. Es él quien impulsa el progreso de acuerdo con la voluntad del espíritu y su libre albedrío. Con toda certeza el hombre de hoy fue en otro tiempo uno de los hombres prehistóricos, esos cuyos rastros fosilizados, o más concretos de esqueletos exhumados, se descubren en diversos lugares, y que, con la prueba del carbono 14, nos hablan de la historia y el origen del hombre. El espiritismo no es una ciencia creacionista que vendría a contar bellas historias o cuentos bíblicos, sino una ciencia evolutiva que observa el progreso humano. El estudio del principio espiritual es uno de los campos en los que el espiritismo revela que en todos los tiempos el espíritu sigue al cuerpo material, que le sobrevive más allá de la muerte para llegar a un mundo paralelo en el cual se regenera antes del regreso para una nueva existencia encarnada. De vida en vida, el hombre progresa y a la escala del mundo, se construyen sociedades que crean las condiciones para tratar de vivir en colectividad de manera justa y armoniosa. La evolución de los cuerpos marcha a la por con la evolución de los espíritus. Según Allan Kardec, “para el espíritu encarnado, la obligación de asegurar el alimento del cuerpo, su seguridad, su bienestar, la obligación de aplicar sus facultades a las investigaciones, de ejercerlas y desarrollarlas. Entonces su unión con la materia es útil para su avance; he allí por qué la encarnación es una necesidad. Además, por el trabajo inteligente que realiza para su provecho sobre la materia, ayuda a la transformación y el progreso material del globo que habita; es así como, progresando él, contribuye en la obra del Creador de quien es agente inconsciente”. Desde las primeras épocas de la humanidad, el hombre busca su camino, su papel y su relación con la naturaleza que lo rodea. De hecho, trata de encontrar sus orígenes en el seno de un Universo perpetuo que traspasa sus sentidos.
Hoy, las teorías sobre la evolución se refieren siempre al evolucionismo y con los paleontólogos norteamericanos, Stephen Jay Gould y Niles Eldredge, adquieren un valor de debates de peritos. La idea de los equilibrios puntuados es la siguiente: En 1972, Gould y Eldredge, apoyándose en la teoría de Darwin, desarrollaron la idea de que la evolución de las especies no se realizaba en forma gradual y continua en el transcurso de los tiempos. Por el contrario, parece que a evolución se hace a través de períodos puntuales de intensa actividad evolutiva, separados por largos períodos estancados. Hay pues transiciones rápidas entre especies, en forma de “revoluciones genéticas”. Esto explicaría por qué cuando se estudia una especie no siempre se encuentran todos los estadios de la evolución: faltan los individuos intermedios. Según Gould, es simplemente que esos estadios han sido tan rápidos (en la escala del tiempo) que no tenemos casi ninguna oportunidad de encontrarlos.
En el transcurso del tiempo y de los descubrimientos, la ciencia demuestra que la historia de la vida es como un pozo insondable. Sin embargo, no puede ni podrá a largo plazo seguir negando una realidad espiritual, la que el espiritismo pone en perspectiva, no para rechazar el progreso humano sino para darle un complemento inmaterial como suplemento de alma. Quizás se trata entonces de incluir allí una moral que ya no será más exclusividad del mundo religioso, sino de otro mundo invisible, el de los espíritus, como un más allá del hombre, una extensión perfectible en camino hacia un mismo punto omega, un mismo Dios reconocido tanto por el origen como por el objetivo a ser alcanzado.
DOCTOR GUSTAVE GELEY
LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013
DOSSIER EL IMPULSO DIVINO Y EL UNIVERSO
ESPÍRITU Y MATERIA
por COLOMBE JACQUIN
En los últimos decenios, el mundo científico ha hecho considerables descubrimientos que permiten identificar la materia, ya se trate de los elementos o de los organismos vivientes. Desde las partículas fundamentales, del átomo al quark, la física moderna ha puesto en evidencia la existencia de lo infinitamente pequeño. Sin embargo, respecto al origen de esta materia desde un punto de vista filosófico, no estamos muy alejados de los “granos indivisibles de materia” evocados por los antiguos griegos. ¿De dónde proviene la materia? ¿Cómo se mueven sus células? ¿No somos más que un aglomerado de células? ¿Hay una fuerza suprema que anima nuestros cuerpos físicos y todos los elementos de la creación, como ya parecen entrever ciertos investigadores y físicos? Este asunto ha preocupado a numerosos pensadores y filósofos, a lo largo de toda la historia de la humanidad. Más allá de las corrientes religiosas que han basado sus creencias en dogmas y han admitido sin discusión
la existencia de un Dios organizador y rector de los destinos humanos, dos grandes corrientes filosóficas se han enfrentado respecto a la cuestión del espíritu y la materia: los monistas y los dualistas.
Para los primeros, el mundo no está constituido sino por una sola sustancia, llamada materia por los materialistas o espíritu por los espiritualistas. En cambio, para los dualistas los fenómenos mentales o psíquicos poseen características que escapan al campo de la ciencia física. Estas ideas aparecen en los escritos de Platón y Aristóteles, que afirman que la inteligencia del hombre y sus facultades mentales no pueden ser asimiladas ni explicadas por su cuerpo material. Esta corriente de pensamiento fue formalizada por René Descartes quien sostuvo la idea de un espíritu de naturaleza inmaterial, asimilado a la conciencia, lo cual lo distingue claramente del cerebro que, según él, no es sino el soporte de la inteligencia.
LAS TEORÍAS DE BERGSON
Henri Bergson, filósofo y gran pensador espiritualista contemporáneo, se opone a todos los positivistas y materialistas de fines del siglo XIX. En su obra Materia y memoria, trata la cuestión de la memoria poniendo de relieve las relaciones entre el cuerpo y el espíritu. Este libro fue escrito como respuesta al del filósofo y psicólogo Théodule Ribot Enfermedades de la memoria que, habiendo estudiado la psicología patológica, sostenía que estando el recuerdo alojado en una parte del cerebro, no era entonces más que materia. Bergson tiene una concepción dualista del ser: distingue realmente el alma y el cuerpo y se opone a esta reducción del espíritu a la materia. El espíritu existe por sí mismo, no es un producto de la actividad del cerebro y la verdadera memoria es profundamente espiritual. Lo que se puede explicar por el cerebro, es solamente la memoria motora. Distingue así dos formas de memoria: La memoria de costumbre: repasa el pasado y lo repite de manera automática. No es reconocido como pasado, pero utiliza la experiencia de la acción pasada para la acción presente. Es una memoria útil, inscrita en el cuerpo. Bergson toma el ejemplo de la lección aprendida de memoria: cuando aprendo una lección en verso, la recito de manera mecánica, sin pensar. Esta lección tiene cierta duración cuando la recito. Esa duración es regular. Esta memoria se puede comparar a una habilidad, o como su nombre lo indica, a la costumbre: “es la costumbre optimizada por la memoria más que la memoria misma”.
La memoria pura o memoria recuerdo: registra el pasado bajo la forma de “recuerdo-imagen”. Representa el pasado. El pasado es reconocido como pasado. Es de orden contemplativo y teórico, es gratuita. Es profundamente espiritual. Para Bergson esta es la verdadera memoria. Toma el ejemplo del recuerdo del aprendizaje de la lección aprendida de memoria. Es un hecho fechado que ya no puedo recrear. La memoria pura, o memoria recuerdo, permite saber que la lección ha sido aprendida en el pasado y que no es “innata”. El cuerpo no es más que un instrumento de acción; el cerebro tiene una función exclusivamente práctica, se conforma con orientar la memoria hacia la acción presente. Inserta los recuerdos en el presente con miras a la acción. Las lesiones del cerebro no menoscaban el recuerdo, ni la memoria. Perturban únicamente la función práctica del cerebro, que entonces ya no cumple más su tarea: los recuerdos están allí pero no pueden ser utilizados. Así lo demuestra él: “Si realmente los recuerdos fueran depositados en el cerebro, a los olvidos notorios corresponderían lesiones caracterizadas del cerebro. Ahora bien, en las amnesias donde, por ejemplo, todo un período de nuestra existencia pasada es brusca y radicalmente arrancada de la memoria, no se observa ninguna lesión cerebral precisa; y, por el contrario, en los desórdenes de la memoria donde la localización cerebral es clara y cierta, es decir en las diversas afasias y en las enfermedades de reconocimiento visual o auditivo, no son tales o cuales recuerdos determinados los que son como arrancados del lugar donde se ubicaban, es la facultad de recordar la que es más o menos disminuida en su vitalidad, como si al sujeto le costara más o menos trabajo poner sus recuerdos en contacto con la situación presente. Es, pues, el mecanismo de ese contacto lo que habría que estudiar, para ver si el papel del cerebro no sería más bien asegurar el funcionamiento, que retener en sus células los propios recuerdos. Y es por eso que, en todos los casos en que una lesión del cerebro afecta una cierta clase de recuerdos, los recuerdos afectados no se parecen, por ejemplo, en que son de la misma época o en que tienen un parentesco lógico entre ellos, sino simplemente en que son todos auditivos, o todos visuales, o todos motores. Lo que parece lesionado, son pues las diversas regiones sensoriales y motoras, o con mayor frecuencia aún, los anexos que permiten activarlas desde el interior mismo de la corteza, antes que los propios recuerdos. Se comprende entonces por qué el recuerdo no podría resultar de un estado cerebral. El estado cerebral conserva el recuerdo; lo conecta con el presente por la materialidad que le confiere, pero el recuerdo puro es una manifestación espiritual. Con la memoria, estamos verdaderamente en el campo del espíritu”. Las teorías de Bergson sobre la evolución creadora demuestran la existencia del impulso vital, principio inmanente que es vida, inteligencia, materia; principio que se inscribe en lo que él llama la permanencia, un enriquecimiento que no se detiene jamás, que es una perpetua aparición de novedades. Va así en contra de los principios de la evolución por selección natural de Darwin o de Lamarck que ven allí la influencia del medio. Al abrir nuevos horizontes espirituales rechaza las teorías materialistas o cientificistas. Para Bergson, hay un centro y ese centro, es Dios. La creación así concebida no es un misterio, el hombre evoluciona libremente dentro de las realizaciones que se encadenan recíprocamente sin plan preestablecido. Bergson basa su método filosófico en la intuición y no en el razonamiento científico. Para él, los grandes problemas filosóficos de la vida, de la naturaleza del ser y del Universo, de Dios y del destino, son extra científicos y su solución depende de la intuición.
EL DINAMISMO SUPERIOR SEGÚN GELEY
El doctor Gustave Geley abordará la cuestión de la creación y de la evolución, no ya desde un punto de vista filosófico, sino desde un punto de vista científico que trata de demostrar la existencia de un dínamo-psiquismo superior a partir del inconsciente, contrariamente a Bergson que no trata de la psicología inconsciente o subconsciente. En su obra Del inconsciente al consciente, refuta también las teorías clásicas respecto a la evolución, la creación de la vida y la constitución del individuo psíquico, comprobando que “ninguna de estas teorías es capaz de adaptarse a todos los hechos evolutivos, a todos los hechos fisiológicos y a todos los hechos psicológicos”. Respecto a la evolución de las especies, comprueba que “Lamarckismo y darwinismo son igualmente incapaces de dar una explicación general adaptable a todos los casos de aparición de especies. Las grandes transformaciones implican cambios radicales y, por así decirlo, inmediatos y no una acumulación de modificaciones mínimas y lentas”. Para él, el paso de la vida acuática a la vida terrestre y luego a la vida aérea, no puede ser considerado en absoluto como resultado de una adaptación. Para él, un ser es algo completamente distinto a un “complejo” de células. Su proceso es original, al contrario de los procedimientos vigentes. Él concentra su estudio en la fisiología llamada “supranormal” (inexplicable por el funcionamiento regular de los órganos humanos) considerando que, si uno puede explicarse y comprender fenómenos como la materialización y la desmaterialización, la explicación de fenómenos más simples, que él denomina fisiología normal (la creación de las especies animales o del hombre) será forzosamente deducida de allí. Estudió largamente las manifestaciones ectoplásmicas, habiendo participado él mismo durante un año y medio en sesiones con la médium Eva Carrière en su propio laboratorio. Habiendo estudiado muy de cerca los protocolos vigentes, diría: “No había posibilidad de fraude”. Después de puesto el sujeto en condición por un tiempo variable, sale una sustancia de los orificios naturales, con frecuencia la boca; esta sustancia es blanca la mayoría de las veces, pero puede ser gris o negra; la sustancia es móvil, sube y baja y se pasea sobre el médium lo más a menudo con movimientos reptantes. Dentro de esta sustancia se modelan manos, rostros, seres vivos cuyo corazón late y cuyo pulmón respira; los órganos así materializados no son inertes sino biológicamente vivos. Para Gustave Geley, este nacimiento del ectoplasma presenta analogías con el parto humano; hay gemidos, estertores y dolores como los de la parturienta. Durante todo el tiempo que dura la materialización, la formación está en relación fisiológica y psicológica con el médium. A veces hay un delgado cordón de sustancia que conecta la forma al médium y que puede compararse con el cordón umbilical que enlaza el feto a la madre; toda impresión recibida por el ectoplasma repercute en el médium y viceversa. Estas materializaciones de seres vivos han sido objeto de numerosas fotografías. Para Gustave Geley: “El ser viviente aparece ante todo como un dínamo-psiquismo y el complejo que constituye su cuerpo no aparece sino como un producto ideoplástico de ese dínamo-psiquismo; las formaciones materializadas en sesiones mediúmnicas no son, ni más ni menos milagrosas, ni más ni menos paranormales, o lo son igualmente si se quiere, este es el mismo milagro ideoplástico que forma a expensas del cuerpo material, las manos, el rostro o el organismo entero de una materialización”. Existe una sustancia única base substratum de la vida organizada, animada por un dinamismo organizador y superior. Ese mismo dinamismo superior obedece a una idea directriz que se encuentra en todas las creaciones biológicas, ya sean éstas normales o resultado de una materialización. Como la fisiología normal, la fisiología llamada supranormal tiene sus productos bienvenidos y sus productos abortados, sus “monstruosidades”. El paralelismo es completo. En los dos casos se trata de la ideoplastia, es decir, el modelado por la idea de la materia viviente. La idea o pensamiento no es o pues una dependencia, un producto de la materia, sino por el contrario, es ella la que modela la materia y le proporciona su forma y sus atributos. Fenómenos de ideoplastia del mismo orden, aunque más elementales que las materializaciones, se encuentran en la telequinesia (desplazamientos de objetos) o en las curaciones llamadas milagrosas vinculadas a la sugestión o la autosugestión. Así, las teorías que consisten en demostrar que el yo es producto del funcionamiento de los centros nerviosos del cerebro, no resisten la demostración. A veces, la privación de porciones verdaderamente enormes del cerebro en regiones que se consideran vitales, no son seguidas de ningún desorden psíquico grave ni de alguna restricción de la personalidad. Al contrario, no emerge a la conciencia más que una parte ínfima del ser: la influencia subconsciente es a veces soberana e imperativa. Constituye la inspiración, lo cual demuestra Gustave Geley en los fenómenos de criptopsiquia (conjunto de los fenómenos inconscientes) y de criptomnesia (memoria subconsciente de los acontecimientos). Así, todo lo que ha impresionado conscientemente nuestros sentidos, aun cuando no lo sepamos, es registrado de manera fiel e indeleble. Todo ocurre como si el estado psíquico que se denomina recuerdo, registrado por las células cerebrales y destinado a desaparecer con ellas, fuera registrado al mismo tiempo en algo permanente. Para él, el subconsciente sobresale por todas partes, desborda completamente el marco de las capacidades sensoriales. Está fuera del espacio y el tiempo. El psiquismo subconsciente superior explica lo innato, las capacidades no hereditarias, la inspiración, el talento o el genio. Camille Flammarion concluye también en la existencia de un dinamismo superior. En su libro Las fuerzas naturales desconocidas, escribe: “Estas manifestaciones confirman lo que sabemos, que la explicación puramente mecánica de la naturaleza es insuficiente y que hay en el Universo otra cosa además de la supuesta materia; no es la materia lo que rige el mundo, es un elemento dinámico y psíquico”.
LA INFORMACIÓN ESPÍRITA
En el origen de toda cosa y de toda creación, ya sea ésta mineral, vegetal, animal o humana, está Dios que está de manera intrínseca en cada una de sus criaturas. Fuerza amorosa todopoderosa y omnipresente que no tiene ni principio ni fin, Dios está en el corazón de todos los seres vivientes pues todo lo que vive es espíritu. Es una fuerza que crea permanentemente, así hay un comienzo de nuestras respectivas individualidades; todo ser humano es el resultado del divino pensamiento creador, el espíritu así creado tiene un comienzo pero no tendrá fin. El espíritu escapa a toda forma de materialidad; es una vibración, resultado del soplo divino, que sin embargo tiene una individualidad, una personalidad propia, creada de manera imperfecta, simple e ignorante. Para depurarse y evolucionar debe vivir numerosas experiencias encarnadas, y para hacerlo el espíritu creará su envoltura carnal, acompañada del elemento de semi-materia, el periespíritu, indispensable para penetrar esa misma materia. Así, la dinámica psíquica del espíritu establece ya su presencia a nivel de la célula. Cualquiera que sea la creación, mineral, vegetal, animal o humana, la materia organizada presenta en su proceso vital, en lo infinitamente pequeño, los síntomas de la inteligencia y de la dirección creadora. El núcleo de la célula contiene la historia de esa dirección creadora; la materia vitalizada es pues el resultado del soplo del espíritu dentro de un proceso espiritual que no cesa de repetirse en todos los Universos. La materia es el resultado de una acción pensada. Así, el espíritu Allan Kardec dijo en 1977: “El espíritu es una fuerza de la naturaleza. El limitado mundo de las ciencias lo olvida. Los evolucionistas terrenales han negado, en su mayoría, el fenómeno creativo. Sobre el origen de los seres y de las cosas, no han dado sino vagas explicaciones y de todos modos, explicaciones limitadas. En efecto, las formas más complejas, las más evolucionadas, siguen siendo para un Darwin, por ejemplo, el hecho de una simple adaptación mecánica al medio ambiente. En cuanto a la verdad, es completamente distinta, bastaba sin embargo pensar en ese órgano esencial del cuerpo que es el ojo humano. De naturaleza nerviosa, de naturaleza óptica, doble elemento para la construcción de un solo órgano complejo en cuanto a la naturaleza de estos elementos, de una naturaleza embriológica diferente, allí ya no hay adaptación al medio, hay creación inteligente del espíritu. No hay allí el resultado de mecanismos fortuitos, allí hay el pensamiento dirigido en la materia, el pensamiento organizador y creador, el pensamiento fuente de todo equilibrio, el pensamiento vida e impulso vital. Amigos, con sus explicaciones erróneas demasiados cientificistas han querido dar del espíritu una explicación de carácter material, afirmando que el pensamiento no era sino materia complicada. Más bien sería lo contrario lo que habría que decir, aunque para nosotros la materia no sea sino un estado inferior dentro del fenómeno creativo. La creación es movimiento, así la materia organizada no es sino el resultado de un movimiento creativo. A ese movimiento creativo, yo lo llamo espíritu. No obstante, en su impulso temporal se ha establecido el fenómeno creativo. La extensión espacial, o materia, es pues un estado determinado de la creación espiritual. Lo extenso o más exactamente la extensión es sólo la tensión, es decir la creación espiritual distendida. Amigos, es preciso concluir de ello que la materia, es ante todo el espíritu apagado”. El espíritu Paul Langevin precisa en un mensaje recibido en 1985: “El papel de los protones, los electrones y los quarks, es conducir la energía del fluido universal a los componentes de la materia. La materia, en su apariencia viviente y tangible, se subdivide según esos mismos elementos, que sin embargo no conocerían el movimiento, si no existiera el fluido vital y su fuente, el espíritu. Por consiguiente, cada partícula de materia está animada por el espíritu y si bien no se puede decir que el espíritu exista al nivel de estas partículas, puede decirse, sin embargo, que su proyección, que su emanencia, existen a nivel de cada célula. La materia inerte vive según este mismo principio. Sus moléculas de base son atravesadas por la energía del pensamiento, el físico no puede comprender totalmente el comportamiento vibratorio de los neutrones, protones, electrones y quarks si no admite en esos mismos elementos una presencia energética de naturaleza espiritual”.
En 1982, el espíritu Marie Curie deplora la actitud del mundo científico: “Las palabras de antaño siguen siendo las mismas de hoy. Estas palabras son las de una mujer que, en esta Tierra jamás señaló a través de la ciencia, y por suerte para ella, nada más que la pura verdad, habiendo sabido limitarse a un descubrimiento cualquiera. Para el momento presente, y para el físico de vuestro mundo, la verdad esencial es el deber de descubrir el espíritu a nivel de la materia, pues sin espíritu no puede existir el estado de coordinación real de la materia, pues sin espíritu no puede existir equilibrio. Por consiguiente no puede existir armonía y el carácter tangible de la materia llega a cuestionarse a sí mismo, pues para ambos, sin esta noción fundamental, el físico de los quanta no puede proclamar hoy la verdad fundamental de una estructura inteligente de la materia. Esta estructura inteligente de la materia lleva a esa misma materia a producir formaciones elaboradas en sus manifestaciones aparentes, tanto a nivel del microcosmos como a nivel del macrocosmos. Esa manifestación aparente en su singular armonía debe afrontar la propia conciencia del espíritu del físico y debe saberle indicar el camino de un cuestionamiento”.
Dejemos la palabra final al poeta Victor Hugo. Durante su exilio en la isla de Jersey, asistió a numerosas sesiones espíritas y, en 1982, da testimonio así de la naturaleza de algunas de esas manifestaciones: “El espíritu del viento, el espíritu del mar, el espíritu de la montaña, han venido a mí. Entonces he comprendido que nuestra naturaleza no es más que el resultado de una obra pensada. El viento viene a estrellarse sobre los acantilados, abrazando las olas gigantes, viene a estrellarse sobre los acantilados como los dedos de un escultor se imprimen en la greda y ese viento, como los dedos del maestro de escultura sólo pueden ser dirigidos por una conciencia. No hay pues un solo estado de la materia que no haya sido pensado. No hay pues una sola rama, un solo brote, una sola hierba, una sola flor abierta que no tenga su autor”.
miércoles, 29 de enero de 2020
MAX PLANK
DOSSIER EL IMPULSO DIVINO Y EL UNIVERSO
DE LA MATERIA A LO ESPIRITUAL: ¿UNA HISTORIA DE PARTÍCULAS?
por ÉTIENNE BERTHAUT
LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013
Si bien los cuestionamientos sobre la creación del Universo han sido principalmente el hilo conductor de los exploradores de lo infinitamente grande a lo largo de los siglos, y en particular desde el comienzo del siglo XX, esa búsqueda científica ha logrado reunir muy pronto a los observadores de lo infinitamente pequeño. En efecto, en forma concomitante, desde fines del siglo XIX, la materia en su inmensidad sideral ha sido descortezada, y continúa siéndolo, con la posibilidad de técnicas y medios nuevos, para conocer su organización íntima en sus más ínfimos recovecos. De allí nació lo que se ha llamado la física de las partículas, partículas que se llaman igualmente quantas de materia, cuando se comprobó que, de hecho, la materia estaba compuesta por un aglomerado de partículas elementales que responden a propiedades muy definidas, y están sometidas a interacciones particulares unas con relación a las otras.
El “Modelo Estándar” de las partículas
La hipótesis de la noción de átomo está comprobada científicamente desde el último tercio del siglo XIX (aunque identificado desde 1805) pero, no obstante, podemos remontarnos a los filósofos griegos, cuatro siglos antes de Jesucristo, para que surja la idea de una materia compuesta de partículas a través de la doctrina filosófica llamada del atomismo (Demócrito). Mucho más cercanos a nosotros, están los trabajos y descubrimientos de ilustres sabios como H. Becquerel, los esposos Curie, M. Planck, A. Einstein, E. Rutherford, N. Bohr, P. Langevin y J. Rydberg, para citar sólo algunos, que sentaron las bases de una visión moderna de la estructura de la materia a principios del siglo pasado. Desde el electrón, la primera partícula elemental descubierta en 1891, esta visión nunca ha dejado de enriquecerse y complicarse a lo largo de los últimos decenios. Fue así como se imaginó a partir de los años ‘30, y se estableció luego a principios de los años ‘70, lo que se ha llamado el “Modelo Estándar”, teoría científica siempre vigente que describe al mismo tiempo las propias partículas, las fuerzas a las cuales están sometidas y los campos (o mediadores) intercambiados entre esas partículas y a través de los cuales se ejercen esas fuerzas. A partir de las observaciones a nivel atómico que finalmente no representan más que una primera puerta sobre lo infinitamente pequeño, hay todo un conjunto de partículas elementales más o menos teóricas que fueron inventadas así a lo largo de todo el siglo veinte, para poder responder a las complejas ecuaciones matemáticas que rigen la organización de la materia. Y todo el reto fue entonces, sobre todo desde los años 50-60, poner en evidencia de manera experimental la presencia, o la existencia, de todas estas partículas más o menos abstractas; la mayor preocupación era la duración de su vida, extremadamente corta, cuando se logra aislarlas. Esta búsqueda fundamental es actual todavía hoy, a través de experimentos de colisión de partículas realizados en los grandes aceleradores de partículas del CERN (*) como el LHC,(**) por ejemplo, en la frontera franco-suiza cerca de Ginebra. El último gran descubrimiento con fecha es el de julio de 2012 de la partícula del boson de Higgs, apodada la “partícula de Dios”, pues fue inasequible desde hace decenios y es la que permitiría explicar por qué ciertas partículas tienen una masa y otras no… (*) Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire (Consejo Europeo para la Investigación Nuclear) (N. del T.) (**) Large Hadron Collider (Gran Colisionador de Hadrones) (N. del T.)
El “Modelo Estándar” se caracteriza por una clasificación de las partículas según diversos criterios (partículas cargadas eléctricamente o no, noción de masa, etc.) y en varias sub-categorías: • Doce partículas elementales llamadas ligeras clasificadas en tres grandes familias: la familia de los leptones a la cual pertenecen el electrón y los neutrinos, la familia de los quarks, y la familia de los bosones vistos como soportes de las fuerzas entre partículas y de la cual forman parte, por ejemplo, los fotones de luz. • Partículas más pesadas que aglomeran a estas partículas elementales, más de una veintena catalogada hasta hoy: es la familia de los hadrones a la cual pertenecen, por ejemplo, los protones y neutrones de los núcleos de los átomos. Así, los protones y neutrones están compuestos cada uno por tres quarks cuya cohesión está asegurada por los bosones llamados con razón y poéticamente ¡gluones! (*) Los electrones se asocian entonces con estos protones y neutrones, que gravitan alrededor de ellos para formar la estructura atómica en la gran diversidad de combinaciones posibles. Luego estos átomos, idénticos o diferentes, se aglutinan entre sí para formar moléculas o cadenas de moléculas. Éstas pueden combinarse entonces para formar estructuras más complejas. Y así sucesivamente... (*) De glue, “pegamento” en inglés (N. del T.)
En cuanto a las fuerzas fundamentales del Universo que hacen interactuar entre ellas a todas estas partículas (y aglomerados), hay que precisar que se limitan simplemente al número de cuatro, según la visión científica actual: • La fuerza de gravitación que se ejerce sobre todas las partículas proporcionalmente a su masa • La fuerza electromagnética que se ejerce sobre las partículas cargadas eléctricamente • La fuerza nuclear llamada débil que es responsable de la radioactividad • La fuerza nuclear llamada fuerte que se ejerce entre los quarks y que asegura la cohesión del núcleo atómico. A semejanza, infelizmente, de la bomba atómica, es esta fuerza la que puede liberar una energía inconmensurable por medio de la fisión. Lejos de ser la palabra final, y a veces criticado por defectos manifiestos, este famoso “Modelo Estándar”, representa sin embargo al día de hoy, la descripción íntima más “satisfactoria” de la materia dentro de la visión materialista de la ciencia llamada moderna. Ha permitido explicar los resultados de numerosos experimentos y predecir con exactitud una gran variedad de fenómenos. Las extensiones más recientes del “Modelo Estándar” vienen a completarlo hoy con algunas teorías tan audaces como inverificables, como la teoría de las súper-cuerdas cuyo fin último es la búsqueda, desde hace treinta y cinco años, de una armonización en un gran “todo” de las teorías existentes, principalmente la relatividad general y la mecánica cuántica, que siempre ha costado trabajo conciliar para explicar al mismo tiempo lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande. La teoría de las súper-cuerdas prevé, entre otras cosas, que las partículas elementales habrían surgido de las vibraciones de cuerdas microscópicas; más adelante veremos que esta hipótesis puede adquirir una resonancia particular respecto a una reflexión que deriva de las palabras de los espíritus. ¡Todo eso está muy bien! ¡Claro! Sí, pero, ¿y qué más? Pero, ¿dónde se esconde el espíritu entonces? ¿Dónde está lo espiritual, dentro de este hermoso y oscuro conjunto de ladrillos, partículas y fuerzas diversas? ¿Y si la solución a los problemas fundamentales de los científicos, mayoritariamente sustentados en el seno de la ciencia materialista, residiera justamente en la consideración de otra “fuerza”, la de lo espiritual, la de la divinidad, que asocia inteligencia y sentimiento, en la definición de una suerte de “partícula” pensante y activa que engendra esta organización tan coherente y tan armoniosa, de la materia?
Sueño magnético de Max Planck A mediados de los años ‘80, varios espíritus, físicos del más allá, que habían estudiado la física en la Tierra y que siguen trabajándola en el más allá, se manifestaron en nuestras sesiones espíritas para aportar algunos elementos de comprensión sobre la materia, justo a nuestro alcance de profanos no científicos. A partir de nociones científicas conocidas, han integrado la noción de lo espiritual dentro de una reflexión ampliada, que desde ahora es la suya en el más allá, gracias a su nuevo estatus como espíritus liberados de la encarnación. ¿Cómo interactúa el espíritu? ¿Cuál es el papel de las partículas? ¿Cómo opera el vínculo energético entre espíritu y materia, y de qué naturaleza es? ¿Y qué consecuencias morales y filosóficas se extraen finalmente de esta construcción armoniosa de la materia? El físico alemán Max Planck fue uno de ellos y ha aquí cuáles fueron sus palabras en un mensaje recibido por sueño magnético el 13 de octubre de 1986: “Mi búsqueda es un poco comparable a la música de mi compatriota Schubert. Es una sinfonía inacabada. Soy feliz porque ahora otros, en la Tierra, han podido tomar el relevo de la física. Algunos meses antes de mi muerte, yo había presentido las consecuencias de esta búsqueda. Había supuesto que no podía conducir sino a una sola conclusión, la de la realidad espiritual integrada al Universo. La investigación física ha consistido en definir la energía radiante comparable a la materia, es decir de estructuras discontinuas. La materia es el resultado de un aglomerado atómico. La energía radiante es el resultado de un aglomerado de granos energéticos. Lo que yo, físico, llamo energía Max Planck radiante, es comparable a la estructura de vuestro doble periespiritual, este doble es un doble energético que irradia. Está constituido por un aglomerado de granos energéticos. Cada partícula que compone la estructura del conjunto periespiritual es una partícula pensante y activa. Cuando en su tiempo, en su Libro de los Espíritus, Allan Kardec hablaba del fluido vital, ya había presentado en detalle todo lo que yo mismo y otros, más tarde, intuiríamos en nuestro recorrido científico, a saber, la existencia de una estructura infinita y organizada a nivel de la materia etérea, a saber, la realidad de la energía. La vida es el resultado de una explosión. Esta explosión misma corresponde a una extraordinaria fuente de pensamiento. Esta fuente de pensamiento comprende a la vez la inteligencia y el sentimiento, inteligencia y sentimiento universales, que el hombre intuye pero que no comprende. Es lo que en general él denomina Dios. En efecto, este sentimiento y esta inteligencia pueden asimilarse a una explosión permanente. Esta explosión de naturaleza energética da nacimiento inmediatamente a cientos de miles de millones de partículas de energía. Si esas partículas son el resultado de esta explosión inteligente y amorosa, contienen entonces el pensamiento y el sentimiento por cada una de ellas. Sin embargo, no son autónomas: es indispensable considerar la partícula energética como que no puede expresarse en forma autónoma. La partícula es llevada naturalmente a formar un cuerpo completo. El quanta es comparable a la hormiga, no puede tener existencia real y razonada sino a nivel del conjunto. Sola no es nada, dentro del grupo se convierte en todo. El grupo mismo se estructura inteligentemente, eso es evidente pues su fuente es inteligente. Es así como las energías del espacio no se dispersan al azar sino que se estructuran. La ley de programación perpetua, eterna, se multiplica al infinito. Entonces los cuerpos se afinan y las energías se transforman, lo cual aún no ha sido probado a nivel de la investigación física. El descubrimiento del quark es de gran importancia pero no es suficiente, pues en la subdivisión del estado de la materia, los hombres de hoy no siempre han comprendido, sino admitido, la realidad del comportamiento inteligente del electrón. La física de los quantas no puede sino aportar al hombre la respuesta que busca, quizás inconscientemente, es decir la de Dios, la de su espíritu, la de su supervivencia. Lo que es necesario decir en este mensaje, es que el periespíritu es un cuerpo energético compuesto de miles de millones de partículas pensantes que no pueden, a nivel de la unidad, pensar por sí mismas, pero que se convierten en inteligencia dentro del aglomerado que da nacimiento a ese mismo cuerpo. No hay manifestación inteligente posible en el interior del mundo físico sin la existencia de estos cuerpos energéticos, tanto a nivel de la naturaleza humana como de la naturaleza animal, vegetal y, añadiré, mineral. Muy ciertamente, en los años por venir, la física cuántica va a encontrarse frente a este problema fundamental de la esencia espiritual de toda manifestación energética. He allí, una vez más, que la mentira intervendrá, si no es que interviene ya, pero sucede también que ciertos físicos, sinceros e inteligentes, tendrán el coraje de tomar la palabra. Vosotros ya que sabéis, que habéis vislumbrado estas cosas, estad allí para ayudarles, estad allí para responderles, pero también para escucharles. Desde el mundo de los Espíritus, somos numerosos, muy numerosos, los que queremos influir sobre todos los hombres que investigan en la Tierra actualmente. Nuestra influencia es limitada. Se limita a la moral de los que investigan en el planeta. Se limita a su propia libertad. Comparativamente al extraordinario descubrimiento de la presencia del espíritu en toda forma de materia, mi espíritu está inquieto por la posible utilización de la energía radiante. ¿Sería posible utilizar estas partículas para constituir, no periespíritus como se constituyen ellos naturalmente, sino quizás bolas energéticas capaces de destruir? Es lo que piensan ya algunos de mis colegas todavía vivos en ese globo. Hasta luego”.
Materia viviente y materia inerte: un origen y una estructura idénticos M. Planck aborda ya la noción del doble energético muy bien conocido en espiritismo para describir ese vínculo entre el espíritu y la materia, entre el espíritu y la envoltura física, y que Allan Kardec había llamado “periespíritu”. Recordando que este doble tiene el carácter de una energía (la que ya Allan Kardec había llamado fluido vital, pues este periespíritu también es creado a partir de ese fluido en tanto que energía radiante en el Universo), él afirma que esta energía es de naturaleza semejante a la materia. En eso, responde pues a las características y propiedades de la materia dentro de una organización estructurada de partículas llamadas energéticas. Entonces constatamos ya una similitud, una coherencia, una armonía, en la composición misma de lo que se refiere al mundo de la materia y lo que se refiere al mundo de lo etéreo. El espiritismo corrobora la existencia de una fuerza inconmensurable, en el origen de todas las cosas, en un incesante e infinito proceso creativo, y al que se denomina Dios. Esta fuente creadora es una extraordinaria fuente de pensamiento, definida por una inteligencia y un sentimiento que generan esta explosión mencionada por M. Planck, en todos los puntos, lugares y direcciones del Universo. Ahora bien, los Espíritus siempre han afirmado el carácter vibratorio y ondulatorio del pensamiento, cuando se transmite y se exterioriza, eso es válido a nivel de lo humano para el pensamiento emitido por el espíritu, y sin duda alguna puede trasladar al pensamiento creador hasta el nivel de la fuerza divina. Tenemos pues la situación de algo vibratorio, el pensamiento, que crea las partículas, en este caso energéticas: ¿osaríamos decir que, en otras palabras, encontramos una manifiesta analogía con la famosa teoría antes citada de las súper-cuerdas? Por supuesto, aún hay mucho camino que andar para establecer el vínculo, pero reconozcámoslo, ¡hay una asombrosa similitud! Esta explosión energética impulsa sin cesar partículas energéticas que llevan en sí los atributos de su creador, a saber la inteligencia y el sentimiento. Por definición, esa inteligencia y ese sentimiento llevarán a esas partículas a estructurarse inteligentemente por medio de un proceso de programación eterna para dar nacimiento a cuerpos que llevarán en ellos la inteligencia y el sentimiento, es decir finalmente, la vida. Volvamos a esta estructura idéntica de las partículas entre el mundo de la materia y el mundo de lo viviente. Marie Curie, en un mensaje recibido en escritura el 22 de octubre de 1985, deducía de ello la conclusión natural de que la materia inerte tenía entonces la misma paternidad, la misma fuente original y espiritual, en el origen de la vida, que la materia energética, pues la organización íntima y coherente de esas materias es idéntica: “La materia viviente y la materia inerte responden a la misma estructura, afirmo pues que el mineral está habitado por el pensamiento creador, por el acto divino. Entre el polvo y la roca, no hay ninguna diferencia de estructura, entre el polvo y el hombre, tampoco. La materia nace de lo que el espíritu ha querido que ella llegue a ser. En el plano espiritual, cada ser humano es consecuencia de una voluntad divina, en su historia espiritual y en su génesis cósmica, cada ser humano es una emanación del pensamiento divino. Al principio, el individuo no existía como tal. Nacido de un pensamiento, se volvió un átomo espiritual para convertirse finalmente en un espíritu. Para emprender un proceso evolutivo, el espíritu no podía permanecer solo en el espacio, penetró pues el fluido universal para dar nacimiento a la materia periespiritual, herramienta indispensable para la encarnación”. Todo lo que compone lo visible y lo invisible, lo material o lo etéreo, a nuestro nivel y en la infinidad del Universo, proviene de un impulso divino, porta en su esencia la inteligencia y el sentimiento de ese soplo original, y se estructura dentro de lo infinitamente pequeño en una organización coherente de partículas.
Nada al azar
Las consecuencias de esta similitud son de un alcance extraordinario para aquel que acepte los caminos hacia los que su reflexión y su análisis pueden llevarlo, a saber, el físico en particular y más en general el científico. Le conviene admitir que nada ha podido hacerse por azar, que la vida misma no ha venido de la suerte de un improbable ensamblaje molecular; que todo, tanto la materia que nos rodea, nuestros cuerpos, como también el Universo entero, nuestra conciencia, el espíritu mismo que transmite la vida al cuerpo por medio de la energía periespiritual, es de origen espiritual y divino. Eso significa también, para este científico, que la vida no puede venir de la sola materia inerte y, si sabe estudiar sus estados más íntimos a nivel de las partículas que la componen, no puede sino deducir de ello una construcción consciente e inteligente. Y entonces, esta investigación fundamental debe terminar naturalmente en la demostración del espíritu que insufla la vida en su manifestación tangible más íntima a nivel de la materia. Aun sin darse cuenta, parece pues que finalmente el físico puede, o podría, llegar al espíritu en sus peregrinaciones cuánticas. Es lo que nos aseveraba el matemático y físico sueco Janne Rydberg en un mensaje recibido el 21 de enero de 1984 por incorporación: “No existe diferencia fundamental entre el estado de la materia y el estado del espíritu. La vibración particular en estos estados simplemente acentúa la apariencia de diferencia; lo que se ha convenido en llamar materia sigue siendo el espíritu detenido. Allí, se debe establecer el conocimiento de la materia corpuscular. El hombre debe conocer la llamada materia en sus estados más ínfimos, los más sutiles, los más etéreos. Es allí a donde el físico dirige sabiamente su investigación, es allí donde no puede concluir en la inercia de la llamada materia, es allí donde en su reflexión no puede sino considerar la elaboración progresiva, consciente, inteligente y sutil, de las partículas en la participación del nacimiento de los órganos constituidos”. Uno de los mayores misterios del conocimiento humano actual, el del origen de la vida, encuentra así su resolución dentro de una explicación y un origen de orden espiritual. El espíritu a nivel de las partículas Partiendo de la comprobación de una fuente y una presencia de lo espiritual al nivel más íntimo de la materia, ya sea ésta de naturaleza inerte o de naturaleza viviente, etérea o energética; la cuestión que se plantea entonces es saber cuál puede ser el papel de las partículas y por cuál intervención se opera la acción de lo espiritual, del pensamiento, sobre esas mismas partículas. El mensaje de M. Planck ya nos ilustra un poco sobre este punto, cuando sostiene el comportamiento inteligente del electrón. Otras palabras de los Espíritus nos habían recordado la afirmación de que el electrón parecía tener un lugar particular dentro del fenómeno, que permite al espíritu actuar sobre la materia a través del periespíritu. Gabriel Delanne, que aportó mucho al espiritismo dentro de su enfoque científico, nos dio también la siguiente reflexión en un mensaje recibido en incorporación el 25 de marzo de 1992: “En cuanto al electrón, con el cual fantasea al científico, es cierto que animado, penetrado por la energía periespiritual, el electrón no puede responder sino a un solo comando, a una sola dirección, la del espíritu que habita el cuerpo, que equilibra el cuerpo, que estructura el cuerpo; la del espíritu sin el cual no existiría el cuerpo, sin el cual no existiría el electrón”.
La pregunta sobre el papel de las partículas más conocidas, a saber, los neutrones, los protones, los electrones y los quarks, en el interior del átomo, fue planteada de manera más explícita a los Espíritus. Al respecto, Paul Langevin aporta la siguiente respuesta (mensaje en escritura del 3 de junio de 1985): “El papel de los protones, los electrones y los quarks es conducir la energía del fluido universal dentro de los componentes de la materia. La materia, en su apariencia viva y tangible, se subdivide según esos mismos elementos que, sin embargo, no conocerían el movimiento si no existiera el fluido vital y, en su origen, el espíritu. Por consiguiente, cada partícula de materia está animada por el espíritu, y si bien, no se puede decir que el espíritu exista a nivel de estas partículas, sin embargo sí puede decirse que su proyección, su emanación, existe a nivel de cada célula. La materia inerte vive según este mismo principio. Sus moléculas de base están penetradas por la energía del pensamiento. El físico no puede comprender totalmente el comportamiento vibratorio de los neutrones, protones, electrones y quarks si no admite una presencia energética de naturaleza espiritual en esos mismos elementos”. Las partículas aquí citadas son pues agentes mediadores por medio de los cuales la energía vital surgida de un pensamiento espiritual actúa y vibra sobre la materia. Las características físicas de las partículas, sus formas de vibración, sus interacciones de unas respecto a las otras, no son pues sino la trasposición, o manifestación, del pensamiento al nivel más íntimo de la estructura de la materia. Y esa trasposición puede impregnar las partículas, los átomos, las moléculas y los órganos constituidos, del mismo pensamiento que ha estado en su origen: el recuerdo y el reflejo de ese pensamiento espiritual, se inscriben entonces para siempre en la materia. La extensión de esta reflexión da una explicación, por ejemplo, al carácter preservador de la materia inerte, que puede descubrirse por medio de la facultad de la psicometría. Así, la historia de un objeto puede revelarse a una persona que posea esa facultad de clarividencia sobre la materia por el hecho de que ese objeto habrá sido penetrado por los fluidos cercanos, las vibraciones ambientales en las que se haya sumergido, registrando así situaciones, eventos, o ambientes. El “Modelo Estándar” de los científicos nos habla de la existencia de los bosones, estas partículas, que son los agentes, los soportes o los mediadores de los campos de fuerzas, que hacen actuar a unas partículas con relación a otras. Formulemos una hipótesis: ¿sería posible afirmar aquí que, sin saberlo, algunos de estos bosones pudieran aparecer como las partículas del pensamiento o, dicho de otra manera, que si el pensamiento pudiera ser objetivado por una partícula, entraría entonces fácilmente en la familia de los bosones? Vibración de un pensamiento creador que crea partículas, vibración del pensamiento que impregna con su energía las partículas de materia inerte; es interesante precisar que en física siempre ha existido esta dualidad, incluso rivalidad, entre las nociones de vibración y de onda y las nociones de partícula o de corpúsculo. Esta dualidad onda-corpúsculo es un principio admitido definitivamente en la ciencia, que a nivel microscópico, todos los elementos presentan simultáneamente propiedades de ondas y de partículas, aunque a veces esos caracteres aparezcan como antinómicos. Por otra parte, este concepto forma parte de los fundamentos de la mecánica cuántica. Así, a título de ejemplo, desde los trabajos de Einstein se admite comúnmente que la luz ostenta todas las características de una onda vibratoria, pero que está compuesta de fotones que son partículas muy definidas.
El porvenir de la física de las partículas
Sea como sea, probablemente a despecho de respuestas aún incompletas, se comprueba que todavía hay muchas investigaciones que hacer, muchas reflexiones que producir, muchas hipótesis que formular y resultados por conseguir, para ir hasta el final del conocimiento del Universo en un sentido amplio, tanto en su manifestación material como en su manifestación espiritual. Para ello, es preciso ir hasta lo más recóndito de la materia para llegar al punto de convergencia o de contacto, al nivel más ínfimo donde ocurre la interacción entre las partículas elementales y las partículas energéticas de carácter espiritual. Pero también se comprueba que, finalmente, el mundo científico no está demasiado lejos de ello. Analogía entre las súper-cuerdas y la vibración del pensamiento que crea partículas energéticas, partículas pensantes y activas, de comportamiento semejante al de los bosones: comprobamos que el poco camino recorrido por nuestra reflexión, a partir de los conocimientos científicos actuales por una parte, y las enseñanzas aportadas por el más allá por la otra, nos hace converger siempre en la misma dirección. Así es probable que los descubrimientos actuales ingresen ya, sin saberlo y sin formular la noción de espíritu o de estas partículas energéticas vinculadas con lo espiritual: en el “Modelo Estándar”, las partículas sin masa y sin realidad material aparente, pero cuyas demostraciones implican su existencia, se conviven con las partículas materiales más conocidas que componen la materia inerte. Así, todas estas teorías parecen venir a rozar de cerca una consideración natural y evidente de lo espiritual y del espíritu sin nombrarlo. ¿Basta entonces con abrir los ojos? Es evidente que, para que la investigación progrese, los científicos y los físicos deben salir ya del corsé de una visión atea y materialista que les imponen su formación universitaria y los organismos en que trabajan. Una apertura y una reflexión hacia la espiritualidad que se abriera al corazón y la razón, podría por una parte revolucionar la manera de abordar estos temas y por otra obtener resultados absolutamente benéficos para el porvenir de los hombres. Es un asunto de estado de ánimo, un asunto de conciencia, de aceptación, de coraje y también de humildad, todo a la vez. No obstante, parece que aquí o allá comienza progresivamente a hacerse una extrapolación espiritualista de la ciencia, para considerar lo presumible y que ya nosotros, como espíritas, damos por sentado: la existencia del espíritu. Por ejemplo, ciertos astrofísicos conocidos hoy, ante la armonía del Universo, su coherencia, su perfección y también su belleza, no se esconden para abordar la idea de un origen extra-normal, como es la noción de una suerte de Gran Arquitecto, luego de afirmar ciertas convicciones de orden espiritual a título más personal. Trinh Xuan Thuan, renombrado astrofísico vietnamita, y también budista, aparece como uno de ellos. Salimos allí de las probetas y las ecuaciones para ir al terreno de lo filosófico y lo metafísico, pero sin que ello interfiera en la investigación fundamental oficial y sus complicadas consideraciones matemáticas. “Las matemáticas son el lenguaje de Dios” había dicho Isaac Newton… Citemos también, en particular, a cierto Emmanuel Ransford, epistemólogo francés y especialista en física cuántica, todavía poco conocido pero que desde hace años se interroga sobre los vínculos entre conciencia y materia. Propone el término holomateria (que también denomina psicomateria), síntesis que añade a la materia ordinaria que la ciencia cree inerte y pasiva, un componente inmaterial, una dimensión invisible —pero de efectos perfectamente localizables—. A partir de esta idea de holomateria, y apoyándose en recientes descubrimientos relativos al quanta y al electrón, reinterpreta las muy extrañas propiedades de las partículas, llegando a proponer un nuevo modo de abordar y comprender el cerebro consciente y los misterios de la psique. He aquí sus palabras: “El mundo de los objetos palpables no está hecho sólo de materia. Contiene una dimensión invisible pero esencial, que actúa en él y encierra varios secretos que escapan aún a la ciencia: el de la naturaleza del electrón, el de la naturaleza del espíritu y el del más allá”. ¡Es interesantísimo! a la luz de nuestros mensajes espíritas, recibidos hace ya cerca de treinta años. Él ha escrito muchas obras como La Nueva Física del espíritu, Las Raíces Físicas del Espíritu y los Quanta, Lo Invisible y el Más Allá, que acaba de salir.
Cuando la ciencia llegue al espíritu Entonces hay una cierta esperanza de un vínculo entre la ciencia y el espíritu, esperanza estimulada por los Espíritus del más allá, físicos de ayer que han participado en todo eso y que tratan de influenciar a estos investigadores encarnados de hoy, para que vayan en el sentido del tan esperado reconocimiento del espíritu a nivel de la estructura atómica de la materia. Y en las tentativas de estos Espíritus esa esperanza siempre está relacionada con una preocupación de orden humanista, que no puede separarse de lo espiritual en la medida en que esa investigación debe saber aliar la sabiduría, la razón y también la prudencia, en la dirección a seguir. Esto a fin de respetar al hombre y a la vida, para desarrollar siempre una ciencia que esté al servicio del hombre, y más generalmente dentro del sentido de la paz y la fraternidad, para beneficio de la humanidad entera. P. Langevin o A. Einstein ya lo habían comprendido muy bien cuando vivían, por ciertos compromisos humanistas, tal como estas palabras de Einstein: “El problema hoy no es la energía atómica, sino el corazón de los hombres”. Para ilustrar esta esperanza, dejemos concluir al espíritu J. Rydberg: “Quiero ser para ustedes una infinita fuente de conocimiento, la suma de la ciencia y el espíritu, la fuerza desencarnada que debe establecer la síntesis entre la materia y el espíritu. El físico, en la Tierra, realiza progresos gigantescos. Su perpetua investigación del estado más ínfimo de la partícula, lo lleva a una reflexión diferente, nueva, cercana a la reflexión del cristiano. Descubrir la idea de Dios en la energía de la vida, en su movimiento, en sus diferentes formas, se convertirá en el propósito futuro de los físicos. Ya han vislumbrado la presencia de una fuerza creadora, fuente de organización y de construcción armoniosa en la conducta de los elementos que ellos observan. Pronto la idea del quark será superada. Cada vez más lejos, el físico podrá observar el comportamiento de la naturaleza doble, quiero decir de la energía preexistente a la materia organizada, quiero decir de la energía periespiritual. El difuso vínculo entre el espíritu y el estado más ínfimo de la estructura física de los átomos será descubierto. Puesto al día su mecanismo, imagino ya los evidentes conflictos por surgir entre las escuelas del porvenir, que entrarán progresivamente en la reflexión metafísica y las del pasado de las conciencias detenidas que en teoría rechazan la sola idea del espíritu. La materia recibe en forma directa la orden del pensamiento y del sentimiento, atributo esencial del espíritu. La investigación y el estudio del estado más íntimo llevan al descubrimiento del estado más íntimo. El que estudia la materia con frecuencia estudia el espíritu sin siquiera darse cuenta. El que siga afincado en esa misma investigación descubrirá la existencia del espíritu. ¿Será afirmada por el hombre de ciencia la amorosa sutileza de la vibración etérica, en correlación con la naturaleza de sus espíritus? He aquí nuestra aspiración, he aquí nuestro deseo. Que el físico pueda realizar progresivamente el indispensable estudio para poder establecer la certeza tan buscada, tan solicitada por la naturaleza misma del hombre, que de manera consciente o inconsciente aspira al sentido mismo de su eternidad. Ciencia, te convertirás en fuente de libertad pues te convertirás en la demostración misma del espíritu”. En 2002 habrían sido descubiertos trabajos inéditos de A. Einstein, en una de sus antiguas residencias norteamericanas. Puestos al día y siempre pendientes de estudio, estos documentos contendrían especialmente un ensayo de unas sesenta páginas que demuestran la existencia de Dios desde un punto de vista matemático. ¿Para cuándo la reconciliación entre la ciencia y lo espiritual
martes, 28 de enero de 2020
DOSSIER EL IMPULSO DIVINO Y EL UNIVERSO
EL CIELO Y LA TIERRA DE AYER A HOY
por FABIENNE TOUZET
LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013
DE ARISTÓTELES (-384, -322) A COPÉRNICO (1473 - 1543)
La imagen que prevalece entonces desde hace dos mil años, es la del filósofo Aristóteles para quien la Tierra era el centro inmutable del Universo. Los hombres pensaban que vivían sobre una plataforma estable y que las estrellas y el cielo giraban por encima de ellos. Ningún cambio puede producirse en el cielo. La Tierra es el mundo sublunar, mundo del cambio, de la vida, de la muerte, el reino de la evolución. El cielo (o cosmos) es la eternidad. Es un mundo perfecto e inmutable cuyos constituyentes (Luna, Sol, Planetas, Estrellas) están cada uno sobre esferas concéntricas, centradas sobre la Tierra y que giran alrededor de ésta. El círculo representa un movimiento fundamental y perfecto. Los objetos más cercanos a la Tierra (la Luna y el Sol) giran rápidamente. Los más alejados (las estrellas fijas) son las más ideales, las más perfectas. Están en el origen de todos los movimientos y no se desplazan. La Tierra está en el centro, luego vienen la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno. En su obra De la Física (350 a.C.), Aristóteles da esta descripción del mundo, que ya había sido sugerida por la escuela más antigua de los Pitagóricos y, al contrario de la ciencia moderna, es fundamentalmente “intuitiva”.
Lo que le dará en parte su fuerza y su perennidad por un período tan largo, es que se beneficia también de la descripción precisa y cuantificada del movimiento de los astros hecha por Ptolomeo, en su Almagesto conocido bajo el nombre de La gran síntesis. Se trata de una teoría matemática del movimiento de los cuerpos celestes, basada en una combinación de movimientos circulares. Así, utilizando combinaciones de círculos, Ptolomeo consigue reproducir con una precisión bastante buena para la época, los movimientos de los planetas en el cielo. Este sistema permitía asimismo prever los eclipses de Luna y de Sol, las conjunciones, etc., era pues globalmente satisfactorio y muy útil para los astrólogos. Ello explica por qué hasta Copérnico, el sistema de Ptolomeo fue intensamente utilizado y estudiado. La Iglesia adoptó la visión de Aristóteles pues establece una clara separación entre el creador y la creación. El cielo es el mundo donde reside la divinidad, y la Tierra es el mundo de los hombres sometidos a la tentación. Pero he aquí que un científico viene a declarar que eso es falso y que en realidad, se vive sobre un pequeño peñasco que gira alrededor de una estrella de fuego. En su libro, Copérnico postula que el Sol está en el centro del Universo y que los otros planetas giran alrededor de él en este orden: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter y Saturno. Pero, él no va a ser el único perturbador en este campo.
EL CIELO Y LA TIERRA DE AYER A HOY
Estamos en 1543 y Nicolás Copérnico, canónigo y astrónomo polaco, muere. En los siglos que siguen, su libro De las revoluciones cambiará la concepción de la visión del Universo. La ciencia moderna está en marcha y la feroz batalla que la Iglesia le dedicará apenas comienza.
TYCHO BRAHE (1546 - 1601)
En Dinamarca, Tycho Brahe, un joven de la alta nobleza, apasionado por la obra de Copérnico, decide consagrar su vida a la astronomía. En 1572, observa en un cielo que se considera que no cambia, un evento que contradice la cosmología de Aristóteles: una estrella desconocida brilla intensamente en la base de la bóveda celeste. Pide pues a un artesano que le construya un nuevo instrumento que le permita observar este fenómeno. Es para él un verdadero milagro y cree asistir entonces al nacimiento de una estrella en la constelación de Casiopea. En Europa del Norte, mayoritariamente protestante, más abierta al saber y a la ciencia, el rey de Dinamarca Federico II se interesa vivamente por el descubrimiento de su Stella Nova (o estrella nueva) y le regala a Tycho Brahe la pequeña isla de Ven, situada en el estrecho que separa Dinamarca de Suecia. Éste hace construir un observatorio, el palacio de los cielos (Uraniborg), donde invitará a colegas experimentados para establecer la nueva cartografía del cielo. Aunque el telescopio y el lente astronómico no se han inventado, logra obtener resultados de una precisión inigualada para la época y puede crear un catálogo de estrellas que será referencia por mucho tiempo. El palacio de los cielos se convertirá en la primera facultad de investigación en Europa. Las tablas de posiciones de las estrellas y de los planetas tenían dos mil años y nadie había soñado aún con hacer otras observaciones. Él va a consignar meticulosamente por escrito sus trabajos y ubicará sobre un globo gigante la posición de mil estrellas. Inspirándose en las ideas de Platón, que en la Edad Media competían con las de Aristóteles, formula una nueva hipótesis, según la cual el cielo y la Tierra no son dos mundos separados, sino que forman un todo donde la divinidad es omnipresente, y los científicos pueden descubrirla allí gracias a sus estudios sobre la creación. En 1577, asiste a otro evento: el cometa más grande aparecido en el cielo cuya cola se extiende sobre un tercio del firmamento. Pasa más allá de la Luna en el campo de cristal. Pero, según Aristóteles, las estrellas y los planetas se mantienen en su lugar por las esferas cristalinas cuya materia transparente e impenetrable aprisiona a los astros. Tycho Brahe llega a la conclusión de que Aristóteles, Ptolomeo y los antiguos no tienen razón y que Copérnico ha visto correctamente; añade que el espacio no es entonces más que el espacio. Hace construir otro palacio de las estrellas para efectuar observaciones aún más precisas. Por años, sus asistentes y él van a observar la posición de Marte y de las estrellas, pero van a fracasar en demostrar que la Tierra está en movimiento pues simplemente ignoran que la escala planetaria es veinte veces superior a lo que se pensaba entonces. Concluye finalmente que la Tierra no está en movimiento (así está de acuerdo con la Biblia) y su teoría es un compromiso entre la de los antiguos y la de Copérnico: la Tierra es el centro del Universo alrededor de la cual giran la Luna y el Sol, pero los otros planetas giran alrededor del Sol como lo ha postulado Copérnico.
GIORDANO BRUNO (1548 - 1600)
El Renacimiento ve a la Iglesia católica dividirse en dos, por un lado los protestantes y por el otro los católicos romanos. Pero las dos corrientes están preocupadas al ver que la palabra de Dios es vuelta a cuestionar por la nueva ciencia. Roma se inquieta por otro perturbador, Giordano Bruno. Ferviente admirador de Copérnico, recorre Europa para dar a conocer la nueva visión del Universo. En su libro El infinito, el universo y los mundos, que envía a Tycho Brahe con una dedicatoria, postula que el Universo es infinito y que comprende una multitud de Tierras y de Soles. Presenta la hipótesis de que las estrellas no están todas atadas a la envoltura extrema del Universo, que están esparcidas y que evolucionan libremente en un mundo que parece infinito. En 1592, es acusado de herejía y encarcelado en el Castillo de Sant’Angelo en Roma. Allí permanecerá ocho años y el 17 de febrero de 1600, después de una sesión de torturas atroces, será quemado vivo en la hoguera. Por su parte, después de la muerte de Federico II, Tycho Brahe fue desterrado por su sucesor luterano Christian IV que había suprimido los financiamientos necesarios para sus investigaciones.
Llegado a Praga en 1599, bajo el reinado de Rodolfo II, abierto y tolerante, conoce a Johannes Kepler, matemático que ha huido de Austria a causa de las guerras de religión. El joven está fascinado por Platón y por la idea de que existiría un vínculo entre lo terrenal y la divinidad. Tycho le propone que sea su asistente pero cae enfermo y muere el 24 de octubre de 1601.
JOHANNES KEPLER (1571 - 1630)
Kepler hereda entonces todos sus archivos y todos sus análisis hechos a lo largo de veinte años. Gracias a ellos, va a hacer un descubrimiento asombroso: las órbitas del planeta Marte están en contradicción con la teoría de los círculos perfectos. Para que sus cálculos funcionen, necesita que las órbitas sean un poco achatadas. Descubre que la única figura geométrica que permite conseguir eso es la elipse. En 1609, publica en Astronomia Nova (Nueva astronomía) su concepción del mundo, basada en tres leyes matemáticas: - 1 Los planetas orbitan alrededor del Sol en forma elíptica - 2 Los planetas aceleran el movimiento al acercarse al sol y lo reducen al alejarse - 3 Los planetas exteriores orbitan más lentamente que los planetas interiores.
GALILEO (1564 - 1642)
Por la época en la cual Kepler hace este descubrimiento capital en Praga; en Italia, el astrónomo Galileo trabaja en un nuevo invento. Es el primero a comprender la importancia de lo que ve a través del telescopio y construye su propio lente de observación. Ve lo que Tycho Brahe nunca pudo ver: que la Vía Láctea no está constituida de polvos centelleantes sino de una infinidad de estrellas; que la esfera de la Luna no es perfecta; en su superficie hay montañas y valles. En enero de 1610, descubre cuatro lunas en órbita alrededor de Júpiter y comprende que en el Universo hay otros centros además de la Tierra. Publica sus descubrimientos en su obra El mensajero de las estrellas que irrita al Papa. Es convocado por el cardenal Bellarmin, el mismo que envió a la hoguera a Giordano Bruno, y su libro es prohibido pues contradice a Aristóteles y las Escrituras. A pesar de la advertencia, en 1632 publica Diálogo sobre los dos grandes sistemas del mundo, que termina por provocar hacia él las iras de la Inquisición. Acusado de herejía, es confinado en su residencia en Florencia y obligado a abjurar. Nos queda en la memoria su célebre frase “E pur si muove!” (Y sin embargo, se mueve). La guerra de los treinta años, que ha devastado a Europa, oponiendo a católicos y protestantes, termina en 1648 y parece que un viento de tolerancia se expande a través del continente. Galileo, siempre confinado en Florencia, continúa sus investigaciones y para comprender por qué los planetas se mueven, estudia el comportamiento de las balas de cañón. Muere en 1642, sin haber resuelto el enigma de la fuerza que provoca el movimiento hacia abajo.
ISAAC NEWTON (1642 - 1727) y EDMOND HALLEY (1656 - 1742)
En ese mismo año, viene al mundo en Inglaterra Isaac Newton. Llegará a ser profesor de matemáticas en Cambridge, y como Galileo, deseará encontrar la explicación del movimiento de los planetas. Para él, Dios está permanentemente en los mínimos aspectos del Universo y la cuestión es saber si una fuerza oculta puede actuar en el cielo y sobre la Tierra. Como todos lo hemos aprendido, ¡Newton descubrió la gravedad debajo de un manzano! En 1655, de regreso a su casa para escapar de la peste, le ocurrió esto: “Estaba sentado en mi jardín, cuenta él, vi caer una manzana y una idea repentina surgió en mi cabeza, ¡la fuerza que ha hecho caer la manzana al suelo es la misma que hace girar la Tierra alrededor del Sol!” Newton comprendió entonces el secreto del movimiento de los planetas. Dos fuerzas están en juego, y pudo combinar su descubrimiento de la gravedad con la fuerza de inercia de Galileo: todo cuerpo no sometido a una fuerza externa está animado por un movimiento rectilíneo uniforme. Es la combinación de los dos movimientos lo que genera la órbita. Es por la insistencia de Edmond Halley que pone por escrito las leyes del movimiento de los planetas: la fuerza que explica ese movimiento es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia entre los planetas y el Sol. En 1687, publica finalmente su Principio matemático de filosofía natural. Después de años de guerra en Inglaterra, el país es mayoritariamente protestante y los teólogos, que son más tolerantes, adoptan poco a poco las nuevas teorías de Newton diciendo de él: “Ha sido enviado por Dios para iluminar a la humanidad”. Newton y Halley han seguido estudiando juntos las viejas tablas astronómicas y es así como en 1681, Halley predijo que el cometa, que en adelante llevará su nombre, reaparecería setenta y cinco años más tarde, lo cual se confirmó. Más recientemente, reapareció en 1986 y regresará en 2061. Mucho tiempo después de Newton, su ley de la inversa del cuadrado continúa demostrando su capacidad de producir previsiones exactas. En 1781, los astrónomos descubren un nuevo planeta: Urano. Pero su trayectoria es irregular. La ley de la inversa del cuadrado muestra que la desviación es debida al movimiento de otro planeta: será Neptuno. La clave del éxito de Newton reside en el hecho de que demuestra que hay una misma fuerza entre todas las partículas del Universo. Termina así los trabajos comenzados por Tycho Brahe, Johannes Kepler y Galileo. “Si he podido ver más lejos, dirá, es porque he podido mirar por encima de los hombros de estos gigantes”. Pero, si la teoría de Copérnico es también autoridad, nadie ha podido demostrar todavía en la práctica que la Tierra gira perfectamente alrededor del Sol. Habrá que esperar hasta el siglo XIX para obtener las medidas de su órbita anual y de su rotación sobre sí misma y poder apreciar verdaderamente las distancias que separan las estrellas y los planetas. El Vaticano terminará por retirar la obra de Copérnico del Índice pero habrá que esperar hasta 1982 para que el Papa Juan Pablo II presente a Galileo las excusas en su nombre.
DE CAMILLE FLAMMARION (1842 - 1925) A NUESTROS DÍAS
Al hablar del siglo XIX, no se puede no recordar al célebre astrónomo Camille Flammarion quien es reconocido, aún hoy, como el mayor promotor francés en este campo (por eso es condecorado con la Legión de Honor en 1912). Su observatorio de Juvisy se ha convertido en un lugar privilegiado de la investigación científica. Recibe esta propiedad en 1882 de un generoso admirador, e instala allí una cúpula de cinco metros de diámetro para alojar la segunda lente de aficionado de la época. Camille Flammarion crea una biblioteca de más de diez mil volúmenes, rica en libros de historia de las ciencias y escritos por sus predecesores de quienes ya hablamos antes, Copérnico, Tycho Brahe, Kepler, Galileo, Newton, pero también de Leibniz, Laplace o hasta Delambre. Contribuye a la difusión de la astronomía en todos los estratos de la sociedad y desarrolla la astrofotografía. “He tenido la gran fortuna de ver nacer el análisis espectral de los cuerpos celestes, la fotografía del Sol, de los planetas, de los cometas, de las estrellas, de las nebulosas y todos los métodos que, desde hace medio siglo, han sustituido a la antigua y letárgica astronomía matemática por la viviente astronomía física”. (Las Memorias de un astrónomo, p.204) Se ha dicho, en ciertos artículos, que su conexión con la causa espírita le valió el rechazo de la comunidad científica. Entonces, aquí no podemos menos que rendirle homenaje, por cuanto su espíritu se ha manifestado en el seno de nuestro Círculo, aportándonos todo su conocimiento en un campo que él se tomaba tan a pecho, y especialmente la idea de la pluralidad de los mundos habitados. También había comprendido la presencia de Dios en la naturaleza. Como hemos podido ver, en el espacio de dos siglos, un puñado de científicos ha trastornado nuestra concepción del Universo. Hoy, los astrónomos utilizan poderosos telescopios y es así como han podido rectificar los escritos de sus antecesores. - Tycho Brahe no había asistido al nacimiento de una estrella sino a una supernova, explosión muy luminosa que marca el fin de la vida de una estrella. - Galileo había podido ver cuatro lunas alrededor de Júpiter con un telescopio primitivo; hoy son sesenta lunas las que se observan en órbita alrededor de este planeta. - Giordano Bruno fue quemado vivo, ¡y sin embargo tenía razón! A años luz de la Tierra existe una multitud de Tierras y de Soles que se pueden observar. Igualmente se han señalado planetas semejantes al nuestro que giran alrededor de esos otros Soles, llamados por ello, exoplanetas. He aquí el extracto de un artículo encontrado en Internet: “Desde 1995, han sido descubiertos cerca de ochocientos cuarenta y seis exoplanetas. Hasta ahora, todos tenían una masa superior a la de la Tierra. Un exoplaneta descubierto por el telescopio Kepler en noviembre de 2012 y bautizado HD40307G muy bien podría ser habitable, pues se halla en una zona propicia, (a la misma distancia de su Sol, que nosotros del nuestro y gira alrededor de él en doscientos días). Entonces el agua puede permanecer en su superficie en estado líquido. Varias condiciones, como la insolación y las temperaturas serían compatibles con la existencia de la vida. Los astrónomos están pues optimistas: perfectamente podría albergar un entorno semejante al de la Tierra”. Este exoplaneta formaría parte del número limitado de ellos, descubiertos hasta hoy, que sería habitable, es decir cinco o seis. En 2007, Gliese 581c era identificado como el primer planeta casi semejante a la Tierra, que hace su revolución en trece días alrededor de una estrella situada a sólo veinte años-luz de nosotros (aun a bordo de los artefactos espaciales más rápidos, nos llevaría trescientos cincuenta mil años llegar a él). ¡HD40307G está situado a cuarenta y dos años-luz! Sería una lástima que se necesitaran dos mil años más para descubrir que no es necesario que las condiciones sean las mismas que sobre la Tierra para que la vida exista en otra parte…
LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013
DOSSIER EL IMPULSO DIVINO Y EL UNIVERSO
EL MULTIUNIVERSO
por CATHERINE COURTIOL
En un documental llamado “La magia del cosmos” presentado por la cadena de televisión Arte, se presenta el multiverso en forma simple y abordable. He aquí el resumen. Desde hace unos veinte años, se esboza una nueva visión del cosmos. Según ciertos físicos especializados en cosmología, se vuelve a cuestionar la noción de unicidad y la idea de Universos múltiples se ha vuelto posible gracias a los nuevos descubrimientos. El concepto de multiverso aún no es reconocido, pero hay buenas posibilidades de que sea real y de que, en un centenar de años, la gente esté convencida de él. ¿No habían afirmado los sabios Copérnico y Galileo que el Sol estaba en el centro del Universo? Entre las pocas teorías del multiverso, la del físico ruso Andreï Linde mantiene la atención de un número creciente de cosmólogos. ¿De dónde le vino esa idea y de qué pruebas dispone? Hay varios descubrimientos en el origen de esta teoría. Entre ellos, el de la inflación, descubierta por el norteamericano Alan Guth; dicho de otra manera, la expansión exponencial del Universo. Este nuevo concepto le permite a este investigador ruso trabajar en la noción de pluralidad de los Universos. En efecto, el espacio, que es infinito, no cesa de expandirse a una velocidad vertiginosa y, en su seno, están presentes múltiples Universos, entre ellos el nuestro, ellos mismos en expansión. Él se pregunta entonces si el período de expansión de cada Universo podría tener un principio y un fin, lo cual explicaría nuestro bang inicial responsable de la expulsión de la materia en todas direcciones, seguido de una violenta explosión cuya fuerza dispersó la materia. Reflexionando, comprende que la fase de
inflación no termina en todas partes al mismo tiempo, para cada uno de los Universos existentes. En este nuevo modelo, una expansión puede terminar en ciertas regiones del cosmos, haciendo desaparecer un Universo y continuar en otro. Igualmente, puede producirse en un entorno, haciendo nacer un nuevo Universo. A la escala del multiverso en eterna expansión, estas operaciones reducen su velocidad y arrastran un número incalculable de Universos, en cantidades cada vez más importantes.
Esta nueva hipótesis es apuntalada por dos argumentos científicos fiables, la teoría de las cuerdas (minúsculas briznas de energía vibrante presentes en el corazón del átomo entre los protones, los neutrones y los quarks) que supone dimensiones espaciales suplementarias enroscadas en el espacio, y el descubrimiento de la materia negra, forma de energía que ejerce un impulso sobre el conjunto de las galaxias, alejándolas unas de otras a un ritmo que se acelera. Los especialistas de estas tres teorías (la inflación, las cuerdas y la materia negra) afirman, y demuestran matemáticamente, que éstas se integran perfectamente con la idea del multiverso. Plasmadas sobre papel, las múltiples soluciones encontradas corresponderían a Universos diferentes, algunos dotados de propiedades totalmente desconocidas, otros que presentan características semejantes a las que nos son familiares y que albergan formas de vida diferentes o parecidas a las nuestras. Por otra parte, las ecuaciones muestran que podrían encontrarse modelos que hacen aparecer dobles de nosotros mismos. El multiverso es una atractiva posibilidad que volvería a cuestionar muchas cosas.
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